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martes, 29 de marzo de 2016

REGLAS DE ENFRENTAMIENTO

“He dicho a Jehová: ‘Dios mío eres tú; escucha, Jehová, la voz de mis megos. Jehová, Señor, potente salvador mío, tú pusiste a cubierto mi cabeza en el día de batalla’”. Salmo 140:6,7.

Viviendo, como vivimos, con los titulares constantes de lo que siguen llamando esta “guerra global contra el terrorismo”, toda noción de guerra, por trágica que nos resulte, se ha convertido en una realidad cotidiana. Y no necesitamos que los portavoces militares nos hablen por televisión de “reglas de enfrentamiento”, esos principios que se entiende tácitamente que guían una contienda “civilizada” (otro triste oxímoron).
Pero resulta que la guerra cósmica espiritual en la que estamos inmersos este planeta y cada uno de nosotros también se atiene a obvias reglas de enfrentamiento. Una de ellas es crucial para una comprensión de por qué debemos insistir en orar por los demás.
“El mismo Salvador compasivo vive en nuestros días, y está tan dispuesto a escuchar la oración de la fe como, o cuando andaba en forma visible entre los hombres. Lo natural coopera con lo sobrenatural. Forma parte del plan de Dios concedemos, en respuesta a la oración hecha con fe, lo que no nos daría si no se lo pidiésemos así” (El conflicto de los siglos, cap. 33, p. 516; la cursiva es nuestra). O, dicho de otra forma, Dios no puede intervenir cuando no ha sido invitado.
En la lucha entre los reinos de la luz y de las tinieblas, ambas fuerzas respetan la libertad de elección humana o, más bien, una la respeta y la otra la acata, dado que el diablo intentaría a la primera obligarnos contra nuestra elección si Dios no le impusiese esta regla de enfrentamiento. Sin embargo, el propio Dios no puede intervenir en una vida que claramente ha elegido rechazarlo. Si fuera a hacer tal cosa, ¡el demonio de inmediato protestaría!
Por esa razón precisamente resulta tan estratégica la oración intercesora para el reino de Dios. Porque aunque es verdad que Dios no puede responder una oración que no se pronuncia -y está claro que el que se resiste no ora pidiendo intervención-, puede ciertamente responder a la oración de otra persona por el bien de esa alma recalcitrante. A la respuesta demoníaca, todo lo que Dios necesita responder es: “He acudido a esta hija por petición de su madre, que es amiga mía”. Se sigue respetando el libre albedrío, pero ahora se da permiso (por así decirlo) al Amor mediante las piadosas intercesiones otro.
¿El meollo de esto? Con las listas de oración en mano, debemos mantenernos arrodillados. No abandones. Tus intercesiones pueden ser el semáforo verde que Dios ha estado necesitando para recuperar esa vida para la eternidad.

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson
#ElSueñoDeDiosParaTi #MeditacionesMatutinas #DevocionMatutinaParaAdultos #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

martes, 19 de enero de 2016

NO FUE TAN DIVERTIDO CON MIGUEL

Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes (Mateo 7:12, NVI).

-¿Te divertiste en casa de Miguel? -preguntó la mamá de Aarón, mientras ¿ I se ajustaba el cinturón de seguridad.
-Más o menos… -respondió él con poco entusiasmo.
-¿Qué quieres decir con “más o menos”? ¿Qué pasó?
Aarón suspiró.
-Después de que llegué, Miguel recibió una llamada y habló muchísimo por teléfono. Luego, revisó su correo electrónico. Después comió algo, y ni siquiera me ofreció. La mayor parte del tiempo no sentí que quisiera que estuviese allí.
-Uh -murmuró la mamá- ¡Suena como si no supiera lo que es la hospitalidad!
-¿Cómo la hospitalidad? -preguntó Aarón.
-Sí. Ser hospitalario significa hacer que nuestros invitados se sientan cómodos. Es practicar cosas como la generosidad, la bondad e, incluso, la tolerancia -la madre miró a Aarón-. Siento mucho que hayas pasado un mal momento. Pero pienso que, al menos, has aprendido lo que no debes hacer cuando tienes compañía.
-Seguro -asintió Aarón.
He aquí algunos consejos para hacer que tus invitados se sientan bienvenidos:
Piensa en qué te haría sentir más cómodo si tú fueses el invitado.
Ofrece algo de beber o comer, especialmente si tú estás comiendo o bebiendo.
Préstale atención a tu invitado ¡no a tu celular, computadora o televisor!
Dile cuáles son las reglas o hábitos en tu hogar para evitar situaciones incómodas.
No seas egoísta: realiza lo que le guste hacer a tu invitado.
¡Seguir estos consejos te ayudará a ser “el mejor anfitrión”!

SPLASH:
¿Alguna vez te preguntaste por qué McDonald’s se orienta hacia los “invitados” más jóvenes? El 40% de sus ganancias proviene de las ventas de “Cajitas felices”.

¿Y AHORA?
¿Alguna vez te has imaginado como tratarías a Jesús si fuese tu invitado?

Tomado de: Matinal para Adolescentes 2016
“Intensamente, Ejercita tu Cerebro”
Compilado por Penny Estes Wheeler
#IntensamenteEjercitaTuCerebro #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaAdolescentes #vigorespiritual

martes, 12 de enero de 2016

JUGAR CON DIOS A LAS CANICAS -3

“Lo mismo pasa en el cielo; da más alegría un pecador que se enmienda, que noventa y nueve justos que no necesitan enmendarse” Lucas 15:7, NBE

¿Cuál es la actitud de un hijo en la fase dos, la rebeldía? Considera al hijo pródigo. Por lo general, es una reacción, una reacción audaz y flagrante de un hijo a la mentalidad de la fase uno. Y puede tener este enunciado: “Estoy harto de los conservadores, de toda su autoridad, de sus restricciones, de sus reglas. No necesito a nadie que me diga cómo vivir, ni a mi familia, ni a mi iglesia, ni a mi escuela, ni a mi gobierno ¡ni a nadie! Porque yo soy yo: el yo librepensador, independiente, adulto. Y viviré como me dé la gana, gracias”.
He conocido unos cuantos casos de estos hermanos y hermanas menores de la fase dos (que no son necesariamente más jóvenes cronológicamente). Muchos son listos y perspicaces, gente que considera que la iglesia y Dios son demasiado autoritarios y están demasiado preocupados con reglas y comportamientos. Y, por ello, escogen vivir al límite, inmediatamente más allá de la periferia de la comunidad de fe, proclamando ruidosamente la “libertad” que acaban de encontrar, ataviados con sus baratijas de rebeldía, esperando que se fijen en ellos, pero sin querer ser encontrados. Puede que también tú los conozcas. Puede que seas uno de ellos.
Tendría su gracia si no fuera tan triste. Porque, verás, en el fondo los dos hermanos son parecidísimos. Sí, es verdad: los pródigos de la fase dos llaman conservadores a los hermanos mayores de la fase uno, y los mayores llaman a los rebeldes liberales. Pero, más allá de los calificativos, ambos chicos, en realidad, quieren lo mismo: quieren ser libres. Ambos chicos ven en el padre un autoritario promulgador de reglas. Por sus reglas, el otro hijo se queda en casa y se pierde. Ambos están equivocados, ambos se pierden, porque ninguno de los dos ha entendido la verdad de la fase tres sobre el padre.
Y esa verdad es que, en definitiva, el padre valora las relaciones más que las reglas. En el relato de Jesús, el padre sale de su casa buscando a ambos hijos. El mismo padre, el mismo abrazo de brazos abiertos de par en par, el mismo corazón ansioso y amante. Es la misma verdad que siempre ha sido toda la eternidad: al principio y al fin, la relación es lo más importante para Dios. Él no sale apresuradamente de su casa para restaurar reglas rotas: su corazón acude presuroso a sus hijos para restaurar una relación rota. Porque lo cierto es que el Padre no es alguien a quien temer. Es alguien digno de nuestra amistad, una verdad tan simple que hasta los niños que juegan a las canicas pueden enseñarnos.

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016 
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson

viernes, 14 de junio de 2013

LOS PRINCIPIOS EN LOS NEGOCIOS

Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Marcos 8:36, 37.

El lugar de los seguidores de Cristo consiste en reconocer su dependencia de Dios en todo y en aplicar los principios de su fe en todas las relaciones de la vida, incluyendo las transacciones comerciales. De otra manera no pueden representar correctamente la religión de Cristo. Y debieran ser tan honestos con Dios como con otros. ¿Puede alguien ser deshonesto con Dios? Lea la respuesta del profeta: "¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado" (Mal. 3:8).
Los diezmos y las ofrendas pertenecen a Dios. Los medios en nuestra posesión debieran ser considerados un legado sagrado, para ser utilizados para la gloria del Dador. La negación propia es la condición de la salvación. La caridad que no busca lo suyo es el fruto del amor desinteresado que caracterizó la vida de nuestro Redentor. Quienes por amor a Cristo se niegan a sí mismos, encontrarán la felicidad que los egoístas buscan en vano, pero los que hacen de sus propios placeres e intereses egoístas el objeto supremo de la vida, perderán la felicidad que creen que disfrutan.
El apóstol Pablo tiene algo que aportar al tema de dar sistemáticamente: "En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado" (1 Cor. 16:1,2).
La regla de Dios para la dadivosidad, según la expresa la Palabra de Dios, no excluye a nadie, y no ejerce una presión pesada sobre nadie. Afecta ligeramente a los pobres, y los ricos en realidad no la sienten...
Al igual que en las balanzas del santuario se estiman las ofrendas según el espíritu de amor y sacrificio que las motivan, las promesas se cumplirán tan ciertamente para el hombre o mujer pobre que tiene poco que ofrecer pero lo ofrece liberalmente, como para los ricos que dan mayormente de su abundancia...
El reino de Cristo debe superar todo otro interés... [Dios] alimenta al gorrión y viste al lirio; ¿se ocupará menos de las necesidades de sus hijos?— Bible Echo (Australia), 9 de diciembre de 1895.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White