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sábado, 1 de junio de 2013

EL PRECIO DEL DISCIPULADO

Ni antes ni después de Josías hubo otro rey que, como él, se volviera al Señor de todo corazón, con toda el alma y con todas sus fuerzas, siguiendo en todo la ley de Moisés (2 Reyes 23:25).

Jesús pagó el precio de nuestra salvación. Y también el precio de nuestra propiedad, nuestro hogar, en el cielo. No podemos pagar el precio infinito de nuestra salvación, pero si podemos pagar el de nuestra aceptación. Como a veces se ha dicho: “La salvación es gratuita, pero el discipulado es costoso”. Esto significa que debemos tomar la cruz y seguir el ejemplo que Cristo nos dio de abnegación y amante obediencia a la ley de Dios.

A la luz del inminente día del juicio final, es preciso que enfrentemos seriamente el problema de que nos falta una plena consagración a Cristo. Alguien ha establecido este contraste entre los himnos que cantamos y la convicción de nuestros corazones.

Cantamos…

– “Dulce oración”, pero nos contentamos con orar unos pocos minutos.
– “Firmes y adelante”, pero nos quedamos esperando que el Señor nos empuje.
– “Lluvias de gracia”, pero no vamos a la iglesia cuando llueve.
– “Sagrado es el amor”, pero estamos dispuestos a dejar la iglesia cuando sentimos que alguien nos ofende.
– “Yo quiero trabajar por el Señor”, pero desaparecemos cuando hay que hacer algo en la obra de Dios.
– “Grato es contar la historia”, pero jamás hablamos de eso a nuestros amigos, familiares y compañeros de trabajo.
– “Tuyo soy, Jesús”, pero apenas le entregamos una pequeña parte de nuestro ser.
– “Fuente de la vida eterna”, pero nos aferramos a nuestros “pecadillos” una y otra vez.

De alguna manera nos parecemos al niño que estaba junto a un barril de manzanas en una frutería mientras que una de sus manos se aferraba firmemente a una de ellas.

Jovencito -le dijo el dueño ¿qué haces? ¿Quieres robarme una manzana?
No, señor -le respondió él- Estoy haciendo mucha fuerza para no robarla.
Tenemos que sacar la mano del barril de manzanas para ponerla de lleno en el de Jesús.

¿Ya comprendiste el precio del discipulado? El reavivamiento y la reforma deben darnos una nueva vida espiritual para ser verdaderos cristianos al servicio de Dios. Sigue el ejemplo del rey Josías. Él supo hacer del Señor el centro de su vida durante su juventud. Se entregó de todo corazón al servicio del Cielo. Y disfrutó de abundantes bendiciones. ¡Tú también puedes ser como él!.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

domingo, 24 de febrero de 2013

EXTRAÑA MANERA DE GLORIFICARSE


Jamás se me ocurra jactarme de otra cosa sino de la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo ha sido crucificado para mí, y yo para el mundo (Gálatas 6:14).

¿Cómo puede uno glorificarse en la cruz? El apóstol Pablo escribió a los corintios que su propósito era que la cruz fuera suprema en su vida y en su ministerio (1 Cor. 2:2). En esa epístola se destaca la cruz en contraste con las «palabras sabias y elocuentes» (1 Cor. 2:4). Pero en Gálatas, la cruz se destaca en contraste con el sistema legal judío (Gal. 6:13). Pablo podría haberse jactado de sus antecedentes judíos y su servicio, que excedían en mucho a los de sus adversarios (2 Cor. 11:22). Pero en vez de eso, decidió glorificarse en la cruz de Cristo. Todo el que comprende cómo fue rescatado por Jesús y liberado del pecado, se jacta en su cruz, en la cual fue ganada la salvación.
Uno de los lugares más sorprendentes de Lituania es la Colina de las Cruces, un pequeño promontorio que se encuentra a doce kilómetros de Siauliai, en el norte de Lituania, pero que contiene una cantidad enorme de cruces que han plantado peregrinos devotos de todas partes del mundo. La colina ofrece un panorama increíble. Se calcula que en el 2006 había allí unas cien mil cruces. Su historia es inspiradora. 
Después de un levantamiento campesino a mediados del siglo XIX, el lugar atrajo por primera vez a varias personas para llevar cruces a una colina que se ha convertido ni un símbolo de la resistencia del pueblo lituano. Después de la incorporación de Lituania a la antigua Unión Soviética, las autoridades ateas arrasaron con grandes maquinas la Colina de las Cruces en tres ocasiones diferentes. Una y otra vez los peregrinos locales y extranjeros volvieron a colocar las cruces. Finalmente, en 1985, los comunistas se dieron por vencidos y permitieron que los símbolos permanecieran en el lugar. Si quieres saber más, busca «Colina de las cruces» en Google.
Los dirigentes soviéticos no entendieron la importancia de la cruz. Lo que ese símbolo representa es más valioso para los cristianos que la vida misma. Ellos se glorifican en la cruz de Cristo cada vez que vuelven a Dios en busca de perdón y misericordia. De nuevo se levanta la cruz y el que murió en ella como Cordero de Dios, porque en la cruz las derrotas se tornan en victorias.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

sábado, 7 de abril de 2012

«CADA CUAL SU CRUZ TENDRÁ»


«Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mateo 16: 24).

El asesinato del Hijo de Dios fue el crimen más horrendo jamás perpetrado. La muerte por crucifixión no tenía significado simbólico alguno; su único objetivo era causar una muerte lenta, dolorosa y expuesta al público.
La víctima veía cómo sus muñecas, y no las palmas de las manos (porque estas no pueden soportar el peso del cuerpo), eran atravesadas con clavos. A menudo, quebraban las piernas del crucificado para que muriera más rápidamente. La mayoría de los crucificados morían de deshidratación y fatiga, no a causa de la pérdida de sangre o las heridas. La crucifixión era una muerte horrible, dolorosa y lenta, en la que la víctima podía agonizar durante días antes de morir.
En la antigua Roma, el que llevaba una cruz a cuestas y empezaba a andar por el camino que lo conducía al lugar de crucifixión ya se había despedido de sus amigos. Sabía que no iba a volver. La cruz no tenía compasión. Era un punto final. Una vez levantada, golpeaba con fuerza y crueldad hasta que, cuando terminaba su obra, la víctima estaba muerta. En la cruz no se «mata el tiempo» como en la cárcel.
«Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí» (Mat. 10:38). Pensar que, puesto que Jesús sufrió por nosotros, nos libraremos de todo sufrimiento es cómodo; pero nada más lejos de la verdad. Él dijo: «En el mundo tendréis aflicción» (Juan 16:33). Algunos llevan una crucecita colgando de una cadena alrededor del cuello porque así, creen, van a la moda. La cruz que Jesús dice que tenemos que cargar no es algo que se lleve en una cadenita o colgando del retrovisor de un automóvil.
Llevar la cruz de Jesús es sufrir por su causa. El sufrimiento no es nada nuevo. La gente sufre por muchas razones. Pero sufrir por causa de Cristo es otra cosa. No obstante, la Biblia dice: «Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución» (2 Tim. 3:12).
Thomas Shepard escribió la letra de un himno cuyas palabras hoy son un desafío para nosotros: «¿Deberá Jesús la cruz llevar / y el hombre en cambio no? / No, cada cual su cruz tendrá: / la mía llevo yo» (Himnario adventista, ed. 1962, n" 263). Basado en Mateo 10:38,39

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill