martes, 23 de octubre de 2012

LA CONFIANZA UN REFUGIO SEGURO


Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. (Isaías 26:3).

En la biblia encontramos un sinnúmero de promesas que Dios ha colocado allí para que nuestra fe y nuestra confianza aumenten. Yo nací y crecí en la Iglesia Adventista, escuchando las promesas divinas. Las tenía todas muy claras, pero no fue hasta que me convertí en madre que reconocí lo importante que es para un hijo de Dios confiar plenamente en su Padre celestial.
En abril de 1992 di a luz a un hermoso bebé. Sin embargo, pronto mi alegría se tornó en angustia al saber que el niño quizá no sobreviviría, ya que presentaba serias complicaciones respiratorias. Las siguientes horas fueron interminables. Cada minuto y cada segundo parecían larguísimos. Mi corazón desfallecía de pesar. Fue entonces cuando una promesa resonó en mi mente: «Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado» (Isa. 26:3). Nunca antes había entendido ese mensaje de una forma tan clara. No tenía por qué sentirme abatida, ya que tenía un Dios para quien no pasa inadvertida ni una sola lágrima que derramen sus hijas.
En aquel instante mi corazón se llenó de una paz indescriptible y en medio de mi tribulación me sentí tranquila. «Y es que no se exhala un suspiro, no se siente un dolor, ni ningún agravio atormenta el espíritu, sin que haga palpitar también el corazón del Padre [...]. Dios se inclina desde su trono para oír el clamor de los oprimidos.  A toda oración sincera, él contesta: "Aquí estoy". Levanta al angustiado y pisoteado. En todas nuestras aflicciones él es afligido. En cada tentación y prueba, el ángel de su presencia está cerca de nosotros para libramos» (El Deseado de todas las gentes, cap. 37, pp. 328-329).
Hoy, gracias a su inmenso amor, aquel delicado bebé es un adolescente y le enseño a depositar su confianza en Dios. No sé cuál es tu situación, ni las pruebas que estás atravesando, pero sé que cuando acudimos a la presencia de Jesús encontramos seguridad y nos sentimos tranquilos, porque él puede dar paz a todo el que en él confía. Que el Dios de paz te bendiga y te guarde en este día. Y que puedas encontrar en él un refugio seguro.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Midalyz Santa Cruz de Hernández 

ELIJE HOY


Les he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Escojan, pues, la vida.  Deuteronomio 30:19

Probablemente has escuchado el relato del joven que fue al psiquiatra preocupado porque le costaba mucho tomar decisiones. Después de escuchar durante largo rato las oportunidades que el joven había desperdiciado por ser tan indeciso, el psiquiatra dio su opinión del caso.
—Definitivamente, me parece que tienes serios problemas para tomar decisiones. ¿Estás de acuerdo?
El muchacho se quedó pensativo por un momento, hasta que finalmente respondió.
—Bueno... la verdad es que sí y no.
Razón tenía el conocido psicólogo William James cuando escribió que no existe ser humano más miserable que aquel para quien nada es tan habitual como la indecisión. ¿Por qué la indecisión es un serio problema? En primer lugar, porque la vida consiste en una permanente toma de decisiones. Algunas sin mayor consecuencia (qué ropa me pondré hoy, cómo arreglaré mi cuarto...); pero otras de consecuencias duraderas (qué clase de amigos tendré, qué carrera estudiaré, con quién me casaré, qué creeré). En segundo lugar, porque aunque siempre existe la posibilidad de pedir consejos, al final te corresponde a ti decidir si aceptas o no esos consejos.
La importancia de tomar decisiones la expresa muy bien el profesor Hal Urban en las siguientes palabras:
Tú decides cómo tratar a otras personas. Puedes despreciarlas o edificarlas.
Tú decides cuánto quieres aprender. Puedes malgastar tus años de estudio o tomar la decisión de sacarles el mejor provecho.
Tú decides cómo enfrentarás las inevitables adversidades de la vida. Puedes dejar que la adversidad te destruya o buscar una fuente de fortaleza que te ayude a enfrentar los obstáculos que la vida ponga en tu camino.
Tú decides lo que vas a creer y cuál será tu propósito en la vida. Puedes vagar sin rumbo o encontrar la razón de tu existencia, y vivir de acuerdo con ese hallazgo.
Por último, tú decides tu carácter. Puedes ser menos de lo que deberías ser o todo lo que podrías ser (Life 's Greatest Lessons [Las lecciones más grandes de la vida], pp. 42-44).
Y yo agregaría un elemento más a la lista: Tú decides que lugar ocupará Dios en tu vida. Que al  igual que Josué, el héroe bíblico, puedas decir: “Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor.  (Jos. 24:15).

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

LA BIBLIA ES NUESTRO LIBRO DE TEXTO


Mi escondedero y mi escudo eres tú; en tu palabra he esperado. (Salmo 119:114).

Estoy convencido de que el aspecto más importante de nuestra vida de oración personal es el arrepentimiento. Jesús prometió que enviaría el Espíritu Santo y lo primero que sentiríamos cuando viniese es que seríamos convencidos de pecado.
De hecho, hay bendiciones que vienen por el ayuno, otras por orar toda la noche y otras por dedicar cada mañana dos horas a la oración. Pero es posible que alguien sea capaz de hacer todas estas cosas y, sin embargo, no poner el corazón en ello. Las Escrituras nos advierten que es posible mantener una piedad formal y, a la vez, negar el poder que hay en ella (ver 2 Tim. 3:5). La prueba final de la oración efectiva es una vida cambiada. Jesús lo expresa de otra manera: «Así que por sus frutos los conoceréis» (Mat. 7:20).
Es posible que, en gran parte, la oración acabe por convertirse en un hábito según el cual oramos pidiendo cosas equivocadas o pedimos cosas correctas pero con un motivo equivocado. «Pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos» (Rom. 8:26). Por esa razón es preciso que, constantemente, recurramos a la Palabra de Dios para establecer los términos de referencia de nuestras oraciones. Si bien el Espíritu Santo llama a la puerta del corazón y nos llama a la oración, la Biblia siempre tiene que ser el libro de texto que nos enseñe qué tenemos que pedir en oración.
En cierta ocasión, una joven me dijo que salía con una persona que profesaba otra fe. Cuando sus amigos se lo desaconsejaron, ella respondió que no había nada malo porque estaba orando al respecto. ¿Sus oraciones estaban de acuerdo con la Palabra de Dios? «La oración es rendición: rendición a la voluntad de Dios y cooperación con esa voluntad. Si arrojo un ancla por la borda y, aferrándome a ella, tiro, ¿se acercará la orilla hacia mí o yo me acercaré a la orilla? La oración no es llevar a Dios a mi terreno, sino alinear mi voluntad con la de Dios» (E. Stanley Jones, Liberating Ministry From The Success Syndrome [Liberando el ministerio del síndrome del éxito]; Tyndale: K. Hughes [1988], p.73).
¿Son sus oraciones conformes a la voluntad de Dios revelada en su Palabra?  Basado en Lucas 18:1-8.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

lunes, 22 de octubre de 2012

NUNCA ME CANSO


«Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Era cerca del mediodía» (Juan 4:6).

Espera, ¿no estás cansado? Ya hemos caminado bastante este año. ¡Casi estamos en noviembre! ¿Alguna vez has caminado tanto que tus músculos han quedado tan cansados que te duelen? ¿Sabes por qué tus músculos se cansan? Te voy a dar dos razones.
Tus músculos, y de hecho todo tu cuerpo, necesitan aire y agua. Cuando caminas mucho, los músculos necesitan más aire y agua de lo común, y por eso se cansan. Cuando caminas también necesitas combustible. Así como un vehículo necesita gasolina para poder moverse, tu cuerpo necesita alimentos para funcionar adecuadamente. Si no te alimentas bien, tus músculos no podrán funcionar como deberían y pueden quedarse sin combustible.
En el versículo de hoy leemos que Jesús se cansó como cualquiera de nosotros. Eso significa que aunque él era Dios, también era un ser humano. Por eso, él entiende cada cosa que nosotros experimentamos. ¿No te hace sentir bien que Jesús haya venido a esta tierra para salvarnos? A mí me encanta pensar en Jesús. ¡Esa es una cosa de la que nunca me cansaré!

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

AGUDEZA VISUAL


Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. (Hebreros 12:2).

Una de las maravillas de la Creación de Dios es el ojo humano. Este órgano transforma los rayos de luz en impulsos nerviosos que luego llegan al cerebro; concretamente al centro visual, donde se descodifican y se transforman en imágenes. Son millones de células las que envían permanentemente esa detallada información al cerebro.
El ojo humano necesita pequeñas cantidades de oxígeno y de vitaminas A, C y E, así como caroteno. La vitamina A mantiene hidratada y en buen estado la capa que recubre el globo ocular, además de que ayuda a la formación de un pigmento sensible a la luz. Tanto la vitamina C como la E actúan como antioxidantes, que a su vez evitan la pérdida de la visión y la formación de cataratas.
Nuestros ojos nos permiten comprender mejor el entorno en el que nos desenvolvemos. Por eso es de vital importancia mantener la agudeza visual. De esa forma llegarán al cerebro únicamente los impulsos nerviosos apropiados para nuestro crecimiento espiritual. «Un rayo de la gloria de Dios, una vislumbre de la pureza de Cristo, que penetre en el alma, hace dolorosamente visible toda mancha de pecado, y descubre la deformidad de los defectos del carácter humano. Hace patentes los deseos profanos, la incredulidad del corazón y la impureza de los labios. Los actos de deslealtad mediante los cuales el pecador invalida la ley de Dios quedan expuestos a su vista, y su espíritu se aflige y se acongoja bajo la penetrante influencia del Espíritu de Dios. En presencia del carácter puro y sin mancha de Cristo, el transgresor se aborrece a sí mismo» (El camino a Cristo, cap. 3, p. 44).
Permitamos que los rayos de la luz de Cristo entren en nuestros ojos y nos den la agudeza espiritual que necesitamos con el fin de desechar lo malo y escoger lo bueno. Hidratemos nuestros ojos con el agua de vida y mantengamos funcionando adecuadamente nuestra visión al observar la ley de Dios.
Señor, transforma mi manera de ver las cosas de acuerdo con tu santa voluntad.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Perla Edith Sánchez

SOY SOLO UNO


Cuando alguien preste algún servicio, préstelo con las fuerzas que Dios le da. 1 Pedro 4:11

Joanne es una trabajadora social. A simple vista no pareciera ser la más destacada en su profesión. Pero ella posee un don que no desperdicia en absoluto. Cierto día Joanne vio a una madre que cambiaba el pañal a su bebé. La escena no habría tenido nada de extraordinario, excepto por un hecho inusual: el pañal estaba sucio, pero en lugar de lanzarlo a la basura, la madre sacudió el excremento y se lo puso de nuevo al bebé.
¿Por qué la madre hizo eso? Después de averiguar, Joanne supo que los programas de ayuda social de los Estados Unidos no incluyen pañales.  Joanne rápidamente se dio cuenta de las implicaciones. Por el lado de los niños, mayores riesgos de infecciones; y también mayores posibilidades de ser objeto de violencia (los niños lloran más al estar sucios, y al llorar más, los padres tienden a responder con violencia). Por el lado de los padres, menores opciones de conseguir quien cuide del bebé. Y menores posibilidades de conseguir trabajo.
¿Qué podría hacer Joanne ante la situación, no solo de esa madre, sino de miles de otras? Se le ocurrió entonces crear un Banco de Pañales. Y comenzó a pedir donativos. Al principio el proyecto se movió con lentitud. Después de tres años difíciles, el panorama comenzó a mejorar. Para el momento de escribir esta nota, Joanne está distribuyendo unos ciento cincuenta mil pañales al mes. Ya tiene varios empleados de tiempo completo, a quienes les paga de los donativos que recibe. Y otras personas han comenzado a crear otros bancos de pañales en sus ciudades (www.miller-mccune.com/health/clean-start-4232).
¿Cuál es el don que posee Joanne, y que no desperdicia en absoluto? Hay muchas cosas que no sabe hacer, pero lo que emprende lo hace bien. Su ejemplo confirma la gran verdad que expresó Edward Everett Hale:
«Soy solo uno,
Pero al menos soy uno.
No puedo hacerlo todo,
Pero puedo hacer algo;
Y porque no puedo hacerlo todo,
Haré bien lo poco que puedo hacer».

¿Ya descubriste cuál es ese «algo» que puedes hacer? No importa lo que sea, hazlo bien, en servicio al prójimo y para la gloria de Dios. Nunca te conformes con menos. Recuerda que representas a Dios.

Padre celestial, inspira en mí el deseo de hacer siempre lo mejor que pueda.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

LA ORACIÓN NOS CAMBIA


«No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta» (Romanos 12:2).

Para los padres y los abuelos, la angustia por la salvación de sus seres queridos es una pesada carga. Inclúyame a mí. Cada día, a veces con lágrimas, en oración, los presentamos ante el Señor y le pedimos que los haga regresar a la iglesia, que los libere de influencias y hábitos dañinos; en pocas palabras, que los cambie. No obstante, quizá la primera persona a quien debamos presentar ante el Señor seamos nosotros mismos. ¿Cómo? ¿Acaso no sería egoísta? Es cierto que no tenemos que centrar las oraciones en nosotros mismos, pero pedirle al Señor que lo cambie todo y a todo el mundo es incompatible con el espíritu de la oración.
Quizá piense: «Este hombre no entiende nada. Soy como soy por mi esposa. ¿Cómo puede el Señor cambiarme a mí si antes no la cambia a ella?».
Orar para que alguien cambie me recuerda la historia de un jovencito al que lo habían enviado a su habitación porque se había portado mal. Al poco rato, salió y dijo a su madre:
—He estado pensando en lo que hice y he orado.
—Eso está bien —dijo ella—; si le pides a Dios que te haga ser bueno, te ayudará.
—Ah, no. No le he pedido que me ayude a ser bueno —respondió el muchacho—. ¡Le pedí que te ayude a soportarme!
Nuestra vida, la de usted y la mía, puede cambiar tanto si nuestros cónyuges o nuestros hijos cambian como si no. He visto muchos casos en los que las esposas y los esposos, antes de que se produjera un cambio, han tenido que orar por su cónyuge a veces durante años. Pero el cambio más importante de todos fue el cambio que el Señor obró en ellos durante esos años de oración.
Cuando nos cambia, el Señor no se limita a remodelarnos. La nueva vida en Cristo no se aplica sobre la antigua. «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas» (2 Cor. 5:17). No se limite a «repintar» su experiencia cristiana, vívala. Basado en Lucas 18:1-8.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

domingo, 21 de octubre de 2012

SOLO UNA MIRADA


«Y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también el Hijo del hombre tiene que ser levantado» (Juan 3:14).

¿Alguna vez te has preguntado por qué es tan importante llevar botas cuando caminas por la naturaleza? De hecho, hay varias razones: proteger tus pies de las afiladas rocas, mantener los pies secos y evitar que las serpientes te muerdan. Pero no dejes de salir a explorar por miedo a que una serpiente te muerda. No es común que eso ocurra.
Lo mejor que puedes hacer si una serpiente venenosa te llegara a morder es quedarte tranquilo mientras alguien consigue ayuda o te llevan al hospital. Tratar de no moverte mucho. Al llegar al hospital los médicos te darán un antídoto. El antídoto es una medicina que ayuda al cuerpo a deshacerse del veneno de la serpiente.
Los israelitas habían caído nuevamente en pecado y Dios había permitido que las serpientes venenosas los mordieran. Pero Dios en su misericordia les dio una cura. Le pidió a Moisés que hiciera una serpiente de bronce y que le dijera al pueblo que la mirara cada vez que fueran mordidos por una serpiente.  Lo único que tenían que hacer era mirar la serpiente y serían curados.
Nosotros hemos sido «mordidos» por el pecado, pero Jesús quiere que lo miremos a él para curarnos. Mira hoy a Jesús y deja que te dé el antídoto para el pecado.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush