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sábado, 15 de junio de 2013

UN MAESTRO ENVIADO DE DIOS

Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. Mateo 12:28.

En las poderosas obras de Cristo había suficiente evidencia para convencer a cualquiera. Pero los dirigentes judíos no querían la verdad. No podían dejar de reconocer la realidad de las obras de Cristo, pero las condenaron todas. Se vieron obligados a reconocer que un poder sobrenatural estaba presente en su obra, pero dijeron que su poder provenía de Satanás. ¿Será que en efecto creían esto? No, pero estaban tan resueltos a impedir que la verdad los condujera a la conversión, que le adjudicaron la obra del Espíritu de Dios al diablo...
¡Redentor todo compasivo! ¡Cuál amor, cuál amor incomparable es el tuyo! Acusado por los grandes hombres de Israel de hacer sus obras de misericordia por el poder del príncipe de los demonios, fue como uno que no ve ni oye. La obra que él vino a hacer desde el cielo no debe quedar incompleta. La verdad debe ser revelada a la humanidad. La Luz del mundo debe hacer fulgurar sus rayos en la oscuridad del pecado y la superstición. La verdad no encontró lugar en los corazones de los que debieron haber sido los primeros en recibirla, porque estaban atrincherados en el prejuicio y la incredulidad malvada. Entre los que no tenían privilegios tan exaltados, Cristo preparó los corazones para que recibieran su mensaje. Hizo odres nuevos para el vino nuevo.
El Dios del cielo dota cada verdad con una influencia proporcional a su carácter e importancia. El plan de redención, de valor supremo para un mundo perdido y arruinado, había de ser proclamado, y el Espíritu de Dios en Cristo Jesús entró en contacto vital con el corazón del mundo...
La verdad fue proclamada por Cristo. Los corazones de los que profesaban ser los hijos de Dios se atrincheraron contra ella, pero quienes no habían sido tan privilegiados, los que no estaban vestidos con los mantos de la justicia propia, fueron atraídos hacia Cristo...
Hoy Satanás lucha por ocultar del mundo el gran sacrificio expiatorio que revela el amor de Dios y las demandas vigentes de su ley. El guerrea contra la obra de Cristo... Pero mientras lleva a cabo su obra, las inteligencias celestiales se están combinando con los instrumentos humanos de Dios en la obra de la restauración.— Review and Herald, 30 de abril de 1901.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

sábado, 8 de junio de 2013

LA GRAN FUENTE DE VERDAD

Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Mateo 11:29.

Cristo es el Autor de toda verdad. Toda concepción brillante, todo pensamiento de sabiduría, toda capacidad y talento, son dones de Cristo. Él no tomó ideas nuevas de la humanidad, porque es el originador de todo. Pero cuando vino al mundo, encontró las brillantes gemas de verdad que había confiado al hombre sepultadas en la superstición y la tradición. Las verdades de la importancia más vital estaban colocadas en el marco del error para servir al propósito del archiengañador. Las opiniones humanas, los sentimientos más populares de la gente, fueron lustrados exteriormente con la apariencia de la verdad, y fueron presentados como las gemas genuinas del cielo, dignas de atención y reverencia. Pero Cristo barrió las teorías erróneas. Nadie, salvo el Redentor del mundo, tenía poder para presentar la verdad en su pureza primitiva, desprovista del error que Satanás había amontonado para ocultar su belleza celestial.
Algunas de las verdades que Cristo habló eran conocidas por el pueblo. Las habían escuchado de labios de sacerdotes y gobernantes y de personas pensantes; pero a pesar de todo esto, eran distintivamente los pensamientos de Cristo. Las había encomendado en confianza a la gente, para ser comunicadas al mundo. En cada ocasión proclamó la verdad particular que creía apropiada para las necesidades de sus oyentes, ya que hubieran sido expresadas antes o no.
La obra de Cristo consistió en tomar la verdad que la gente necesitaba y separarla del error para presentarla libre de las supersticiones del mundo, a fin de que la gente la aceptara por su propio mérito intrínseco y eterno. Dispersó la niebla de la duda para que la verdad pudiera ser revelada y arrojara rayos luminosos en las tinieblas de los corazones de los hombres. ¡Pero cuan pocos aprecian el valor de la obra que Cristo hacía! ¡Cuán pocos en nuestro día tienen un concepto justo de la preciosidad de las lecciones que él dio a sus discípulos!
Él demostró ser el camino, la verdad y la vida. Buscaba atraer las mentes de los placeres efímeros de esta vida a las realidades invisibles y eternas. Las vislumbres de las cosas celestiales no incapacitan a los hombres y mujeres para los deberes de esta vida, sino que los hacen más eficientes y fieles.— Review and Herald, 7 de enero de 1890; parcialmente en A fin de conocerle, p. 209.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

lunes, 4 de febrero de 2013

PALACIOS, TEMPLOS Y CASAS DE PLACER,- 2


Así dice el Señor Todopoderoso, el Dios de Israel: «Castigaré al rey de Babilonia y a su país como castigué al rey de Asiría» (Jeremías 50: 18).

El centro de la gloria de Babilonia era la famosa torre Etemenanki, «El templo de la creación del cielo y de la tierra», que tenía una base cuadrada de 90 metros de ancho y más de 90 metros de altura. Este grandioso edificio solo era sobrepasado en altura en tiempos antiguos por las dos grandes pirámides de Guiza en Egipto. Es probable que la torre fuera construida en el lugar donde una vez estuviera la torre de Babel. La construcción de ladrillos tenía siete niveles, de los cuales el más pequeño y más elevado era un santuario dedicado a Marduk.
Los palacios de Babilonia revelaban un lujo extraordinario, tanto por su número como por su tamaño. Durante su largo reinado de 43 años, Nabucodonosor construyó tres grandes palacios. Uno es conocido como Palacio de Verano. Otro gran palacio, al cual los excavadores dan ahora el nombre de Palacio Central, estaba fuera del muro norte de la ciudad interior. Este también fue construido por Nabucodonosor. Los arqueólogos hallaron este gran edificio sumamente desolado, con excepción de una parte del palacio, el «museo de antigüedades». Aquí se habían coleccionado y puesto en exhibición objetos valiosos del memorable pasado de Babilonia, como estatuas antiguas, inscripciones y trofeos de guerra, con el propósito de que «los hombres contemplen», como expresara Nabucodonosor en una de sus inscripciones.
El Palacio del Sur estaba en el rincón noroeste de la Ciudad Interior e incluía, además de otros edificios, los famosos jardines colgantes, una de las siete maravillas del mundo antiguo. Un gran edificio cóncavo estaba coronado por un jardín, en la azotea, regado por un sistema de cañerías por donde el agua era bombeada hacia arriba. Nabucodonosor construyó este maravilloso edificio para que su esposa de origen medo tuviera un sustituto de las colinas arboladas de su tierra natal, porque las echaba de menos.
No se puede describir la grandeza de Babilonia. Dios la redujo a polvo por su orgullo y rebelión. La lección es para nosotros. Cuando Jesucristo está ausente del corazón, el orgullo y el egoísmo dominan la vida. Entonces el lema de la existencia es: «Primero yo, después yo y al final yo». Al ser humano le es imposible vencer por sí mismo el orgullo, requiere de un poder sobrenatural. ¿Por qué no invitas al Espíritu Santo para que descienda sobre tu vida esta mañana?

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez