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lunes, 10 de febrero de 2020

SOMOS FRUTOS DE UNA RELACIÓN

"La mujer ejemplar hace de su marido un rey, pero la mala esposa lo destruye por completo" (Proverbios 12:4, DHH)

El desarrollo económico y democrático de las sociedades contemporáneas le ha dado a la gente una de las mejores etapas de bienestar de la historia de la humanidad, al menos en los países occidentales. La autonomía y la independencia han pasado a ser uno de los principales rasgos de hombres y mujeres. Sin embargo, se han perdido valores como la cooperación, el espíritu de servicio y la abnegación, lo cual ha complicado mucho el desarrollo de las relaciones interpersonales, en especial, el matrimonio.
Muchos jóvenes tiene una idea novelesca del matrimonio. Sueñan con encontrar la pareja perfecta y casarse con la persona de sus sueños, alguien que cumpla todos sus caprichos y se dedique a servirles el resto de sus vidas. Lo cierto es que esa persona no existe. De ahí que muchos matrimonios terminen en divorcio.
Pero cuando alguien parece cumplir con los elevados estándares como para hacer un compromiso matrimonial, frustra las esperanzas de su pareja al poco tiempo de celebrarse la boda, pues la convivencia cotidiana deja ver los defectos personales. El desencanto matrimonial es algo común en la vida conyugal. La novedad en este tiempo no es el divorcio, sino la profundidad de la desilusión que experimenta la gente y la rapidez con la que se fulminan muchos matrimonios. Es posible que durante el noviazgo se construyeran demasiadas expectativas sobre la pareja que estaban muy por encima de cualquier ser humano.
Lo cierto es que las relaciones interpersonales transforman nuestras vidas. Somos el fruto de la convivencia con los demás. Nuestros cónyuges son el resultado de lo que nosotros hemos construido. Por supuesto, nada tienen que ver con la persona que conocimos y de la que nos hicimos novios. Esas personas ya no existen. Son completamente diferentes porque la convivencia matrimonial los ha convertido en lo que ahora son.
El versículo de esta mañana nos da una muy buena solución para construir hogares sólidos: concentrarse en el desarrollo del cónyuge, es decir, transformarlo en una persona de bien. Los seres humanos somos los alfareros de nuestras parejas y a lo largo de los años vamos construyendo nuestra propia realidad matrimonial.
No sueñes con un matrimonio donde tu pareja tenga que cumplir tus caprichos. Mejor piensa desde ahora cómo lograrás transformarla en todo un rey o una reina.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020
UNA NUEVA VERSIÓN DE TI
Alejandro Medina Villarreal
Lecturas devocionales para Jóvenes 2020.

lunes, 23 de mayo de 2016

EL DESENLACE FATAL

Así murió Saúl por su rebelión con que prevaricó contra Jehová, contra la palabra de Jehová, la cual no guardó, y porque consultó a una adivina. 1 Crónicas 10:13.

El trabajo del diablo es hacer que el pecado parezca pequeño, y que el camino cuesta abajo se vea fácil y tentador. Luego, ciega las mentes de las personas a las advertencias del Señor y los terribles resultados del pecado.
Cuando la adivina de Endor trajo la figura de Samuel a Saúl, Satanás habló como si efectivamente fuera el anciano profeta. Esa voz extraña le dijo a Saúl que moriría en la batalla.
“No podría haber elegido una manera mejor para destruir su valor y confundir su juicio, o para inducirlo a desesperarse y a destruirse él mismo” (Patriarcas y profetas, p. 735).
Saúl ya estaba débil por no comer nada y estaba cansado por la larga caminata hacia Endor. Muy adentro suyo estaba aterrorizado, y su conciencia lo iba a lastimar gravemente, porque sabía que había rehusado escuchar al Señor. Cuando oyó esa profecía mortal, cayó de lleno sobre el piso como si estuviera muerto.
Llena de alarma, la hechicera instó a Saúl a que se levantara y comiera. Si el Rey iba a morir, ¿qué le ocurriría a ella? Finalmente, cuando le trajeron comida, Saúl se levantó y comió. ¡Qué escena!
“En la rústica cueva de la pitonisa, donde poco antes habían resonado las palabras de condenación, y en presencia de la mensajera de Satanás, el que había sido ungido por Dios como rey de todo Israel se sentó a comer” (ibíd.).
No fue una gran hazaña del diablo darle a Saúl esta profecía autodestructiva. Satanás sabía que Saúl se había separado de Dios, y la predicción iba a funcionar por sí sola en la batalla.
Al día siguiente, durante el intenso combate con los filisteos, Saúl vio a sus tres hijos asesinados, y luego él mismo fue herido tan gravemente que ni siquiera pudo pelear o huir. Con el frenesí de los cascos de los caballos y los gritos de los soldados por todos lados, le ordenó a su paje de armas que lo matara, para que no fuera tomado cautivo, pero su siervo se negó. Entonces, Saúl se suicidó cayendo sobre su propia espada.
“Así pereció el primer rey de Israel, cargando su alma con la culpa del suicidio. Su vida había fracasado, y cayó sin honor y desesperado, porque había opuesto su perversa voluntad a la de Dios” (ibíd.., p. 736).

Tomado de devoción matutina para menores 2016
¡GENIAL! Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward
#GenialDiosTieneUnPlanParaTi #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMenores #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

miércoles, 21 de agosto de 2013

EVIDENCIA ABUNDANTE DE FE

El hombre… dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado. Juan 5:15.

Cuando el hombre restaurado se fue por su camino con paso rápido y elástico, su pulso saltando con el vigor de la salud restaurada, su rostro brillante de esperanza y gozo, fue interceptado por los fariseos, quienes le dijeron con aires de gran santidad que no era lícito llevar su lecho en sábado. No hubo regocijo por la liberación de uno cautivo por tanto tiempo, ni alabanza agradecida por Uno entre ellos que podía sanar todo tipo de enfermedad. Sus tradiciones habían sido descuidadas, y esto cerró sus ojos a toda evidencia del poder divino.
Intolerantes y santurrones, no admitían que podían haber captado mal la intención genuina del sábado. En vez de criticarse a sí mismos, eligieron condenar a Cristo. Hoy encontramos personas con el mismo espíritu, cegadas por el error, pero que aún se felicitan a sí mismas de que están en lo correcto, y que todos los que difieren de ellas están errados.
El hombre en quien se obró el milagro no entró en discusión con sus acusadores.
Simplemente, contestó: “El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda” (Juan 5:11)…
Cuando se informó a los judíos que Jesús de Nazaret era quien había efectuado el milagro de sanidad, buscaron abiertamente matarlo “porque hacía estas cosas en el día de reposo” (vers. 16). ¡Estos formalistas pretenciosos estaban tan llenos de celo por sus propias tradiciones que, para sostenerlas estaban dispuestos a violar la Ley de Dios!
A sus seguidores, Jesús les contestó calmadamente: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (vers. 17). Esta respuesta les daba otro pretexto para condenarlo.
En sus corazones anidaba el homicidio, y solo esperaban una excusa válida para acabar con su vida. Pero Jesús, invariablemente siguió afirmando su verdadera posición: “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (vers. 19)…
Dios obra a través de quien él quiere por maneras y medios de su propia elección, pero siempre hay algunos que juegan el papel de los fariseos criticones…
Dios desea que todos crean, no porque no exista la posibilidad de la duda, sino porque hay evidencia abundante para la fe -Signs of the Times, 8 de junio de 1882.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

lunes, 5 de agosto de 2013

LA COSECHA DE LA VIDA

No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra. El que siembra para agradar a su naturaleza pecaminosa, de esa misma naturaleza cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna. Gálatas 6:7-8

Las leyes de la naturaleza nos dicen que no puede haber una cosecha sin que antes se haya sembrado la semilla. Asimismo, que de acuerdo con lo que se siembra, eso mismo ha de cosecharse. Estas leyes naturales que rigen la vida vegetal podrían igualmente aplicarse a la vida de los seres humanos. En la Biblia leemos: «Recuerden esto: El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará» (2 Cor. 9: 6).
En la cosecha de muchos productos no hay sorpresas. Si la siembra ha sido escasa, la cosecha también lo será; y por el contrario, una siembra abundante dará como resultado una siega abundante; es obvio que los frutos resultantes serán proporcionales a las semillas sembradas.
La cosecha que obtendremos al final de nuestra vida sigue una pauta similar. Nosotras vamos por la vida, y a nuestro propio paso esparcimos poco a poco semillas. La calidad de esas semillas depende mucho de nuestra actitud. Si sembramos semillas de alegría, amor y bondad, nuestra cosecha será abundante y alcanzará para saciar el hambre ele amor y de alegría de mucha gente.
Dios nos llama a ser sembradoras prudentes y generosas. El corazón y la mente son los mejores terrenos para sembrar, y en dicha tarea recibiremos el auxilio del Espíritu Santo, quien hará que la semilla germine y dé frutos para la eternidad.
Esparce las preciosas semillas dondequiera que te encuentres. Apela al corazón y a la mente de las niñas, de las jovencitas, de las mujeres adultas y de las ancianas; en fin, siembra en todas las personas que te rodean. Siembra las semillas de esperanza y de gozo, y recibirás de vuelta una abundante cosecha que se traducirá en esperanza y alegría para tu vida.
Amiga, mira a tu alrededor. Los campos están listos para la siembra. Escoge como semillas las virtudes del carácter de Cristo, reprodúcelas en tu vida y sal a los campos del mundo a sembrar mientras haya tiempo. Recuerda que pronto el divino Sembrador regresará a segar la cosecha ya repartir a cada quien según la obra que haya realizado.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

domingo, 17 de marzo de 2013

¡ANTES DE COSECHAR, SIEMBRA!


El malvado tiene ganancias ilusorias; el que siembra justicia asegura su ganancia. Proverbios 11:18.

Los agricultores saben que una buena cosecha dependerá en gran medida de la siembra. Cuando la semilla es de calidad y el terreno ha sido bien preparado, seguro que la cosecha será buena. Las semillas han de seleccionarse cuidadosamente. Para un buen cultivo y una excelente cosecha, es necesario que tengan cierta tolerancia al calor y al frío, que puedan resistir las sequías y las plagas, e incluso el daño que algunos pájaros pueden causar. Por supuesto, los surcos en la tierra deben estar bien hechos y abonados adecuadamente.
En la cosecha de la vida sucede algo parecido. Los valores y los principios eternos son las semillas que ponemos en el surco de la vida y que, con el paso del tiempo, germinarán y darán una excelente cosecha. Al final de nuestra vida en esta tierra, obtendremos la primera cosecha, y la última y definitiva llegará cuando recibamos de las manos del Señor la corona de la vida eterna.
Amiga, hoy es tiempo de sembrar. Hagamos surcos bien trazados y escojamos las mejores semillas. La semilla de la bondad, que es una disposición intencionada a hacer el bien, te hará cosechar el aprecio de los demás. La semilla de la perseverancia te hará ser paciente aun cuando la tentación esté cerca. La semilla del cuidado de la buena alimentación te dará una vida plena sin complicaciones médicas. La semilla del deseo insaciable de la lectura de la Palabra del Señor te dará sabiduría en tu caminar.
Si siembras en el corazón de tus hijos semillas de rectitud, desechando la mentira y la deshonestidad, cosecharás respeto. Si pones en el corazón de tu esposo semillas de comprensión y amor, cosecharás felicidad matrimonial. Si siembras generosidad en el trato con el prójimo, tu cosecha será abundante y de primera calidad. La Palabra de Dios nos asegura: «La mujer bondadosa se gana el respeto [...]. El que es bondadoso se beneficia a sí mismo; el que es cruel, a sí mismo se perjudica» (Prov. 11:16-17).
Por el contrario, si siembras intolerancia, impaciencia, falta de simpatía, preocupación y descontento, tu cosecha será pobre y los frutos serán amargos e incluso venenosos. Hoy es el día de sembrar. ¡Pon en los surcos las mejores semillas y ten la seguridad de que tu cosecha será una gran celebración!

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

jueves, 15 de marzo de 2012

UNA RESPUESTA EQUIVOCADA

No os dejare huérfanos, volveré a vosotros (Juan 14:18).

Me encontraba en el salón de clases del sexto curso cuando recibí una llamada de emergencia de la enfermería. Un joven de apenas dieciséis años, a quien yo conocía desde hacía mucho tiempo, tenía problemas. «¿Qué le ha pasado?», pregunté. La enfermera me dijo que probablemente yo era quien mejor podría ayudarlo; aquel era su tercer intento de suicidio por sobredosis. Hacía muy poco que le habían dado de alta del hospital tras un lavado de estómago, y nadie pensaba que tendrían que enfrentar tan pronto la misma situación.
En la enfermería hicieron todo lo posible para que recuperara la consciencia, luego me pidieron que tratara de aconsejarlo. Él estuvo de acuerdo en conversar con mi esposo, un pastor a quien él respetaba. Me mantuve informada a través de mi esposo respecto al avance de las sesiones de consejería. Él me dijo que era un proceso lento, pero que los cambios se iban notando poco a poco. Pudimos darnos cuenta de que el chico aún no se recuperaba de la pérdida de su padre. Aquel joven pensaba que su madre no lo amaba y que lo estaba tratando igual que a su difunto padre, a quien ella despreciaba. Ese era el principal motivo por el que el chico tenía deseos de morir.
Mi esposo pudo ayudarlo a enfrentar sus problemas, y gracias a la ayuda pastoral pudo obtener una perspectiva más clara del propósito divino para su vida. Mi esposo se convirtió en la figura paterna que aquel joven necesitaba y lo ayudó a que se acercara más a Dios. Estamos contentos porque aquel talentoso joven ha superado sentimientos destructivos para convertirse en uno de los estudiantes más destacados de la universidad donde cursa sus estudios. ¡Gracias a Dios porque él sana todas nuestras enfermedades y dolencias!
Recordemos que Dios no nos abandona. Que él nos ayuda a superar los problemas y conflictos cuando más lo necesitamos. Y que necesitamos. Y que a través de nosotras puede llevar vida en abundancia a quienes apenas saben vivir.

Toma de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Shirnet Wellington

viernes, 2 de marzo de 2012

YA TIENEN SU RECOMPENSE

«Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que esta en los cielos» (Mateo 6:1).

Aquella mañana de sábado yo era el orador invitado. Antes del sermón, un cuarteto vocal masculino interpreto una música especial. Armonizaban magníficamente las voces, al tiempo que la melodía y la letra del himno eran una genuina expresión de alabanza a Dios.
Cuando acabo el canto, la congregación prorrumpió en un sonoro aplauso. Aguarde un momento, tras el cual me dirigí al pulpito, y recordé a la congregación que los jóvenes no cantaban para nosotros sino para el Señor. Entonces sugerí que, en lugar de aplaudir, podríamos decir: «Amen».
El aplauso expresa aprobación o elogio de una acción. Disfrute de aquella música tanto como el que más, pero no creía que el aplauso fuera lo más adecuado Jesús dijo que nuestra adoración no tiene que ser para aparentar.
A menudo me invitan a predicar en diferentes iglesias. Es frecuente que, antes del servicio, el pastor o el primer anciano me pregunten como quiero que me presenten. Mi respuesta suele ser: «Con sencillez, por favor». La cuestión es que acudimos a adorar a Dios, no a ensalzarnos unos a otros. La iglesia no es lugar para ensalzar a nadie más que a nuestro Padre celestial.
Hace un tiempo, en una gran reunión a la que había asistido, un rico hombre de negocios entrego a uno de los dirigentes un cheque por un millón de dólares. La emoción embargaba el ambiente. Me pregunte que habría dicho Jesús. Recuerdo que Jesús y sus discípulos estaban en el templo y se encontraron ante una situación parecida. «Estando Jesús sentado delante del área de la ofrenda, miraba como el pueblo echaba dinero en el área; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre y echo dos blancas, o sea, un cuadrante. Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: "De cierto os digo que esta viuda pobre echo más que todos los que han echado en el área, porque todos han echado de lo que les sobra, pero esta, de su pobreza echo todo lo que tenía, todo su sustento"» (Mar. 12: 41-44).
La naturaleza humana intenta impresionar a los demás. No viva para impresionar, sino para glorificar a su Padre celestial.( Basado en Mateo 6: 1-4).

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

jueves, 1 de marzo de 2012

LO QUE SIEMBRA…


No se engañen ustedes: nadie puede burlarse de Dios. Lo que se siembra, se cosecha. Gálatas 6:7.

Te propongo una rápida adivinanza bíblica. Trata de descubrir a qué personaje bíblico me refiero: ¿Qué rey de Judá nunca debió haber nacido?
Aquí va una pista: Fue el rey que gobernó por más tiempo (¡55 años!). Otra pista: Fue el más perverso de todos los reyes del pueblo de Dios, pero al final de su reinado se arrepintió.
Me refiero, por supuesto, a Manases, hijo de Ezequías (2 Crón. 33:1-20 y 2 Rey 21:1-18). Manases nació durante los quince años adicionales que Dios le sucedió a su padre Ezequías, quien, después de enterarse de que debía morir, oró a Dios pidiéndole que le conservara la vida (Isa. 38). Si Ezequías hubiera muerto cuando Dios así lo dispuso, Manases no habría nacido.
Manases reconstruyó los altares paganos que su padre Ezequías había derribado, adoró a los astros del cielo, sacrificó en el fuego a sus hijos, practicó la magia, la hechicería y la adivinación; y consultó a espiritistas. Las Escrituras resumen su perverso reinado en estas palabras: «Descarrió a los habitantes de Judá y de Jerusalén, de modo que se condujeron peor que las naciones que el Señor destruyó al paso de los israelitas» (2 Crón. 33:9).
¡Peor, imposible! Pero un día ocurrió algo interesante. Manases fue capturado por el ejército asirio y llevado cautivo a Babilonia. Entonces sí se acordó de Dios. En medio de su angustia se arrepintió y, ¿qué crees que sucedió? Pues Dios lo perdonó y lo restableció en su reino. ¡Así de grande es el amor de Dios!
Manases quedó tan agradecido a Dios, que durante los últimos años de su reinado trató de deshacer el mal que había hecho, pero ya era demasiado tarde. La maldad se había extendido en el pueblo al igual que lo hace el cáncer cuando no es detectado a tiempo.
Este rey aprendió muy tarde la lección que tú y yo podemos aprender hoy, para evitamos así muchos sufrimientos innecesarios: Lo malo que hacemos hoy tiene consecuencias mañana. Es verdad, podemos arrepentirnos (siempre y cuando la muerte no nos sorprenda en el acto), y Dios podrá perdonarnos, pero no podremos impedir las consecuencias de nuestras malas acciones.
¿En conclusión?
¡ES MEJOR EVITAR EL PECADO
QUE ENFRENTAR SUS CONSECUENCIAS!
Amado Dios, examina mi corazón, y si encuentras pecado en él, dame poder para vencerlo, antes de que sea demasiado tarde.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

domingo, 4 de diciembre de 2011

SI DESPOJAS, SERÁS DESPOJADO

Por cuanto tú has despojado a muchas naciones, todos los otros pueblos te despojarán, a causa de la sangre de los hombres, y de los robos de la tierra, de las ciudades y de todos los que habitan en ellas. Habacuc 2:8.

La retribución es una ley natural de la vida: "Siembra vientos, y cosecharás tempestades", han repetido las personas desde los tiempos antiguos. Y no existe verdad más concreta. Si realizas actos de bondad, ciertamente las personas te retribuirán de la misma forma. Pero, en los tiempos del profeta Habacuc, la nación caldea era el icono mismo de la perversidad. La perversidad es la intensificación de la maldad. ¿Puede haber mayor maldad que despojar al que fue derrotado? ¿Hacer leña del árbol caído?
El mensaje de hoy es un mensaje de advertencia en contra del abuso de la superioridad. No importa en qué nivel te encuentres ni cuál sea tu posición, siempre existen personas más débiles que tú. Respétalas; no abuses de tus fuerzas o de las condiciones favorables en las que te encuentras.
Los caldeos eran sanguinarios. No se conformaban con derrotar a sus enemigos sino que avanzaban como fieras hambrientas sobre sus víctimas indefensas y abusaban de ellas. Esa actitud, más tarde o más temprano, les traería consecuencias catastróficas. El profeta Habacuc profetizó que la hora de los caldeos había llegado y ellos sorberían el cáliz amargo que hicieron beber a otros.
Haz de este un día de justicia. A lo largo de tu camino, vas a encontrar gente que no puede luchar con tus armas: respétalas, sé humano y compasivo. Las personas golpeadas por la vida ya están sufriendo las consecuencias de sus decisiones equivocadas; el peso de la culpa las atormenta. ¿Para qué hacerlas sufrir más? ¿Para qué echarles en cara que no prestaron oídos a los consejos que les diste un día?
Es fácil reírse del que sufre, del herido, del que no tiene más fuerzas. Pero, se necesita de mucho valor para perdonar, para extender la mano al que un día te hirió. Sin embargo, Dios está dispuesto a darte fuerzas para esto: en la medida en que cultives el compañerismo diario con Jesús, su carácter se reflejará en tu vida, y serás capaz de ayudar al caído.
No olvides el mensaje de Habacuc a los caldeos: "Por cuanto tú has despojado a muchas naciones, todos los otros pueblos te despojarán, a causa de la sangre de los hombres, y de los robos de la tierra, de las ciudades y de todos los que habitan en ellas".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

viernes, 4 de noviembre de 2011

GLORIA VENIDERA

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Romanos 8:18.

¡No es fácil seguir a Jesús! No es fácil, para la naturaleza humana, renunciar a los apetitos del propio corazón. Hasta cuando creemos que estamos siendo sinceros, podemos estar siendo mal intencionados, y no lo percibimos.
¿Te acuerdas de los dos discípulos que sugirieron a su madre que le pidiese a Jesús un lugar importante, para ellos, en el futuro reino? ¿Crees que eran mal intencionados? Yo creo que no. Ellos, simplemente, no habían entendido lo que era el Reino de Dios. Por eso, Jesús tuvo que explicárselo, en detalle, muchas veces.
Les dijo que el Hijo del Hombre no tenía dónde reclinar la cabeza, mientras que las zorras tenían cuevas y los pajarillos nidos; les dijo que era necesario dejar al padre y a la madre para seguirlo. Incluso, dijo a una persona que ni siquiera se tomase el trabajo de ir a enterrar a su padre, si quería seguirlo. Todo esto, para que ellos no se confundiesen, y lo siguiesen por motivos equivocados.
La vida de un seguidor de Jesús tiene que estar llena de sufrimientos. El discípulo necesita entender que, a pesar de vivir una experiencia de comunión diaria con Jesús, puede haber dificultades a lo largo del camino.
Sin embargo, Jesús no solo les mostró el aspecto difícil del discipulado. No les habló únicamente de renuncia y de entrega, sino también les afirmó que, a pesar de eso, habría, también, maravillosas promesas para ellos.
Es verdad que, mientras vivamos en este mundo, habrá aflicciones para el pueblo de Dios. ¿Por qué no las habría, si vivimos en un mundo de dolor y en medio de seres humanos que, muchas veces, desprecian todo lo que tiene que ver con Jesús?
Pero, el tiempo presente es solo como un segundo comparado con la eternidad, en la que disfrutaremos de las bendiciones del Señor Jesús, que no tendrán fin. Eso es lo que afirma San Pablo, en el versículo de hoy. Él no niega la realidad dolorosa del presente: él afirma que, en esta vida, vamos a encontrar aflicciones. Tal vez, en este mismo instante tú estás viviendo unos de esos momentos terribles. Pero el apóstol afirma que todo ese sufrimiento es nada, comparado con la gloria de la presencia de Jesucristo en la eternidad.
Con estos pensamientos en mente, sal, recordando que "pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

miércoles, 26 de octubre de 2011

POR LA FE

Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado. Hebreos 11:24,25.

Todos, en algún momento de la vida, tenemos que escoger a quién servir. El resultado de esa decisión será gozo o desgracia eternos.
El enemigo de Dios promete gozo, y miles van detrás de él. El gozo de este mundo comprende placer, poder, dinero, fama, en fin. Pero, todo eso es temporal y pasajero; al fin, encuentras la muerte. Y el enemigo no te habla de eso.
Si, por el contrario, decides seguir a Jesús, puedes sufrir en esta tierra. No afirmo que vas a sufrir; digo puedes sufrir, porque vives en un mundo de dolor. Solo que el sufrimiento es pasajero; finalmente, encontrarás el gozo eterno en Jesús.
Nota la diferencia: gozo pasajero en este mundo y muerte eterna al final, o sufrimiento pasajero en este mundo y al fin, el gozo eterno con Jesús.
El poder, el dinero, el placer y la fama no son malos en sí. El placer, por ejemplo, es fruto de los sentidos, y los sentidos fueron colocados, en tu cuerpo, por Dios. No hay nada de malo en sentir placer: el problema aparece cuando empiezas a vivir solo en función de ello. Eso sucede con el ser humano de nuestros días. Busca desesperadamente el placer, y no se satisface con nada. Entonces, entra en el terreno sombrío de las depravaciones y las aberraciones de conducta. Es un hombre vacío. No tiene a Jesús en el corazón, y un corazón sin Cristo será siempre insatisfecho y pensará que el gozo se limita a la satisfacción de los sentidos.
Pero, cuando el hombre se deja encontrar por Jesús, todo cambia: continúa sintiendo placer, pero el placer no es el motivo de su vida; la razón de su existencia es Jesús, y el resultado de eso es el gozo en este mundo, a pesar de las tribulaciones, y el gozo eterno cuando Jesús vuelva.
Entrégate a Jesús. Acéptalo como el Señor de tu vida. Vive con él la más linda experiencia de amor. Y recuerda que "por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

miércoles, 19 de octubre de 2011

LO CORTARÁS

Y sí diere fruto, bien; y si no, la cortarás después. Lucas 13:9.

Joelma es una joven que nació y creció en la iglesia. Últimamente, ella solo habla del amor de Dios; canta y se emociona, mientras sus labios entonan himnos de alabanza. Cualquiera que la viese cantando, emocionada, pensaría que es una cristiana maravillosa. Solo tiene un problema: vive con una persona casada, y cree que el amor de Dios "cubrirá la multitud de sus errores".
Pero, el versículo de hoy habla de "cortar". ¿A qué se refiere Jesús? La vida cristiana es una experiencia diaria de amor con Cristo; pero, el amor no disculpa la negligencia espiritual. Dios se agrada cuando un hijo suyo lleva mucho fruto porque, aunque el propósito final del fruto es glorificar a Dios, es imposible ignorar el sentimiento de realización, de paz y de felicidad que inunda el corazón de una persona que vive en comunión con Dios y que, como resultado, produce frutos buenos.
Por otro lado, es triste ver cristianos que durante años conocen el evangelio, la teoría, la doctrina, pero no pasan de allí: son grandes intelectuales de la fe, pero los frutos están ausentes en su experiencia.
¿Cuál será el resultado final?: "Lo cortarás después", es la respuesta. La expresión "después" es instructiva: que nadie se atreva a cortar lo que parece cizaña ahora; deja que el trigo y la cizaña crezcan juntos; "lo cortarás después". ¿Cuándo? Cuando el Señor Jesús vuelva a la tierra, y él, que todo lo sabe y que tiene la capacidad de ver lo que hay dentro del corazón, echará la paja al fuego.
Hoy es el día de buena nueva. Jesús quiere entrar en tu corazón en este momento; desea vivir una experiencia de comunión contigo. No existe cristianismo sin Cristo. No permitas que el bullicio de este mundo te cautive, al punto de que no te quede tiempo para Dios. No te dejes absorber por la competitividad, por el consumismo y por la banalidad de este mundo. No limites tu experiencia cristiana a ir una o dos veces por semana a la iglesia. Deja que el Espíritu Santo controle tu vida, que la llene de frutos, y te dé paz para mirar hacia el futuro sin temor. Pero, recuerda: "Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

lunes, 17 de octubre de 2011

¿PARA QUÉ SIRVEN LOS FRUTOS?

En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Juan 15:8.

Pastor, no entiendo lo que sucede conmigo -me decía el otro día un joven-. Todos tienen buenos frutos que presentar, menos yo: no puedo probar que soy cristiano.
El versículo de hoy muestra el propósito de los frutos en la vida del cristiano: el propósito no es probar que somos "sus discípulos"; si pensamos de ese modo, corremos el peligro de buscar a Jesús con la intención de producir buenos frutos. En este caso, buscar a Jesús se vuelve un medio, y los frutos se transforman en el fin. Entonces, buscamos a Jesús por motivos egoístas. Y este es un terreno pantanoso, que muchos cristianos no perciben.
Buscar a Jesús no es el medio para alcanzar algo: es el fin, el objetivo, de todo. La vida sin Cristo no tiene sentido: él es el principio, el medio y el fin. Los frutos son el resultado natural del compañerismo diario con Cristo, y sirven para glorificar a Dios, no para alimentar el ego del cristiano ni para que los demás digan: "Mira qué cristiano maravilloso es aquel hombre".
Es esto lo que menciona Jesús, en el versículo de hoy. Y lo dijo, también, de otra manera: "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos".
"Glorificar al Padre": esta es la razón de ser de los frutos del Espíritu. Pero, en el cielo, Lucifer deseó la gloria para sí. Y hoy hace todo lo que puede con el fin de que los cristianos se confundan, y quieran producir buenos frutos, con idea de "probar" que son cristianos y ser glorificados, cuando la única motivación correcta para buscar a Jesús es reconocerlo como el Señor de nuestra vida, y devolverle la gloria que solo pertenece a él.
Haz de este un día de gloria a Dios. Tómate de la mano de Jesús; camina con él; permítele participar de tus sentimientos, pensamientos y acciones. Recuerda que Jesús es la Vid, y tú eres el pámpano: no tienes vida propia; tu vida depende de Dios. Si tu vida es una vida de comunión permanente con él, los frutos aparecerán; verdes, al principio, sin mucha hermosura, pero auténticos.
Por eso, recuerda: "En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

domingo, 16 de octubre de 2011

POR SUS FRUTOS

Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas. Lucas 6:44.

Me impresiona el verbo "conocer". En griego, es el verbo ginosco, que significa más que simplemente conocer la apariencia exterior de una persona; involucra, también, el conocimiento de los sentimientos, de lo que los ojos no ven, de lo que va por dentro. Y Jesús explicó que podemos identificar al árbol que tenemos delante observando su fruto.
Pensemos con más detalle en esta ilustración. Supongamos que no conocemos nada de árboles frutales; jamás vimos un árbol de naranja, ni de higo, ni de plátano, ni de nada. Conocemos las frutas, pero no los árboles. Y, un día, nos llevan a un huerto y nos piden que identifiquemos a cada uno. ¿Cómo sabremos cuál es cuál, si nunca vimos ningún árbol frutal antes? Jesús dice que hay una manera de saberlo: espera a que aparezcan los frutos. Cuando el tiempo llegue, el higo producirá higo y el plátano producirá bananas.
En la vida cristiana, sucede algo parecido. Todo el mundo puede decir que es cristiano, pero la verdad solo se sabe cuando aparecen los frutos: si eres un cristiano de verdad, tu vida mostrará el fruto del Espíritu. Esto no falla.
Jesús trabaja, primero, por dentro, de manera imperceptible; nadie ve la mano maravillosa de Dios que opera el milagro. El Espíritu Santo viene y, de manera silenciosa, te concientiza acerca de las cosas que son necesarias cambiar.
Ve a Jesús, y permítele que trabaje en tu corazón. No te desesperes, si no ves los frutos de inmediato. Ten paciencia; simplemente, no te separes de Jesús: búscalo en oración y a través del estudio diario de su Palabra. Todo lo que realmente vale, en la vida, requiere perseverancia. Entonces, persevera en Jesús; no te separes de él, por nada y para nada.
Haz de este día un día de comunión con Jesús. Que la savia de su vida pase a tus venas y llegue a tu corazón. Sonríe, abre tu corazón a las personas, extiende la mano al necesitado, en fin... permite que los frutos del Espíritu aparezcan de manera natural en tu vida. Y no te olvides: "Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

domingo, 2 de octubre de 2011

SABER ENVEJECER

Carona de honra es la vejez que se encuentra en el camino de la justicia. (Proverbios 16:31)

Una mujer de 92 años era trasladada a una residencia de ancianos, tras un largo tiempo de espera para ser aceptada en aquel lugar, A pesar de estar totalmente ciega, aquella anciana inspiraba aliento a todos lo que trataban con ella. Una joven se le acercó, la tomó del brazo y le pidió que la acompañara. Mientras subían en el elevador, la anciana pidió a su acompañante que le explicara cómo era su nueva habitación. Cuando la joven terminó de darle todos los detalles, la ancianita exclamó: «¡Me encanta!».
La joven se extrañó, porque sabía que la señora no podía ver, así que le preguntó: «¿Cómo puede estar segura de que le encanta, si no la ha visto?». La mujer respondió: «Si me gusta o no, no depende de cómo estén arreglados los muebles, sino de cómo esté arreglada mi mente. Ya he decidido que me gusta, porque esa es una decisión que tomo cada mañana cuando me levanto. Puedo pasar el día pensando en las dificultades que tengo o sentirme agradecida por facilidades que me han dado».
¿Has tenido la dicha de tratar con personas que, aunque afectadas por algún impedimento físico, saben sobreponerse y encontrar la felicidad? A mí se han acercado jóvenes qué no saben corno superar sus problemas económicos, y ante las grandes necesidades que tienen solo son capaces de lamentarse por su condición en lugar de luchar por encontrar alguna salida. También se han acercado mujeres que, afectadas por el peso de los años, tienen como único objetivo sentarse en un viejo sillón a ver pasar el tiempo. Recuerdo a mi abuelo materno. Durante muchos años estuvo ciego, pero nunca lo oí quejarse. Cuando alguien en casa necesitaba algo, sabía que mi abuelo podía echar una mano.
Si has llegado a los últimos años de tu vida, no te sumerjas en la depresión. Alégrate por lo vivido y por lo que todavía puedes dar. Las cosas dependen del modo en que las percibimos.
La vejez es como una cuenta bancaria: cada uno retira lo que ha depositado.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

sábado, 24 de septiembre de 2011

FRUTOS LIMPIOS

Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. Romanos 5:19.

El enojo en sus ojos era atemorizante. Mirando fijamente al horizonte, trataba de encontrar palabras que no lo lastimasen tanto, pero no las hallaba.
-Yo... yo soy así. ¿Qué puedo hacer? ¡Es mi naturaleza, mi destino, mi suerte; y no hay nada que pueda hacer para cambiarlo!
Mucha gente piensa que jamás podrá cambiar de vida, y justifica sus errores, con la idea de apagar la voz de la conciencia. ¿Tienen ellos la razón? Hoy, tal vez, te levantaste con el sabor de la derrota en tus labios; te duele la cabeza intensamente; tu cuerpo siente la resaca de ayer. Y, mirándote al espejo, te sentencias: Soy así, ¿qué puedo hacer?
La Biblia habla acerca de la naturaleza pecaminosa del ser humano. Desde que venimos al mundo, traemos la inclinación hacia el mal. El versículo de hoy menciona la desobediencia de Adán como puerta de entrada del mal a la vida de todos. El árbol de la humanidad fue contaminado en su raíz, y los frutos son malos.
La vida del ser humano es una incansable lucha en contra de la naturaleza pecaminosa. Creo que nadie, en sana conciencia, desea hacer el mal; a nadie le gusta tropezar y caer a cada rato. No le hace bien a nadie prometer y prometer, sin nunca cumplir.
El texto de hoy presenta un contraste entre Dios y el hombre: si, por un lado, el pecado atacó la raíz de la humanidad y contaminó todos los frutos, por el otro, Cristo venció el pecado, y trajo solución y cura.
Al comenzar un nuevo día de tu historia, recuerda que todos tenemos una naturaleza mala, pecaminosa, que se deleita en vivir lejos de Cristo y que prefiere vivir ajeno a la voluntad de Dios. El Señor Jesús, con el suave pañuelo de su justicia, nos limpia con cariño; nos limpia de todo y nos llama justos.
Cuando por algún motivo te sientas indigno; en las horas de mayor angustia, en los momentos de total desánimo; cuando el martilleo de la culpa te golee sin cesar, recuerda: "Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón