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viernes, 13 de enero de 2017

CUANDO TIENES DERECHO A ESTAR ENOJADO

“Así que fue Dios quien me mandó a este lugar, y no ustedes; él me ha puesto como consejero del faraón y amo de toda su casa, y como gobernador de todo Egipto” (Génesis 45:8).

Estaba de espaldas cuando ella me quitó la escalera. Habíamos trepado por el garaje para recoger ciruelas de un árbol del vecino, cuyas ramas colgaban hada nuestra casa. Mi hermana y yo habíamos llenado casi dos cestas de ciruelas y estábamos preparándonos para bajar, cuando volteé para decirle algo y la escalera había desaparecido. Ella había bajado silenciosamente, había quitado la escalera y me había dejado allí sola. La llamé, grité por ella, grité por mamá y papá, por los vecinos y por cualquiera que pudiera rescatarme. Pero nadie apareció en toda la tarde. No sé exactamente cuánto tiempo estuve en aquel tejado candente, un día de verano, mientras mi hermana estaba sentada en casa mirándome y burlándose.
Mis hermanos y yo nos hemos hecho un montón de cosas unos a otros, pero nada comparado con lo que le hicieron a José sus hermanos. ¡Lo vendieron como esclavo! ¿Puedes imaginar cuán enojado se sentía? Si tus propios hermanos te vendieran como esclavo, ¿estarías resentido con ellos el resto de tu vida? José no. José trabajó duro y se ganó el respeto de los otros. Tuvo éxito en la casa de Potifar, aunque luego fue echado en la cárcel tras ser acusado injustamente de intento de violación por la esposa de Potifar. Pasó dos años en una mazmorra olvidada. ¿Quizá su enojo contra sus hermanos reapareció? ¿Quizás estuvo planificando su venganza en la cárcel?… Pues, no. Cuando tuvo la oportunidad de verlos de nuevo, siendo primer ministro de Egipto, todos se inclinaron ante él y no lo reconocieron. Cuando finalmente él les dijo quién era, ellos le suplicaron que los perdonara. La respuesta de José fue sorprendente: “Fue Dios quien me puso en este lugar, no ustedes”. Como puedes ver, José no guardó rencor ni pensó en vengarse. Comprendió que Dios tenía un plan.
Ahora hablemos de tí. ¿Te enojas cada vez que tienes un problema? ¿Estás perdiendo el tiempo en odios y resentimientos? En lugar de eso, confía en que Dios tiene un plan para ti, y deja ir el enojo, el odio y el resentimiento.


Tomado de lecturas devocionales para Adolescentes 2017
FUSIÓN
Por: Melissa y Greg Howell
#Fusión # UnPuntoDeEncuentroEntreTúyDios #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaAdolescentes #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

miércoles, 1 de junio de 2016

¿QUIÉN ES JUSTO?

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios” (Romanos 5:1, RV95).

El padre se acercó a su hijo de veintidós años y le dijo: “Hijo, como ya somos una familia de clase media es indispensable que te cases con una buena mujer y que te matricules en Derecho”.
El joven quedó encantado con la oferta del papá, pues su futuro como jurista lucía bastante prometedor. Sin embargo, había algo que le mantenía en permanente zozobra: les temía a los demonios y le aterraba la idea de verse de pie frente al tribunal divino. Una mañana de 1505, poco antes de que comenzara a estudiar Derecho, imprevistamente un tempestuoso viento y una violenta lluvia desataron su furia sobre el temeroso joven. Creyendo que ese sería su último día en la tierra, Martín Lutero se tiró al suelo y clamó: “Santa Ana, ayúdame. Te prometo que seré monje”. Quince días después ingresó al monasterio.
Allí se propuso salvar su alma y derrotar al pecado llevando una vida piadosa y haciendo buenas obras. Años más tarde, cuando visitó Roma por primera vez, subió la “santa escalinata” de rodillas y repitió el Padrenuestro en cada uno de sus veintiocho escalones; además visitó todas las iglesias de la ciudad. No obstante, aunque se afanaba por conseguir la santidad sin la cual nadie verá al Señor mediante el cumplimiento de estrictos ejercicios espirituales, Lutero no lograba alcanzar la paz interior.
Afortunadamente, toda su angustia concluyó cuando, mientras repasaba la Epístola a los Romanos, se encontró con este pasaje: “El justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17). Leyendo Romanos, Lutero comprendió que ser justo, más que el cumplimiento de un código ético, conlleva vivir un cristianismo basado en que somos salvos por fe, y no por nuestras obras. En Romanos 1:17 encontró el aliciente que necesitaba para tranquilizar su consciencia pecadora. Ya no tenía que recurrir a Santa Ana, ni a los rezos, ni a las indulgencias, ni a sacrificios de rodillas… solo tenía que creer que era salvo por la fe en Cristo Jesús.
Si, como Lutero, te sientes espiritualmente fracasado, entonces es urgente que te adueñes del mensaje de Romanos 1:17. Tu futuro eterno no radica en lo que tú hagas, sino en creer y aceptar lo que Jesús hizo por ti.

Tomado de Lecturas devocionales para Jóvenes 2016
“VISITA MI MURO, 366 MENSAJES QUE INSPIRAN”
Por: J. Vladimir Polanco
#VisitaMiMuro #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaJovenes #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian #elJustoViviráporlaFe #JustificaciónporlaFe

lunes, 16 de mayo de 2016

JESÚS VERSUS PILATO

La iglesia es la única sociedad que existe para aquellos que no son miembros de ella. William Temple

Solo podemos tener dos actitudes frente al mundo agonizante que nos rodea: la de Pilato o la de Jesús. Pilato, quien podía haber hecho algo a favor de un inocente injustamente acusado, endureció su corazón contra un clamor justo. A pesar de haberse dado cuenta de que “habían entregado [a Jesús] por envidia” (Mat. 27:18), “se lavó las manos delante de todos, diciendo: ‘Yo no soy responsable de la muerte de este hombre’ ” (Mat. 27:24). Si Pilato era o no responsable es discutible, pero lo que no es discutible es su actitud ante quienes piden ayuda: lavarse las manos, mostrar indiferencia, dar la espalda; para descubrir, pasado el tiempo, que la culpa no desaparece con el agua.
La otra actitud es la de Jesús: el compromiso total. Ensuciamos las manos. Mirar el dolor que nos rodea y mostrar que nos importa. Dar la cara a quien pide ayuda, amarlo con la convicción de que Dios nos ha llamado a hacerlo. Porque Dios “hizo cielo, tierra y mar, y todo lo que hay en ellos. El siempre mantiene su palabra. Hace justicia a los oprimidos y da de comer a los hambrientos. El Señor da libertad a los presos; el Señor devuelve la vista a los ciegos; el Señor levanta a los caídos; el Señor ama a los hombres honrados; el Señor protege a los extranjeros y sostiene a los huérfanos y a las viudas” (Sal. 146:6-9). La máxima prueba de ello es la vida y la muerte de Jesús.
Tú y yo somos guardianas de la creación, y “la creación entera se queja y sufre como una mujer con dolores de parto” (Rom. 8:22). ¿Ignoraremos los quejidos que nos rodean para seguir practicando una religión cómoda, sintiéndonos protegidas tras las paredes de una iglesia? Jesús, el enviado del Cielo, tomó como propio nuestro dolor; nos mostró su amor alimentando al hambriento, haciéndose amigo del marginado, oponiéndose a la injusticia, sirviendo a los demás y cargando sobre sí mismo nuestros pecados; y cuando estaba a punto del volver al Padre nos dijo: “Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes” (Juan 20:21). Por tanto, “ve y haz tú lo mismo” (Luc. 10:37).

“Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes” (Juan 20:21).

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
#AnteTodoCristiana #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

domingo, 7 de febrero de 2016

BODA ENGAÑOSA Y ESCAPE SECRETO

Atalaye Jehová entre tú y yo, cuando nos apartemos el uno del otro. Génesis 31:49.

Durante siete años, Jacob pastoreó fielmente las ovejas de Labán. El tiempo pasó rápido porque sabía que Raquel sería su esposa al final de aquellos años. La boda se llevó a cabo según los tiempos acordados pero, después de la ceremonia, Jacob recibió la sorpresa de su vida cuando levantó el velo de la novia. ¡No se había casado con Raquel, sino con su hermana mayor, Lea! Labán había hecho un cambio secreto justo a último momento, para poder casar primero a su hija más grande. Ahora Jacob sentía la punzada de ser engañado, justo como su hermano Esaú la había sentido.
Labán era un estafador hasta la médula. Engañó a Jacob acerca de alguna vieja costumbre pintoresca sobre casar a la hija mayor primero; pero, en el fondo, lo que quería era más trabajo gratuito por parte de Jacob. Así que, como precio para tener a Raquel también, fueron añadidos otros siete años.
Cuando el día de la boda finalmente llegó, las manos de Jacob debieron de haber temblado cuando levantaba el velo de su novia.
¿Quién será esta vez? Afortunadamente, era su amada Raquel. Pero no fueron felices ni comieron perdices. La miseria llenó su hogar porque sus dos esposas, que eran hermanas, estaban celosas y discutían constantemente. En la única cosa en que Raquel y Lea estaban de acuerdo era en que debían irse con Jacob a Canaán. Su padre les había confiscado todo lo que les correspondía por herencia y los había tratado como esclavos que eran vendidos.
Jacob también sentía que era hora de continuar. Había trabajado veinte años para Labán: catorce, por una esposa; y seis, por salarios. Era un buen trabajador y se había convertido en un hombre rico. Además, los hijos de Labán se habían puesto cada vez más celosos de Jacob y podían sacarle por la fuerza lo que le pertenecía. Ciertamente, era hora de irse.
Secretamente, Jacob y su familia empacaron y se fueron un día en que Labán estaba afuera, en un viaje de tres días. Cuando Labán regresó, estaba tan enojado que tomó un grupo de hombres y los persiguieron al galope. Estaba decidido a forzar a Jacob y a su familia a regresar, pero Dios le advirtió en un sueño que no tocara a Jacob. Este sueño debió de haber hecho una profunda impresión en él porque, en el encuentro final, Labán no solo prometió no dañar jamás a Jacob, sino también, suficientemente suavizado, pronunció las hermosas palabras de nuestro versículo de hoy.

Tomado de devoción matutina para menores 2016
¡GENIAL! Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward
#GenialDiosTieneUnPlanParaTi #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMenores #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

sábado, 15 de junio de 2013

UN MAESTRO ENVIADO DE DIOS

Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. Mateo 12:28.

En las poderosas obras de Cristo había suficiente evidencia para convencer a cualquiera. Pero los dirigentes judíos no querían la verdad. No podían dejar de reconocer la realidad de las obras de Cristo, pero las condenaron todas. Se vieron obligados a reconocer que un poder sobrenatural estaba presente en su obra, pero dijeron que su poder provenía de Satanás. ¿Será que en efecto creían esto? No, pero estaban tan resueltos a impedir que la verdad los condujera a la conversión, que le adjudicaron la obra del Espíritu de Dios al diablo...
¡Redentor todo compasivo! ¡Cuál amor, cuál amor incomparable es el tuyo! Acusado por los grandes hombres de Israel de hacer sus obras de misericordia por el poder del príncipe de los demonios, fue como uno que no ve ni oye. La obra que él vino a hacer desde el cielo no debe quedar incompleta. La verdad debe ser revelada a la humanidad. La Luz del mundo debe hacer fulgurar sus rayos en la oscuridad del pecado y la superstición. La verdad no encontró lugar en los corazones de los que debieron haber sido los primeros en recibirla, porque estaban atrincherados en el prejuicio y la incredulidad malvada. Entre los que no tenían privilegios tan exaltados, Cristo preparó los corazones para que recibieran su mensaje. Hizo odres nuevos para el vino nuevo.
El Dios del cielo dota cada verdad con una influencia proporcional a su carácter e importancia. El plan de redención, de valor supremo para un mundo perdido y arruinado, había de ser proclamado, y el Espíritu de Dios en Cristo Jesús entró en contacto vital con el corazón del mundo...
La verdad fue proclamada por Cristo. Los corazones de los que profesaban ser los hijos de Dios se atrincheraron contra ella, pero quienes no habían sido tan privilegiados, los que no estaban vestidos con los mantos de la justicia propia, fueron atraídos hacia Cristo...
Hoy Satanás lucha por ocultar del mundo el gran sacrificio expiatorio que revela el amor de Dios y las demandas vigentes de su ley. El guerrea contra la obra de Cristo... Pero mientras lleva a cabo su obra, las inteligencias celestiales se están combinando con los instrumentos humanos de Dios en la obra de la restauración.— Review and Herald, 30 de abril de 1901.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

viernes, 14 de junio de 2013

LOS PRINCIPIOS EN LOS NEGOCIOS

Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Marcos 8:36, 37.

El lugar de los seguidores de Cristo consiste en reconocer su dependencia de Dios en todo y en aplicar los principios de su fe en todas las relaciones de la vida, incluyendo las transacciones comerciales. De otra manera no pueden representar correctamente la religión de Cristo. Y debieran ser tan honestos con Dios como con otros. ¿Puede alguien ser deshonesto con Dios? Lea la respuesta del profeta: "¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado" (Mal. 3:8).
Los diezmos y las ofrendas pertenecen a Dios. Los medios en nuestra posesión debieran ser considerados un legado sagrado, para ser utilizados para la gloria del Dador. La negación propia es la condición de la salvación. La caridad que no busca lo suyo es el fruto del amor desinteresado que caracterizó la vida de nuestro Redentor. Quienes por amor a Cristo se niegan a sí mismos, encontrarán la felicidad que los egoístas buscan en vano, pero los que hacen de sus propios placeres e intereses egoístas el objeto supremo de la vida, perderán la felicidad que creen que disfrutan.
El apóstol Pablo tiene algo que aportar al tema de dar sistemáticamente: "En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado" (1 Cor. 16:1,2).
La regla de Dios para la dadivosidad, según la expresa la Palabra de Dios, no excluye a nadie, y no ejerce una presión pesada sobre nadie. Afecta ligeramente a los pobres, y los ricos en realidad no la sienten...
Al igual que en las balanzas del santuario se estiman las ofrendas según el espíritu de amor y sacrificio que las motivan, las promesas se cumplirán tan ciertamente para el hombre o mujer pobre que tiene poco que ofrecer pero lo ofrece liberalmente, como para los ricos que dan mayormente de su abundancia...
El reino de Cristo debe superar todo otro interés... [Dios] alimenta al gorrión y viste al lirio; ¿se ocupará menos de las necesidades de sus hijos?— Bible Echo (Australia), 9 de diciembre de 1895.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

miércoles, 8 de mayo de 2013

LA OPCIÓN DE ESCOGER

Más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. Génesis 2:17.

El Señor sabía que Adán y Eva no podían ser felices sin trabajar; por lo tanto les dio la placentera ocupación de cultivar el jardín. Y al cuidar las obras de belleza y utilidad que los rodeaban, podían contemplar la bondad y la gloria de Dios en su creación. Adán y Eva tenían temas de contemplación en las obras de Dios en el Edén, que era el cielo en miniatura. Dios no los creó meramente para que contemplaran su gloriosa obra; por lo tanto, les dio las manos para el trabajo, así como mentes y corazones para la contemplación. Si la felicidad de sus criaturas hubiera consistido en no hacer nada, el Creador no les habría asignado un trabajo. En el trabajo, Adán y Eva habrían de encontrar tanto felicidad como meditación. Podrían reflexionar en el hecho de que habían sido creados a la imagen de Dios, para ser como él en justicia y santidad. Sus mentes eran aptas para un cultivo continuo, expansión, refinamiento y noble elevación, pues Dios era su Maestro y los ángeles sus compañeros.
El Señor colocó a Adán y Eva a prueba, para que pudieran formar caracteres de integridad firme para su propia felicidad y para la gloria de su Creador. Él había dotado a la santa pareja con facultades mentales superiores a las de cualquier otra criatura viviente hecha por él. Su poder mental era poco menor que el de los ángeles. Podían familiarizarse con lo sublime y glorioso de la naturaleza, y percibir el carácter de su Padre celestial en sus obras creadas. Todo lo que sus ojos veían en la inmensidad de las obras de su Padre, provisto con una mano generosa, testificaba de su amor y su poder infinito...
La primera gran lección moral dada a Adán fue la de la abnegación. Las riendas del dominio propio fueron colocadas en sus manos. Su criterio, razón y conciencia habrían de guiarlos... A Adán y a Eva se les permitió participar de cada árbol del huerto, con excepción de uno. Había una sola prohibición. El árbol prohibido era tan atrayente y hermoso como cualquiera de los árboles del huerto. Se lo llamó el árbol del conocimiento, porque al participar de ese árbol, del cual Dios había dicho "no comerás", tendrían un conocimiento del pecado y experimentarían la desobediencia.— Review and Herald, 24 de febrero de 1874; parcialmente en A fin de conocerle, p. 15, 16.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

domingo, 3 de febrero de 2013

PARA CRECER EN LA GRACIA


Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. 2 Timoteo 2:1.

Buscar el reino de Dios y su justicia debe ser el objetivo y la dirección de nuestra vida. No es juego de niños cumplir este deber, pero sea cual fuere la negación propia requerida, todavía nos conviene en esta vida y la venidera obedecer esta orden. Hemos de tener la vista puesta en la gloria de Dios y así crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A medida que busquemos con fervor y diligencia la sabiduría divina, más firmemente establecidos estaremos en la verdad... 
No siempre hemos de permanecer como niños en nuestro conocimiento y experiencia en las cosas espirituales. No siempre hemos de expresarnos en el lenguaje de uno que apenas recibió a Cristo, sino que nuestras oraciones y exhortaciones deben crecer en inteligencia según avanzamos en la experiencia de la verdad. El lenguaje de un niño de seis años de edad, en un niño de diez, no nos agradaría, y cuan doloroso sería escuchar expresiones de inteligencia infantil en una persona que ha llegado a los años de la madurez...
El joven que ha tenido varios años de experiencia en la vida cristiana no debiera tener la expresión entrecortada de un bebé en Cristo. Hay una falta de crecimiento en los cristianos profesos. Los que no están creciendo a la estatura completa de hombres y mujeres en Cristo Jesús manifiestan esto en la manera en que hablan de las cosas del reino de Dios...
Los testimonios que dan muchos de los profesos seguidores de Cristo son los de personas que son enanos en la vida cristiana. Falta el lenguaje de una experiencia genuina, profunda e inteligente...
No hemos de cultivar el lenguaje de la tierra, y estar tan familiarizados con la conversación humana que el lenguaje de Canaán se nos haga nuevo y extraño...
Los cristianos han de ser estudiantes fieles en la escuela de Cristo, siempre aprendiendo más del cielo, más de las palabras y la voluntad de Dios, más de la verdad, y de cómo emplear fielmente el conocimiento que han obtenido para instruir a otros y conducirlos a buscar primeramente el reino de Dios y su justicia. Hemos de tener un conocimiento inteligente de las Escrituras, porque ¿cómo habremos de saber la voluntad y el camino de Dios sin buscar los tesoros de la justicia de Dios en su Santa Palabra? Debemos conocer la verdad por nosotros mismos y entender tanto las profecías como las enseñanzas prácticas de nuestro Señor.— Youth's Instructor, 28 de junio de 1894.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

jueves, 18 de octubre de 2012

¿PREFIERES CAMISA O MANTO?


«Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este sicómoro: "Desarráigate y plántate en el mar". Y os obedecería» (Lucas 17:6. BLA).

El árbol que el versículo describe aquí como sicómoro era un árbol de mora. Hoy vamos a caminar a través de un sembradío de este árbol, y quiero que busques en sus ramas y hojas unos pequeños bultitos felpudos. Es-tos bultitos son en realidad unas crisálidas muy especiales de las cuales están hechas las costosas camisas de seda.
Te explico: Los gusanos de seda ponen sus huevos únicamente en los árboles de mora. Cuando nacen los gusanos de seda, estos comienzan inmediatamente a comerse las hojas. Los gusanos crecen cada vez más hasta que están listos para convertirse en mariposas. Pero antes de hacerlo, deberán crear una crisálida. Esta crisálida está hecha de seda, el material con el que se hacen costosas prendas de vestir como corbatas, camisas y batas.
Es muy bonito poder tener una camisa de seda, pero un «manto de justicia» es mucho mejor.  Dios envió a su Hijo para que viviera una vida perfecta, muriera en la cruz y resucitara por nosotros. Ese manto de justicia es muchísimo más valioso que cualquier camisa de seda, y para tenerlo lo único que necesitamos es pedirlo, pues es totalmente gratuito. Pídele a Jesús que te cubra hoy con ese manto especial. Él ya tiene uno hecho para ti.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

jueves, 17 de mayo de 2012

DIOS ES EL JUEZ


«Examíname, Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos.  Ve si hay en mí camino de perversidad y guíame en el camino eterno» (Salmo 139: 23-24).

La parábola de la cizaña encierra dos grandes lecciones. Una es que, excepto en caso de que el pecado sea abierto y persistente, los miembros de la iglesia no tienen que juzgar el carácter y los motivos de los que creen que son indignos. Jesús conoce nuestra naturaleza demasiado bien como para confiarnos esa tarea porque es seguro que cometeremos errores.
Pero hay otra lección, de extraordinaria tolerancia y tierno amor. Esta parábola ilustra el trato que Dios dispensa a los seres humanos y a los ángeles. Dios fue muy paciente con Satanás y no lo destruyó de inmediato. Si lo hubiera hecho, los demás ángeles no habrían entendido la justicia y el amor de Dios. A lo largo de los siglos, Dios ha permitido que Satanás vaya adelante con su obra de iniquidad. El Calvario disipó todas las dudas que los ángeles pudieran abrigar todavía al respecto del carácter de Satanás.
El mundo no tiene derecho a juzgar al cristianismo porque en la iglesia haya miembros indignos; y los cristianos tampoco debieran desalentarse a causa de esos falsos hermanos. Si Jesús fue paciente con Judas, el traidor, ¿no deberíamos sus seguidores ser igual de pacientes con aquellos que viven debatiéndose con el pecado? En la iglesia habrá malas hierbas hasta que se dicte la sentencia.
¿Entonces por qué sembrar los campos con buena semilla, si al enemigo se le permite contaminarla con cizaña? Porque esa es la naturaleza de Dios.  El siembra para cosechar. Y esa tiene que ser, también, nuestra naturaleza.
Cierta mañana, un hombre se encontraba meditando bajo un árbol que extendía sus raíces hacia la orilla del río. Mientras meditaba, se dio cuenta de que el río crecía y estaba a punto de ahogar a un escorpión que había quedado atrapado entre ellas. Se arrastró por las raíces hasta llegar al lugar donde se encontraba el escorpión para liberarlo; pero, cada vez que lo intentaba, el animal lo aguijoneaba. Alguien que observaba la escena dijo al hombre:
—¿No ve que es un escorpión y que su naturaleza lo empuja a aguijonear? El hombre respondió:
—No se lo discuto, pero la mía me empuja a querer salvarlo. ¿Por qué voy yo a cambiar mi naturaleza si él no va a cambiar la suya?
Señor, siembra la semilla del amor y la paciencia en mi corazón. Basado en Mateo 13: 24-30

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

lunes, 14 de mayo de 2012

¿TRIGO O CIZAÑA?


«Dios, tú conoces mi insensatez, y mis pecados no te son ocultos» (Salmo 69:5).

«Quizá las malas hierbas no llaman la atención porque no tienen nada de espectacular», dice el experto Ricardo Labrada Romero. «Las sequías, los insectos y las enfermedades como la gripe aviar captan la atención porque sus efectos son aparatosos. Las malas hierbas son algo distinto. Causan estragos sin hacer ruido, mes tras mes y año tras año». Pero las cifras muestran claramente que las malas hierbas han de ser consideradas como el enemigo natural número uno de los agricultores. «Si tenemos en cuenta que los agricultores dedican más de la mitad del tiempo que pasan en el campo a combatir las malas hierbas, las pérdidas económicas que estas ocasionan son cuantiosas», añade Labrada Romero. Si se quiere incrementar la productividad de las explotaciones agrícolas, uno de los primeros pasos a dar es mejorar la técnica para combatir las malas hierbas.
En ningún lugar es tan importante como en África, continente en el que las malas hierbas son una de las principales causas del bajo rendimiento y la escasa productividad de la tierra.  Puesto que no disponen de tecnología y solo tienen acceso a la fuerza de la mano de obra, los agricultores africanos se ven obligados a desbrozar a diario, lo que significa que una familia media no puede cultivar más de una hectárea o una hectárea y media.
Así como las malezas son el enemigo natural número uno de los agricultores, los miembros de iglesia inconversos hacen que Dios sea deshonrado, que la obra de salvación sea mal presentada y que las almas estén en peligro. Al principio, como las malas hierbas, no parecen perjudiciales.  De hecho, es difícil diferenciar entre el trigo y la cizaña. Uno y otra brotan del suelo como pequeñas briznas verdes que buscan el sol.  Ambos desarrollan tallos y sistemas de raíces. Ambos parecen sanos y robustos.
«Así como la cizaña tiene sus raíces estrechamente entrelazadas con las del buen grano, los falsos cristianos en la iglesia pueden estar estrechamente unidos con los verdaderos discípulos. El verdadero carácter de estos fingidos creyentes no es plenamente manifiesto» (Palabras de vida del gran Maestro, p. 51).
Ignoro si esta práctica persiste en la actualidad. En cierta ciudad, una vez al año, los lugareños celebraban una fiesta en la que, con el rostro oculto tras una máscara, iban por toda la población cometiendo actos que, de otra manera, no tendrían valor para cometer y entrando en lugares a los que, en condiciones normales, no se atreverían a entrar. Al ocultar la identidad tras una máscara se envalentonan. Un día, una congregación cristiana, preocupada por el abandono de la buena moral, esparció por toda la ciudad unos carteles en los que se leía: «Dios ve lo que hay detrás de la máscara». Es verdad. El distingue el trigo de la cizaña incluso antes de que nosotros seamos capaces de apreciar alguna diferencia. Basado en Mateo 13:24-30.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

domingo, 13 de mayo de 2012

LA IGLESIA ES EL CAMPO


«No juzguéis, para que no seáis juzgados» (Mateo 7:1).

Jesús relato una parábola que hablaba de un sembrador que sembraba cizaña a media noche. Tiene todo el aspecto de ser una historia apasionante y, de hecho, no decepciona. Un hombre sembró trigo en su campo, pero, durante la noche, un enemigo vino y también sembró cizaña. Al cabo de unas semanas, cuando se descubrió la treta, los siervos del hombre se ofrecieron para ir y arrancar la cizaña. Pero el hombre dijo que la dejaran porque, si la arrancaban, corrían el riesgo de arrancar el trigo con ella. Un relato corto, pero una lección importante.
El campo representa el mundo —o, en sentido más estricto, la iglesia—. En ella crecen y maduran las buenas semillas. Cristo es el sembrador de la buena semilla, los hijos de su reino. No cuesta adivinar quién es el enemigo que sembró la cizaña.  Además de ser inútil, la cizaña es dañina para las buenas semillas. Comparte la lluvia y el buen suelo con el trigo, pero no es buena para nada. Satanás, el enemigo de Dios y de los hombres, siempre siembra cizaña.
Quizá algunas iglesias de nuestro tiempo respondan a esta imagen. Suspiramos y lloramos porque deseamos que en la iglesia solo crezcan buenas plantas. Incluso podríamos llegar a desear la separación de aquellos que consideramos que son miembros inútiles y sin valor. Pero Jesús dice: «No, dejen que crezcan hasta el tiempo de la siega». Su amor y su compasión todavía trabajan para atraerlos a él. Si los arrancamos, no podrán crecer y madurar.
En cierta ocasión, un hombre se dirigía a Europa a bordo de un transatlántico. Cuando subió a bordo, descubrió que compartiría cabina con otro pasajero. Después de instalarse en el camarote, se acercó a la oficina del sobrecargo y preguntó si podía depositar su reloj de oro y otros objetos de valor en la caja fuerte del barco. Explicó que no tenía costumbre de hacerlo, pero que acababa de conocer al hombre con el que compartía cabina y, a juzgar por su apariencia, no le parecía muy de fiar. El sobrecargo aceptó la responsabilidad de guardar los objetos de valor y dijo: «De acuerdo, señor; estaré encantado de custodiarlos. El otro pasajero vino antes y me confió sus objetos de valor por la misma razón». Basado en Mateo 13:24-30.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

miércoles, 14 de marzo de 2012

VERGÜENZA Y DESNUDEZ

Entonces fueron abiertos los ojos de ambos y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Cosieron, pues, hojas de higuera y se hirieron delantales. Y Jehová Dios hizo para el hombre y su mujer túnicas de pieles, y los vistió (Génesis 3:7,21).

¿No es el cuerpo humano una maravillosa obra de arte? ¿Por qué entonces sentimos vergüenza cuando nos ven desnudos? ¿Cómo sería la luminosa vestimenta original que perdieron nuestros primeros padres para que sintieran vergüenza al verse desprovistos de ella?
La vergüenza es un sentimiento de indignidad que el ser humano experimentó por primera vez tras el pecado. A través de toda la Biblia Dios mantiene una postura consecuente respecto a la desnudez. Encontramos ordenanzas claras al respecto, como las que se dieron en el Edén, o cuando Noé se embriagó, o al pueblo de Israel respecto a no contemplar la desnudez ajena. Finalmente, en lo que respecta a nosotros, la iglesia de Laodicea, hemos recibido la exhortación a obtener ropa apropiada con que cubrirnos, ya que ni siquiera percibimos que estamos desnudos.
Aunque hemos venido al mundo desnudos sin que eso nos hubiera supuesto ningún problema, comenzamos a sentir vergüenza cuando tomamos conciencia de nuestra individualidad y, a partir de un determinado momento, ya no permitimos que nos vean desnudos.
Es absolutamente normal sentir vergüenza de la desnudez. Este sentimiento tiene que ver con la conciencia moral de la persona, con su autoestima y su dignidad. Existen diferentes razones por las que nos volvemos insensibles al pudor. Entre ellas hay dos que destacan: una, por sufrir trastornos psicológicos, como fue el caso de los endemoniados de Gadara, quienes al recobrar su capacidad mental recobraron también la vergüenza y se vistieron. La otra, podría responder a la perversión, como es el caso de la mujer descarada y con atavíos de ramera que se viste sugestivamente, o usa poca ropa con la intención de seducir (ver Proverbios 7).
Quien nos ha creado conoce muy bien la relación que existe entre la vergüenza y la dignidad, por lo que conviene prestar cuidadosa atención a la forma en que nos vestimos o nos presentamos ante el mundo. La vergüenza que sintamos debe ir acorde con la voluntad de nuestro Creador.
Padre, cubre mi vergüenza con el manto de justicia de Jesús.

Toma de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Greisy de Murillo

miércoles, 8 de febrero de 2012

POR CAUSA DE LA JUSTICIA

«Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia porque de ellos es el reino de los cielos» (Mateo 5:10).

Observe que esta bienaventuranza no se limita a decir: «Bienaventurados que son perseguidos», sino: «Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia». Jesús tampoco dijo: «Bienaventurados los que padecen persecución porque son unos indeseables». Y aún menos: «Bienaventurados los cristianos que son perseguidos por su grave falta de inteligencia y porque son unos verdaderos necios y atolondrados a la hora de dar testimonio de su fe».
A menudo sufrimos una persecución «suave» (nos critican) a causa de nuestras acciones o por ser como somos. Pero la promesa: «Porque de ellos es el reino de los cielos» no se aplica a esas personas. Es para los que padecen persecución por causa de la justicia». Debemos ser muy claros al respecto. Abrigar un espíritu de justicia propia puede acarrearnos grandes sufrimientos y numerosas dificultades innecesarias. Nos cuesta distinguir entre el prejuicio y el principio, no conseguimos entender la diferencia que existe entre el hecho de que los demás se sientan molestos por causa de nuestro carácter o por causa de que somos justos.
Jesús no dijo: «Bienaventurados los que son perseguidos! porque son fanáticos». El fanatismo lleva a la persecución. Una definición de fanatismo es el énfasis excesivo sobre una verdad en detrimento de otras. El texto no dice: «Bienaventurados los perseguidos por ser demasiado entusiastas».
Asimismo, la Biblia no dice: «Bienaventurados los que padecen persecución porque cometen algún error o ellos mismos están equivocados en algún asunto». El apóstol Pedro lo dijo de este modo: «Así que, ninguno de vosotros padezca cómo homicida, ladrón o malhechor, o por entrometerse en lo ajeno». ¿Se apercibía de a quiénes pone en la misma categoría que los asesinos y los ladrones? ¡A los que se entrometen en lo ajeno! (ver 1 Ped. 4:15).
Aparentemente, algunos cristianos sufren manía persecutoria. Solo son felices cuando alguien los persigue y disfrutan diciéndoselo a los demás. Pero, por lo general, ocultan que ellos son la causa de su padecimiento. No estaría de más que le echáramos un vistazo a nuestra vida.(Basado en Mateo 5: 10-12).

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

lunes, 31 de octubre de 2011

JUSTICIA PROPIA

Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios. Romanos 10:3.

Uno de los peligros que los cristianos corremos es pensar que Dios está preocupado solo con el hecho de que nos portemos bien y practiquemos obras justas. Claro que a Dios le gusta ver obras de justicia en la vida de sus hijos; pero como un resultado, y no como la causa. Tú no eres justo porque practicas obras justas: tú realizas obras justas porque eres justo. Lo primero que debes hacer, en la vida cristiana, es ir a Jesús, y no tratar de fabricar tu propia justicia.
La justicia humana es trapo de inmundicia para Dios. ¿Por qué? Porque es solo apariencia. Ese era el problema de los fariseos en el tiempo de Cristo: se esforzaban por ser buenos, pero solo por fuera; en el fondo, no pasaban de ser gente pecadora. Y Jesús los llamó sepulcros blanqueados: blancos por fuera, pero hueso y carne putrefacta, por dentro.
Con el fin de ser un buen cristiano, no basta hacer cosas buenas o justas: es necesario ser justo. Y se es justo solo cuando se vive una vida de comunión diaria con la Persona justicia, que es Jesús.
La línea divisoria es tenue, casi imperceptible. Y existen dos extremos terribles: el primero, es el de pensar que relacionándote con Cristo tu salvación está garantizada, y no tienes que preocuparte por las buenas obras. El otro extremo es el de pensar que, sin obras, no hay cómo probar que eres un cristiano, y olvidándote de Jesús correr la carrera sin sentido, en busca de buenas obras.
Al fin de cuentas, ¿cómo saber que realmente confías en Jesús y que tus buenas obras son fruto de tu relación con él? Es fácil. Existe un termómetro que solo Dios y tú conocen; nadie más lo puede ver: ese termómetro es la cantidad de tiempo que pasas diariamente con Jesús, en oración, estudio de la Biblia y meditación.
Cada vez que te arrodillas antes de salir para el trabajo, estás expresando a Jesús, sin palabras, pero con tu actitud, lo siguiente: "¿Sabes por qué estoy aquí, arrodillado? Porque sin ti no puedo hacer nada". Y cada vez que partes sin pasar tiempo con Dios, le estás diciendo lo contrario.
Haz de este un día de comunión. "Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

jueves, 27 de octubre de 2011

DIOS ES EL QUE JUSTIFICA

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. Romanos 8:33.

El otro día, recibí la carta desesperada de una persona atormentada por los errores del pasado. Creía que no tenía derecho a ser feliz. Esa intranquilidad interior se manifestaba en un temperamento agresivo e impaciente, y estaba creándole problemas familiares. La esposa le había perdido el divorcio, y el hijo mayor había abandonado el hogar.
Vamos a analizar la palabra "justificados". Literalmente, este vocablo denota la idea de "ser hecho, o ser declarado, justo". Antes de ser justificados, éramos injustos, enemigos de Dios. Corríamos detrás de los placeres de la carne. No nos importaba lo que Dios sentía o pensaba; vivíamos como si Dios no existiese, aunque no tuviésemos conciencia de ello.
En consecuencia, el sentimiento de culpa nos acusaba día y noche. Pero, al ser justificados, somos perdonados, aceptos por Dios, reconciliados, restaurados a la relación de amor con Dios que habíamos perdido por causa del pecado.
¿Y cuál es el resultado? Tenemos paz con Dios. ¿Por qué tenemos paz? Porque el pecado nos había hecho culpables, y vivíamos desesperados. En realidad, lo que nos pone en guerra con Dios es el pecado; la justificación retira la culpabilidad del pecado y, quitado ese obstáculo, deviene la paz.
No hay nada más importante, para una persona, que tener paz con Dios: tú puedes tener todo el éxito del mundo pero, si no estás en paz con Dios, de nada te vale. Tu corazón siempre estará vacío, y correrás de un lado al otro tratando de llenarlo con cosas minúsculas y pasajeras, que solo te dejarán el sabor amargo de la frustración.
Hoy es un nuevo día. ¡Reconcilíate con Dios! Todo lo que necesitas hacer es reconocer que no puedes encontrar la salida por tus propias fuerzas. Enseguida, dile a Dios que reconoces su poder y que sabes que él puede rescatarte del abismo en que te encuentras. Y, finalmente, corre a los brazos de Jesús, confiésale tus errores y acepta su maravillosa gracia.
Sal a enfrentar tus deberes en este día. Y no vivas atormentado por el pasado, porque "¿quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

miércoles, 28 de septiembre de 2011

¿JUSTICIA O IRA?

Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Santiago 1:20.

Carla sabía que la noche de aquel domingo marcaría su vida para siempre. Era una noche fría; la más fría de todas las que había vivido al lado de su joven esposo. Las cortinas se movían con el viento helado; pero ni siquiera el aire de la noche era capaz de apagar la ira de su corazón. La imagen que había visto aquella tarde no se borraría de su mente jamás: su esposo besaba a otra mujer. ¡Nunca había imaginado algo así! Pero, definitivamente él se arrepentiría de haberlo hecho: ella le pagaría con la misma moneda.
Saltó de su inercia. No miró el reloj; cualquier hora daba lo mismo para lo que pensaba hacer. Se vistió con prisa; pasó sus dedos entre su cabello negro, tratando de alisarlo. Tomó su bolso, cruzó el umbral y se perdió en la noche oscura y fría de su dolor de esposa traicionada.
Al volver a casa, se lo dijo. Así, sin medias palabras. Le dijo que estaban empatados: ojo por ojo, traición por traición.
A partir de aquel día, las noches de Carla se hicieron cada vez más oscuras y frías. Su dolor aumentaba. Ya no le dolía la traición del esposo: la atormentaba su propia traición. Se había vengado; había hecho "justicia" por sus propias manos. Pero aquel acto, provocado por la ira, solo le causó amargura; una amargura tan densa como sus densas noches frías y oscuras. Acabó en el consultorio de un psicólogo.
El consejo bíblico de hoy es: Deja la justicia con Dios; él no puede ser burlado. La persona que te hirió puede parecer victoriosa hoy y mañana, pero los actos de justicia divinos llegan oportunamente, llegan a su debido tiempo.
No te atrevas a llamar justicia al acto impensado provocado por la ira; las prisiones están llenas de gente que solo quiso hacer "justicia".
Las prisiones del alma también abrigan, en sus celdas, a gente herida que, como Carla, se dejó llevar por la ira. La ira humana no combina con la justicia divina: solo Dios sabe permitir que el ser humano coseche el fruto maduro de vivir perjudicando al otro.
Libértate. Pide a Dios la capacidad de perdonar. Abre las puertas de tus prisiones interiores. Brilla, como el sol del nuevo día. Porque: "la ira del hombre no obra la justicia de Dios".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

sábado, 30 de julio de 2011

UN DIOS DE JUSTICIA

Entonces el rey respondió: «Entregad a aquella el niño vivo, y no lo matéis; ella es su madre» (1 Reyes 3:27).

La sentencia emitida por el sabio Salomón es una muestra de la justicia celestial. «Dios traerá toda obra a juicio» (Ecl. 12: 14), así que no tenemos por qué desesperarnos ante la injusticia humana ni tratar de buscar la venganza para poner las cosas en su lugar.
Hay algunas lecciones que podemos aprender de la historia bíblica de hoy.
  1. Todas somos iguales ante Dios. La forma en que el rey trató a aquellas mujeres nos asegura que no hay diferencias raciales, intelectuales ni económicas que hagan que Dios varíe su juicio ( ver Gal. 3: 28).
  2. Todas somos pecadoras. Salomón no sabía lo que había llevado a aquellas mujeres a vivir una vida libertina, pero no lo tomó en cuenta a la hora de hacer justicia (ver Rom. 3:10).
  3. Dios siempre nos atiende. Esas mujeres fueron atendidas a pesar de su condición de pecadoras (ver Heb. 4: J6).
  4. Todas tenemos otra oportunidad. Las dos mujeres tuvieron la oportunidad de contar su versión de la historia, así como la ocasión de decir la verdad (ver Ecl. 12: 14).
  5. Seremos probadas. La fe en la justicia real fue puesta a prueba por Salomón quien, tomando una decisión drástica, descubrió la verdad. Dios también prueba nuestra fe. ¿Confías en que los juicios de Dios son justos y fieles? (ver Apoc. 19: 2).
  6. Recibiremos justicia. El bebé fue devuelto a su verdadera madre, quien unió su alabanza al rey que había obrado justa y sabiamente (ver Mat. 16: 27). Un día no muy lejano, nuestras voces también se elevarán junto a las de las huestes celestiales para proclamar: «Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos. Rey de los santos» (Apoc. 15: 3).
No te aflijas por la injusticia humana. El pecado trae como consecuencia la falta de igualdad entre las naciones, el hambre y la enfermedad. Mientras vivas en el mundo, tendrás que lidiar con todo esto, pero mira hacia adelante, allí está tu Rey y con él, la justicia. Si te aflige la injusticia, confía en el Dios de justicia.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

lunes, 11 de julio de 2011

NO ME ACORDARÉ

Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. Isaías 43:25.

Aquella tarde, mientras el sol se ocultaba, se iba también la vida del conde de Polignac: había traicionado al emperador Napoleón, a pesar de los muchos favores que había recibido del temido conquistador; la cabeza del traidor estaba destinada a la horca. La prueba de su traición era una carta, en la cual el conde se comprometía en un complot político.
Desesperada e intentando salvar la vida de su esposo, la señora Polignac solicitó una audiencia con el Emperador. Envuelta en lágrimas, alegó que las acusaciones en contra de su esposo eran falsas.
-¿Conoces la firma de tu marido? -le preguntó el soberano.
Y, sacando la carta de su bolsillo, la puso ante los ojos de la señora. La mujer palideció, y cayó desmayada.
Al recuperarse, la desesperada mujer cayó a los pies del Emperador y pidió perdón. La historia narra que Napoleón, compadecido, le entregó la carta diciendo:
-Tómala. Es la única evidencia legal que existe en contra de tu marido. Hay un fuego aquí, al lado: quémala. No habiendo pruebas, no habrá culpa.
La señora tomó aquella prueba de culpabilidad y la entregó a las llamas. La vida de Polignac y su honor estaban a salvo, fuera del alcance de la justicia.
Eso es lo que hizo el Señor con nuestros pecados. Tomó nuestras rebeliones y pagó nuestra deuda. Y afirma que lo hizo por su propio nombre. ¿Por qué? Porque el enemigo lo acusó de ser un Dios abusivo y dictador, incapaz de perdonar. Pero, con su muerte en la cruz, Jesús limpió la afrenta a su nombre, y mostró delante del universo que él podía respetar el principio de su ley quebrantada y, al mismo tiempo, perdonar al pecador.
El perdón que Jesús ofrece no es simplemente una declaración que nos libera de la culpa sino un sacrificio sustitutivo, mediante el cual la deuda queda completamente paga. Nada se debe a la justicia: la misericordia pagó el precio. Es por eso que, en la cruz, la misericordia y la justicia se besaron.
Sal hoy, depositando tu confianza en ese amor maravilloso de Jesús. Y recuerda su promesa: "Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón