lunes, 22 de octubre de 2012

SOY SOLO UNO


Cuando alguien preste algún servicio, préstelo con las fuerzas que Dios le da. 1 Pedro 4:11

Joanne es una trabajadora social. A simple vista no pareciera ser la más destacada en su profesión. Pero ella posee un don que no desperdicia en absoluto. Cierto día Joanne vio a una madre que cambiaba el pañal a su bebé. La escena no habría tenido nada de extraordinario, excepto por un hecho inusual: el pañal estaba sucio, pero en lugar de lanzarlo a la basura, la madre sacudió el excremento y se lo puso de nuevo al bebé.
¿Por qué la madre hizo eso? Después de averiguar, Joanne supo que los programas de ayuda social de los Estados Unidos no incluyen pañales.  Joanne rápidamente se dio cuenta de las implicaciones. Por el lado de los niños, mayores riesgos de infecciones; y también mayores posibilidades de ser objeto de violencia (los niños lloran más al estar sucios, y al llorar más, los padres tienden a responder con violencia). Por el lado de los padres, menores opciones de conseguir quien cuide del bebé. Y menores posibilidades de conseguir trabajo.
¿Qué podría hacer Joanne ante la situación, no solo de esa madre, sino de miles de otras? Se le ocurrió entonces crear un Banco de Pañales. Y comenzó a pedir donativos. Al principio el proyecto se movió con lentitud. Después de tres años difíciles, el panorama comenzó a mejorar. Para el momento de escribir esta nota, Joanne está distribuyendo unos ciento cincuenta mil pañales al mes. Ya tiene varios empleados de tiempo completo, a quienes les paga de los donativos que recibe. Y otras personas han comenzado a crear otros bancos de pañales en sus ciudades (www.miller-mccune.com/health/clean-start-4232).
¿Cuál es el don que posee Joanne, y que no desperdicia en absoluto? Hay muchas cosas que no sabe hacer, pero lo que emprende lo hace bien. Su ejemplo confirma la gran verdad que expresó Edward Everett Hale:
«Soy solo uno,
Pero al menos soy uno.
No puedo hacerlo todo,
Pero puedo hacer algo;
Y porque no puedo hacerlo todo,
Haré bien lo poco que puedo hacer».

¿Ya descubriste cuál es ese «algo» que puedes hacer? No importa lo que sea, hazlo bien, en servicio al prójimo y para la gloria de Dios. Nunca te conformes con menos. Recuerda que representas a Dios.

Padre celestial, inspira en mí el deseo de hacer siempre lo mejor que pueda.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

LA ORACIÓN NOS CAMBIA


«No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta» (Romanos 12:2).

Para los padres y los abuelos, la angustia por la salvación de sus seres queridos es una pesada carga. Inclúyame a mí. Cada día, a veces con lágrimas, en oración, los presentamos ante el Señor y le pedimos que los haga regresar a la iglesia, que los libere de influencias y hábitos dañinos; en pocas palabras, que los cambie. No obstante, quizá la primera persona a quien debamos presentar ante el Señor seamos nosotros mismos. ¿Cómo? ¿Acaso no sería egoísta? Es cierto que no tenemos que centrar las oraciones en nosotros mismos, pero pedirle al Señor que lo cambie todo y a todo el mundo es incompatible con el espíritu de la oración.
Quizá piense: «Este hombre no entiende nada. Soy como soy por mi esposa. ¿Cómo puede el Señor cambiarme a mí si antes no la cambia a ella?».
Orar para que alguien cambie me recuerda la historia de un jovencito al que lo habían enviado a su habitación porque se había portado mal. Al poco rato, salió y dijo a su madre:
—He estado pensando en lo que hice y he orado.
—Eso está bien —dijo ella—; si le pides a Dios que te haga ser bueno, te ayudará.
—Ah, no. No le he pedido que me ayude a ser bueno —respondió el muchacho—. ¡Le pedí que te ayude a soportarme!
Nuestra vida, la de usted y la mía, puede cambiar tanto si nuestros cónyuges o nuestros hijos cambian como si no. He visto muchos casos en los que las esposas y los esposos, antes de que se produjera un cambio, han tenido que orar por su cónyuge a veces durante años. Pero el cambio más importante de todos fue el cambio que el Señor obró en ellos durante esos años de oración.
Cuando nos cambia, el Señor no se limita a remodelarnos. La nueva vida en Cristo no se aplica sobre la antigua. «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas» (2 Cor. 5:17). No se limite a «repintar» su experiencia cristiana, vívala. Basado en Lucas 18:1-8.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

domingo, 21 de octubre de 2012

SOLO UNA MIRADA


«Y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también el Hijo del hombre tiene que ser levantado» (Juan 3:14).

¿Alguna vez te has preguntado por qué es tan importante llevar botas cuando caminas por la naturaleza? De hecho, hay varias razones: proteger tus pies de las afiladas rocas, mantener los pies secos y evitar que las serpientes te muerdan. Pero no dejes de salir a explorar por miedo a que una serpiente te muerda. No es común que eso ocurra.
Lo mejor que puedes hacer si una serpiente venenosa te llegara a morder es quedarte tranquilo mientras alguien consigue ayuda o te llevan al hospital. Tratar de no moverte mucho. Al llegar al hospital los médicos te darán un antídoto. El antídoto es una medicina que ayuda al cuerpo a deshacerse del veneno de la serpiente.
Los israelitas habían caído nuevamente en pecado y Dios había permitido que las serpientes venenosas los mordieran. Pero Dios en su misericordia les dio una cura. Le pidió a Moisés que hiciera una serpiente de bronce y que le dijera al pueblo que la mirara cada vez que fueran mordidos por una serpiente.  Lo único que tenían que hacer era mirar la serpiente y serían curados.
Nosotros hemos sido «mordidos» por el pecado, pero Jesús quiere que lo miremos a él para curarnos. Mira hoy a Jesús y deja que te dé el antídoto para el pecado.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

LOS DESEOS DE TU CORAZÓN


Deléitate asimismo en Jehová y él tu concederá las peticiones de tu corazón.  (Salmo 37:4).

Una noche, aprovechando las temperaturas del otoño, invité a mi nieta para que nos sentáramos en el balcón y desde allí contemplar el cielo. En cierto momento mi nieta me dijo: «Abuelita, mira una estrella fugaz, pide un deseo y se cumplirá». Es una creencia popular que si pedimos un deseo en el momento que cae un meteorito es posible que lo obtengamos. Sin embargo, el mensaje de nuestro texto nos enseña algo diferente. Para lograr los deseos de nuestro corazón tenemos que aprender a deleitarnos en el Señor.
«Es una ley de la naturaleza que nuestros pensamientos y sentimientos resultan alentados y fortalecidos al darles expresión. Aunque las palabras expresan los pensamientos, estos a su vez siguen a las palabras. Si diéramos más expresión a nuestra fe, si nos alegrásemos más de las bendiciones que sabemos que tenemos: la gran misericordia y el gran amor de Dios, tendríamos más fe y más gozo» (E! ministerio de curación, p. 195).
Tal vez surja una pregunta: «¿Qué significa deleitarse en el Señor?». El diccionario define la palabra «deleite» como algo que produce placer. Deleitarse en el Señor significa sentir un inmenso placer al estar en su presencia. Implica buscar intensamente su compañía, porque a su lado nos sentimos muy bien; consultarlo cuando tengamos necesidad de hablar con alguien, ya que el Señor nos dará una paz que de ninguna otra forma podríamos experimentar. Deleitarnos equivale a depender de él, a vivir para él, y a tener el deseo de estar siempre con él. Ese es el deleite que necesitamos para que nuestros deseos sean cumplidos. Dios conoce muy bien los deseos de nuestro corazón. Él sabe todo aquello que quizá nunca le hemos dicho a nadie, pero que nos gustaría que algún día forme parte de nuestra realidad. Sin embargo, él sabe lo que más nos conviene y conoce también el tiempo adecuado para concedemos dichos deseos. Si mantenemos una relación permanente con el Señor y somos sumisas al momento de seguir sus indicaciones, no tendremos que mirar las estrellas para conseguir lo que deseamos. Todo lo que hemos anhelado y soñado, y aun mucho más, estará a nuestra disposición de acuerdo con su divina providencia.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Evelyn Herrera de Omaña

LA «OFRENDA» DEL LADRÓN


El Señor es mi ayuda; no temeré. ¿Qué me puede hacer el hombre? Hebreos 13:6

Una simpática historia que nos llega desde Brasil y que nos cuenta Adriel D. Chilson nos ilustra que Dios dispone todas las cosas para bien de sus hijos. El caso es que los miembros de una iglesia recogieron una ofrenda especial para contribuir con la construcción del Hospital Adventista de Belén. La ofrenda fue de unos cinco mil cruzeiros, la moneda brasileña de esa época (por entonces, unos doscientos cincuenta dólares). Se decidió que el tesorero llevara el dinero a las oficinas de la misión al día siguiente.
Muy temprano en la mañana, el tesorero partió rumbo a la misión en su automóvil. Al llegar a un lugar desértico, observó a la distancia la figura solitaria de un hombre. Pensando que se trataba de alguien que necesitaba ayuda, le permitió subir.
—¿Quién es usted y hacia dónde se dirige? —preguntó el extraño.
—Soy el tesorero de mi iglesia y voy a la misión para llevar una pequeña ofrenda.
Al escuchar estas palabras, el hombre sacó una pistola.
—Le puedo ahorrar el viaje —dijo, mientras apuntaba al tesorero—. Solo imagínese que yo soy el tesorero de la misión.
Con tristeza, nuestro hermano le entregó el dinero al ladrón. Pero el asunto no quedó ahí. También tuvo que entregar hasta la ropa que llevaba puesta.
Después de completar el despojo, el hombre desapareció. Y allí quedó nuestro hermano, triste, sin dinero, sin ropas y sin saber qué hacer. Entonces oró y se vistió con los harapos del ladrón. De repente, sintió un pequeño bulto en uno de los bolsillos. Era un rollo de billetes equivalente a unos trescientos dólares. Luego palpó otro bulto: otro rollo de billetes. ¡Era dinero que el ladrón seguramente había robado a otros! Después de apartar el diezmo, el tesorero se compró ropas nuevas en el pueblo, entregó a la misión una cantidad superior a la que le habían robado, dio cien dólares adicionales al fondo de construcción del hospital, ¡y todavía le sobró dinero! (When God Provides [Cuando Dios provee], pp. 78,79).
¿Imaginas la cara que pondría el ladrón cuando se dio cuenta de lo ocurrido? ¡Quizás se consoló pensando en que él también había dado su ofrenda a la iglesia!
Al iniciar este nuevo día, recuerda que el Dios Omnipotente está a tu lado. Por lo tanto, ¿por qué habrías de temer lo que pueda hacerte cualquier ser humano?
Gracias, Padre celestial, porque dispones todas las cosas para el bien de quienes te aman.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

LA ORACIÓN CAMBIA LAS COSAS


«En él vivimos, nos movemos y somos» (Hechos 17:28).

La oración jamás estuvo destinada a ser un fin en sí misma o un acontecimiento más en la vida diaria. La oración es un medio para un fin; nos ayuda a vivir en santidad.
Nicolás Hermán de Lorena nació en la Francia del siglo XVII. En su juventud fue soldado, pero más tarde ingresó en un monasterio. Se lo recuerda como el hermano Laurent y su contribución a nuestra vida es que nos inspiró a «practicar la presencia de Dios». Para el hermano Laurent, las horas de oración no eran distintas de las demás. Comía a una hora determinada, trabajaba a una hora precisa, se bañaba a una hora concreta y oraba a una hora exacta. Para él la oración se convirtió en un estilo de vida, un hecho inamovible de su día a día.
Mi esposa y yo llevamos casados ya cincuenta años. Además de nuestra relación, el compromiso mutuo que Betty y yo tenemos también afecta a todo lo que hacemos. Aunque es evidente que los matrimonios en los que hay poca o ninguna comunicación están en peligro, tampoco es necesario que mi esposa y yo hablemos continuamente. Nuestra comunión es más que solo palabras, es un estilo de vida. Y lo mismo ocurre con nuestro compromiso con Jesús. Nuestra vida tiene que ir más allá de las oraciones y pasar a los actos. No basta con hablar con él, es preciso vivir para él.
Se han realizado encuestas preguntando a la gente por qué ora. Los resultados son a la vez alentadores y decepcionantes. Si bien la mayoría de las personas entrevistadas dijeron que oran —la mayoría de ellos cada día— la oración parece tener poco efecto en la dirección que toma su vida.
Muchas personas han dividido su vida en dos compartimentos. Por un lado tienen lo que ven como vida espiritual y por otro, una vida secular. La vida espiritual está centrada en Dios y la vida secular gira en tomo al mundo. El equilibrio es imposible. Somos una cosa o la otra, pero no las dos a la vez.
Una vida verdaderamente espiritual será aquella que, además de empezar el día con Dios, incluye andar con él todo el día. La verdadera vida religiosa del cristiano es una demostración práctica del texto que dice que «en él vivimos, nos movemos y somos» (Hech. 17:28).  Lleve a Dios consigo en todo lo que haga.  Basado en Lucas 18:1-8

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

sábado, 20 de octubre de 2012

CIRUGÍA DE LA OREJA


«Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Jesús dijo: "Déjenlos; ya basta". Y le tocó la oreja al criado, y lo sanó» (Lucas 22:50,51).

Imagina que estamos caminando por el Jardín de Getsemaní la noche antes de morir Jesús. ¡Mira! Pedro está sacando su espada y le va a cortar la oreja a un hombre. ¡Ay! Eso debe de haber dolido. Pero Jesús, el gran Médico del universo, ha tomado la oreja del suelo y se la ha vuelto a pegar a este hombre como si nada hubiera pasado. ¡Asombroso! ¿Sabías que hoy en día se hacen cirugías reconstructivas de las orejas? Los médicos han ideado maneras de tomar piel y un material flexible llamado cartílago de otras partes del cuerpo y «moldear» orejas para personas que las han perdido en accidentes o que han nacido sin ellas. Dios como que les dio el secreto para reconstruir orejas, y me alegra mucho que lo haya hecho.
Nuestro Dios es muy poderoso. Él nos hizo de una manera maravillosa y ha dejado que los médicos de este mundo conozcan algunos de sus «secretos de reconstrucción humana». Dios es un Creador maravilloso. Deja que el «Doctor del universo» te vea hoy y reconstruya tu corazón. Él te dará la misma clase de corazón que hizo que Jesús amara a sus enemigos esa noche en el Getsemaní.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

GRATITUD


Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? (Mateo 6:26).

Cuando recién comenzábamos nuestro ministerio en el Amazonas, qué difíciles eran para mí los últimos días del mes, ya que el sueldo apenas nos alcanzaba y en consecuencia la despensa se veía con muy pocas opciones. Me sentía incómoda, refunfuñaba y debo reconocer que me ponía muy malhumorada. Mi esposo es una persona bastante paciente y lo único que hacía era callar. Yo sé que él también oraba, pero incluso su silencio me molestaba.
Uno de aquellos terribles fines de mes, todo estaba como siempre. Faltaban algunos días para cobrar el salario, y yo sin saber qué iba a hacer o cómo me las arreglaría para preparar la comida de ese día. Me acerqué a mi esposo que estaba leyendo, pero regresé a la cocina y le dije al Señor en voz audible y quejosa: «No le voy a decir nada, mira cómo está él de tranquilo. Yo me voy a quedar igual. Señor, resuelve tú lo que vamos a comer. No voy a preparar nada, lo dejo todo en tus manos».
¿Saben qué sucedió? A las doce del día tocaron a la puerta. Era una familia de nuestra iglesia que llegaba con un almuerzo completo, calentito y delicioso. La hermana me dijo: «Cuando terminé de preparar el almuerzo sentí unos deseos enormes de comer con ustedes y le dije a mi esposo que me trajera. ¿No les gustaría compartir los alimentos con nosotros?». Las lágrimas no me permitieron decir nada. Desde aquel día la falta de comida en casa dejó de ser un problema para mí, pues aprendí que ese era un asunto de Dios, y a partir de esa misma fecha nunca más faltó la comida en casa.
¡Qué difícil es para nosotros los seres humanos comprender que las cosas perecederas no son un problema para Dios! Él únicamente espera que tú yo confiemos en su poder y en su misericordia para solucionar nuestras dificultades temporales. Cuando lo hagamos el Señor también nos transformará y nos dará como herencia la vida eterna.
Querido Señor, gracias porque tú aprovechas nuestras necesidades para manifestarte de una manera grande y  poderosa.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Gloria Epalza de Pérez