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jueves, 16 de enero de 2020

LA HISTORIA DE NOÉ

Noé era un hombre muy bueno, que siempre obedecía a Dios. Génesis 6: 9

—En la reflexión de hoy —dijo el padre— quiero que imaginemos la manera como Noé contaría su historia. Sería algo así: Hola, soy Noé, y quiero contarte mi historia. A pesar de que unos siglos antes había entrado el pecado al mundo, la tierra seguía siendo bella; estábamos rodeados de verdes colinas adornadas con imponentes árboles, había flores de diferentes colores… ¡Y qué decirles de  la variedad de frutas que podíamos comer!
Luego la maldad de los seres humanos aumentó, así que un día Dios habló conmigo y me dijo que construyera un barco muy grande, porque pensaba enviar lluvia sobre la tierra. Él iba a enviar un diluvio que destruiría a todos los habitantes del planeta excepto a quienes decidieran entrar en el gran barco.
Cuando empecé a hacer los preparativos para la construcción del gran barco, la gente se burlaba de mí. Se Preguntaban qué era llover, pues nadie lo había visto antes. Muchos vinieron desde lejos para escuchar mi mensaje y ver cómo estaba construyendo el barco; algunos incluso me ayudaron. Al principio creyeron en lo que yo les decía, pero dejaron de creer al ver que pasaba el tiempo y no sucedía nada.
Después de ciento veinte años terminamos la construcción del barco, e hice la última invitación a la gente a entrar en él. Pero solamente mi familia quiso entrar en el arca. ¡Ciento veinte años predicando para que se salvaran y no quisieron! Habían visto llegar en perfecto orden a parejas de animales de toda clase, habían visto los cielos llenarse de aves que entraron en el barco… Pero nada de eso los convenció de entrar.
Ya estando dentro del arca mi familia y yo, un ángel cerró la puerta y por siete días no llovió. Imagínense cómo nos sentíamos al escuchar a las personas afuera burlándose de nosotros. Pero en el octavo el cielo se oscureció y gruesas gotas de lluvia empezaron a caer. Para esas personas era la primera vez que lo veían… y la última. Llovió durante cuarenta días y solamente por el poder de Dios fuimos salvos. ¡Valió la pena obedecer!.
Tu oración: Querido Dios, quiero ser fiel como Noé.
¿Sabias que…  Noé, significa el que es consolado?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2020.
“DESCUBRE EL MEJOR LIBRO DEL MUNDO”
Por: Noemí Gil Gálvez
Lecturas Devocionales para Menores 2020.

domingo, 21 de julio de 2013

¿ENTIENDES EL LLAMAMIENTO?

Dios nos habla una y otra vez, aunque no lo percibamos (Job 33:14).

Dicen que en el tiempo en que el telégrafo era el medio más rápido de comunicación a larga distancia sucedió el hecho que dio origen a la siguiente historia. Lo menciona Gary Preston en Character Formed from Conflict [Un carácter formado por el conflicto].
Un joven quería presentar una solicitud para trabajar como telegrafista. En respuesta a un anuncio que apareció en el periódico, fue a la dirección anunciada. Cuando llegó, entró a una enorme y ruidosa oficina. Al fondo se oían los ruidos característicos de un telégrafo.
Un letrero en la ventanilla indicaba a los aspirantes que llenaran una solicitud y esperaran hasta que los llamasen a la oficina interior. El joven llenó una solicitud y se sentó con otros siete aspirantes que ya esperaban. A los pocos minutos el joven se puso de pie, atravesó el salón hacia la puerta de la oficina interior y entró. Por supuesto, los demás aspirantes se levantaron, preguntándose qué sucedía. ¿Por qué aquel tipo había sido tan atrevido?
El furor se tradujo en un murmullo de ira apenas contenido. Mascullaron entre sí que no habían escuchado alguna llamada. Todos saborearon de antemano la satisfacción de ver que lo echarían de la oficina y lo descalificarían inmediatamente para el empleo.
Pero, ¡oh, sorpresa increíble! A los pocos minutos el joven salió de la oficina interior escoltado por el entrevistador.
-Caballeros -anunció el entrevistador-, muchas gracias por haber venido, pero el empleo se le ha concedido a este joven.
Los demás aspirantes comenzaron a refunfuñar.
-Un momento -dijo uno de ellos- Hay algo que no comprendo. Él fue el último en llegar, y ni siquiera nos dieron la oportunidad de entrevistarnos. Sin embargo, a pesar de haber llegado el último, le dieron el empleo. Eso no es justo.
-Lo lamento -respondió el empleador-, pero todo el tiempo que ustedes estuvieron sentados aquí el telégrafo ha tableteado el siguiente mensaje en clave Morse: “Si usted entiende este mensaje pase a la oficina interior. El empleo es suyo”. Ninguno de ustedes lo escuchó ni lo entendió. Este joven sí. Por lo tanto, el empleo es para él.
Buena lección, ¿verdad? Dios habla en medio del tumulto y el escándalo de la vida. La clave está en oír y entender. Como dice nuestro texto de hoy: “Dios nos habla una y otra vez, aunque no lo percibamos”. Por algo dijo Jesús: “El que tenga oídos para oír, que oiga” (Mar. 4:23). ¿Has oído tú el llamado de Dios? Recuerda que muchos son los llamados, pero pocos los escogidos.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

sábado, 5 de enero de 2013

DIOS TE HA LLAMADO

Yo, que estoy preso por la causa del Señor, les ruego que vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido. Efesios 4:1

Varias veces en mi vida he tenido que esperar una llamada. Cuando era estudiante de secundaria esperé a que me convocaran para ser parte del equipo de baloncesto, pero aquella llamada nunca llegó. Años más tarde, tras presentar mi examen de admisión, esperé a que la universidad me llamara para decirme que me aceptaban en la carrera para la que me había postulado. En otra ocasión pasé muchas horas junto al teléfono esperando recibir la llamada de alguien especial. ¡Qué desilusión cuando una llamada no llega, y qué alegría desbordante cuando se hace realidad!
Quienes han estudiado la naturaleza humana consideran que, para realizarse en la vida, toda persona necesita escuchar en algún momento el llamado de su vocación, pues es la única manera de trascender y vivir vidas con propósito. A veces pensamos que ese llamado tiene que ver con la carrera y la ocupación que desarrollaremos a lo largo de los años, y es verdad. No obstante, hay un llamado más elevado para cada ser humano, que fue propuesto por nuestro Creador y Dios.
En la medida de las capacidades que él mismo nos dio al crearnos, también nos llama para cumplir una misión, un ministerio que nos haga útiles en esta tierra y que nos prepare para la vida eterna. Debe ser motivo de alegría saber que hemos sido creadas con propósitos definidos en la mente y el corazón de Dios.
Ignoro en dónde te encuentres tú, pero sí estoy segura de que ahí donde estás hay una tarea que puedes hacer. Únicamente necesitas descubrir tu ministerio y consagrarte a él. Tendrás como aliado a Dios, quien te colmará de sabiduría y gracia. Ya sea que tu misión esté en tu hogar, en tu trabajo fuera de casa, como madre, esposa, o profesional, casada o soltera, tu Padre espera fidelidad y diligencia en el cumplimiento del deber.
Seguro que a lo largo de tu ministerio cosecharás triunfos, pero puede ser que también esté salpicado de obstáculos. Será entonces cuando tu entereza se verá puesta a prueba y tu Señor, el que te encomendó la tarea, acudirá en tu auxilio. ¡No lo dudes!
El cumplimiento de tu misión consiste en hacer todo lo que Dios espera que hagas en el lugar donde te encuentres, dejando que su Espíritu Santo y su providencia te guíen.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

sábado, 10 de marzo de 2012

UNA GRAN DECISIÓN

Confía en Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos y él hará derechas tus veredas (Proverbios 3:5-6).

Las montañas vestidas de tonos verdes oscuros y claros nos daban la bienvenida a una zona que, aunque fría y húmeda, estaba llena de atractivos naturales de todo tipo. Al concluir el culto del sábado nos dirigimos hacia un lugar cercano con el fin de compartir el almuerzo con dos familias amigas.
Aunque no lo conocíamos, el lugar nos parecía encantador. Había una pequeña casa en la propiedad, y una mesa de madera de pino con sus sillas nos esperaba en un patio que a su vez estaba rodeado por un jardín lleno de flores de colores intensos.
Al terminar de comer el grupo decidió iniciar una caminata. Al ir bajando la cuesta un sonido peculiar nos llamó la atención: era el canto de un riachuelo que se encontraba a pocos metros de distancia. Apresuramos el paso para llegar a él. La transparencia del agua nos cautivó, pero, ¿nos sería posible llegar al otro lado?
Había olvidado por completo que ese día llevaba mis zapatos nuevos. Tomé una rama para que me sirviera de apoyo mientras ocupaba el segundo lugar en la fila. Fue entonces cuando escuché la voz de mi hermana: «¡No lo hagas, no lo vas a lograr!». Sin pensarlo mucho empecé a saltar sobre las rocas, pero justo a la mitad del trayecto resbalé en una de las piedras y me caí al río. Ahora contemplaba mis zapatos nuevos a través del agua cristalina.
Al recordar este incidente he llegado a la conclusión de que entre la tentación y el pecado solo existe la voz del Espíritu Santo que te advierte del peligro. La decisión la tomarás tú. Sin embargo, no ignores la voz de advertencia, como hice yo al cruzar aquel arroyo. Piensa que luego podrás lamentar cualquier paso en falso.
Mujeres, jóvenes y niños pueden tener un carácter íntegro, lo único necesario es que escojamos hoy a quien servir (ver Jos. 24:15). Todos podemos poner nuestra voluntad de parte de Dios, decidiendo obedecerlo y de esa forma, al relacionarnos con los agentes divinos, mantenernos donde nada pueda forzarnos a obrar mal. En todo joven y niño hay poder para formar, con la ayuda de Dios, un carácter íntegro, y vivir una vida útil.

Toma de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Yoela Murillo

jueves, 2 de febrero de 2012

EL LLAMADO DIVINO

Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo. Al vencedor le concederé que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he saltado con mi Padre en su trono, (Apocalipsis 3:20-21).

Nací en un hogar católico y desde joven promovía la catequesis en mi comunidad Un domingo, mientras regresaba de misa, pasé frente a la casa de nuestros nuevos vecinos. Tras saludarme, me invitaron amablemente a entrar y me preguntaron si me gustaría estudiar la Biblia con ellos. Rechacé aquella invitación argumentando que era un miembro fiel de mi iglesia. Sin embargo, me contestaron que había algunas cosas en la Biblia que probablemente yo desconocía y que me convenía saber. Un tanto nerviosa acepté acudir a su hogar una vez por semana, con la condición de que nadie llegara a saberlo.
A la tercera semana de haber comenzado los estudios me invitaron a visitar su iglesia. Ahora tenía un problema: ¿Cómo pedirles permiso a mis padres para ir a una iglesia protestante? Se me ocurrió decirles que me dejaran ir de «pasadía» con los vecinos. Claro está, dicha pasadía sería en la Iglesia Adventista de Central Romana, ubicada en la región oriental de la República Dominicana. Ese mismo día, al ponerme de pie en el momento de la bienvenida, le entregué mi vida al Señor. Entre sonrisas y lágrimas pedí a los hermanos que oraran mucho por mí, pues me esperaba una dura batalla.
El sacerdote de nuestra parroquia se enteró de mi decisión, por lo que fue a visitarme. Me dijo que abandonar la Iglesia Católica era una gran herejía y que la Iglesia Adventista no era más que una secta judaizante. Además, que el sábado estaba abolido porque formaba parte de la ley de Moisés, y que el domingo era el verdadero día de reposo. Concluyó afirmando que «fuera de la Iglesia Católica no hay ninguna posibilidad de salvación».
Me quedé triste y confundida. Esa noche clamé a Dios para que me hablara y le pedí que, si estaba equivocada, me lo hiciera saber. Tras orar oí una voz dulce y suave que me dijo: «Lee Éxodo 20:8». Al leer aquel texto revivió en mí la esperanza y sentí la paz y la seguridad que únicamente nos da el Señor.
Mi querida amiga, han pasado treinta y ocho años desde aquel incidente y sigo creyendo que «Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones» (Sal. 46:1). ¡Confiemos en sus promesas!

Toma de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Jacoba Payan, Dominicana