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lunes, 13 de enero de 2020

PALABRAS QUE EDIFIQUEN

“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:29).

Cecil era un joven de capacidad intelectual brillantísima. Conocía varias lenguas a la perfección y producía traducciones excelentes. Pero tenía serios problemas de relaciones interpersonales. No sabía iniciar una conversación; y si otros la iniciaban, él no sabía mantenerla; le resultaba difícil expresar aprecio y gratitud; se quedaba sin palabras ni gestos cuando se cruzaba con un amigo y no tenía noción de cuándo y cómo utilizar expresiones como “por favor”, “gracias”, “es un gusto hablar con usted”, entre otras. Y cuando hablaba, acababa expresando mensajes inadecuados y hasta hirientes. En suma, tenía una profunda carencia de las habilidades sociales más básicas. A pesar de su privilegiada inteligencia no era capaz de llevarse bien con las personas allegadas ni de entablar una relación íntima.
Daniel Goleman es quien relata el ejemplo de Cecil en su libro Inteligencia emocional para ejemplificar el fuerte componente social que tiene la falta de inteligencia emocional. Los psicólogos detectaron en Cecil un problema de autoestima y la inseguridad de ser capaz de decir algo que interesara a los demás. Para ayudarlo, tuvieron que enseñarle a emitir mensajes cálidos y acogedores y evitar los dichos fríos y repelentes.
En las ciencias de la conducta es bien sabido que la habilidad para iniciar y mantener relaciones sociales es de más valor para el éxito profesional y personal que cualquier otra destreza, incluida la intelectual. Pero su valor llega aún más lejos: el desarrollo del carácter y de la conducta cristiana. En el capítulo 4 de Efesios el apóstol Pablo explica lo que debe ser la nueva vida en Cristo. Prácticamente todas las cualidades morales que describe se refieren al buen convivir. Se nos insta a hablar verdad los unos a los otros (vers. 25), a no enojarnos (vers. 26), a no robar a los demás (vers. 28), a expresar palabras que edifiquen y den gracia al oyente (vers. 29), a no desplegar ira, gritería, ni maledicencia (vers. 31) y a ser misericordiosos y bondadosos los unos con los otros (vers. 32).
Nuestras palabras y nuestra actitud producen resultados muy diferentes. Escoge hoy hablar palabras que edifiquen a los demás, palabras que denoten bondad y misericordia y que den gracia al oyente. Palabras que serán un bálsamo para los demás y también una fuente de autoestima para ti. Palabras que, en última instancia, Dios utilice para beneficio de todos y le den gloria a él.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2020
UN CORAZÓN ALEGRE
Julián Melgosa y Laura Fidanza
Lecturas devocionales para Adultos 2020

domingo, 15 de enero de 2017

LADO A LADO

«Y sucedió que, mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos». Lucas 24: 15

Los que están procurando la justicia de Cristo se espaciarán en la grandeza de la salvación. La Biblia es el depósito que proporciona a sus almas alimento nutritivo. Meditemos en la encarnación de Cristo, contemplemos el gran sacrificio que hizo para salvarlos de la perdición, para ofrecernos el perdón, la paz y la justicia eterna. Estos temas grandiosos y elevados revitalizan el alma. Cuando los estudiamos la santidad y la verdad, la gracia y la justicia ocupan nuestros pensamientos. Muere el yo y Cristo vive en nosotros. Al estudiar la Palabra, sentimos cómo nuestros corazones «arden» en nosotros, como los de los dos discípulos que iban a Emaús mientras Cristo caminaba con ellos y les abría las Escrituras que hablaban de él mismo (Luc. 24: 32).
¡Cuán pocos comprenden que Jesús, invisible, camina a su lado! ¡Cuán avergonzados se sentirían muchos si oyesen su voz hablándoles, y si supieran que él ha escuchado todas sus conversaciones insensatas y triviales! ¡Y cuántos corazones arderían de santo gozo, si supieran que el Salvador está a su lado, que la santa atmósfera de su presencia los rodea, y que se están alimentando del pan de vida! ¡Cuánto agradaría al Salvador oír a sus seguidores hablar de sus preciadas lecciones de instrucción, y saber que valoran las cosas santas!
Cuando la verdad mora en el corazón, no hay lugar para criticar a los siervos de Dios, o hallar defectos en el mensaje que él envía. Lo que hay en el corazón fluye de los labios. No puede ser reprimido. Las «cosas que Dios ha preparado para los que le aman» (1 Cor. 2: 9), serán el tema de conversación. El amor de Cristo es en el alma como un manantial de agua que brota para vida eterna, enviando raudales vivos que esparcen vida y alegría dondequiera que fluyen.— Consejos para los maestros, padres y alumnos, sec. 9, pp. 325-326.
Mayor aún es el poder de la Biblia en el desarrollo de la naturaleza espiritual. El ser humano, creado para vivir en comunión con Dios, puede encontrar su verdadera vida y su auténtico desarrollo únicamente en esa comunión. Creado para descubrir en Dios su mayor gozo, en ningún otro lugar puede hallar lo que puede calmar sus preocupaciones y satisfacer el hambre y la sed del alma. Aquel que con espíritu dócil y sincero estudia la Palabra de Dios para comprender sus verdades, se pondrá en contacto con su Autor.— La educación, cap. 13, pp. 112-113.


Tomado de lecturas devocionales para Adultos 2017
DE VUELTA AL HOGAR
Por: Elena G. de White
#DeVueltaAlHogar #MeditacionesMatutinas #DevocionMatutinaParaAdultos #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

lunes, 9 de mayo de 2016

QUIÉN ES DIOS

“¿Qué nación hay tan grande que tenga los dioses tan cerca de ella, como tenemos nosotros al Señor nuestro Dios?” (Deuteronomio 4:7).

Anatole France, el escritor francés ganador del Premio Nobel de Literatura en 1921, decidió escribir su primer libro cuando tenía siete años. Tras mucha reflexión, lo primero que hizo fue definir el título de la obra: Quién es Dios. Lleno de emoción, le comunicó a su padre sus planes literarios. Sin querer des- motivar al escritor en ciernes, el papá le dijo que dicho título, en realidad, era demasiado ambicioso y le sugirió que lo planteara en forma de pregunta: ¿Quién es Dios? -¿Por qué? -le preguntó Anatole.
-Pues porque creo que tú no sabes quién es Dios y, como quieres saberlo, lo mejor es formular tu deseo a manera de pregunta.
En tono desafiante, la reacción del pequeño no se hizo esperar:
-¿Y quién te ha dicho que no lo sé?
-Si lo sabes, entonces dime, ¿quién es? -le dijo el padre.
-Bueno, esa es una pregunta difícil y no se puede responder con pocas palabras. Tendrás que leer mi libro si quieres conocer la respuesta.
La verdad es que Anatole nunca llegó a escribir Quién es Dios; pero la cuestión que pretendía responder sigue ocupando un lugar significativo en la mente humana.
¿Quién es Dios? Podemos decir que Dios es un ser que quiere vivir cerca de sus hijos; él no está ausente ni alejado de nosotros, sino que se halla presente y activo en nuestro medio. El Dios de la Biblia no es un ser impersonal que se mantiene distanciado tanto de su creación como de sus criaturas. Las Escrituras contienen incontables referencias a la presencia histórica de Dios tanto en el planeta como en la vida de los seres humanos. Según el apóstol Pablo, el Dios trascendente, el Creador de todo el universo, “en verdad no está lejos de cada uno de nosotros” (Hechos 17:27); incluso está tan cerca que, a tientas, podemos encontrarlo. Ese ser maravilloso, que los cielos de los cielos no lo pueden contener, es el mismo que se hizo hombre, a fin de llegar a ser “Dios con nosotros” (Mateo 1:23).

Tomado de Lecturas devocionales para Jóvenes 2016
“VISITA MI MURO, 366 MENSAJES QUE INSPIRAN”
Por: J. Vladimir Polanco
#VisitaMiMuro #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaJovenes #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian #unDiosCercano #DiosConNosotros

domingo, 10 de enero de 2016

ERROR MORTAL

Antes que cualquier otra cosa, adquiere sabiduría y buen juicio. (Proverbios 4:7, DHH).

En la primavera de 1945, Japón estaba en problemas. La Segunda Guerra Mundial estaba casi terminada, y las vías de ferrocarril japonesas, las autopistas y los puentes habían sido destruidos por los ataques aéreos de los aliados. Las casas fueron arrasadas, cientos de miles de personas habían muerto y millones habían quedado sin hogar. El primer ministro japonés sabía que la guerra tenía que terminar; ¡y rápidamente!
Los aliados propusieron la rendición, en términos generosos, en la Declaración de Potsdam. Esta prometía a Japón que continuaría siendo una nación con su propio gobierno, a sus fuerzas se les permitiría regresar a casa, y tendría acceso a los recursos necesarios para la reconstrucción de la industria. Incluso antes de que Japón recibiera el documento oficial, los medios comenzaron a decir al pueblo japonés que se preparara para rendirse.
Pero el gabinete japonés sabía que no podía responder a una afirmación no oficial, por lo que enfrentaron a los medios de comunicación y les dijeron que el gobierno japonés planeaba mantenerse en silencio acerca de los nuevos avances; una política a la que llamaron mokusatsu. Esto resultó ser un error fatal. Además de significar “abstenerse de todo comentario”, mokusatsu también puede ser traducido como “ignorar/hace caso omiso”. Y este fue el significado que llegó a los aliados.
Antes de que la traducción pudiese ser corregida, los aliados respondieron a lo que pensaron que era un rechazo a los términos de la rendición, y el 6 de agosto de 1945 lanzaron la bomba atómica en Hiroshima.
Este costoso error es un recuerdo de las terribles consecuencias que se pueden producir cuando las personas se malinterpretan unas a otras.

¿Y AHORA?
Antes de afirmar que entiendes lo que alguien dijo, prueba repetirle tus propias palabras lo que crees que significa, o pedirle que te lo aclare. ¡Quizás te sorprendas!

SPLASH:
El Diccionario de la Real Academia Española tiene casi cien mil palabras. Pero, la Academia estinma que, al comunicarnos diariamente, solemos utilizar unas mil (o sea, el 1%); y que los adolescentes usa solo 240 vocablos en su comunicación (es decir, el 0,24%).

Tomado de: Matinal para Adolescentes 2016
“Intensamente, Ejercita tu Cerebro”
Compilado por Penny Estes Wheeler

domingo, 23 de junio de 2013

EL REMEDIO PARA LA POBREZA DEL ALMA

Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Mateo 5:3.

Estas palabras de alivio de Cristo son dirigidas no al orgulloso, ni al jactancioso o engreído, sino a los que advierten su propia debilidad y pecaminosidad.
Quienes sufren, los mansos que se sienten indignos del favor de Dios, y los que tienen hambre y sed de justicia son los incluidos con “los pobres en espíritu”…
Los pobres en espíritu sienten su pobreza, su necesidad de la gracia de Cristo. Advierten que saben poco de Dios y de su gran amor, y que necesitan luz para poder conocer y observar la senda del Señor. No se atreven a enfrentar la tentación con su propia fuerza, porque saben que no tienen la fuerza moral para resistir el mal. No sienten placer en repasar su vida pasada, y tienen poca confianza al mirar hacia el futuro, porque están enfermos de corazón. Pero, a los tales Cristo les dice: “Bienaventurados los pobres en espíritu”. Cristo vio que los que sienten su pobreza pueden ser enriquecidos…
¡Cuán grandes privilegios están al alcance de los que sienten la pobreza de sus almas y se someten a la voluntad de Dios! El remedio para la pobreza del alma se encuentra únicamente en Cristo. Cuando el corazón es santificado por la gracia, cuando los cristianos tienen la mente de Cristo, poseen el amor de Cristo; son riquezas espirituales más preciosas que el oro de Ofir. Pero antes de que pueda existir un deseo intenso por la riqueza contenida en Cristo, que está disponible para todos aquellos que sienten su pobreza, debe haber un sentido de necesidad.
Cuando el corazón está lleno de autosuficiencia y preocupado por las cosas superficiales de la tierra, el Señor Jesús nos amonesta y castiga para que los hombres y las mujeres despierten y se percaten de su verdadera condición…
Usted puede venir a Jesús en fe y sin demora. Su provisión es rica y libre, su amor es abundante, y él le dará gracia para llevar su yugo y levantar su carga con alegría. Puede reclamar su derecho a esta bendición sobre la base de su promesa. Puede entrar en su Reino, que es su gracia, su amor, su justicia, su paz y gozo en el Espíritu Santo. Si se siente en una necesidad profunda, puede recibir toda su plenitud, porque Cristo dice: “Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mat. 9:13). Jesús lo invita a venir.
“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” -Signs of the Times, 1° de agosto de 1895. 

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

jueves, 6 de junio de 2013

CRUZANDO PUENTES

Lugar: Suecia 
Palabra de Dios: 1 Timoteo 2:5, 6

Si alguna vez has estado en Estocolmo, la capital de Suecia, probablemente hayas cruzado un puente o dos; quizás hasta tres o cuatro. Eso es porque la ciudad tiene un montón de puentes; tantos, en verdad, que a veces se la llama la Ciudad de los Puentes.
¿Por qué tantos puentes en una ciudad? Una vista aérea puede explicarlo. La ciudad de Estocolmo se extiende sobre más de una docena de islas, a lo largo de la costa este de Suecia. Si estuvieras en una de las islas y necesitaras ir a otra del otro lado de la ciudad, tendrías que tener alguna manera de cruzar el agua. Barcos y botes podrían cumplir esa función, pero los puentes son una mejor manera de conectar las islas.
Génesis 28 nos cuenta la historia de un sueño que tuvo Jacob. Él acababa de sacarle la primogenitura (herencia especial) a su hermano mayor, Esaú, engañando a su padre. Eso, naturalmente, hizo enojar a Esaú, de modo que Jacob decidió huir a Harán y quedarse allí, con algunos parientes. En camino hacia allá, se detuvo una noche, para dormir. Debió haberse sentido muy solitario, sin familia ni amigos. Jacob pudo haberse preguntado si Dios seguía estando con él.
Esa noche tuvo un sueño. En él, vio una escalera que conectaba la tierra con el Cielo. Ángeles de Dios subían y bajaban por esa escalera. ¡Qué maravillosa manera de asegurar a Jacob que Dios estaba con él!
Tú y yo también necesitarnos un camino entre la tierra y el Cielo; un puente que, de alguna manera, los conecte. Jesús es ese puente. Él es nuestra conexión entre el Cielo y la tierra. "Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, quien dio su uida como rescate por todos" Por medio de Jesús podemos tener vida eterna. Y, por medio de él, podemos llegar al cielo.

Tomado de Devocionales para menores
En algún lugar del mundo
Por Helen Lee Robinson

lunes, 14 de enero de 2013

DIOS ESCUCHA LAS ORACIONES

Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos. Salmo 34:15.

Cuando Jesús estuvo sobre la tierra y caminaba como un hombre entre los hijos de la humanidad, él oraba, y ¡cuán fervientes eran sus oraciones! ¡Cuán a menudo pasaba toda la noche sobre la tierra húmeda y fría en súplica agonizante! Y sin embargo, él era el amado e inmaculado Hijo de Dios. Si Jesús sentía la necesidad de comunión con su Padre y manifestaba tal fervor en clamar a él, cuánto más nosotros, a quienes él ha llamado para ser herederos de salvación, quienes somos sujetos a las fieras tentaciones del astuto enemigo y dependemos de la gracia divina para obtener la fuerza para vencer, debiéramos agitar el alma entera para luchar con Dios...
Satanás siempre está listo para insinuar que la oración es únicamente una formalidad que nada nos resuelve. No soporta que se apele a su poderoso rival. Al sonido de la oración ferviente, tiemblan los ejércitos de las tinieblas. Por temor a que sus cautivos escapen, forman un muro alrededor de estos, para que la luz del cielo no pueda alcanzar sus almas. Pero si en sus angustias e impotencia miran a Jesús, apropiándose de los méritos de su sangre, su Redentor compasivo escucha la oración ferviente y perseverante de fe, y envía un refuerzo de ángeles poderosos para librarlos. Y cuando estos ángeles, todopoderosos, vestidos con la armadura del cielo, vienen a ayudar a las almas desmayadas y perseguidas, los ángeles de las tinieblas se repliegan, sabiendo bien que han perdido la batalla, y que otras almas están escapando al poder de su influencia...
Si usted espera la salvación, ha de orar. Tome tiempo. No sea apurado ni descuidado en sus oraciones. Interceda con Dios para que obre en usted una reforma concienzuda, que los frutos del Espíritu moren en usted, y que por su vida santa, usted pueda brillar como una luz en el mundo...
Tome tiempo para orar. Y al hacerlo, crea que Dios lo escucha; mezcle fe con sus oraciones. Que la fe se aferré a la bendición, y esta será suya...
Cada petición que se ofrece a Dios con fe y con un corazón genuino será contestada. Tal oración nunca se pierde; pero es presunción reclamar que siempre sea contestada de la misma manera y con el don particular que deseamos. Dios es demasiado sabio para errar y demasiado bueno para retener alguna cosa buena de los que andan en rectitud.— Signs ofvthe Times, 18 de noviembre de 1886.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

domingo, 30 de septiembre de 2012

«VANAS REPETICIONES»


«Y al orar no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos, porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad antes que vosotros le pidáis» (Mateo 6:7,8).

Cuando leo las oraciones de David, dos cosas me impresionan: (1) que expresa los sentimientos de su corazón, fueran los que fueran en aquel momento, y (2), aunque a veces sentía amargura y estaba enfadado con sus enemigos, no veía a Dios como parte de su problema, sino como parte de su solución. Sabía quién era su enemigo y que este no era Dios.
En ocasiones expresaba su frustración y su impaciencia: «¿Por qué estás lejos, Jehová, y te escondes en el tiempo de la tribulación?» (Sal. 10:1). A veces expresa la desesperación: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor?» (Sal. 22:1). O esta: «¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo tendré conflictos en mi alma, con angustias en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí? Mira, respóndeme, Jehová, Dios mío; alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte» (Sal. 13: 1-3).
Cuando hablamos a Dios desde el corazón, no es necesario que la oración sea algo organizado, claramente expresado ni coherente. Podemos expresarle libremente nuestros deseos y necesidades más íntimos. Podemos compartir nuestros pensamientos más profundos, incluso si son intolerables o inadmisibles.
Sería bueno que empezáramos las oraciones con agradecimiento y alabanza a Dios. En la vida puede llegar un momento en que el dolor y el pesar son tan grandes que se pierdan las ganas de orar. Es posible que el corazón esté tan quebrantado que las oraciones, al menos a corto plazo, no parezcan traer consuelo. Empezar a orar recordando y enumerando las maneras en que en el pasado Dios estuvo con nosotros a menudo puede aliviar esa sensación. El apóstol Pedro nos dice que debemos echar toda nuestra ansiedad sobre él (ver 1 Ped. 5:7). El versículo 22 del Salmo 55 nos exhorta a depositar nuestra carga en el Señor y promete que, al hacerlo, él nos sostendrá.
A Dios podemos decirle cómo nos sentimos exactamente. A diferencia de nosotros, él no se enoja, no se amarga ni se desalienta. Es el mismo ayer, hoy y siempre (ver Heb. 13:8).  Basado en Lucas 18:1-8

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

martes, 3 de julio de 2012

UN CORAZÓN ROTO


«Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón y salva a los contritos de espíritu» (Salmo 34:18).

Hace varios años, mientras me encontraba en Puerto Rico celebrando unas reuniones, recibí una llamada telefónica de un amigo muy querido al que le habían diagnosticado un cáncer de huesos. Su pastor quería ungirlo inmediatamente y mi amigo quería que yo participara en el rito. ¿Se imagina cómo lo hicimos? Por teléfono. Fue una experiencia extraordinaria que recordaré por mucho tiempo.
A fin de cuentas, ¿no será que sentir la presencia de alguien es una experiencia interior? Cuando estamos con un amigo, gran parte del gozo e incluso la importancia de su compañía va más allá de su presencia física y tiene lugar en el corazón. Puede que el amigo se encuentre en el otro lado del mundo o en la misma habitación, pero sentimos su presencia con nuestra conciencia.
Jesús le dijo a la mujer del pozo: «Dios es Espíritu, y los que lo adoran, en espíritu y en verdad es necesario que lo adoren» (Juan 4:24). En otra ocasión Jesús dijo: «Yo lo amaré y me manifestaré a él. [...] Mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada con él» (Juan 14:21-23). De manera que, aunque no puedo comprenderlo del todo, podemos sentir la presencia de Dios en lo más profundo de la conciencia aunque no lo percibamos con los cinco sentidos. Como dicen las Escrituras: «Vosotros [...] lo amáis sin haberlo visto» (1 Ped. 1:8).
En un momento u otro puede haber pensado que bastaría con que Jesús estuviera aquí en persona para que su vida devocional tuviera más sentido. Usted se sentaría a su lado y conversaría con él. Sin embargo, ¿realmente dedicaría usted más tiempo a su vida devocional si Jesús estuviera entre nosotros? Hubo un tiempo en el que estuvo en persona entre los seres humanos y su presencia apenas influyó sobre las personas con las que estaba. Algunos lo amaban y otros lo detestaban.  Para algunos no era más que una persona corriente, mientras que para otros era una decepción.
Sin embargo, para unos pocos era el Hijo de Dios. No podían demostrarlo, no podían verlo, pero lo sabían en el fondo de sus corazones. Eso mismo sucede en la actualidad. No amamos a las personas porque las veamos. Jesús dijo: «Bienaventurados los que no vieron y creyeron» (Juan 20:29).
¿Ve usted al Señor en todas partes?  Basado en Mateo 28:20

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

lunes, 2 de julio de 2012

LEJOS PERO CERCA


«Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:20).

Cuando vivíamos en América del Sur, un empresario estadounidense que estaba en el país vino durante varios meses a mi casa porque había oído que teníamos una radio de onda corta. Le había prometido a su esposa que en el vigésimo aniversario de boda renovarían los votos en público. La fecha se acercaba y, mientras uno estaba en Sudamérica, la otra estaba en California. Por eso me preguntó si lo ayudaría a renovar sus votos permitiéndole usar la radio. Hizo los arreglos oportunos para que ella sintonizara la radio a una frecuencia determinada en un momento preciso. De modo que, cuando llegó el día, renovaron los votos tal y como habían prometido. Fue algo muy íntimo: solo ellos dos, yo... y vaya usted a saber cuántos cientos de radioaficionados más que en aquel momento estaban en sintonía.
Cuando hablamos con Dios solemos decir que estamos en su presencia. ¿Qué significa estar en presencia de Dios? No lo podemos ver, no podemos escucharlo y tampoco podemos tocarlo. En resumen, a Dios no se lo percibe con los sentidos físicos. ¿Cómo podemos percibir la presencia de Dios sin usar los cinco sentidos?
Ahora más que nunca antes es posible disfrutar de la presencia de alguien aunque no esté con nosotros. Solemos utilizar el teléfono, el vídeo o aún mejor, las imágenes transmitidas por Internet.  (¿Ha usado Skype?) También sentimos una presencia especial cuando recibimos una carta de alguien a quien amamos. Antes de casarnos, Betty vivía en Florida y yo en Ohio. Procurábamos escribirnos a diario. De ese modo yo podía sentir su presencia por medio de las cartas que ella me escribía.
Jesús dijo que siempre estaría con nosotros. Las limitaciones físicas no impiden que podamos disfrutar de su presencia. Cuando estoy rodeado de naturaleza, en particular en una noche estrellada, me siento cerca de Dios.  Trabajar en el huerto o en el jardín también me pone en contacto con el cielo. Y orar es como hablar con un amigo muy querido.
«Toda alma débil que, rodeada de dudas y luchas, se entrega completamente al Señor, se coloca en contacto directo con agentes que la capacitan para vencer. El cielo está cerca de ella, y tiene el apoyo y la ayuda de los ángeles misericordiosos en todo tiempo de prueba y necesidad» (Los hechos de los apóstoles, cap. 29, p. 224).
Dios está a tan solo una oración de distancia.  Basado en Mateo 28: 20

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

jueves, 29 de marzo de 2012

SI MI BIBLIA ESCRIBIERA UN DIARIO…

Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino. Salmo 119:105.

Imagina que tu Biblia escribiera un diario. ¿Qué cosas diría? Hace unos cuantos años leí en una Revista Adventista una ilustración titulada, precisamente, el «Diario de una Biblia». En ella un autor anónimo describe las aventuras (¿o desventuras?) de una Biblia (cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia):
15 de enero. Descansé toda la semana. Mi dueño me leía todas las noches al comienzo del año, pero creo que ya se olvidó de mí.
2 de febrero. Día de limpieza. Me quitaron el polvo y luego volvieron a colocarme ni mi sitio.
8 de febrero. Mi dueño estuvo buscando algunas referencias. Hoy fui a la iglesia.
2 de abril. Mi dueño tenía que dirigir un culto de oración y buscó algunos versiculos. Le costó mucho trabajo encontrarlos.
1 de mayo. Pasé toda la tarde en el regazo de la abuela, quien vino de visita. Derramó lágrimas al leer Colosenses 2:5-7.
6 de mayo. Nuevamente en manos de la abuela. Hoy estuvo meditando en Primera de Corintios 13.
7 al 9 de mayo. Otra vez en el regazo de la abuela. ¡Qué lugar tan acogedor! Unas veces me habla y otras me lee.
10 de mayo. La abuela regresó hoy a su casa. He vuelto a mi lugar habitual.
3 de junio. Alguien colocó algunas florecillas entre mis páginas.
1 de julio. Me metieron dentro de una maleta. Parece que voy a viajar.
10 de julio. Todavía estoy en la maleta, aunque ya sacaron todas las otras cosas.
15 de julio. De regreso en casa. Hice un largo viaje, pero no entiendo para qué me llevaron.
1 de agosto. ¡Qué calor tan insoportable! Me pusieron encima varias revistas y un sombrero.
5 de septiembre. Limpieza. Me quitaron el polvo v me colocaron en mi sitio acostumbrado.
10 de septiembre. María me usó durante breves minutos. Necesitaba un versículo apropiado para una carta a una amiga...
Si tu Biblia escribiera un diario, ¿qué diría? Te invito apartar unos minutos cada mañana para leerla, con oración. Trata de memorizar algunas preciosas promesas. Entonces tendrás el privilegio de escuchar que la voz de Jesús habla a tu corazón. Y esas promesas serán una lámpara a tus pies y una luz en tu camino.
Me propongo, Señor, escuchar cada dé tu voz que me habla desde tu Santa Palabra.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

miércoles, 25 de enero de 2012

DESAYUNO ESPIRITUAL

«Gustad y ved que es bueno Jehová. ¡Bienaventurado el hombre que confía en él!» (Salmo 34: 8).

Imagine que está hambriento y no tiene nada que comer. En 1969, en el mundo murieron de hambre diez millones de personas. En 1997 la Cruz Roja alemana informaba que solo en Corea del Norte murieron de hambre dos millones de personas. El sitio web CNNhealth.com informa que en 2009 uno de cada seis habitantes del mundo pasaba hambre.
Sin comida ni agua para beber, la gente muere. Se considera que quienes no comen lo suficiente están malnutridos, lo que los convierte en víctimas fáciles de las enfermedades. El hambre es una tragedia de proporciones inmensas.
Muchos cristianos pasan hambre innecesariamente. Quien se está muriendo de hambre o está malnutrido lo sabe. Lamentablemente, es posible que las personas malnutridas espiritualmente no se den cuenta de ellos o piensen que se las arreglarán para sobrevivir en cualquier situación. Podríamos decir que padecía de «anorexia espiritual». La anorexia es un trastorno que tiene una base emocional e impide, a quien la padece, comer alimentos en cantidades normales. Un anoréxico aprende a vivir sin comer y tarde o temprano, acaba por perder el apetito.
Estoy seguro de que usted, apreciado lector, ya sabe qué diré a continuación. Hay personas que, en lugar de hambre y sed de justicia, han aprendido a sobrevivir sin alimento espiritual. En Consecuencia, su vida espiritual se consume. Sin embargo, los que tienen hambre y sed de justicia quedarán saciados con su ración diaria de la Palabra de Dios y la oración. Tienen una vida de adoración fiel y activa porque dedican un tiempo de calidad a Jesús.
Algunos cristianos dicen que no tienen tiempo para estar con el Señor. Suena extraño, porque, en apariencia, tienen mucho tiempo para lo que consideran que es importante para ellos. Otros dicen que en el pasado no fueron fieles pero que ya recuperarán el tiempo perdido. Esto es imposible, porque el día solo tiene veinticuatro horas. Es imposible recuperar el tiempo perdido; por lo que no queda más remedio que tomarlo del destinado a cualquier otra actividad. Esto significa que de la vida habrá que quitar algo de menor importancia.
Jesús nos invita a desayunar espiritualmente con él cada día. Cuando aceptemos su invitación podremos «gustar y ver que es bueno Jehová» (Sal. 34: 8). (Basado en Mateo 5: 6)

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

lunes, 23 de enero de 2012

¿SIEMPRE TIENE HAMBRE?

«Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Filipenses 2:13)

En las regiones donde los inviernos son fríos, algunos animales hibernan; es decir, pasan el invierno durmiendo. Durante el otoño los animales que hibernan comen más de lo habitual. De ese modo, sus cuerpos se alimentarán de la grasa acumulada y podrán «dormir» durante los meses invernales.
Pero los que tienen hambre y sed de justicia no hibernan. Comen el pan de vida en primavera, en verano, en otoño y en invierno. De hecho, cada día tienen hambre y sed de justicia. Pero tienen la promesa de que serán saciados (Mat. 5:6). Alguien puede decir: «Cuando estoy lleno ya no necesito más». Es verdad, si se es un oso. Pero un cristiano solo se alimenta de pan de vida fresco y de agua de vida que necesitan ser renovados a diario.
Verá, así como es preciso que tengamos hambre.se cada día porque, de lo contrario, acabaríamos muriendo, para que nuestra vida espiritual no muera es necesario que cada día tengamos hambre y sed de justicia.
A diferencia de los osos, que engordan para pasar el largo invierno, no podemos acumular experiencia espiritual para luego echarnos a dormir. Si no comemos, nos debilitamos y, finalmente morimos.
Cuando mi esposa y yo éramos misioneros en Pakistán, vivíamos en la Escuela Adventista de Pakistán, que se encontraba en el campo, a unos sesenta kilómetros de Labore. El lugar era excelente para criar a nuestros hijos. Teníamos un huerto y nuestro propio gallinero. Un día vi que una de las gallinas no comía; sencillamente, estaba quieta. La cosa continuó así durante varios días. Sabía que algo andaba mal, porque las gallinas sanas pasan el tiempo comiendo y rascando el suelo en busca de lombrices. Efectivamente, al cabo de un tiempo murió por causas desconocidas.
¿Es a la vez un glotón y un amante de la dieta? ¿Un día tiene hambre y sed de vivir una vida santa y al siguiente se olvida de ello? Si no nos alimentamos espiritualmente cada día corremos el riesgo de perder la apetencia por las cosas de Dios. Empezar el día con Jesús es nuestro desayuno espiritual. A algunos no les gusta desayunar; pero comenzar cada día con Dios es indispensable para el crecimiento espiritual.
Aliméntese, sáciese. No hiberne. (Basado en Mateo 5:6)

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

lunes, 9 de enero de 2012

UNA EXPERIENCIA COTIDIANA

«Deje el impío su camino y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, al Dios nuestro, el cuál será amplio en perdonar» (Isaías 55:7)

Cierta vez me invitaron para que hablara en una de las prisiones estatales de Florida. Cada semana la administración penitenciaria permite que nuestra iglesia lleve a cabo reuniones con los presos que opten por asistir.
Después de un corto sermón, uno de los presos habló conmigo con relación a su vida espiritual. Sonriente, me dijo: «He sido salvado veintitrés veces».
Me pregunto, si una persona que se ha arrepentido de verdad de sus pecados recae una y otra vez en los pecados de los que se ha arrepentido. Si mantiene su espíritu de arrepentimiento día tras día, la respuesta es: «No». No recae. Pero sí nos arrepentimos unos días sí y otros no, la respuesta es: «Sí».
Es posible que quien se ha arrepentido de sus pecados, en ocasiones pueda verse sorprendido por la tentación y, vencido por ella, vuelva a caer en los mismos pecados de los que se había arrepentido. Aun así, se levantará y se arrepentirá de lo que ha hecho.
El arrepentimiento verdadero hará que amemos lo que solíamos odiar y odiemos lo que solíamos amar. Hay quienes han dejado de cometer ciertos pecados porque tienen miedo de sus consecuencias. Pero esto no es arrepentimiento genuino. Es como el caso del niño al que su madre le ordena que se siente y el niño, que no quiere obedecer, le dice que sí, que se sentará, pero, de pensamiento, permanece de pie.
El arrepentimiento genuino, además de impedirnos hacer las cosas que no debemos, nos empujará a encaminar nuestros pasos hacia el objetivo de una vida cristiana victoriosa. Me gustan las palabras del Señor en Isaías 1:16: «Lavaos y limpiaos, quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos, dejad de hacer lo malo». El verdadero arrepentimiento va de adentro hacia afuera. Cuando el corazón cambia la vida también cambia.
Santiago 1:17 dice: «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto». Este texto me dice que el don del arrepentimiento perfecto y procede de nuestro Padre celestial. No se demore y pídalo. (Basado en Mateo 4:19)

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

viernes, 30 de septiembre de 2011

UN CANAL DE BENDICIÓN

La palabra de Dios es viva, eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos: penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. (Hebreos 4:12).

El texto de hoy nos presenta con gran claridad cuál es la función de las Sagradas Escrituras. Creo que lo más importante para nosotras es meditar en el efecto que causa sobre nuestras vidas este libro entre los libros. Mí que no demoremos más en preguntarnos cuanto antes qué frutos está produciendo la lectura de la Biblia en nosotras.
Al abrir la Biblia para estudiarla, inevitablemente asumimos una actitud frente a ella. Haciendo un paralelismo con la naturaleza, algunas de nosotras nos parecemos a las plantas angiospermas, cuyas semillas se encuentran encerradas dentro del fruto. Así, cuando leemos la verdad bíblica, encerramos su semilla en los frutos que hacemos por nosotras mismas, en las obras que creemos que tienen algún mérito. Pero también podemos parecemos a las gimnospermas, plantas cuyas semillas están desnudas. Así, una vez descubrimos el tesoro de la salvación, este produce frutos visibles y testificamos por ejemplo y por palabra.
Me llaman poderosamente la atención los cactus. Estas formidables plantas no solo permanecen vivas en medios completamente hostiles, sino que son capaces de almacenar agua para compartir con el cansado y sediento viajero. Sus flores no parecen verse afectadas por el clima y proporcionan un bellísimo espectáculo visual que destaca mucho en su habitat.
La Biblia nos muestra a Cristo, quien es el agua viva y eficaz. Aun cuando pasamos por el desierto y las circunstancias más desfavorables, podemos hallar refrescante agua junto a Jesús. Pero también podemos compartirla con otros que necesitan de esa agua viva.
La Biblia, al igual que las algas, que pueden elaborar su propia comida, tiene respuesta para toda necesidad, es el único alimento completo para nuestra hambre. Para obtener su sustento, las algas necesitan energía solar, agua, un gas llamado dióxido de carbono y sales minerales. La Biblia proporciona todos los elementos necesarios para que estés bien alimentada. Solo necesitas estudiarla, vivirla y compartirla. Comienza hoy mismo y enseguida notarás el cambio que se operará en ti.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

lunes, 26 de septiembre de 2011

EL PODER DEL LENGUAJE

Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras. (Gènesis 11:1)

Existen muchas y muy variadas formas en que el ser humano puede transmitir sus pensamientos y sentimientos. La lengua es un medio de comunicación formado por fonemas, morfemas, palabras, frases y oraciones que siguen determinadas reglas. En el mundo actual existen múltiples lenguas, cada una con sus características distintivas, de las cuales echarnos mano para comunicarnos entre nosotros. Todas las lenguas, incluso aquellas cuyos signos no son orales sino gestuales, resultan de suma importancia para las relaciones humanas. Una sonrisa franca transmite un mensaje muy distinto al de un gesto de hipocresía. Una mirada puede comunicar aprobación, rechazo, odio o amor.

No solo la falta de comunicación puede estropear las relaciones humanas, a veces también el uso del lenguaje puede ser un obstáculo para la comunicación. El proyecto que emprendieron los descendientes de Noé era un desafío sumamente complicado, casi imposible de lograr. Sin embargo, Dios vio que estaban dispuestos a llevarlo a cabo hasta el final, pues como él mismo dijo: «Han comenzado la obra y nada los hará desistir de lo que han pensado hacer" (Gen. 11:6). La obra de edificar una torre que alcanzara hasta el cielo requería destreza, habilidad, buenos materiales de construcción, fuerza de trabajo, mucho ingenio y voluntad, pero sobre todo una excelente comunicación. Dios solo tuvo que contundir la lengua de los trabajadores para que todo se viniera abajo. Sin comunicación no se pudo llegar a buen término.

¿Te dice algo esto? Para que puedas construir eficazmente tu vida necesitarás más que ropa, un carro, un título universitario, una casa o bienes materiales. Te hará falta un lenguaje apropiado, una comunicación abierta y sincera con los que te rodean, cargada de misericordia y de amor. Ese es el combustible que te hará transitar felizmente por las avenidas sociales en las que te desenvuelves. A veces no le damos a la comunicación la importancia que tiene, porque confundimos la confianza y la cotidianidad con el descuido y la vulgaridad.

No dejes que tu hogar se desplome por falta de comunicación. Recuerda que el lenguaje, del amor hace posibles las empresas más difíciles.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

jueves, 1 de septiembre de 2011

EL TELÉFONO CELULAR DE DIOS

Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré. Salmo 91:15.

Hemos comentado anteriormente las maravillas de la telefonía celular. Gracias a los teléfonos celulares podemos estar comunicados en cualquier momento y lugar: mientras vamos al colegio, al mirar televisión, cuando estamos en un campamento con la iglesia, de vacaciones con la familia, manejando el auto o a punto de dormir. Si tenemos un celular a mano, podemos comunicarnos sin ningún problema con la persona que se nos ocurra en el lugar menos imaginado.
Pero, a pesar de todas sus ventajas, el teléfono celular tiene sus limitaciones. Puede quedarse sin batería en el momento más inoportuno, que no tenga "créditos" para continuar con la llamada, que su antena no capte la señal, que el receptor esté ocupado con otra llamada o sencillamente que esté apagado.
El teléfono celular que posee Dios para comunicarse con nosotros es parecido en algunos aspectos al inventado por el hombre. Ese teléfono lo llamamos oración y nos permite hablar con nuestro Padre en cualquier situación. No importa cuán apurados estemos, que el lugar sea el más inhóspito del planeta o que estemos solos o acompañados, la comunicación puede realizarse igual. Si marcamos el número: "Padre nuestro que estás en los cielos", la llamada se realizará con seguridad y nunca tendremos la línea ocupada. Tampoco escucharemos esa voz femenina que dice: "El número solicitado está fuera del área de cobertura o apagado", y jamás las baterías estarán sin carga o nos quedaremos sin crédito para hacer la llamada. La comunicación siempre se realiza, y en "el otro lado" siempre hay Alguien que nos escucha.
Quizás estés pensando: "Es cierto todo esto, pero sería lindo escuchar una voz audible que nos diga: 'hijo mío, ¿qué necesitas?"' Y tienes razón. Por vivir en este mundo de pecado y de maldad, debemos ejercer la fe para creer que Dios nos escucha, pero no se trata de una fe asentada sobre la nada, porque ese mismo Padre que reina en los cielos nos prometió: "Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré".
Empieza este día comunicándote con tu Padre celestial, y recuerda que él está esperando tu llamada.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel