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lunes, 8 de febrero de 2016

¿CUÁN PRUDENTE ERES?

“Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes” (Tito 2:6, RV95).

Se cuenta que un rey necesitaba contratar a un chófer para que lo llevara de su palacio, que se hallaba en la cumbre de una escarpada montaña, a una pequeña ciudad del valle. Era preciso que el conductor supiera bien cómo manejar a través de un camino angosto y repleto de despeñaderos que intimidaban al más valiente de los mortales. El anuncio se esparció por toda la comarca y varios días después se presentaron tres candidatos.
Tras explicar los desafíos de aquella tarea, el rey les preguntó qué harían para evitar caer por uno de los precipicios.
-Yo manejaría el carro a tres pies de la orilla del abismo -dijo el primero.
-Yo puedo llevar el carro desde la cima de la montaña hasta el pueblo, manejando a un pie de distancia del despeñadero -añadió el segundo.
El rey quedó sumamente admirado con la respuesta de aquellos hombres. Aunque estaba seguro de que uno de ellos sería contratado, decidió preguntarle al tercero:
-Y usted, ¿cuán cerca de la orilla puede manejar?
-La verdad es que no lo sé, su majestad. Yo prefiero pasar lo más lejos que pueda. ¿Cuál de los tres fue contratado? ¡Claro que el tercero! El tenía una virtud que superaba la destreza de sus compañeros: era prudente. Salomón, a quien Dios dotó con sabiduría y prudencia, escribió: “El prudente ve el mal y se esconde, pero los incautos pasan y se llevan el daño” (Proverbios 27:12, RV95). Fíjate en el cambio de singular, “el prudente”, a plural, “los incautos”. Siempre son menos los que prefieren evitar el mal, ya que la gran mayoría prefiere andar bien cerca de lo que es malo y pernicioso. La Biblia nos advierte: “El que no sigue una conducta prudente, irá a parar entre los muertos” (Proverbios 21:16). En cambio, como dijo Epicuro: “La prudencia es el más excelso de todos los bienes”.
En tu lucha contra el pecado, la mejor defensa que puedes exhibir es mantenerte lejos de todo aquello que pueda empujarte hacia un profundo abismo de inmoralidad, y llevarte por el sendero que conduce a la muerte física y espiritual. Te invito a que acudamos a Dios para que él nos ayude a ser prudentes en todo momento.

Lecturas devocionales para Jóvenes 2016
“VISITA MI MURO, 366 MENSAJES QUE INSPIRAN”
Por: J. Vladimir Polanco
#VisitaMiMuro #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaJovenes #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian #PrudenciaySabiduría

domingo, 18 de agosto de 2013

EL SUEÑO DE UN PRÍNCIPE

Lugar: Austria
Palabra de Dios: Colosenses 4:6

Sigmund Freud, un intelectual y médico neurólogo que vivió en Austria a principios del siglo XX, contó la siguiente historia. Había una vez un príncipe que tuvo un sueño. Cuando despertó, se sintió preocupado y quería saber su significado. Llamando a uno de sus consejeros de la corte, le ordenó:
Dime lo que significa mi sueño.
El hombre respondió:
Su Alteza, tengo malas noticias para usted. De acuerdo con su sueño, todos sus parientes morirán, y luego usted lo hará.
El príncipe se sentó, asustado, y su rostro se puso colorado.
¡Cómo te atreves a decir cosas tan terribles! gritó: ¡Llévenselo!
Todavía echando chispas, el príncipe llama a otro de sus funcionarios. Cuando llegó, el príncipe le pidió que interpretara el mismo sumo. El hombre eligió con cuidado sus palabras:
Tengo buenas noticias para usted, su Alteza le dijo. Usted sobrevivirá a todos sus parientes.
Al oír esto, el príncipe sonrió. Le agradaba lo que había oído.
Me ha hecho muy feliz dijo. Por su lealtad y servicio, lo elevare al rango de principal consejero de la corte.
¿Cuál era la diferencia entre lo que había dicho el primer hombre y el segundo? El mensaje era el mismo, pero no la forma en que fue presentado.
Tus palabras pueden marcar una gran diferencia en la vida de otras personas; no solo lo que dices, sino cómo lo dices. La Biblia aconseja: «Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno». Procura no hablar apresuradamente, sino pide a Dios que te ayude a elegir tus palabras con sabiduría. 

Tomado de Devocionales para menores
En algún lugar del mundo
Por Helen Lee Robinson

domingo, 11 de agosto de 2013

SE NECESITAN CONDUCTORAS

Por la mañana hazme saber de tu gran amor, porque en ti he puesto mi confianza. Señálame el camino que debo seguir, porque a ti elevo mi alma. Salmo 143:8

Por lo general, las mujeres no gozamos de un gran prestigio en lo que se refiere a conducir automóviles. Por eso me sorprendí al ver un letrero en una agencia de autobuses de turismo: «Se necesitan conductoras». El anuncio era real, y supongo que los administradores de la empresa de autobuses descubrieron algún rasgo excepcional en la naturaleza femenina que consideraron necesario y útil para su empresa.
Apliqué dicho anuncio a otros aspectos de la vida, y estuve de acuerdo con su premisa. Los hogares, las familias, los hijos; todos necesitan conductoras, y esta es una necesidad que cada día se vuelve más apremiante. Muchos hogares caminan sin rumbo porque carecen de una madre y esposa que los conduzca.
Se necesitan mujeres que, con una elevada visión y bajo la dirección de Dios, se esfuercen por guiar a sus familias al logro de metas y objetivos definidos. Mujeres que, con claridad de propósitos, preparen hogares para el reino de los cielos y hagan de Jesucristo su guía y consejero.
En el extraordinario desempeño de Abigaíl (1 Sam. 25) encontramos personificada a una mujer conductora. Frente a los errores de su esposo, supo manejar las circunstancias de tal forma que evitó una catástrofe de consecuencias fatales. Ella supo actuar en el momento oportuno. Abigaíl:
• Demostró humildad y paciencia.
• Fue prudente al actuar.
• Tuvo un carácter a prueba de crisis.
• Mostró un espíritu de servicio.
Esa destacada mujer fue premiada por el Señor, al mismo tiempo que su malvado esposo fue librado de la muerte a manos de los seguidores de David. Todo gracias a la actuación inteligente de una «mujer conductora».
Amiga, echa tú también mano de los recursos que Dios te ha dado, y decide que serás la encargada de guiar tu propia vida, y por ende la de tus seres queridos.
El destino glorioso que espera a las «conductoras» que se entregan en las manos de Dios ¡es la patria celestial!

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

sábado, 16 de marzo de 2013

NO HAY QUE ABRIR DEMASIADO LA BOCA


El hombre prudente no muestra lo que sabe, pero el corazón de los necios proclama su necedad (Proverbios 12:23).

Fue Juan Valera quien dijo: «La palabra es la primogénita del espíritu». O sea que la palabra es el producto más genuino del espíritu humano. En realidad, desde el punto de vista natural, somos humanos gracias al lenguaje. La capacidad de hablar es la evidencia más convincente de nuestra condición humana. Como dijo Aristóteles: «El hombre es un ser de palabra».
Por esta causa la literatura sapiencial pone tanto énfasis en la importancia de la palabra. Por ejemplo, Proverbios 25:11 dice: «Como manzanas de oro con figura de plata son las palabras dichas a tiempo». Es decir que la palabra vale mucho, es muy importante, por eso el sabio «refrena sus palabras» (Prov. 19:27). Si valen tanto, hay que usarlas con cuidado. No abramos demasiado la boca porque Jesús, el hijo de Dios y el más grande de los hombres, dijo: «De la abundancia del corazón habla la boca» (Mat. 12:34). Esto equivale a decir que si el sabio tiene el corazón lleno de sabiduría, cuando habla, expresa palabras sabias, prudentes, discretas, dignas de ser dichas, y por lo mismo, son «bendición para quienes escuchan» (Efe. 4:29).
En cambio al necio, que suele ser ignorante, no le conviene hablar, porque cada vez que abre la boca dice a todos que es necio y «escupe necedades» (Prov. 15:2).
Quizá pensando en eso, un sabio maestro dijo una vez: «El que abre demasiado la boca muestra su ignorancia». Como es natural, aunque sea necio e ignorante, cuando calla «pasa por sabio» y «prudente» (Prov. 17:28).
Estos principios nos indican que jamás daremos demasiada importancia a hablar con cuidado y escuchar con atención. Recuerda que el que habla se compromete; pero el que escucha aprende. Por eso el sabio prefiere escuchar antes que hablar. Si el que habla es necio, decide callar para no responder al necio «según su necedad» (Prov. 26:4). Y si el que habla es sabio, escucha con gusto porque aprenderás y serás más sabio.
En toda esta declaración divina de sabiduría queda establecido un principio: «El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua» (Prov. 10:19). Decide  vivir la prudencia del silencio y la cultura de las palabras que son «como manzanas de oro» por lo que dicen y por quién las dice.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

viernes, 7 de diciembre de 2012

«OLER EL PELIGRO»


El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues pana él es locura. No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente. 1 Corintios 2:14, NVI

Según nos cuenta Bruce H. Wilkinson, Lalo y Lola eran dos ranitas aventureras. Gracias a su capacidad para saltar grandes distancias, les gustaba enfrentar desafíos. Un día, sin embargo, un científico muy listo se las arregló para capturarlas y las llevó a su laboratorio. El científico colocó a Lola frente a dos recipientes: uno tenía agua caliente; el otro, agua tibia. Mientras la otra ranita observaba, introdujo a Lola en el recipiente de agua caliente. Inmediatamente Lola salió del agua dando un salto espectacular. Y se perdió del mapa.
Luego el hombre introdujo a Lalo dentro del recipiente con agua tibia. La ranita se sintió de lo más bien. Entonces gradualmente el científico comenzó a subir la temperatura del agua. Mientras tanto, Lalo flotaba a placer. «Esto sí es vida —pensaba—. La muy tonta de Lola no sabe lo que se está perdiendo». Así transcurrieron los segundos hasta que el agua alcanzó el punto de ebullición. Entonces Lalo quiso saltar, pero ya era demasiado tarde. Sus patitas quedaron paralizadas (More Family Walk [Caminar en familia, tomo 2], p. 166).
¿Dónde estuvo la diferencia entre las dos ranitas? Lalo esperó demasiado para escapar. Diríamos que le faltó «discernimiento». Esta palabra se relaciona con discernir: «Distinguir algo de otra cosa, señalando la diferencia que hay entre ellas». Es el discernimiento lo que nos permite ver más allá de la apariencia de las cosas. Lo que nos permite ver a las personas y las situaciones como realmente son y no como aparentan ser.
La capacidad de discernir es una valiosa herramienta. Tan valiosa que, cuando Dios le permitió al rey Salomón pedir lo que quisiera, con mucho acierto él pidió «un corazón atento para [...] distinguir entre lo bueno y lo malo» (1 Rey. 3:9). Eso es discernimiento en su máxima expresión. Y es precisamente discernimiento lo que vas a necesitar para distinguir qué lugares y qué clase de actividades son apropiados para ti, qué personas deberían formar parte de tu círculo de amigos y, sobre todo, para «detectar» las artimañas de Satanás.
¿Cómo desarrollar esta habilidad? Al igual que Salomón, pídesela a Dios. Y estudia diariamente su Santa Palabra.  Esta es la fuente de toda sabiduría.

Dame, Señor, «un corazón atento para [...] distinguir entre lo bueno y lo mato».

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

viernes, 29 de junio de 2012

CUIDADO, ¡YA A EXPLOTAN!



«Como el que se quita la ropa en día de frío, o como el vinagre sobre la soda, es el que canta canciones a un corazón afligido» (Proverbios 25:20, BLA).

Aunque anteriormente ya hablamos del vinagre, lo que voy a explicar ahora es un poco diferente. Te voy a hablar de lo que ocurre al verter vinagre en soda.
Cuando era niño hice algo muy divertido. Tomé un poco de bicarbonato sódico y lo eché en una botella de plástico. Ahora viene la parte del vinagre, tomé mi botella y salí al patio porque no quería ocasionar un desastre en casa. Lentamente, eché el vinagre dentro de la botella con bicarbonato sódico. Inmediatamente escuché un sonido burbujeante y comenzaron a salir montañas de espuma de la botella. ¡Acababa de hacer erupcionar un volcán!
El versículo de hoy nos dice que muchas veces la gente que se siente mal no tolera estar con gente que está alegre. Cantar y reír cuando alguien está triste es como echar vinagre sobre bicarbonato sódico. Es decir; puede hacerlos estallar Si alguien necesita que llores con él o con ella, entonces sé un buen amigo y hazlo. Fíjate en cuál es su necesidad y haz lo que puedas por él o por ella. ¡Eso fue lo que hizo Jesús!

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

domingo, 17 de junio de 2012

USTED TIENE UN TALENTO


«Confía en Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus camino y él hará derechas tus veredas» (Proverbios 3:5,6).

¿Es usted una persona con talentos? Si hace inventario de sus habilidades y descubre que, claramente, no sabe cantar ni tocar el piano, si sus incursiones en la cocina son más bien desastrosas, si no se entiende con las computadoras y le disgusta hablar en público, es probable que llegue a la conclusión de que a usted no lo adorna ningún talento en absoluto.
Pues fíjese que le traigo buenas noticias: De hecho, usted sí tiene talentos. Según dijo Jesús, un talento es un don de Dios o una bendición para su pueblo. El hombre de la parábola de los talentos tenía que hacer un largo viaje y antes de irse llamó a sus siervos y a cada uno le dio una parte de su fortuna.
El propio Jesús es el hombre que se fue de viaje a un país lejano o, lo que es lo mismo, se ausentaría durante mucho tiempo.
Tenía que regresar al cielo, con su Padre, para completar los planes establecidos para su retorno. Antes de irse, proveyó a su iglesia con todo lo que necesitaría durante su ausencia. Encomendó a la iglesia sus verdades, sus leyes, sus promesas y sus poderes. Asimismo, envió a su Espíritu para que sus siervos pudieran vivir y enseñar esas verdades y esas promesas, a la par que usaban esos poderes.  De este modo, Cristo, en el momento de la ascensión, confió sus bienes a la iglesia.
«No fue recibido el derramamiento del Espíritu hasta que, mediante la fe y la oración, los discípulos se consagraron plenamente para efectuar la obra de Cristo. Entonces, en un sentido especial, los bienes del cielo fueron entregados a los seguidores de Cristo. [...]  Los dones ya son nuestros en Cristo, pero su posesión verdadera depende de nuestra recepción del Espíritu de Dios» (Palabras de vida del gran Maestro, p. 263).
«Cristo confía "sus bienes" a sus siervos: algo que puedan usar para él.  Da "a cada uno su obra". Cada uno tiene su lugar en el plan eterno del cielo.  Cada uno ha de trabajar en cooperación con Cristo para la salvación de las almas» (Ibíd. p. 262).
¿Cómo puede descubrir sus talentos? (1) Lea la lista de los dones espirituales en 1 Corintios 12 y Efesios 4 y observe qué lo conmueve. (2) Tome nota de sus talentos naturales. (3) Descubra sus más profundas pasiones, qué le gusta más hacer  (4) Estudie su personalidad; no hay nadie que pueda hacerlo todo. (5) Revise las experiencias pasadas. Y (6) Ore, ore y no deje de orar. Basado en Mateo 25:14-30.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

jueves, 14 de junio de 2012

¿TIENES ALGO QUE DECIR?


Recuerden esto, queridos hermanos: todos ustedes deben estar listos para escuchar; en cambio deben ser lentos para hablar. Santiago 1:19.

Albert Einstein, sin lugar a dudas el científico más importante del siglo XX, es también conocido por sus ocurrencias. Una de ellas se produjo cuando se celebró una cena en su honor.
Einstein había sido invitado para recibir un galardón por su contribución a la ciencia. Después de recibir su premio, la concurrencia comenzó a clamar: «¡Que hable! ¡Que hable!».
Aunque el programa no contemplaba un discurso del famoso científico, el presidente de la institución lo invitó a hacer uso de la palabra. En contra de su voluntad, Einstein subió al pódium. El público guardó absoluto silencio. Entonces comenzó diciendo: «Damas y caballeros, lo siento mucho pero en este momento no tengo nada importante que decirles». Dicho esto, tomó asiento. A los pocos instantes, como recordando algo que debió decir, Einstein se levantó de su asiento: «Cuando tenga algo que decirles, les avisaré».
En efecto, unos seis meses más tarde, se comunicó con el presidente de la universidad para expresarle: «Ahora sí tengo algo importante que decirles».
Cuenta el relato que entonces se llevó a cabo otra cena en su honor, en la que Einstein finalmente dio su muy esperado discurso.
En una época como la nuestra, en la que muchos quieren hablar y pocos escuchar, la experiencia de Einstein nos enseña una valiosa lección: Cuando no tengamos nada que decir, es mejor callar. Pero cuando tengamos algo importante que decir, entonces hablemos. Ya lo dijo el Sabio: «En este mundo todo tiene su hora; hay un momento para todo cuanto ocurre: [...] un momento para callar y un momento para hablar» (Ecl. 3:1,7).
Una lección no menos importante que se deriva de la anterior es que cuando sea tiempo de hablar, hagámoslo al punto y sin rodeos, pues como bien lo expresó Salomón, «el que mucho habla, mucho yerra» (Prov. 10:19).
Pidamos a Dios que nos ayude a cultivar el don del habla porque, como bien lo expresa el libro Palabras de vida del gran Maestro en la página 270, ningún otro talento puede ser de mayor bendición que este. Y pidámosle también que nos dé sabiduría para saber cuándo y cómo usarlo.
Capacítame, Señor, para saber cuándo hablar y cuándo callar.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

domingo, 22 de abril de 2012

EL QUE MUCHO HABLA…


En este mundo todo tiene su hora; hay un momento para todo cuanto ocurre: [...] Un momento para callar y un momento para hablar.  Eclesiastés 3:1,7.

Se dice que la palabra hablada es como la flecha: una vez que la disparas, no la puedes retomar. De ahí la importancia de pensar antes de hablar. Precisamente, por no pensar antes de hablar, he pasado varias vergüenzas.
Recuerdo la vez que me encontré con un amigo a quien no había saludado durante mucho tiempo. Estaba con su esposa, y él cargaba un bebé en sus brazos. Resulta que ese amigo ya bordeaba los sesenta años de edad. Entonces hablé sin pensar: - ¡Qué bebé tan bonito! ¿Es tu nieto? -No, es mi hijo —respondió.
—Ah, entiendo —dije, avergonzado.
Cuando notó mi turbación, me dijo:
—No eres el primero que me lo dice. Este el hijo de mi vejez.
Otro día estaba a la puerta de la iglesia saludando a los hermanos, después de predicar un sábado. Entonces un señor de edad madura, acompañado por una jovencita, se detuvo para saludarme.
—¿De qué parte de Venezuela es usted? —me preguntó—. Yo también soy venezolano.
—¡Qué bien! —le respondí—. Soy de Caracas.
Entonces, mirando a la joven que estaba a su lado, le pregunté:
—¿Es su hija?
—No, es mi esposa.
«¡Otra vez pasando vergüenza!», pensé. ¿Qué necesidad tenía yo de hacer esa pregunta? Después del incidente traté de justificarme pensando: «¿Qué culpa tengo yo de que ese señor se haya casado con una muchacha que podría ser su hija?». Pero esa excusa no me sirvió para nada; al final concluí que, una vez más, había hablado demasiado.
Tenía razón Salomón cuando escribió que «es de sabios hablar poco, y de inteligentes mantener la calma. Hasta el necio pasa por sabio e inteligente cuando se calla y guarda silencio» (Prov. 11:27,28).
O como lo dice el siguiente proverbio: No digas todo lo que sabes, no creas todo lo que oyes, no gastes todo lo que tienes, porque... Quien dice todo lo que sabe, cree todo lo que oye, gasta todo lo que tiene, muchas veces... Dice lo que no conviene, juzga lo que no ve, gasta lo que no debe.
¡Muy sabio! Difícilmente te equivocarás por algo que no hayas dicho. Pero muchas veces lo harás si hablas más de la cuenta.
Padre amado, dame de tu sabiduría para saber cuándo helar y cuándo callar.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

sábado, 25 de febrero de 2012

¡TEN CUIDADO CON LO QUE DICES!

«El Señor hizo que soplara del mar un viento que trajo bandadas de codornices, las cuales cayeron en el campamento y sus alrededores, cubriendo una distancia de hasta un día de camino alrededor del campamento, y formando un tendido de casi un metro de altura» (Números 11:31).

¡Qué cantidad de codornices! Están por todas partes. Para ser exactos, hay un metro de codornices acumuladas en el suelo. Pero hablaremos de eso en un momento. Las codornices son unas aves muy comunes en el mundo. Hoy quiero hablar de una clase de codorniz que en Estados Unidos se conoce como Codorniz «Bob White». Se trata de una hermosa ave con un plumaje multicolor Su curioso nombre se debe a que esta ave se la pasa todo el día diciendo: «Bob White, Bob White». No es un chiste, yo las he escuchado y exactamente así es como se oye.
Así como estas codornices han sido etiquetadas por lo que sale de sus bocas, nosotros también somos juzgados por lo que decimos. ¿Decimos cosas amables y cariñosas o palabras feas y llenas de rencor? ¿Son nuestras palabras sinceras o engañosas?
Los israelitas eran conocidos como llorones porque lo único que hacían era quejarse. Ellos estaban cansados del maná y ahora querían comer carne, así que Dios se la dio. Un metro de altura de carne en el piso. Ten cuidado con lo que sale de tu boca. Podrías sorprenderte con el resultado.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

miércoles, 22 de febrero de 2012

¡SEAS TAN ÁCIDO!

«¡Cómo nos viene a la memoria el pescado que comíamos gratis en Egipto! Y también comíamos [...] cebollas» (Números 11:5).

Hoy vamos a continuar nuestra caminata por el jardín. Nos acercamos a unos vegetales con un aroma más bien fuerte. ¡Son cebollas! Tal vez no sabías esto, pero no todas las cebollas son ¡guales. Algunas tienen un sabor dulce y suave, mientras que otras son acidas y fuertes. Algunas no dejan ese olor ¿desagradable en la boca, mientras que otras hacen que la gente se aleje de ti. Algunas personas opinan que la cebolla le da un mejor sabor a las comidas, mientras que a otras no les gusta.
Tú también puedes ser como la cebolla. Cuando alguien hace algo que no te gusta, puedes comunicarle tu molestia de diferentes maneras. Si alguien está usando palabras inapropiadas, puedes decirle: «Oye, cierra la boca. No quiero escucharte más». O decirle de una manera más amigable: «Discúlpame, pero, ¿podrías por favor dejar de usar ese vocabulario desagradable?». Cuando decimos algo fuerte de una manera cordial estamos teniendo «tacto».
En cuanto a las cebollas, puedes comerte las que más te gusten. Pero en relación a la manera en que debes decir las cosas, sé una cebolla dulce y llena de tacto, y no una cebolla acida. ¡Eso hará que a todos les guste estar

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush