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sábado, 18 de enero de 2020

EL TIEMPO ES LA MONEDA DE LAS RELACIONES. SI QUIERES INVERTIR EN RELACIONES, EMPIEZA POR INVERTIR TU TIEMPO». DAVE WILLIS

Los automóviles ilustran uno de los aspectos de las relaciones personales en los que los varones y las chicas se diferencian. Las chicas generalmente sienten que, si van a invertir tiempo y energías en una relación, más vale que sea con un ser humano de verdad. Los varones no son tan «quisquillosos»
Vemos un auto y decimos: «Me deja tener el control absoluto y no habla. Esto podría ser el comienzo de una hermosa amistad».
Con el paso del tiempo, podemos llegar a volvernos realmente nostálgicos con nuestro vehículo. Se me llenan los ojos de lágrimas cuando recuerdo mi primer auto, un Ford Mustang que tenía tan poca fuerza que le costaba avanzar con viento en contra.
Mi pastor admite haber estado tan apegado a una Toyota destartalada que siguió conduciéndola incluso cuando la única forma de subirse a ella era por la puerta trasera. He oído de hombres que pidieron que los enterraran dentro de sus autos, aunque uno se sentirá realmente ridículo al despertar el Día de la Resurrección en un Lincoln del 88 sin batería.
Le pregunté a mi papá, que no suele ser muy nostálgico, por qué nunca se deshacía de un Ford del 72 al que llamaba «Viejo Azul».
-No lo sé —musitó—. Es como un caballo favorito: cuando llega al final de su carrera, no lo mandas a la planta de aprovechamiento.
Creo que Viejo Azul era el favorito de mi padre porque pasó 460 mil kilómetros en el asiento del conductor.
Con suficiente tiempo, puedes construir una relación con cualquier persona o cosa. Dicho de otra manera: si quieres construir una relación con alguien, pasa tiempo con esa persona.
Creo que esta es una de las razones por las que Dios nos dio el sábado. Un día entero, cada semana, para pasarlo con Dios y con nuestra familia. No se me ocurre una mejor manera de garantizar que las relaciones más importantes de nuestra vida duren más que una relación con un automóvil. Kim
«Trabajarán ustedes durante seis días, pero el séptimo día es de reposo, es un día de fiesta solemne en mi honor, en el que no harán ningún trabajo. Dondequiera que ustedes vivan, será sábado consagrado al Señor» (Lev. 23:3).

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES
“UNA IDEA GENIAL”
Por: Kim Peckham
Lecturas Devocionales para Adolescentes en 2020.

domingo, 14 de febrero de 2016

RESISTE

La valentía nos llega según vamos viviendo con Jesús. Max Lucado

Marie Durand* tenía 17 años y esperaba ansiosamente el día de su boda, pero el momento nunca llegó. Ese día, y muchos más que le siguieron, los pasó en una fría cárcel de Francia. ¿Cuál había sido su delito? Pertenecer a una familia protestante. Por sus creencias religiosas, el hermano de Marie tenía orden de busca y captura. Llegaron unos soldados a su casa buscándolo pero, al no poder encontrarlo, se la llevaron a ella en su lugar. Marie fue conducida a la torre de Constanza, encerrada en una celda. Podría abandonar la prisión y saborear de nuevo la libertad si renunciaba a su fe.
¿Qué hubieras hecho tú? ¿Te gustaría creer que hubieras sido valiente? Marie lo fue. No renunció a su fe, y día tras día fue escribiendo en la pared de su celda la palabra “resistiré”. Y resistió. No un día ni un mes, sino 37 años. ¿Qué has de resistir tú día tras día?
¿Qué pruebas debes enfrentar por causa de tu fe, que te hace tan diferente a la vista de los demás?
Tal vez vives en un país con libertad religiosa y, sin embargo, cargas con una asignatura pendiente porque un profesor se niega a concederte tu derecho a no hacer un examen en sábado; tal vez tus compañeros de trabajo recelan de ti porque no sales con ellos de copas, ni los acompañas a veladas sociales los viernes por la noche; tal vez has perdido una amiga por no querer comprometer tu honestidad y buen nombre en respuesta a una petición suya; no me cabe duda de que enfrentas diariamente presiones por causa de tus convicciones religiosas más profundas. ¡Resiste!
Yo también tenía 17 años cuando, recién convertida, sentí la presión. Mi abuelo, católico acérrimo, me dijo; “Has deshonrado a tu familia. Debes seguir nuestra tradición religiosa”. Nunca he sido valiente, pero de mí brotaron estas palabras: “Si tú conocieras algo mejor, ¿no te cambiarías?” La valentía llega cuando convives con Jesús. Conoce a Jesús cada vez más y, como dice mi propia versión de lo dicho por Pedro, “si por actuar con rectitud has de sufrir, ¡dichosa tú! No tengas miedo a nadie, ni te asustes, sino honra a Cristo como Señor en tu corazón. Está siempre preparada a responder a todo el que te pida razón de la esperanza que tienes” (ver 1 Ped. 3:14, 15).

JohnGraz, El adventista y… (Doral, Florida: APIA/México D. F.: GEMA, 2010), pp. 229,230.

“Si por actuar con rectitud han de sufrir, ¡dichosos ustedes!” (1 Ped. 3:14).

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
#AnteTodoCristiana #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

“¿QUIERES SER MÍO?”

“De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna”. Juan 3:16

Sé que no es una fiesta que se celebre en la iglesia, pero cuando éramos niños darnos unos a otros aquellas tarjetitas con los colores rojo y rosado el día de San Valentín, o día del Amor y la Amistad, era un pasatiempo favorito. Supongo que nunca llegamos a averiguar en realidad el significado de aquella pregunta inocuamente corta que garabateábamos con caligrafía de tercero de primaria en aquellos flácidos recortes con forma de corazón. No obstante se los entregábamos a todas nuestras amigas de la escuela: “¿Quieres ser mía?” Es la vocación de los elegidos, ¿no? “¿Quieren ser míos?” pregunta el Dios del universo, que lleva milenios intentando desesperadamente volver a ganarse el corazón de una raza desenfrenada y rebelde. “¿Quieren ser míos?” Bueno, es como si todos los hijos que Dios ya tiene alrededor de la mesa del comedor en el cielo no bastaran, como si nunca estuviera realmente feliz y contento de verdad hasta que digamos “Sí y también entremos y lo acompañemos. “¿Quieres ser mío?”
Cuando me enamoré de Karen, antes siquiera de llegar a conocerla, captar su atención era la preocupación máxima de mi corazón adolescente. Sabía que, cada día, cuando me dirigía al comedor de la universidad, ella salía de sus clases de enfermería y yo podía cruzarme con ella en la acera. Y, por eso, todos los días, en uno de esos tontos (pero efectivos) rituales de adolescente, yo bajaba la cabeza cuando la veía y hacía como que estaba absorto en mis pensamientos mientras miraba fijamente la acera delante de mí, pero maniobrando continuamente mis pasos para casi chocar directamente con ella. Entonces nos reíamos, yo me disculpaba por “no” haberla visto, y con su rostro fresco en mi mente, seguía mi camino. ¿Quién puede conocer “el rastro del hombre en la doncella” (Prov. 30:19, NC)?
Por otro lado, los caminos del Amor divino a veces son inexplicables, ¿no te parece? Ese Dios que, movido por su gran amor, deja su gran trono blanco para venir a nuestra tierra, oscura y caída. Todo, ¿para qué? ¿Para que tuviésemos ocasión de gritar a pleno pulmón “¡No tenemos más rey que César!” (Juan 19:15)? Y con ese feo estribillo repitiéndose dentro de él, este Dios rechazado va dando tumbos hasta el lugar de su ejecución. Y cuando tienden su cuerpo desnudo y lo clavan a aquel madero, con cada mazazo sobre aquellos clavos, se forja la pregunta para cuya formulación vino a la tierra: “¿Quieres ser mío?”.

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson
#ElSueñoDeDiosParaTi #MeditacionesMatutinas #DevocionMatutinaParaAdultos #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

lunes, 2 de abril de 2012

ALABAD AL SEÑOR


«Alabad a Dios en su santuario; alabadlo en la magnificencia de su firmamento. Alabadlo por sus proezas; alabadlo conforme a la muchedumbre de su grandeza» (Salmo 150:1-2).

Otra razón por la que Jesús permitió que el pueblo lo honrara aquel día en Jerusalén era animar a sus seguidores, especialmente a los discípulos. Habían estado con él cuando lo rechazaron sus enemigos y ahora quería darles a probar un pequeño anticipo de su gloria.
Por una vez les permitiría que arrojaran sus mantos y ramos aromáticos a su paso. Por una vez, entusiasmados, se subirían a los árboles para cortar las olorosas ramas con las que marcarían su camino. Pronto los traspasaría el dolor de verlo arrestado en Getsemaní y llevado preso ante Caifás y Pilato para que lo condenaran a muerte.
Para la gente común ese día debió ser una experiencia inolvidable. No cabe duda de que en esta vida pasamos por muchas pruebas y decepciones. Aunque Jesús sufrió y murió, lo sostuvo la esperanza de ver la gloria más allá de la tragedia. Cuando todo parece estar sumido en la más densa tiniebla y que no tenemos salida, nos hacemos bien en poner la vista en la meta, nuestra esperanza. Me gusta la letra del himno titulado «Una esperanza» (Himnario adventista, ed. 2010, n° 181) porque dice la verdad.
Los profetas escribieron que Jesús sufriría y moriría, y así fue. Jesús dijo que algunos de sus seguidores pasarían por lo mismo que él. Pero también afirmó: «Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo» (Juan 16: 33).
No hace mucho pasé una revisión médica. Mientras hablábamos, el médico me dijo algo que no olvidaré: que no debemos pensar en lo que no tenemos, sino en lo que sí tenemos. Esa idea me gusta. En la vida cristiana es fácil centrar la atención en lo que falta y pasar por alto lo que ya se tiene. Usted dirá: «A veces parece como si no tuviera nada». Piense en lo que tiene. Usted tiene la esperanza en la venida del Señor.
Señor, si hoy desfallezco, recuérdame la bendita esperanza. Basado en Lucas 19: 29-44

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

sábado, 19 de noviembre de 2011

A GRAN PRECIO

Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hambres. (1 Corintios 7:23).

Durante uno de sus viajes a pie, Martín Lulero llegó a la casa de unos campesinos y pidió alojamiento. Aquella humilde familia, sin saber a quién estaban alojando, dio al transeúnte un trato espléndido. Cuando les dijo quién era rehusaron recibir dinero alguno, pero pidieron al gran reformador que orara por ellos y que dejara en la pared de su vivienda un mensaje como recuerdo de su visita. Martín accedió y después de orar escribió con tinta: «Domini sumus». Como ellos no entendían latín le preguntaron qué significaban aquellas palabras, y Lulero respondió: «Somos del Señor».
Ni las huestes del mal, con toda su furia, sus lácticas engañosas y sus trampas y artimañas, pueden cambiar el hecho de que hemos sido comprados por la sangre preciosa de Cristo Jesús. Estoy segura de que aquella mujer, cuyo nombre no conocemos, atesoró en su corazón las palabras que la convirtieron en una mujer libre en Cristo.
Tal vez tú no hayas recibido la visita de ningún gran hombre como Lulero que escriba en la pared de tu hogar un mensaje de vida, pero puedes hacer tuyas las palabras «somos del Señor» y permitir que lleguen a tu corazón y surtan el mismo efecto que en el de aquella mujer. Tu vida puede ser transformada por la sangre preciosa de Cristo, quien te convirtió en propiedad suya por creación y por redención.
Se cuenta que un niño echó al lago un barquito de madera que él mismo había construido, pero hacía tanto viento que el bote se fue comente abajo, y la criatura se quedó desconsolada. Días después vio su barco en una tienda de juguetes. Habló con el dueño y le explicó lo sucedido, pero este le respondió que él se lo había comprado a otro niño y que el único modo de que volviera a ser suyo era si lo compraba. El niño miró su barco, recordó el día en que lo había hecho, los momentos felices en los que había jugado con él, metió su manilo en el bolsillo y sacó el dinero. Una vez en sus manos, lo abrazó, diciendo: «Ahora eres doblemente mío, porque te hice, y porque te compré».

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

miércoles, 5 de octubre de 2011

¿QUIÉN ERES TÚ?

Estos fueron los que subieron de Tel-mela, Tel-harsa, Querub, Addán e Imer que no pudieron demostrar la casa de sus padres, ni su linaje, si eran de Israel. Esdras 2:59.

Era tiempo de volver a casa. El pueblo de Israel había recibido la autorización de volver a su tierra, después de setenta años de cautiverio. Casi cincuenta mil personas volvieron a Jerusalén, en aquella ocasión.
Una de las cosas a las que el pueblo le daba mucha importancia era su linaje; tanto es así que, en la Biblia, se emplean páginas y páginas únicamente presentando el linaje de las personas. Saber quién había sido tu padre y a qué familia pertenecías era esencial para la vida. Mucho más en el reinicio de una nueva historia.
Entre las personas que llegaron a Jerusalén, estaban Querub, Addán, Imer, y algunos otros que alegaban ser judíos del linaje sacerdotal. Esa afirmación no fue confirmada por los libros que el pueblo guardaba; el resultado casi fue la expulsión de esas personas. La solución era consultar al sacerdote. La desesperación de aquellas personas sin identidad era tangible: probar que eran judíos, y del linaje sacerdotal, era esencial.
Miles de años pasaron desde aquel día, y todavía hoy las personas viven tratando de probar quiénes son. El auto, la casa, las ropas: el consumismo desenfrenado no es otra cosa sino la tentativa de probar lo que somos. Desde niños, aprendemos a tener, tener y tener, con el fin de probar quiénes somos.
Cada año que pasa, las personas se endeudan, comprando lo que es innecesario, con la intención de probar que son importantes. Celulares de última generación, computadoras, ropas caras, relojes, viajes y hasta cirugías, solamente para exclamar: ¡Vean lo que soy!
La Biblia no especifica si aquellas tres personas eran o no judíos, pero habla sobre ti. Dice que tú eres de linaje real; que eres especial; que eres la cosa más linda que Dios tiene en esta tierra. Tú eres su hijo, su hija, y ¡esto es lo que prueba tu valor! Fuiste comprado con la preciosa sangre de Jesús. Eso es lo que realmente cuenta.
Sal, para cumplir los desafíos de hoy, recordando que "estos fueron los que subieron de Tel-mela, Tel-harsa, Querub, Addán e Imer que no pudieron demostrar la casa de sus padres, ni su linaje, si eran de Israel".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

domingo, 31 de julio de 2011

ADMINISTRADORES RESPONSABLES

Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Mateo 25:21.

A lo largo de este mes pudimos analizar juntos la importancia de cuidar los dones que Dios nos dio, especialmente la salud y las habilidades personales. Desde la creación, todo en esta tierra fue puesto para que el hombre glorificara a su Creador; pero desde la entrada del pecado, esas bendiciones fueron trastocadas y mal utilizadas por los seres humanos.
Quizás el ejemplo de Jimena nos pueda ayudar. Ella había venido a Argentina para realizar sus estudios universitarios. Como provenía de un hogar adinerado, traía desde su país una serie de elementos muy útiles para el estudio, y entre ellos una computadora portátil. Al llegar el verano y regresar a su hogar, le prestó a un compañero de clase su computadora para que se ayudara en sus estudios. Le hizo los encargos pertinentes para su cuidado y creyó que "quedaba en buenas manos". Al regresar al año siguiente, este compañero de estudio había maltratado la pequeña computadora, y como no tenía dinero para repararla, la devolvió en un estado lamentable.
Muchas veces los seres humanos actúan con Dios de la misma manera. En su bondad, él los colma de bendiciones porque desea verlos felices, pero estas bendiciones son mal utilizadas y explotadas de manera egoísta.
Como todo le pertenece a Dios, nosotros somos simplemente administradores de esos recursos. El concepto de que "esta es mi vida y hago con ella lo que quiero" no encuentra cabida en las Escrituras, ya que toda ella nos enseña que Dios es dueño de todo, incluso de nosotros mismos.
Como todo le pertenece a nuestro Creador, es importante utilizar muy bien cada uno de los recursos que él pone a nuestra disposición, a fin de que cuando nos pida cuentas, nosotros seamos hallados como mayordomos responsables ante su presencia. El Señor Jesús desea encontrarse contigo cuando vuelva por segunda vez, y anhela decirte: "Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor".

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel