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martes, 19 de abril de 2016

¿YO, UN PREDICADOR?

Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye (1 Samuel 3:10).

¿Alguna vez has pensado en pararte detrás del pulpito de la iglesia y dar el sermón? ¿Tendrías pánico? ¿Excitación? Si Dios te pidiera que lo hicieses, entonces, ¿lo harías?
Hace algunos años, una jovencita predicó ante miles de personas en su país, la Rep. del Brasil. Sorprendidos de que una simple niñita pudiera hablar como ella lo hacía, muchas personas fueron llevadas al arrepentimiento.
En 2006 en Chana, en el continente Africano, un muchacho de diez años cenia un espacio de predicación en dos programas de radio. Él empezó a contarles a otros acerca de Jesús, después de haber estado varios años escuchando predicar a su padre.
Jesús viene por segunda vez, y está llamando a los jovencitos de tu edad para que ayuden a compartir las buenas nuevas con los otros. Creo que sería una buena idea que los oradores experimentados ayuden a los niños y a los adolescentes con una voluntad inspirada por Dios, para que prediquen, y hagan bien.
Por supuesto, se puede predicar sin ningún entrenamiento formal. Los discípulos de Jesús no habían recibido una educación convencional, y predicaron un sermón que llevó a tres mil personas a los pies del Señor. Jesús mismo no era un predicador “entrenado”. Sin embargo, “todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas” (Luc. 2:47). Él estaba conectado con Dios, fuente de toda sabiduría.
Sin embargo, Dios no nos está pidiendo que prediquemos en el púlpito. Hay muchas otras formas de “hablar” de Dios y, a menudo, los sermones más fuertes que la gente escucha provienen de nuestras acciones. En cualquier lugar en el que nos encontremos, podemos predicar del amor de Dios por medio de nuestro ejemplo.

¿Y AHORA?
¿Cómo te está llamando Dios? Abre tu corazón a su dirección, y él te la mostrará.

SPLASH:
Desde que Elena Gould Harmon de White tenía años hasta su muerte setenta años más tarde, Dios le dio aproximadamente dos mil fisiones y sueños. Ella luego compartió muchos de estos sueños en sus sermones, artículos y libros.

Tomado de Matinal para Adolescentes 2016
“Intensamente, Ejercita tu Cerebro”
Compilado por Penny Estes Wheeler
#IntensamenteEjercitaTuCerebro #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaAdolescentes #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian #MiBibliaDice #DiosEscucha #SeñorTransfórmame

lunes, 4 de enero de 2016

MÁS QUE PALABRAS

“Creer en Dios el Padre es agradarlo y hacer el bien” (Sant. 1:27, TLA).
Anuncia el evangelio cada día y, si es necesario, usa las palabras. Francisco de Asís

Se cuenta que, en una ocasión, Francisco de Asís invitó a un compañero a salir con él a predicar. Recorrieron las calles atestadas de gente y, en el camino de regreso, el amigo comentó: “Yo creía que íbamos a predicar pero no lo hemos hecho. ¿Por qué?” Francisco respondió: “Hemos estado predicando todo el tiempo. Cuando nos insultaron aquellos jóvenes, les predicamos con nuestro silencio; cuando nos trataron mal en el mercado, predicamos respondiendo con cortesía; cuando llevamos el saco de ropa a aquella ancianita, predicamos con nuestra misericordia”.
Nadie duda de la importancia de predicar con palabras. Hablar de Dios a quien no lo conoce, leer la Biblia a quien ignora sus verdades, usar la comunicación para llegar al corazón de la gente con el amor de Dios es y siempre será necesario. Una palabra dicha en el momento oportuno y de la manera correcta puede abrir un corazón. Pero lamentablemente, abundan tanto la mentira y la hipocresía, que las palabras están devaluadas. Lo que se dice puede estar teñido de intereses, y por lo tanto perder toda efectividad cuando no encaja con lo que se hace. Así, cuando descubrimos el trasfondo de las cosas, nos descorazonamos y tal vez sentimos el deseo de alejamos de todo lo que suene a religión.
Dios nos dice: “¡Obedezcan el mensaje de Dios! Si lo escuchan, pero no lo obedecen, se engañan a ustedes mismos. […] Por el contrario, si ustedes ponen toda su atención en la Palabra de Dios, y la obedecen siempre, serán felices. […] Si alguien se cree muy santo y no cuida sus palabras, se engaña a sí mismo y de nada le sirve tanta religiosidad. Creer en Dios el Padre es agradarlo y hacer el bien, ayudar a las viudas y a los huérfanos cuando sufren, y no dejarse vencer por la maldad” (Sant. 1:22-27, TLA).
Acabas de leer la fórmula del éxito en la predicación del evangelio y en la vida cristiana. Esa misma fórmula que en tan pocas palabras condensó Francisco de Asís. Estudiemos la Biblia en nuestra soledad y transmitámosla a los demás mediante actos de bondad y misericordia, pero midiendo con sumo cuidado el número y la calidad de las palabras que empleemos. Dicho de otra manera: actuemos más y sermoneemos menos.

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz

domingo, 9 de junio de 2013

ANUNCIANDO EL EVANGELIO

Que te alaben, Señor, todas tus obras; que te bendigan tus fieles. Que hablen de la gloria de tu reino, que proclamen tus proezas, para que el mundo conozca tus proezas y la gloria y esplendor de tu reino. Salmo 145:10-12.

Los rumores se esparcen como regueros de pólvora y, exagerando un poco, me atrevo a decir que viajan a la velocidad de la luz. Los entendidos en chismografía aseguran que son siempre las noticias negativas acerca de alguien, o de algo, las que viajan con mayor rapidez. También se podría decir que los rumores son como una bola de nieve que se desprende de lo alto de una montaña; ¡van creciendo! ¡y creciendo! Crecen a medida que pasan de boca en boca y de oído en oído. Probablemente eso se debe a que quienes los trasmiten incorporan detalles que han forjado en su mente. ¡El rumor es un recurso informativo poderoso!
Ahora, imaginemos por un momento qué sucedería si utilizáramos esa misma técnica para esparcir el evangelio; aunque con la gran diferencia de que el evangelio es una verdad extraordinaria. De la misma depende nuestra salvación. Esa fue precisamente la estrategia que emplearon los apóstoles. En la Biblia leemos: «Los que se habían dispersado predicaban la palabra por dondequiera que iban» (Hech. 8:4).
Hoy es un buen día para que digamos, comentemos y contemos las buenas nuevas del evangelio a todos los que se crucen en nuestro camino, en cualquier lugar y circunstancia. El evangelio provee esperanzas a los desesperanzados, sana heridas, proporciona fe y confianza; y además nos promete salvación y vida eterna.
Para millones de seres humanos el evangelio es únicamente un buen rumor, aunque para ti y para mí sea una verdad que necesita ser proclamada con urgencia, «El que hable, hágalo como quien expresa las palabras mismas de Dios» (1 Ped. 4:11).
Seguramente hoy tendrás muchas oportunidades para hablar del evangelio... ¡aprovéchalas! Podrás hacerlo en el mercado, en el autobús, en la escuela, en el trabajo, en el vecindario y en cualquier lugar donde te toque acudir hoy. Acércate, en el nombre de Dios, al corazón de una persona y tan solo dile: «Dios te ama y viene pronto». Permite que en tu corazón arda el mismo fuego que movió a los apóstoles al exclamar: «Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hech. 4:20).

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

jueves, 6 de junio de 2013

LA TAREA DE HOY

Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado. Juan 17:24.

Cristo era infinito en sabiduría, y sin embargo resolvió aceptar a Judas, aunque conocía cuáles eran sus imperfecciones de carácter. Juan no era perfecto. Pedro negó a su Señor, y sin embargo con hombres así se organizó la iglesia cristiana primitiva. Jesús los aceptó para que pudieran aprender de él lo que constituye un carácter cristiano perfecto. La ocupación de cada cristiano es estudiar el carácter de Cristo. Las lecciones que Jesús les impartió a los discípulos no siempre armonizaban con su razonamiento... El Redentor del mundo siempre buscaba llevar la mente de lo terrenal a lo celestial. Cristo constantemente les enseñaba a sus discípulos, y sus lecciones sagradas tuvieron una influencia moldeadora sobre su carácter. Solo Judas no respondió a la instrucción divina. Según toda apariencia era justo, y a la vez cultivaba su tendencia a acusar y condenar a los demás...
Judas era egoísta, envidioso y ladrón, pero aun así se contaba entre los discípulos. Era defectuoso de carácter, y no practicaba las palabras de Cristo. Afirmó su alma para resistir a la influencia de la verdad; y al paso que criticaba y condenaba a otros, descuidaba su propia alma, y fomentaba y fortalecía sus malos rasgos naturales de carácter, hasta que se endurecieron de tal modo que vendió a su Señor por treinta piezas de plata.
¡Oh, animemos a nuestras almas a mirar a Jesús! Digámosle a todo el mundo cuan peligroso es descuidar la salud eterna del alma al contemplar las almas enfermas de otros, al hablar de la fealdad del carácter que se encuentra en los que profesan el nombre de Cristo. El alma no se torna más y más como Cristo al contemplar el mal, sino similar al mal que contempla...
Recordemos que nuestro gran Sumo Sacerdote está abogando ante el trono de misericordia a favor de su pueblo redimido. Él vive siempre para interceder por nosotros... La sangre de Jesús aboga con poder y eficacia por quienes han apostatado, por los que son rebeldes, por quienes pecan a pesar de haber recibido gran luz y amor... El no olvidará a su iglesia en el mundo de tentación.— Review and Herald, 15 de agosto de 1893; parcialmente en A fin de conocerle, p. 184.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White