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sábado, 20 de febrero de 2016

EL RUEGO DE DOS MADRES

“Como está escrito: ‘No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. Romanos 3:10-12

Fue surrealista y grotesco a la vez. Allí estaba Scott Peterson, declarado culpable del homicidio tanto de su esposa como de su niño no nacido. En la ejecución de la pena capital (mientras en los Estados Unidos la gente miraba boquiabierta en directo la televisión por cable), ambas madres fueron llevadas ante el tribunal para dirigirse al jurado. Primero fue la madre de Laci Peterson, que en aquella sala de justicia en total silencio lloró y gritó improperios contra Scott por tomar la vida de su hija y del niño no nacido. A continuación, se dirigió al jurado la madre de Scott Peterson. También lloró al rogar por la vida de su hijo. Dos madres que rogaban por sentencias diametralmente opuestas.
¿Será así en el juicio final, cuando Dios ratifique su selección de los elegidos? ¿Una voz furiosa que grite buscando nuestra ejecución? ¿Otra voz ahogada en lágrimas rogando que se nos perdone la vida? ¿Soy culpable o no culpable, perdido o salvo? ¿Y a qué madre creerá el jurado?
Afrontémoslo: Si es cuestión de culpa o inocencia, todos perdemos, ¿no? Igual que Scott Peterson. Porque, ¿cómo podrían ser más claras las Escrituras? Nuestro texto de hoy declara que puedes buscar en el mundo entero y no encontrarás a nadie, ni a una persona, que sea inocente o justa. En este planeta, en la actualidad, ¡hay cero seres humanos inocentes! Lo cual significa que si fueses puerta por puerta en tu país, y luego puerta por puerta en todas las demás naciones de la tierra, tu metódica encuesta revelaría que ni un solo individuo en ningún domicilio de la tierra es moralmente inocente. “No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. No se puede ser más categórico, ¿no te parece?
Lo siento, Dios, ¡parece que tu búsqueda de los elegidos comienza con un enorme cero! Y, no obstante -y este es un enorme “Y, no obstante”-, la declaración de las Sagradas Escrituras, según venimos leyendo este mes, es igual de categórica al anunciar que Dios está reuniendo una comunidad de hombres, mujeres y niños (un movimiento, si lo quieres llamar procedentes de todos los puntos de esta tierra y ¡está declarando que son sus “elegidos”! Todos culpables y, pese a todo, de alguna manera, acaban siendo seleccionados por Dios. Si eso no es gracia, no sé qué lo sería.

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson
#ElSueñoDeDiosParaTi #MeditacionesMatutinas #DevocionMatutinaParaAdultos #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

jueves, 4 de febrero de 2016

ALEGORÍAS MORALES DE UNA MADRE

“Todo eso les sucedió para servir de ejemplo, y quedó escrito para advertencia nuestra, pues a nosotros nos ha llegado el fin de los tiempos”. 1 Corintios 10:11, NVI

¿Qué tienen los padres que los convierte en moralizadores tan grandes? Vivíamos en un pueblecito y mi madre siempre extraía moralejas y lecciones de la vida de los adultos, los adolescentes y los niños que nos rodeaban. “Bueno, ¿ves lo que le ocurrió cuando hizo eso? Y tú no querrás nunca hacer eso, ¿verdad?” Y, por supuesto, mis hermanos y yo negábamos sumisamente con un movimiento de cabeza realizado con vigor apropiado y obvia convicción.
Como un padre espiritual, Pablo recalca lo mismo. El peregrinar de “los elegidos” durante cuarenta largos años por las calientes arenas del desierto es una continua alegoría moral de la que el resto hemos de aprender cuidadosamente nuestras lecciones. Todas esas historias de los hijos de Israel en Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio “fueron escritas como enseñanza para nosotros”.
¿Entiendes? Todos esos relativos fueron escritos como lecciones espirituales y morales para la generación a la que “ha llegado el fin de los siglos”, es decir, para la generación que vive en el tiempo del fin, o, como lo vierte la versión Dios Habla Hoy, fueron puestos “en las Escrituras como una advertencia para los que vivimos en estos tiempos últimos”.
Taylor Bunch tenía razón. Esas crónicas sobre el pueblo que Dios suscitó para que entrara en la Canaán terrenal han de ser un manual básico para el pueblo espiritual que Dios ha suscitado para entrar en la Canaán celestial. Todo lo acontecido al Israel de antaño, nos advierte Pablo, sirve de ejemplo para la generación que vive en el tiempo del fin. Después de todo, el Dios que contó con sus “elegidos” al comienzo es el mismo Dios que cuenta con sus “elegidos” al final. Entonces, sin duda, las lecciones que procuró enseñarles también procurará enseñárnoslas a quienes nos “ha llegado el fin de los siglos”.
¿No enseñaremos, entonces, a nuestros hijos también? Deberíamos familiarizar a nuestros hijos “con los grandes pilares de nuestra fe, las razones por las cuales […] se nos ha llamado a ser, al igual que los hijos de Israel, un pueblo especial, una nación santa, separados y diferentes de toda la demás gente sobre la faz de la tierra” (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 309). Eso precisamente recalcó Pablo: debemos aprender, con oración, las lecciones de la historia antigua, no sea que olvidemos el elevado llamamiento que Dios siempre ha extendido a “los elegidos”.

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson
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viernes, 10 de mayo de 2013

LA ENORME DICHA DE SER MADRE

Bendito sea el nombre del Señor, desde ahora y para siempre. Desde la salida del sol hasta su ocaso, sea alabado el nombre del Señor. [...] A la mujer estéril le da un hogar y le concede la dicha de ser madre. ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! Salmo 113:2-3,9.

Me atrevo a decir que la celebración del Día de la Madre es una festividad prácticamente mundial. Tal vez tenga diferentes fechas en los calendarios de los distintos países del mundo, pero todos estos días tienen el mismo propósito, que es reconocer la loable labor de una madre y darle gracias por su amor incondicional.
La maternidad es, sin lugar a dudas, una dádiva de Dios. Las madres experimentan una de las dichas más intensas que puedan existir, y lo digo con conocimiento de causa, pues yo misma he tenido el privilegio de ser madre dos veces. Cuando un hijo o una hija está en nuestras entrañas, comienza un idilio de amor entre la madre y la criatura que no tiene fin. Acunar un pedacito de tu corazón en los brazos es la más sublime de las experiencias de la vida.
Puede ser que hoy lea estas palabras una mujer que nunca ha experimentado esta alegría, y estas frases que he escrito podrían sonarle ajenas o un tanto crueles. A lo mejor una mujer y un hombre unidos en matrimonio han preparado el nido, llenos de amor y de ilusiones, y el hijo deseado no llega. Una matriz cerrada impide que la danza del amor dé frutos, y entonces hunde a la pareja en una desolación que puede llevarlos a perder la confianza en Dios y en su poder.
Amiga, Dios nos hizo con propósitos santos y buenos, y eso por supuesto que te incluye a ti. No permitas que una matriz cerrada cierre también la puerta de tu corazón. ¡Ábrelo al amor, a la vida! Si deseas un hijo, pídelo a Señor. Él decidirá si te lo envía por medio de tu útero, o por el corazón. Y cuando el hijo o la hija que tanto deseas llegue, ábrele los brazos, abrázalo con fuerza cerca de tu pecho, regálale melodías de amor en el oído y dile con la mirada todo lo bello que significa para ti.
Hoy, cuando en algunos países del mundo se celebra el Día de la Madre, siéntete parte de la celebración. Y mientras el hijo deseado no llega, ¡ama! Son tantos los niños desamparados y abandonados que anhelan ser acurrucados en los brazos de una mujer como tú... Por favor, ¡no pierdas la oportunidad! Sé una colaboradora de Dios en el gran ministerio del amor.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

lunes, 18 de febrero de 2013

UNA MERECIDA CELEBRACIÓN


Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia, de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes.  Por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto. Colosenses 3:12-14.

La celebración del día de las madres poco a poco se ha convertido en un acontecimiento a nivel mundial. La mayoría de los países que lo festejan consideran que la labor de una madre es tan especial e importante, que merece un reconocimiento público.
Creo que todas las madres nos sentimos halagadas con tal reconocimiento, y agradecemos a nuestros hijos porque se esmeran por expresarnos su gratitud con palabras y obsequios. Sin embargo, esta celebración implica un compromiso.
El compromiso de ser buenas madres va más allá de dar cuidado físico y proveer cosas materiales. Nuestros hijos necesitan madres que cumplan con las demandas de Dios expresadas en su Palabra: «No exasperen a sus hijos, no sea que se desanimen» (Col. 3:21). «No hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor. [... ] Recuerden que tanto ellos como ustedes tienen un mismo Amo en el cielo, y que con él no hay favoritismos» (Efe. 6:4,9).
Los hijos necesitan madres que se hagan cargo de ellos, que les expresen seguridad gracias a los cuidados diarios, para que independientemente de la edad que tengan, sientan satisfecha su necesidad de apego. Madres que estén disponibles y cercanas, que sean sensibles a las necesidades infantiles y juveniles, y que con actitud empática los conduzcan hasta llegar a la autorrealización.
Dado el tiempo que la madre permanece en el hogar, es la que genera en gran medida la atmósfera familiar. Es por medio de su actuación como los hijos adquieren herramientas para bregar con la vida. Es ella la que siembra con paciencia y espíritu manso en el corazón de sus hijos las verdades eternas del evangelio; la que suplica por sabiduría sobre sus rodillas y que, a pesar de la aparente ingratitud de los hijos, es capaz de brindarles alabanza y aliento.
Mi querida amiga, espero que para el próximo día de las madres, cuando recibas el homenaje de tus hijos, puedas abrirles los brazos y recibir su reconocimiento con la seguridad de quien sabe que hace lo mejor delante de Dios para sus hijos.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

domingo, 3 de febrero de 2013

EL AMOR DE DIOS SIGUE, Y SIGUE, Y SIGUE…


Lleven una vida de amor, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio fragante para Dios. Efesios 5:2.

Cuando era niña escuché por primera vez la historia del muchachito que, al observar las manos de su madre cubiertas de cicatrices, le preguntó por qué las tenia tan feas. Ella, conmovida, entre lágrimas le relató cómo lo había rescatado de un incendio en su propia casa cuando apenas era un bebé.
Esta dramática narración se cuenta con fines didácticos y tiene como propósito exaltar el amor que las madres sienten por sus hijos, y a la vez, hacer una pálida comparación con el amor de Dios por nosotros. Es innegable que el amor humano puede alcanzar expresiones sublimes, como es el caso que acabo de mencionar, pero nunca podrá ser comparado con el amor de Dios, pues el amor del Señor sigue y sigue cuando todos los demás nos han abandonado.
Puede ser que, por el egoísmo humano, el amor que un hombre y una mujer se profesan ante el altar y que los lleva a unirse en matrimonio, se vuelva tan frágil que destruya el lazo matrimonial. También se ha dado el caso de madres que, bajo el argumento de que así educan a sus hijos, los someten a golpes y vejaciones. Aunque nos causa dolor, no hemos de asombrarnos cuando el amor humano se termina, pues es resultado de vivir separados del amor de Dios. Pero lo que debe llenarnos de gozo es el hecho de que el amor del Señor es eterno y excelso, y sobrepasa el entendimiento humano.
En Romanos 8:35 el apóstol Pablo pregunta: «¿Quién nos apartará del amor de Cristo?». Más adelante responde: «Ni la muerte ni la vida, ni lo presente ni lo porvenir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado» (Rom. 8:38-39).
Amiga, este es un buen día para que te apropies del amor de Dios. Ámate a ti misma como Dios te ama; ama a los que te aman; y pide al Padre que te ayude a amar a aquellos que no se dejan amar. Que tu pensamiento en este día sea como el de Pablo: «Pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con todos los santos, cuan ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento» (Efe. 3:18-19).

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado