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martes, 11 de febrero de 2020

«FUE EL ORGULLO EL QUE CONVIRTIÓ A LOS ÁNGELES EN DEMONIOS; ES LA HUMILDAD LA QUE CONVIERTE A LOS HOMBRES EN ÁNGELES”. AGUSTÍN DE HIPONA


En cuanto a fiestas se refiere, nadie las celebraba mejor que los nativos norteamericanos del Pacífico. Sus festines duraban días. La gente disfrutaba de espectáculos de teatro y de danzas. Comían fruta y pescado; mucho pescado; sobre todo foca y salmón. De hecho, su fácil acceso al pescado los convirtió en las tribus más ricas del norte del continente americano.
Esas fiestas, que los nativos llamaban potlatch, eran un tanto extrañas. Ya te voy a explicar a qué me refiero. Cuando se celebra una fiesta de cumpleaños en tu honor, esperas que las personas te lleven regalos, ¿verdad? Bueno, en un potlatch, el anfitrión de la fiesta era el que daba regalos a los invitados. Y cuanto más daba, más prestigio y reconocimiento social tenía. Regalaban frazadas y máscaras talladas. Regalaban canoas. Los objetos más valiosos que se podían  tener en esa época eran escudos de cobre fabricados artesanalmente, y se regalaban incluso esos «cobres».
Cada cacique que organizaba un potlatch trataba de superar al anterior en cuanto a los regalos que hacía. Y entonces las cosas se complicaron: la riqueza de los caciques comenzó a medirse en función de cuánto podían permitirse gastar en regalos durante los potlatchs.
Algo que les gustaba beber en los potlatch era aceite de pescado (¿qué rico?). Montaban un espectáculo al beber esa sustancia pegajosa de una taza, dejando que se derramara por los costados de la boca. También hacían fogatas y quemaban cosas valiosas, solo porque podían permitirse hacerlo. Y finalmente (y esto es muy triste) hasta llegaron a matar a esclavos simplemente para mostrar que podían darse ese lujo.
El potlatch es un ejemplo de cómo el orgullo puede arruinar un momento feliz hasta convertirlo en algo totalmente depravado. La próxima vez que hagas una fiesta, asegúrate de no invitar al orgullo, y de hacerlo todo por los motivos correctos.
«Porque nada de lo que hay en el mundo —los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida— proviene del Padre, sino del mundo» (1 Juan 2:16).

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES
“UNA IDEA GENIAL”
Por: Kim Peckham
Lecturas Devocionales para Adolescentes en 2020.

domingo, 15 de enero de 2017

LA SELFIE DEL FARISEO

“El que a sí mismo se engrandece, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido” (Luc. 18:14).

¿Alguna vez ce has hecho una “selfie”? ¿Que qué es una selfie? Es una foto que nos tomamos a nosotros mismos con el celular, y después la publicamos en las redes sociales o la enviamos a nuestros amigos por WatsApp o text. La palabra selfie, aunque es bastante nueva, ha llegado a ser tan popular que el diccionario Oxford la consideró “Palabra del año” en 2013, y la agregó al idioma inglés.
¿Cuántas selfies te has hecho en los últimos veinte días? ¿Dos, cuatro, veinte…? ¿¡Más de veinte!? Entonces cuidado, porque un estudio afirma que cuantas más selfies nos tomemos, más cerca estaremos de desarrollar tendencias narcisistas. ¿Qué significa esto? Eso significa estar excesivamente preocupado por uno mismo, por sentirse más lindo, mejor y más especial que nadie. Ser narcisista es estar demasiado pendientes de nosotros mismos, hablando siempre de lo buenos que somos.
¿Es malo usar las redes sociales? Yo diría que depende. Si es para saludar a un amigo al que hace mucho tiempo que no ves, son excelentes. Si es para hablar con un familiar que vive lejos, como los abuelitos, están fenomenales Pero pueden convertirse en un problema si las utilizamos para estar todo el rato hablando de nosotros mismos y colgando un montón de fotos, para que los demás vean lo lindos que estamos, la bonita ropa que llevamos, o todos nuestros logros. Ahí cuidado: no es sano.
Todo esto de creerse más que los demás no es nada nuevo. Desde los tiempos bíblicos, ya Jesús nos advirtió en contra de la moda del narcisismo. ¿No me crees? Pues lee Lucas 18:9 al 14. Verás que habla de dos hombres que fueron al Templo a orar. Uno era humilde, como Jesús quiere que seamos. El otro se creía la gran cosa. Fíjate qué oración hizo: “Gracias, Dios, porque no soy como los demás, sino que soy mejor, más especial. Gracias porque soy perfecto”.

Jesús nos enseñó a no ser orgullosos. No es malo que cuelgues una foto en Facebook para que tus amigos y familiares la vean, pero no debes estar pensando en cuántos likes tendrás. Estar pendiente de que te miren no es lo más importante en la vida.

Tomado de lecturas devocionales para Menores 2017
¡SALTA!
Por: Patricia Navarro 
#Salta #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMenores #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

viernes, 3 de junio de 2016

LA CUENTA DEL GRAN ORGULLO

Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel. 1 Crónicas 21:1.

A primera vista, contar la población no parece ser algo malo. ¿Qué podría estar mal en llevar a cabo un censo? Sin embargo, Dios siempre ve las motivaciones; ve más allá del acto exterior, mira lo profundo del corazón. Algunas veces, hacemos las cosas correctas por las razones equivocadas.
En el caso de David, estaba motivado por el orgullo y la confianza propia, los mismos atributos de Satanás.
El Rey quería una cuenta completa de todos los hombres físicamente capaces de Israel, por su deseo de la grandeza de este mundo. Dios había honrado a Israel conduciéndolos a la victoria sobre sus enemigos, pero David y muchos otros en el reino no estaban satisfechos.
“Se preocupaban más por su posición entre las otras naciones. Este espíritu no podía menos que atraer tentaciones. Con el objeto de extender sus conquistas entre las naciones extranjeras, David decidió aumentar su ejército y requerir servicio militar de todos los que tuviesen edad apropiada” {Patriarcas y profetas, p. 809).
Muy en el fondo, David también quería que todos supieran cuánto había prosperado Israel desde que él se había convertido en rey. Si el pueblo podía comparar la debilidad del reino al comienzo de su reinado con su fortaleza actual, esto lo haría verse más grandioso.
Aunque el pueblo estaba orgulloso de su poder y prosperidad nacionales, no le gustaba oír las noticias sobre el reclutamiento. Ahora, todos los hombres jóvenes tenían que registrarse. Joab mismo estaba molesto con David por pedir tal cosa. “En tiempo de guerra el Señor puede hacer de su pueblo cien veces más de lo que en realidad es. ¿Por qué debería el rey pedir tal cosa? ¿Por qué provoca a Israel a pecar?” David no escuchó. Comúnmente, los sacerdotes llevaban a cabo el censo, pero David insistió en que la milicia obtuviera el número exacto de reclutas disponibles. Al hacer esto, estaba yendo directamente en contra de los principios de la teocracia (el gobierno de Dios). En lugar de depender de Dios, David se estaba volcando hacia su propio corazón lleno de orgullo.
Le llevó nueve meses y veinte días a Joab y a sus hombres ir por todo Israel y contar a las personas. Pero, antes de que hubiera terminado, la conciencia de David comenzó a molestarle. Dejando a un lado su orgullo, dijo a Dios: “He pecado gravemente al hacer esto; te ruego que quites la iniquidad de tu siervo, porque he hecho muy locamente” (1 Crónicas 21:8). Sin embargo, el daño ya estaba hecho.

Tomado de devoción matutina para menores 2016
¡GENIAL! Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward
#GenialDiosTieneUnPlanParaTi #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMenores #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

viernes, 6 de mayo de 2016

ARREBATANDO LA DERROTA

Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu. Proverbios 16:18.

Pronto, después de que Saúl fuera designado rey, los amonitas acamparon contra la ciudad de Jqbes de Galaad. Rápidamente, Saúl juntó a un ejército y envió un mensajero por delante para decirle al pueblo de la ciudad sitiada que estaría allí el mismo día que se les ordenara que se sometieran al rey amonita. Los amonitas entraron en pánico, y Saúl y su ejército fueron victoriosos.
Los hombres de Saúl vieron que tenían un líder de verdad en su nuevo rey. Recordaron cómo algunas personas, el día cuando todos gritaban “Dios salve al Rey”, se habían ido a su casa enojados y había rehusado reconocerlo como rey. Los hombres de Saúl sugirieron que estos deberían ser sentenciados a muerte ahora porque la habilidad de liderazgo de Saúl había sido probada. Pero, Saúl rehusó dar la sentencia de muerte.
“Con esto dio Saúl testimonio del cambio realizado en su carácter, En vez de atribuirse el honor, dio a Dios toda la gloria. En vez de manifestar un deseo de venganza, mostró un espíritu de compasión y perdón. Este es un testimonio inequívoco de que la gracia de Dios mora en el corazón” (Patriarcas y profetas, p, 665),
Dos años pasaron, y Saúl permitió que sus viejos hábitos desplazaran su maravillosa experiencia de conversión. Desde su niñez había sido impaciente y cabeza dura, El Señor le dio tiempo para dejar que el Espíritu Santo cambiara todo eso, pero Saúl se negó. Y luego, vino una prueba que mostraría su verdadero carácter.
Los filisteos habían juntado una gran fuerza de hombres y carros contra los israelitas, y los temerosos soldados de Saúl comenzaban a desertar, Con los pocos hombres que quedaban, ciertamente no podrían enfrentar a un ejército tan grande sin la ayuda de Dios, Samuel le envió un mensaje al Rey para que esperara siete días justo allí donde estaba y que él iría a tener una reunión especial, Pero Saúl, impaciente y desobediente, asumió la parte del sacerdote y ofreció él mismo los sacrificios,
Cuando Samuel llegó, en lugar de admitir su error con humildad, Saúl se levantó orgullosamente y culpó a todos, menos a sí mismo, por el acto de desobediencia. Samuel le recordó que Dios podría haberle dado una gran victoria pero que, por causa de su desobediencia, era seguro que Saúl caería.
Hay poca esperanza para cualquiera que permanece orgulloso y culpa a otros de su propia desobediencia.

Tomado de devoción matutina para menores 2016
¡GENIAL! Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward
#GenialDiosTieneUnPlanParaTi #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMenores #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

miércoles, 4 de mayo de 2016

AVERGONZADO DE SER DIFERENTE

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. 1 Pedro 2:9.

Los israelitas no se daban cuenta cuando todo les resultaba fácil. Dios era su Rey, y había prometido protegerlos y guiarlos cada día. Se hacía responsable de enviar ángeles para ayudarlos en cada problema. Samuel, como sacerdote de Dios, profeta y juez, les decía cómo vivir bajo la norma de amor de Dios. Además, Samuel inauguró dos escuelas para entrenar a hombres jóvenes como futuros líderes bajo este maravilloso gobierno.
Pero, ocurrió un cambio. A medida que la población israelita aumentaba, más y más gente comenzó a comerciar con otras naciones. Alguien regresaba de visitar a una nación limítrofe y llegaba sin aliento con la noticia de algún evento de gala.
“¡Deberían haber estado allí! Tuvieron un gran desfile y el Rey de su país estaba allí con todos sus estandartes flameando. ¡Fue tan emocionante! Ojalá tuviéramos un rey como ese”.
¡Deseo, deseo, deseo! ¡Oh, cuánto deseaban poder ser como el resto de las naciones!
Sin embargo, el verdadero problema real era su rechazo a obedecer la Ley de Dios. Si realmente hubieran amado a Dios con todos sus corazones y a sus prójimos como a sí mismos, no se habrían embarcado en esas conversaciones y habrían estado felices con tener a Dios como Rey.
Samuel había nombrado a sus propios hijos como líderes para que lo ayudaran en su trabajo, pero estos muchachos no eran cristianos verdaderos. Aceptaban sobornos. El pueblo nunca le contó a Samuel el problema, o inmediatamente habría quitado a los muchachos del oficio. En lugar de ello, los ancianos venían a Samuel con la queja: “Te estás volviendo viejo y tus hijos no caminan por tu mismo camino. Así que, pon un rey sobre nosotros que nos juzgue como todas las naciones”.
Samuel se dio cuenta inmediatamente de lo que estaba pasando. Ellos estaban usando el mal comportamiento de sus hijos como una excusa. Sabía que su motivación real era el descontento y el orgullo. Ninguno se quejó de Samuel como líder. Ellos simplemente querían ser como todos los demás. La idea de ser un pueblo peculiar y una nación santa los molestaba.
¡Trágico! ¡Qué triste que el pueblo de Dios se avergonzara de ser único y especial, cuando esas características les daban una forma de vida mucho mejor!

Tomado de devoción matutina para menores 2016
¡GENIAL! Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward
#GenialDiosTieneUnPlanParaTi #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMenores #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

viernes, 15 de enero de 2016

UNA HISTORIA DE TRES MONTES -1

“¡Cómo caíste del cielo, Lucero, hijo de la mañana! […] Tú que decías en tu corazón: ‘Subiré al cielo. En lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono y en el monte del testimonio me sentaré […]; sobre las alturas de las nubes subiré y seré semejante al Altísimo’ Isaías 14:12-14

Una tarde realicé una visita pastoral a una pareja de ancianos de mi congregación, varias veces bisabuelos por entonces. En una repisa se amontonaban fotos de la familia, llegando a retratos del colegio, contando todas ellas animadas historias de sus siete hijos y su descendencia. Al evocar los recuerdos, los ancianos progenitores llegaron al último retrato, su hijo pequeño. Se deslizó una nota de tristeza en la voz de la madre al hablar de su muchacho, que se había criado en el mismo hogar, con los mismos valores familiares que el resto, pero que, por razones que nadie conocía, había dado la espalda a todo ello. Los rechazó. Se rebeló.
Imagínate a esta familia congregada en una reunión para la cena de Navidad. Seis de los hijos y su prole han venido a casa para estar con mamá y papá. Hay carcajadas, sonrisas y gozo, apiñados todos alrededor de la mesa familiar. Pero, ¡un momento! Cuando papá se pone de pie para orar, ¿qué es eso que corre por la mejilla de mamá? ¿Una lágrima? Pero, querida mamá, seis de tus siete hijos han venido a casa; ¿no es razón suficiente para estar feliz? Sin embargo, todos conocemos la verdad universal. ¿Cómo puede estar feliz el corazón de una madre cuando falta uno de sus hijos?
Hubo una vez, hace mucho tiempo, un Padre perfecto y un hogar perfecto. Pero uno de los hijos se rebeló contra todo lo que representaba y valoraba la familia, dejando un corazón quebrantado y un hogar roto en un cielo ahora también roto.
No se puede contar la historia del Padre sin rememorar la historia de Lucifer. El mismo hogar, el mismo Padre, pero resultados tan trágicamente opuestos con el favorito de la familia, que secretamente codiciaba sentarse “en el monte del testimonio” (léase “el trono de Dios”). “¡Ah! ¡Si tan solo yo fuera Dios!”, susurró insidiosamente. Y el resto es historia: la desgarradora historia de un universo dividido y un planeta en rebelión.
Era el más elevado de los elegidos, pero escogió convertirse en antagonista. Y partió el corazón de nuestro Padre celestial, un corazón que aún llora por un muchacho que no vuelve a casa.

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016 
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson

martes, 12 de enero de 2016

JUGAR CON DIOS A LAS CANICAS -3

“Lo mismo pasa en el cielo; da más alegría un pecador que se enmienda, que noventa y nueve justos que no necesitan enmendarse” Lucas 15:7, NBE

¿Cuál es la actitud de un hijo en la fase dos, la rebeldía? Considera al hijo pródigo. Por lo general, es una reacción, una reacción audaz y flagrante de un hijo a la mentalidad de la fase uno. Y puede tener este enunciado: “Estoy harto de los conservadores, de toda su autoridad, de sus restricciones, de sus reglas. No necesito a nadie que me diga cómo vivir, ni a mi familia, ni a mi iglesia, ni a mi escuela, ni a mi gobierno ¡ni a nadie! Porque yo soy yo: el yo librepensador, independiente, adulto. Y viviré como me dé la gana, gracias”.
He conocido unos cuantos casos de estos hermanos y hermanas menores de la fase dos (que no son necesariamente más jóvenes cronológicamente). Muchos son listos y perspicaces, gente que considera que la iglesia y Dios son demasiado autoritarios y están demasiado preocupados con reglas y comportamientos. Y, por ello, escogen vivir al límite, inmediatamente más allá de la periferia de la comunidad de fe, proclamando ruidosamente la “libertad” que acaban de encontrar, ataviados con sus baratijas de rebeldía, esperando que se fijen en ellos, pero sin querer ser encontrados. Puede que también tú los conozcas. Puede que seas uno de ellos.
Tendría su gracia si no fuera tan triste. Porque, verás, en el fondo los dos hermanos son parecidísimos. Sí, es verdad: los pródigos de la fase dos llaman conservadores a los hermanos mayores de la fase uno, y los mayores llaman a los rebeldes liberales. Pero, más allá de los calificativos, ambos chicos, en realidad, quieren lo mismo: quieren ser libres. Ambos chicos ven en el padre un autoritario promulgador de reglas. Por sus reglas, el otro hijo se queda en casa y se pierde. Ambos están equivocados, ambos se pierden, porque ninguno de los dos ha entendido la verdad de la fase tres sobre el padre.
Y esa verdad es que, en definitiva, el padre valora las relaciones más que las reglas. En el relato de Jesús, el padre sale de su casa buscando a ambos hijos. El mismo padre, el mismo abrazo de brazos abiertos de par en par, el mismo corazón ansioso y amante. Es la misma verdad que siempre ha sido toda la eternidad: al principio y al fin, la relación es lo más importante para Dios. Él no sale apresuradamente de su casa para restaurar reglas rotas: su corazón acude presuroso a sus hijos para restaurar una relación rota. Porque lo cierto es que el Padre no es alguien a quien temer. Es alguien digno de nuestra amistad, una verdad tan simple que hasta los niños que juegan a las canicas pueden enseñarnos.

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016 
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson

lunes, 11 de enero de 2016

JUGAR CON DIOS A LAS CANICAS 2

“Pero él le contestó: ¡Fíjate cuántos años te he servido sin desobedecer jamás tus órdenes, y ni un cabrito me has dado para celebrar una fiesta con mis amigos! ¡Pero ahora llega ese hijo tuyo, que ha despilfarrado tu fortuna con prostitutas, y tú mandas matar en su honor el ternero más gordo!’ ” Lucas 15:29, 30, NVI
CONTINUANDO con la historia de ayer, ¿te has fijado en lo que dice el hermano mayor? “Cuántos años te he servido”. O sea: “He guardado, sin excepción, cada una de tus reglas, nunca he pecado, me he negado placeres, todo porque creía que eso demandabas de mí. Y, ¿qué recibo por llevar una vida tan monótona y triste? ¡Nada!”
¿Te suena? ¿Podría haber también en un rincón de nuestro corazón un hermano o una hermana mayor? ¿Venimos sirviendo a Dios todos estos años por una sensación de pesada obligación, una obediencia temerosa que piensa sin parar Si no lo obedezco, me va a privar de la herencia?
Por favor, no me malinterpretes. No me opongo a las reglas ni a los mandamientos de Dios. Nuestro amante Padre, como cualquier buen progenitor, proporciona reglas protectoras para sus hijos. Pero el sometimiento plúmbeo a esas reglas por ganarse su herencia…, ¿dónde está el gozo, la paz y la libertad en eso? ¿Podría ser esta la razón de las caras severas que hay en la iglesia en estos días? Hermanos y hermanas mayores (que puede que no sean más viejos) que nunca se han marchado, pero que han huido espiritualmente de la gracia, el amor, el gozo y la paz de la casa del Padre. Oímos “la música del baile” (Luc. 15:25) que provienen a raudales de la casa del Padre, pero nos negamos a entrar, sudando en sus campos, pero lejísimos de su corazón.
Casi se puede oír la voz entrecortada del padre cuando deja la fiesta y se adentra en la creciente oscuridad para amar a su muchacho mayor. “Hijo mío […], todo lo que tengo es tuyo”; o sea, ¿no sabías que mi herencia ya era tuya? Jamás esperé que sirvieras ni por ella ni por mí. Tú eres mi hijo. Tienes tanto mi corazón como mi tierra. ¡Si tan solo quisieras mi amistad!
Porque esa es la verdad de la fase tres sobre Dios, ¿no? Es un Ser en busca de amigos. “Todo lo que tengo es tuyo”, lo que, en realidad, significa: “Tú eres todo lo que quiero”.
Y con todo lo que el Padre tiene para ofrecerte y con todo lo que tú tienes para darle, ¿no es el momento oportuno de dejar de sentirse esclavizado por él y empezar a celebrar con él? Después de todo, ¿no se han elegido mutuamente?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2016
ELEGIDOS
El sueño de Dios para ti
Por: Dwight K. Nelson

viernes, 1 de enero de 2016

CELOSO DE JESÚS

¡Cómo caíste del cielo, lucero del amanecer!… Pensabas para tus adentros: Subiré más allá de las nubes más altas; seré como el Altísimo. Isaías 14:12-14.

Ahora bien, esto último suena como una gran idea: ser semejante al Altísimo. ¿Acaso no es eso lo que todos deberíamos ser: semejantes a Dios? Pero, Lucifer no deseaba ser semejante a Dios en bondad y amor; él deseaba el poder y la autoridad divinos.
Todo comenzó un día, yendo bien hacia atrás en el tiempo, antes de que hubiera cualquier persona alrededor. Sucedió, de todos los lugares posibles, en el cielo; justo delante del Trono de Dios. Fue una idea completamente nueva para este gran ángel Lucifer, “el hijo de la mañana”. Nunca en su vida había tenido tal pensamiento. Para ser exactos, estaba celoso de Jesús.
Nadie sabía exactamente qué eran los celos en aquel entonces. Ningún ángel en todo el cielo podía decir qué era ser envidioso o querer algo que no le pertenecía. Ni uno de toda aquella multitud brillante podía describir qué era estar enojado o triste con otro ser.
Hoy sabemos qué son los celos. Hasta los animales los manifiestan. Toma dos perros, acaricia a uno y no al otro, y mira la reacción. ¡Cómo empuja, se acerca, gruñe y cruje solo para lograr ser acariciado! Pero, no era así en aquel entonces. Los ángeles siempre estaban felices y alegres.
“¿Por qué debería arrodillarme y adorar a Jesús?”, masculló Lucifer para sí mismo. “¡Yo soy tan grande como él! Soy el ángel superior del cielo. Tengo a todos los ángeles bajo mi mando y hacen exactamente lo que les digo que hagan. Tengo la mejor ropa, más brillante que todos los ángeles. ¿Por qué no soy primero, adelante de Cristo?”
Yo, yo, yo… Lucifer tenía un problema con el “yo”. Cuanto más pensaba en lo hermoso que era y en cuán grande era, tanto menos digno Jesús aparecía ante sus ojos hasta que, en efecto, odió a Jesús, odió su nombre, odió todo lo que tenía que ver con él. Su problema con el “yo” avanzó hasta que no pudo en absoluto ver la realidad muy claramente.
Cuando los pensamientos celosos aparecen en tu mente, pregúntate:
¿Por qué quiero ser mejor que esa persona? ¿Por qué quiero “serrucharle el piso”? ¿Por qué? Luego, hazte unas pocas preguntas más:
¿Quién me dio estos pensamientos? ¿Los obtuve de Jesús o de alguien que no entiende bien las cosas?

Tomado de devoción matutina para menores 2016
¡GENIAL! Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward

miércoles, 24 de abril de 2013

NO COMETAS EL ERROR DE SIR WALTER

No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos (Filipenses 2:3).

Sir Walter Raleigh era uno de los hombres más brillantes de la corte de la reina Isabel I de Inglaterra. Era un experto científico y escribía poemas que aún hoy se consideran excelentes. Era un buen líder, un activo empresario y un gran capitán naval, además de un cortesano apuesto y encantador, que sedujo a la propia reina y llegó a ser uno de sus favoritos. Sin embargo, dondequiera que él iba la gente le bloqueaba el camino. Más adelante cayó en desgracia, fue condenado a prisión y murió decapitado.
Raleigh no comprendía la inflexible oposición que encontraba en los demás cortesanos. No lograba ver que él, no solo no había hecho ningún intento de disimular el nivel de sus habilidades y cualidades, sino que las exhibía ante todos, haciendo gala de su versatilidad, convencido de que con eso impresionaba a la gente y ganaba amigos. En realidad, esa actitud solo le granjeó silenciosos enemigos, gente que se sentía inferior a él y que haría todo lo posible por arruinarlo en el momento en que cometiera la menor de las equivocaciones.
Al final, la razón por la cual fue decapitado fue un cargo de traición, pues la envidia encuentra mil formas de enmascarar su carácter destructivo. La envidia generada por Sir Walter Raleigh es la peor de todas: fue inspirada por su gracia y talento naturales, que él sentía que debía manifestar en su plenitud.
El dinero es algo que puede conseguirse. El poder, también. Pero una inteligencia superior, un físico agraciado y un encanto personal son cualidades imposibles de adquirir. En cambio, cuando el arzobispo de Retz fue ascendido al rango de cardenal, en 1651, sabía muy bien que muchos de sus excolegas lo envidiarían. Consciente de que sería torpe perturbar a quienes ahora se hallaban por debajo de él, Retz hizo cuanto pudo para minimizar sus méritos. Para que los demás se sintieran cómodos, actuaba con humildad y deferencia como si nada hubiera cambiado. Luego escribió que aquellas políticas inteligentes «produjeron buen efecto, pues redujeron la envidia que sentían hacia mí, que es el más grande de los secretos».
Como ves, Dios nos pide que consideremos a los demás «como superiores» a nosotros mismos, no solo como la muestra de una vida humilde y cristiana, sino como un medio práctico para vivir en paz, no despertando la envidia de nadie. Ten cuidado al exhibir tus virtudes, sean físicas, mentales o espirituales. Es un asunto de honestidad porque en realidad pertenecen a Dios.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

lunes, 4 de febrero de 2013

PALACIOS, TEMPLOS Y CASAS DE PLACER,- 2


Así dice el Señor Todopoderoso, el Dios de Israel: «Castigaré al rey de Babilonia y a su país como castigué al rey de Asiría» (Jeremías 50: 18).

El centro de la gloria de Babilonia era la famosa torre Etemenanki, «El templo de la creación del cielo y de la tierra», que tenía una base cuadrada de 90 metros de ancho y más de 90 metros de altura. Este grandioso edificio solo era sobrepasado en altura en tiempos antiguos por las dos grandes pirámides de Guiza en Egipto. Es probable que la torre fuera construida en el lugar donde una vez estuviera la torre de Babel. La construcción de ladrillos tenía siete niveles, de los cuales el más pequeño y más elevado era un santuario dedicado a Marduk.
Los palacios de Babilonia revelaban un lujo extraordinario, tanto por su número como por su tamaño. Durante su largo reinado de 43 años, Nabucodonosor construyó tres grandes palacios. Uno es conocido como Palacio de Verano. Otro gran palacio, al cual los excavadores dan ahora el nombre de Palacio Central, estaba fuera del muro norte de la ciudad interior. Este también fue construido por Nabucodonosor. Los arqueólogos hallaron este gran edificio sumamente desolado, con excepción de una parte del palacio, el «museo de antigüedades». Aquí se habían coleccionado y puesto en exhibición objetos valiosos del memorable pasado de Babilonia, como estatuas antiguas, inscripciones y trofeos de guerra, con el propósito de que «los hombres contemplen», como expresara Nabucodonosor en una de sus inscripciones.
El Palacio del Sur estaba en el rincón noroeste de la Ciudad Interior e incluía, además de otros edificios, los famosos jardines colgantes, una de las siete maravillas del mundo antiguo. Un gran edificio cóncavo estaba coronado por un jardín, en la azotea, regado por un sistema de cañerías por donde el agua era bombeada hacia arriba. Nabucodonosor construyó este maravilloso edificio para que su esposa de origen medo tuviera un sustituto de las colinas arboladas de su tierra natal, porque las echaba de menos.
No se puede describir la grandeza de Babilonia. Dios la redujo a polvo por su orgullo y rebelión. La lección es para nosotros. Cuando Jesucristo está ausente del corazón, el orgullo y el egoísmo dominan la vida. Entonces el lema de la existencia es: «Primero yo, después yo y al final yo». Al ser humano le es imposible vencer por sí mismo el orgullo, requiere de un poder sobrenatural. ¿Por qué no invitas al Espíritu Santo para que descienda sobre tu vida esta mañana?

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

domingo, 13 de enero de 2013

CRÍTICO DE ARTE

Lugar: Francia
Palabra de Dios: Proverbios 27:2.

-¡Cézanne es un gran pintor! ¡Cézanne es un gran pintor! La voz provenía del interior de la casa de Paul Cézanne, un pintor francés del siglo XIX. La persona que hablaba, seguramente, gustaba mucho de su arte, porque la frase era repetida una y otra vez: "¡Cézanne es un gran pintor! ¡Cézanne es un gran pintor!"
Era verdad: Paul Cézanne fue un gran pintor. Y llegó a ser conocido como uno de los padres de la escuela moderna de pintura. Aunque algunas personas criticaron duramente sus primeras obras, Cézanne no se dio por vencido, y sus obras eventualmente fueron elogiadas en las exhibiciones de arte. Puedes admirar algunas de sus pinturas exhibidas en museos de arte.
Pero ¿quién repetía vez tras vez la frase "Cézanne es un gran pintor"? No era uno de sus maestros o de sus compañeros artistas. Ni siquiera era uno de sus admiradores; de hecho, ni siquiera era una persona. Allí, en la casa de Paul Cézanne, vivía un loro verde. Cézanne le había enseñado a decir esas palabras.
¿Has conocido a personas a las que les gusta hablar de sí mismas?
Alex, de trece años, no tenía un loro a quien entrenar, pero, en lugar de eso, siempre le estaba diciendo a la gente lo bueno que era. "Soy el mejor jugador de fútbol del colegio... Mis padres me compran todo lo que yo quiero... Miren mis zapatillas nuevas... Miren lo que hago..."
El libro de Proverbios .dice: "No te jactes de ti mismo; que sean otros los que te alaben". En otras palabras, no vayas por allí diciendo lo grande que eres. Piensa en esto: si alguien tenía de qué hablar respecto de sí mismo, ese era Jesús. Pero, en lugar de decir a la gente lo grande que era, permaneció manso y humilde. Olvida al loro. ¡Sigue el ejemplo de Jesús!

Tomado de Devocionales para menores
En algún lugar del mundo
Por Helen Lee Robinson

sábado, 18 de agosto de 2012

NO SOMOS LO MÁXIMO

El que a sí mismo se engrandece será humillado; y el que se humilla, será engrandecido. Lucas 14:11

Aquí va una adivinanza: ¿Cuál es ese defecto que mientras más lo tenemos, más nos disgusta verlo en otros; y que con facilidad descubrimos en los demás, pero nunca en nosotros mismos?
¿Ya lo adivinas? Se trata del orgullo. Piensa por un momento en el asunto: ¿Has conocido a una persona orgullosa que admita que tiene ese problema? No. El orgulloso es el último en admitir que lo es.
La verdad sea dicha: En el fondo, todos tenemos algo de orgullosos. Solo que nos cuesta mucho admitirlo. Por ello, a veces conviene que la vida nos recuerde que no somos tan grandes, ni tan inteligentes, ni tan populares como creemos serlo. Algo así como lo que le pasó a Bobby Bowden, el famoso entrenador de fútbol americano de la Universidad Estatal de Florida.
Cuenta Bowden que una vez quiso ir a pasear con su esposa a un lugar donde la gente no le pidiera autógrafos, ni los reporteros lo molestaran con entrevistas. Terminaron escogiendo un pequeño pueblo de New England. Cierto día decidieron ir al cine. Apenas entraron a la sala, se escuchó una ronda de aplausos. Sorprendido de que aun en ese pueblo lo conocieran, Bowden reconoció el gesto del público levantando su mano derecha, en forma de saludo.
Al final de la película, uno de los empleados del teatro se le acercó.
—¿Sabe usted por qué el público le brindó ese sonoro aplauso?
—Dígamelo usted —respondió el deportista.
—El caso es que aquí la película comienza cuando se alcanza un mínimo de espectadores. Cuando ustedes entraron, se completó el mínimo necesario. Por eso la gente aplaudió.
Definitivamente, Dios tiene sus métodos para mantenernos humildes (Real Life Devotions and Funny Stories for Men [Devociones de la vida real y relatos graciosos para hombres], lectura devocionales 10).
Cuando te sientas tentado a pensar que eres mejor que los demás, da gracias a Dios por cualquier talento que hayas recibido. Pídele también que te ayude a ser cada día más semejante a su amado Hijo Jesucristo, quien siendo Dios tomó nuestra naturaleza humana, «se humilló a sí mismo, [y] por obediencia fue a la muerte, a la vergonzosa muerte de cruz» (Fil. 2:8).
Padre amado, que yo nunca pierda de vista el precio de mi salvación.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

sábado, 28 de julio de 2012

EL APLAUSO POPULAR


Esfuérzate por presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse. 2 Timoteo 2:15, NVI

Si te ofrecieran tomar una droga que te garantizara una medalla de oro en los Juegos Olímpicos, a sabiendas de que esa misma droga te matará al cabo de cinco años, ¿la tomarías? Imagino que tu respuesta es un no rotundo. Eso es lo que yo también respondería.
Según informa Roy Adams, en un editorial de la Adventist Review («Take what you get», 27 de noviembre de 2008, p. 6), se le hizo esta pregunta a un grupo de atletas estadounidenses. ¡Alrededor de un cincuenta por ciento de los encuestados respondió afirmativamente! Estarían dispuestos a consumir una droga que les garantizara la medalla de oro, aunque esa droga les asegurara la muerte al cabo de cinco años.
¿Es que nos estamos volviendo locos o qué?
Quizás la explicación a esta locura hay que buscarla en el exagerado culto a la personalidad que reciben las súper estrellas del deporte y del espectáculo. Son idolatrados por las multitudes y reciben millones de dólares por exhibir sus habilidades y destrezas.
Peor aún, se les perdonan sus excesos, sus desaires e incluso sus pecados. Un buen ejemplo lo encontramos en el caso de Tiger Woods, el mejor golfista del mundo. Cuando salieron a relucir sus «travesuras» sexuales y la descarada infidelidad hacia su esposa, un periodista de la cadena ESPN preguntó a un analista deportivo que debía hacer Woods para que el público lo perdonara. La respuesta del analista no pudo ser más ilustrativa. Parafraseo sus palabras: «Para ganar nuevamente el favor del público, Tiger tiene que volver a ganar. Recordemos el caso de Alex Rodríguez. Hace poco el público lo condenó por usar sustancias prohibidas, y al poco tiempo lo aplaudió por contribuir al triunfo de los Yanquis de Nueva York en la serie mundial [de 2009]».
Es decir, el público perdonará lo malo que la celebridad haga siempre y cuando triunfe en el mundo del espectáculo. ¡Qué escala de valores tan torcida!
Apreciado joven, estimada jovencita, no te dejes cautivar por el aplauso popular, ni por las promesas de fama, dinero y placer que el mundo ofrece. Nada en esta vida supera el gozo de la obediencia y la paz de una conciencia limpia. Nada se compara con el aplauso de Dios.
Padre mío, ayúdame a vivir hoy para agradarte a ti, no al mundo.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

jueves, 5 de julio de 2012

ERA LA ENVIDIA DEL BARRIO


¿Y qué voy a hacer con Jesús, el que llaman el Mesías? Mateo 27:22.

Su conducta era intachable. Además, era un joven brillante. Y rico. ¡Mejor, imposible! Casi se podría decir que era «la envidia» del barrio. Lo que nadie sabía es que en lo más íntimo de su corazón, había un enorme vacío.
Un día este joven vio al Señor bendecir a los niños. La escena lo conmovió tanto que corriendo se acercó y se arrodilló delante de él. Entonces hizo la pregunta que lo estaba quemando por dentro:
—Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna? (Mar. 10:17).
La respuesta del Señor fue contundente:
—Si quieres entrar en la vida, obedece los mandamientos (Mat. 19:17).
Sin embargo, no era de obediencia que el joven quería escuchar. ¡Precisamente ese era su problema! En su opinión, había obedecido toda su vida y, sin embargo, sentía un inmenso vacío espiritual.
—Todo eso lo he cumplido —dijo el joven—. ¿Qué más me falta? (vers. 20).
«¿Qué más me falta?» Con esta pregunta, el joven reveló que para él, «obedecer» a Dios significaba «portarse bien». Y no es que nuestras buenas obras no importen; pero más importa el motivo que las impulsan: el amor a Dios y al prójimo, no el amor al yo.
Para mostrar al joven en qué consiste la verdadera obediencia, Jesús fue directo al grano:
—Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás riqueza en el cielo. Luego ven y sígueme (vers. 21).
La prueba fue demasiado dura: «Cuando el joven oyó esto, se fue triste porque tenía muchas riquezas» (vers. 22). Al dar más importancia a sus posesiones que a Dios, el joven rico demostró que en realidad no había guardado todos los mandamientos. Peor aún, demostró cuál era su verdadero dios: ¡La riqueza!
¡Qué final tan triste el de su historia! ¿Podemos imaginar todo el potencial que ese muchacho podría haber desarrollado? ¿Todo el bien que podría haber hecho a la humanidad? Sin embargo, hoy día de él solo quedan las cenizas. Sus riquezas las disfrutaron otros. Y todo porque se equivocó en la decisión más importante: «¿Quién ocupará el primer lugar en mi vida? 
¿Puedes ahora mismo responder esta pregunta?
Dios mío, ocupa el lugar de honor en mi corazón, ahora y siempre.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

domingo, 27 de mayo de 2012

¿ORGULLOSO YO?


Tras el orgullo viene el fracaso; tras la altanería, la caída. Proverbios 16:18

Pensemos por un momento en personas que son muy orgullosas. ¿Qué tienen en común? Tienen en común que se creen superiores a los demás. Se ven a sí mismos como más bonitos, más inteligentes, más talentosos, más simpáticos que el resto de la gente que los rodea.
Con mucha razón C. S. Lewis afirmó que el orgullo tiene su base en la comparación o la competencia (Cristianismo 31 nada más., p.123). El orgulloso siente placer, no tanto por ser poseedor de algo valioso, sino por tenerlo en mayor medida que los demás. Es así como la mujer orgullosa de su hermoso cuerpo se vanagloria, por sobre todas las cosas, porque es más bonita que «la competencia». Y el talentoso jugador de fútbol se jacta, no tanto por dominar este deporte, sino porque es el mejor del grupo.
Esta actitud, sin embargo, no es buena. De hecho, la Biblia condena el orgullo y sus similares (la vanagloria, la altivez, la arrogancia, etc.) en forma contundente. Dice, por ejemplo, que el orgullo acarrea deshonra (Prov. 11:2), va seguido del fracaso (16:18) y de la humillación (29:23).
¿A qué se debe esto? Basta pensar en la caída de Lucifer para saberlo: «¡Cómo caíste del cielo, lucero del amanecer! Fuiste derribado por el suelo, tú que [...] pensabas para tus adentros: "Voy a subir hasta el cielo; voy a poner mi trono sobre las estrellas de Dios; voy a sentarme allá lejos en el norte"» (Isa. 14:12-13).
Yo, yo y solamente yo. El problema de Lucifer no fue su belleza, ni su inteligencia. Su problema fue que se comparó con los demás y se vio a sí mismo como la súper maravilla de la creación. Subió tanto que la caída no pudo ser más estrepitosa.
Y tú, ¿sientes que eres brillante? ¿Tienes muchos talentos? ¿Un bonito cuerpo? ¿Un rostro atractivo? Ten en cuenta dos cosas. En primer lugar, no te compares, porque no eres ni mejor ni peor que nadie. Todos somos hijos del mismo Dios. En segundo lugar, dale gracias a tu Creador, porque nada tienes que él no te haya dado.
Gracias, Señor, por los talentos y dones que me has dado. Me propongo usarlos para tu gloría

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

lunes, 26 de marzo de 2012

«EL SIGUIENTE»

He aprendido a contentarme con lo que tengo. Filipenses 4:11

«Pertenezco al "Club del siguiente". No escogí ser parte de él. El problema es que no pude resistirme». Estas palabras las escribió Mark Buchanan en un interesante artículo publicado en la revista Signs of the Times (Señales de los tiempos, junio de 2001 ,pp. 8,9).
¿En qué consiste ese «club»? En que sus miembros viven pendientes de «el siguiente traje», «el siguiente par de zapatos», «el siguiente modelo de IPad», «el siguiente automóvil». Y claro, también «la siguiente cámara digital», «la siguiente computadora», y pare usted de contar.
Los publicistas conocen muy bien esta realidad; por eso no cesan de bombardearnos para que consumamos más, y más y cada vez más.
¿Cuál es el problema con este «club»? Básicamente, que se basa en el deseo de tener más cosas, aunque no las necesitemos.
Esta realidad la ilustra Patricia Maxwell en su artículo «Los siete secretos de una vida satisfecha» (Signs of the Times [Señales de los tiempos], agosto de 2007, p. 27). Cuenta ella que estaba en una tienda probándose unos zapatos cuando se le acercó una señora.
—¿Me quedan bien estas sandalias? —le preguntó la señora a Patricia. —Sí, le quedan bien.
—Yo no sé por qué estoy probándome estas sandalias —dijo la señora, mientras se reía—. Lo que pasa es que no puedo resistir la tentación de comprar. Ya tengo 69 pares de zapatos en casa, y lo peor es que no los puedo usar en mi trabajo porque cuido enfermos y ahí me exigen usar un calzado especial.
¡69 pares! Es verdad que el ejemplo de esta señora ilustra un caso extremo. Pero ¿podría ser que, sin damos cuenta, los cantos de sirena provenientes de los centros comerciales nos estén induciendo a consumir cada vez más? Quizás una mirada al clóset de ropa nos ayude a responder esta pregunta. ¿Cuántos vestidos tienes? ¿Cuántos trajes? ¿Cuántos pares de zapatos? ¿Tienes lo suficiente? Si es así, entonces ¿por qué sigues comprando más de lo mismo?
No sé si participas de este culto al consumismo. Pero, por si acaso, he aquí una humilde recomendación. Dale gracias a Dios por lo que tienes y púlele que le dé sabiduría para adquirir lo que de ventad necesitas.
Ayúdame, Señor, a estar contento con lo que tengo, y a usar sabiamente los recursos que pones en mis manos.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

jueves, 22 de marzo de 2012

¿A QUIÉN QUEREMOS IMPRESIONAR?

Hasta el necio pasa por sabio e inteligente cuando se calla y guarda silencio. Proverbios 17:28.

Probablemente ya conoces la historia del abogado recién graduado. Yo la leí en el libro Illustrations, Stories and Quotes (Ilustraciones, relatos y citas), de Jim Bums y Greg McKinnon.
Este joven abogado estaba en su nueva oficina cuando vio que alguien se acercaba. ¿Sería su primer cliente? No lo sabía, pero una cosa estaba clara: debía causar la mejor impresión.
Antes de que el hombre entrara, el abogado tomó el teléfono de la oficina y comenzó a simular que hablaba con alguien: «Mañana viajaré a Buenos Aires para atender el caso García. Creo que ese pleito lo tenemos ganado. Cuando regrese, voy a entrevistarme con el bufete Rodríguez-Navarro para ponerme al día con la demanda contra el gobierno. Oye, voy a tener que dejarte. Alguien está entrando. Hablaremos más tarde».
Con aire de orgullo, el joven abogado colgó el teléfono y se dirigió al visitante. —¿En qué puedo ayudarlo, amigo?
—Soy de la compañía telefónica y vengo a conectar el teléfono. Silencio absoluto. Esto es lo que sucede cuando la gente quiere hacer alarde de lo que sabe o de lo que tiene: terminan haciendo el ridículo. Pero también ilustra lo importante que es para mucha gente impresionar a otros. Queremos impresionar con cuerpos atléticos, con automóviles nuevos, con el último grito de la moda, con los más modernos equipos electrónicos, con nuestros títulos universitarios...
Stephen Covey explica muy bien lo que está ocurriendo en el mundo actual. Este escritor afirma que después de la Segunda Guerra Mundial, la humanidad experimentó un cambio dramático en sus valores. Antes, dice Covey, la gente medía el éxito según la ética del carácter; es decir, de acuerdo a los valores y los principios de la persona. Ahora el éxito se mide según la ética de la personalidad; es decir, de acuerdo a la imagen pública que la persona quiere proyectar (Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, ed. 1990, p. 22).
Mientras cada vez más gente se preocupa por «impresionar» a los demás, ¿cuál debería ser tu preocupación y la mía? Pienso que debería ser el desarrollo de la única pertenencia que podemos llevar de esta tierra al cielo: el carácter. ¿Cómo lograrlo? Al desarrollar para la gloria de Dios, los talentos que él nos a dado.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

sábado, 8 de octubre de 2011

¿QUIERES SER GRANDE?

Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Marcos 10:43,44.

En su sonrisa, había una acuarela de sentimientos; solo que, en lugar de colores, se mezclaban la cortesía, la tristeza, la rabia y el rencor. Su brillante carrera profesional se había ido a cualquier parte; por lo menos, eso creía Iris. La habían "rebajado" de puesto, y estaba dispuesta a renunciar.

-Es lo mínimo que puedo hacer, si me resta un poco de orgullo -me dijo, mientras enjugaba una discreta lágrima.

"Un poco de orgullo". Tal vez, ese fuese su problema, y ella no lo percibía. Los compañeros la acusaban de ser una "alpinista": aquella que solo piensa en crecer y escalar, sin considerar a los demás. Hasta que, un día, encontró a alguien que le hizo una jugada sucia: le creó intrigas con los jefes, y ahora se encontraba en esa situación desagradable.

El texto de hoy muestra que el Señor Jesús no vino a quitar del corazón humano el deseo de crecer profesionalmente. Nada hay de errado en aspirar a ser gerente o presidente; ese es un sentimiento positivo, limpio y cristiano. No puedes acomodarte, en la vida, siendo espectador del desfile de los victoriosos: debes aspirar, mirar alto, contemplar horizontes sin fin.

Pero, Jesús vino a enseñar la manera de llegar a ser el primero: "No será así entre vosotros", mencionó, refiriéndose a la forma desleal y egoísta en que las personas desean escalar posiciones, cuando no tienen a Jesús en el corazón.

Si deseas crecer, debes revisar tus motivaciones. ¿Qué es lo que te lleva a querer ser el primero? ¿El sueldo, los privilegios y el poder? ¿O el deseo de servir?

Si la motivación de tu trabajo es el deseo de servir y hacer felices a las personas, te sorprenderás con el resultado: la consecuencia natural será un cargo de liderazgo. El verdadero líder no es aquel que da órdenes, sino aquel que es seguido y obedecido porque conquistó el corazón de sus colaboradores.

Simple de ser dicho; difícil de ser vivido. Porque el orgullo te hace sentir que tú solo puedes, y que no necesitas de nada ni de nadie. ¡Mentira! La vida se encarga de demostrarte que no pasas de ser un simple ser humano.

¿Deseas ser próspero en tu vida profesional? Haz, hoy y siempre, del consejo del Maestro el blanco de tu vida: "Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

sábado, 17 de septiembre de 2011

TALENTOS QUE MATAN

Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor. Ezequiel 28:17.

El cabello largo, ondulado y negro como el azabache caía, graciosamente, sobre sus hombros; y, a pesar de la oscuridad de la noche, sus ojos, grandes y hermosos, brillaban con el fulgor de sus sueños. Sueños brillantes, coloridos, iluminados por poderosos reflectores y adornados con aplausos. Ella, la estrella aclamada; la multitud, rendida a sus pies, pidiendo escandalosamente que cantara otra vez.
Desde pequeña fue así. Apenas tendría dos años de edad, y ya subía a la mesita de centro de la sala, tomaba cualquier objeto en la mano y se ponía a cantar. Dios la había bendecido con una linda voz: parecía un canario, en una mañana de sol.
Pero, esa fue su tragedia: se enalteció su corazón a causa de su hermosura; corrompió su sabiduría a causa de su maravillosa voz.
Es triste decirlo, pero la realidad nos muestra, con frecuencia, la vida de personas que recibieron talentos extraordinarios de parte de Dios y fueron conducidas a la muerte. Pero, el problema no estaba en los talentos, sino en la manera frívola en que los administraron.
Cuando los talentos giran en torno del yo, la tragedia se aproxima como un caballo desbocado; es cuestión de tiempo. Más tarde o más temprano, los castillos se desmoronan como si fuesen de arena; el viento se lleva la gloria humana; las luces se apagan, los aplausos callan, y nadie más pide un bis.
Conocí a Charo, convertida en una estrella en decadencia: sus tiempos de gloria se habían ido prematuramente. Los médicos no lo entendían, pero la tuberculosis, rebelde, se resistía a cualquier tratamiento, e iba devorando sus pulmones, impiadosamente. Con los ojos brillando de emoción, me confió: "Es el precio que estoy pagando por innumerables noches mal dormidas, hundida en el mundo de la farándula".
Murió joven. Cuando quiso cantar para Dios, ya era tarde: sus pulmones no resistían; su voz, quebrada, parecía un tambor viejo. Solo producía el lamento triste de alguien que no supo administrar el don que Dios le dio.
Tú continúas vivo. Para ti, todavía no es tarde: el sol aún brilla en tu jornada. ¿Por qué no le entregas a Dios todo lo que eres y lo que tienes? Hazlo ahora, y recuérdate que con Lucifer fue diferente, porque "se enalteció su corazón a causa de su hermosura, corrompió su sabiduría a causa de su esplendor".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón