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lunes, 9 de enero de 2017

CONECTADAS CON NUESTRO SALVADOR

“¡Pídanle al Señor que llueva en primavera! ¡Él es quien hace los nubarrones y envía los aguaceros!” (Zac. 10:1, NVI). “Porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, […] lluvia temprana y tardía, como al principio” (Joel 2:23).

¿Por qué estamos orando? Por tener una relación viva con nuestro Salvador, ¿verdad? Tal vez la tenemos cuando adoramos, alabamos, oramos y testificamos. Pero he estado pensando si es así como se ve esta relación viva en nuestra vida cotidiana. Mi amiga me ayuda a entenderlo mejor, porque ella trata de vivir cada momento esa relación con Cristo. Por ejemplo, todos los días, cuando se ducha, aprovecha ese momento como una oportunidad para cantar himnos que alaben a Dios. A veces, también compone canciones para glorificarlo.
Una vez, mientras mi amiga miraba por la ventana de la cocina, vio la forma como de un cordero en las nubes. Sintió que era un recordatorio de Dios de que el “Cordero que fue sacrificado desde la creación del mundo” (Apoc. 13:8, NVI) vendría pronto, para llevarla a casa. A veces mi amiga se conecta con Dios cuando tiene ropa extendida para secar, por si es su voluntad contener la lluvia hasta que su ropa esté limpia y seca de nuevo en casa. Mi amiga dice que a veces ora no solo por la lluvia que riega el suelo, sino también por un derramamiento de la lluvia tardía. Ella está familiarizada con el texto: “Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía” (Sant. 5:7).
Recientemente, he estado pensando en la relación que existe entre mi amistad con Cristo y la lluvia tardía. Cuando veo una tormenta que limpia la tierra, recuerdo que Dios desea limpiarme también a mí, a través de su Espíritu Santo. Recuerdo su advertencia: “Así que, arrepentios y convertios para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de consuelo, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado” (Hech. 3:19, 20).
A través de nuestra conexión diaria con él, Jesús nos envía la lluvia temprana, por medio de su Espíritu, con el fin de prepararnos para desarrollar un carácter parecido al suyo. A medida que nos permite -a través de su gracia y misericordia- morir a nosotras mismas, nos hace más y más parecidas a él (ver Gál. 2:20).
Este es el momento de acercamos más a Jesús. Este es el momento de abrir nuestro corazón a la lluvia temprana, para que podamos alabarlo y servirlo por completo durante el tiempo de la lluvia tardía.

Yan Siew Ghiang

Tomado de lecturas devocionales para Damas 2017
VIVIR EN SU AMOR    
Por: Carolyn Rathbun Sutton – Ardis Dick Stenbakken
#VivirEnSuAmor #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

jueves, 31 de marzo de 2016

EL HUESO DEL BRAZO ESTÁ CONECTADO CON… EL HUESO DE LA PIERNA

Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son uno solo cuerpo, así también Cristo (1 Corintios 12:12).

Darío nunca había sentido tanto dolor en su vida. Simplemente, lo tiró al suelo.
Estaba jugando rugby con sus amigos y, cuando Iván lo “tacleó”, sintió que su hombro derecho explotaba. Darío salió de urgencias de la clínica con el brazo en cabestrillo. Se había dislocado el hombro.
-¿Esto significa que no podrás correr la carrera de cien metros en el día de pista y campo? -preguntó Iván.
-No -respondió Darío-. Eso será dentro de tres semanas. Voy a tener tiempo para recuperarme. ¡Además, no me lastimé las piernas!
Para el día de la carrera, Darío ya no necesitaba su cabestrillo, pero todavía sentía dolor en su hombro. Sin embargo, estaba seguro de que no importaba, porque no necesitaba su hombro para correr.
Estaba equivocado. En la línea de partida, tomo su lugar y sonrió confiadamente a sus oponentes. La carrera comenzó. Darío arrancó y, de pronto, se dio cuenta de que su hombro, después de todo, jugaba un papel importante. Empujó con toda la fuerza que sus piernas pudieron reunir, pero sin la capacidad de balancear sus brazos, no podía alcanzar la velocidad que necesitaba para ganar. Al final, terminó último.
Tener lesionado tu cuerpo puede afectarte desde la cabeza hasta los pies. Al crearnos, Dios tuvo la intención de que cada parte del cuerpo trabajara junta y en armonía. Cuando una parte está comprometida, todas se ven afectadas. Recordemos que debemos cuidar de todo nuestro cuerpo, desdes de los dedos de las manos hasta los de los pies; todo.

¿Y AHORA?
¿Alguna vez te has lastimado? ¿Cómo afectó esto tu habilidad de hacer las cosas cotidianas? ¿De qué manera esto hizo más difícil la actividad física?

SPLASH:
Cada año, en las salas de emergencia, la mayor cantidad de consultas son por casos de fracturas. La mayor parte de las personas experimenta la fractura de huesos al menos dos veces en su vida.

Tomado de Matinal para Adolescentes 2016
“Intensamente, Ejercita tu Cerebro”
Compilado por Penny Estes Wheeler
#IntensamenteEjercitaTuCerebro #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaAdolescentes #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

sábado, 26 de marzo de 2016

MOISÉS, ¡ESTÁS BRILLANTE!

Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios. Éxodo 34:35.

Moisés estuvo solo con Dios en la cumbre del monte Sinaí por cuarenta días y cuarenta noches. En algún momento durante esa larga estadía allí, el dedo de Dios tocó esas tablas lisas de piedra que Moisés había cortado y llevado consigo. Los Diez Mandamientos, profundamente grabados por Dios mismo, eran para ser preservados como un recordatorio de su carácter y una guía segura hacia la felicidad.
Dios no solo le dio de nuevo la Ley a Moisés, sino también le presentó todo el plan de salvación. Día tras día y noche tras noche, Moisés estuvo con Dios. Fue una expe- < riencia tremenda para Moisés. Todo lo que hubiera vivido durante su vida parecía sin importancia después de haber estado cerca de Dios.
Cuando finalmente Moisés bajó la cuesta empinada y entró en el campamento, Aarón y el resto del pueblo salieron deprisa a verlo; pero rápidamente se detuvieron en seco. Se comenzaron a alejar, por miedo a acercarse. Moisés no entendía cuál era el problema. No podía esperar para compartir con el pueblo lo que Dios le había dicho pero, cada vez que se acercaba, ellos se apartaban.
Finalmente, alguien tomó valor y se acercó a Moisés a la vez que cubría sus ojos. Señalando a la cara de Moisés y luego al cielo, Moisés asintió con la cabeza. Ahora entendía por qué habían estado tan asustados. Había estado tan cerca de Dios los últimos cuarenta días que su piel, en efecto, ibrillaba! ¡Estaba reflejando la luz del mismo rostro de Dios! iGuau! De allí en adelante, Moisés se tuvo que poner un velo sobre su rostro cada vez que hablaba con el pueblo.
El pueblo, incluyendo el mismo Aarón, estaba asustado porque sabía que había pecado. Ja culpa siempre genera esto en la gente. También le hace temer a Dios.
Si los israelitas hubiesen sido obedientes, la luz en el rostro de Moisés les habría traído gozo.
Así como Moisés tuvo que ponerse un velo sobre su rostro cuando hablaba con el pueblo, de la misma manera Cristo tuvo que velar su gloria cuando vino a la Tierra. No podía venir con el resplandor del cielo, o todos habrían huido. Jesús tuvo que velar su divinidad con humanidad para poder alcanzar a la gente.

Tomado de devoción matutina para menores 2016
¡GENIAL! Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward
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jueves, 6 de junio de 2013

CRUZANDO PUENTES

Lugar: Suecia 
Palabra de Dios: 1 Timoteo 2:5, 6

Si alguna vez has estado en Estocolmo, la capital de Suecia, probablemente hayas cruzado un puente o dos; quizás hasta tres o cuatro. Eso es porque la ciudad tiene un montón de puentes; tantos, en verdad, que a veces se la llama la Ciudad de los Puentes.
¿Por qué tantos puentes en una ciudad? Una vista aérea puede explicarlo. La ciudad de Estocolmo se extiende sobre más de una docena de islas, a lo largo de la costa este de Suecia. Si estuvieras en una de las islas y necesitaras ir a otra del otro lado de la ciudad, tendrías que tener alguna manera de cruzar el agua. Barcos y botes podrían cumplir esa función, pero los puentes son una mejor manera de conectar las islas.
Génesis 28 nos cuenta la historia de un sueño que tuvo Jacob. Él acababa de sacarle la primogenitura (herencia especial) a su hermano mayor, Esaú, engañando a su padre. Eso, naturalmente, hizo enojar a Esaú, de modo que Jacob decidió huir a Harán y quedarse allí, con algunos parientes. En camino hacia allá, se detuvo una noche, para dormir. Debió haberse sentido muy solitario, sin familia ni amigos. Jacob pudo haberse preguntado si Dios seguía estando con él.
Esa noche tuvo un sueño. En él, vio una escalera que conectaba la tierra con el Cielo. Ángeles de Dios subían y bajaban por esa escalera. ¡Qué maravillosa manera de asegurar a Jacob que Dios estaba con él!
Tú y yo también necesitarnos un camino entre la tierra y el Cielo; un puente que, de alguna manera, los conecte. Jesús es ese puente. Él es nuestra conexión entre el Cielo y la tierra. "Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, quien dio su uida como rescate por todos" Por medio de Jesús podemos tener vida eterna. Y, por medio de él, podemos llegar al cielo.

Tomado de Devocionales para menores
En algún lugar del mundo
Por Helen Lee Robinson