Mostrando entradas con la etiqueta Reflejar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reflejar. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de diciembre de 2012

ESPONJAS Y ESPEJOS


«Por tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y reflejando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor» (2 Corintios 3:18).

En muchas iglesias, el servicio de culto incluye una historia para los niños. Un fin de semana en que yo era el orador invitado, los hermanos me pidieron que me encargara de la historia infantil. Aunque no suelo hacerlo, esa vez accedí. Por fortuna, disponía de un día para prepararla.
Me resulta difícil saber qué decir a los niños, pero recordé una ilustración que había usado años antes, cuando todavía era nuevo en las lides del ministerio. Para la ilustración necesitaba dos objetos: un espejo y una esponja. El espejo y la esponja explican cómo funciona la vida cristiana.
Quizá le interese tomar alguna nota y así poder contar esta historia en su iglesia.
La esponja representa la vida. Las esponjas absorben los líquidos. Si derramamos agua en el suelo, usamos una para absorberla. La vida también es como un espejo. Para arreglamos el cabello nos ponemos delante de un espejo porque, si no, no podríamos ver lo que hacemos.
Aquí viene la relación de la esponja y el espejo con la vida cristiana. Nosotros somos como una esponja y absorbemos todo lo que nos rodea, tanto si es bueno como malo. En la medida en que nuestra cultura tenga más aspectos malos que buenos, tenemos que poner cuidado en no llenarnos con las cosas del mundo. Muchos cristianos no entienden por qué es tan difícil vivir una vida como la de Cristo. La razón es que ellos mismos se impregnan de las cosas del mundo en lugar de las de Cristo.
Del mismo modo, como el espejo, nosotros reflejamos lo que tenemos alrededor. Cuando nuestra vida se inclina hacia las cosas del mundo y no hacia las de Dios, ¿qué ven los demás? Verán que nos parecemos más al mundo que a Jesús.
Lo invito a hacer algo práctico. Ponga un espejo y una esponja en un lugar donde pueda verlos durante todo el día. Luego, cuando pase por delante, recuerde el mensaje que transmiten.  Basado en Juan 15:4.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

lunes, 23 de abril de 2012

LA ESTRELLA BRILLANTE


«Que se oscurezcan sus estrellas matutinas; que en vano esperen la luz del día, y que no vean los primeros rayos de la aurora» (Job 3:9, NVI).

Si aún no lo has notado, hemos llegado al libro de Job. Y nos quedaremos aquí un rato, pues este maravilloso libro tiene mucho que enseñarnos sobre la naturaleza.
Job 3:9 habla de las estrellas de la mañana. Si estás despierto justo después de que el Sol se ha levantado podrás ver una estrella muy brillante. Esta es la última que se ve antes de que comience el nuevo día. Nosotros la llamamos la estrella de la mañana, pero realmente no es una estrella. Se trata del planeta Mercurio. Mercurio está muy cerca del Sol y siempre está reflejando su luz.
Cuando comenzamos nuestras aventuras de exploración el 1° de enero, hablamos de la manera en que la Luna refleja la luz del Sol, y de cómo nosotros debemos reflejar el amor de Dios. Hoy hemos aprendido del planeta Mercurio cómo reflejar siempre el amor de Dios. Así como Mercurio está siempre cerca del Sol, nosotros debemos permanecer cerca de Dios. Debemos pensar en él, hablar con él y hablar a los demás acerca de él. Al hacerlo, no podremos dejar de reflejar el amor de Dios. Así como Mercurio refleja la luz del Sol de manera natural, también nosotros comenzaremos a reflejar la luz de Dios naturalmente.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

viernes, 9 de marzo de 2012

UN CARÁCTER SÓLIDO

El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad (Romanos 8:26).

Como cristianos nos toca desarrollar, enriquecer y mejorar nuestro carácter. Lamentablemente vivimos en una sociedad en la que el tiempo es un factor limitante para algunos. La mayor parte del mismo se emplea en las tareas del hogar, en la escuela, en el trabajo, con los amigos o en mejorar la apariencia personal. Y no digo que nada de eso sea malo, el problema es que dichas actividades llegan a ocupar el lugar más importante de nuestras vidas.
Elena G. de White afirma que «el carácter es el único tesoro que llevaremos al mundo venidero» (Reflejemos a Jesús p. 290). La formación del carácter se logra mediante un esfuerzo perseverante e incansable. Recordemos que lo que pensamos influye en nuestros sentimientos, y que estos luego nos llevarán a actuar en determinada forma. Por su parte, las acciones que se repiten tienden a convertirse en hábitos y un conjunto de ellos es lo que determina el carácter.
La tristeza, los problemas, el desánimo, la crítica, la ira, el orgullo, el egoísmo, la codicia, ingerir alimentos chatarra, acudir a lugares inapropiados, leer y escuchar cosas obscenas, todo ello tiene un efecto negativo sobre nosotros. No podemos engañarnos: lo que pensamos, vemos, comemos y hacemos es lo que somos y lo que definitivamente vamos a exteriorizar.
A todos nos incumbe cultivar el buen ánimo en vez de rumiar nuestros defectos, dificultades, tristezas y fracasos. «Nadie diga "no puedo remediar mis defectos de carácter". Si llegas a esta conclusión, dejaréis ciertamente de obtener la vida eterna». «Pueden existir defectos notables en el carácter de una persona, pero cuando llega a ser verdaderamente discípulo de Cristo, el poder de la gracia divina lo transforma y santifica» (Reflejemos a Jesús, pp. 291, 86).
Amiga, afortunadamente la ayuda está a nuestro alcance. Dios promete que nos ayudará en nuestra debilidad. Pidamos el socorro divino y plantemos buenas semillas en nuestra mente mediante el hábito de la lectura de la Palabra de Dios y la oración. Únicamente así podremos obrar con poder y sabiduría.
Amado Padre, permite que pueda tener un carácter sólido, lomudo a la semejanza divina.

Toma de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Lorena Reyes

sábado, 18 de febrero de 2012

GUARDAR LOS MANDAMIENTOS

«No penséis que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir» (Mateo 5:17).

Cierto día, un ministro de otra denominación me envió un correo electrónico el que me decía que su iglesia creía que el Antiguo Testamento tenía que ser desechado. Me dijo que no creía que un cristiano tenga que observar la ley.
En tiempos de Jesús, la Biblia solo se componía de lo que hoy llamamos el Antiguo Testamento: la Ley, los Escritos y los Profetas. La ley estaba dividida en tres partes. La primera era la ley ceremonial, que representaba el plan de salvación en tipos y símbolos. Esta ley indicaba a Israel cómo tenía que adorar a Dios. Seguía la ley judicial, lo que hoy llamaríamos las leyes civiles de Israel. Por último, se encontraba la ley moral, los Diez Mandamientos.
Nunca deja de sorprenderme que la gente diga que los Diez Mandamientos quedaron clavados en la cruz. Sin duda alguna, no sugieren que ahora podemos mentir, robar o cometer adulterio con total libertad.
Sencillamente, quienes insisten en que los Diez Mandamientos fueron clavados en la cruz están buscando una excusa para no tener que guardar el cuarto mandamiento: «Acuérdate del sábado para santificarlo» (Exo. 20:8). Algunos insisten en que este mandamiento era solo para los judíos. Pero los primeros en recibirlo fueron Adán y Eva, que no eran judíos.
Jesús no vino a vivir en la tierra para abolir los diez Mandamientos. Vino para confirmarlos y mostrarnos cómo cumplir de corazón los principios de la ley, además de obedecerla.
Aunque son una guía que nos dice qué hacer, los Diez Mandamientos no pueden darnos un corazón nuevo. Nuestras propias fuerzas no bastan para cumplir (obedecer) la ley. Jesús no cumplió (obedeció) la ley para que nosotros quedáramos exentos de cumplirla, sino para que, por medio de su vida, su muerte y su resurrección, podamos guardarla.
Jesús quiere que obedezcamos los Diez Mandamientos de corazón, no solo de forma externa, porque estamos convencidos de que son lo correcto. Ansia ayudarnos. ¿Por qué no le pedimos que lo haga? (Basado en Mateo 5: 17).

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

viernes, 17 de febrero de 2012

¿CÓMO ES JESÚS?

«Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es» (1 Juan 3: 2).

Mi padre era un pastor joven cuando fue nombrado director del Departamento de Ministerios de la Iglesia en la Asociación de Kentucky-Tennessee, en los Estados Unidos. Una mañana, de camino a la oficina, vio a un borracho que se tambaleaba por la acera. Cuando el auto de papá se le acercó, vio cómo el hombre perdía el equilibrio y caía pesadamente al suelo a causa de la borrachera. Inmediatamente, mi padre arrimó el vehículo a un lado y se detuvo. Era un hombre compasivo. Por eso tuvo la sensación de que si dejaba a aquel hombre en aquel estado podía herir a alguien o la policía podía encerrarlo en la cárcel. Decidió que lo sentaría en el asiento de atrás y se lo llevaría con él a la oficina. Bajó la ventanilla trasera con el fin de que el hombre pudiera respirar aire fresco mientras dormía la borrachera. Entre tanto, papá se ocuparía de su trabajo.
Al cabo de un par de horas de trabajo, mi padre fue a ver cómo seguía aquel hombre. Al acercarse al automóvil, vio que acababa de despertarse y miraba por la ventanilla. Tenía el cabello revuelto y parecía que no se había afeitado en una semana. Con los ojos todavía inyectados en sangre, el hombre vio que mi padre se le acercaba.
—¿Quién eres? —preguntó con brusquedad. Papá le dijo quién era.
—¿Qué estoy haciendo aquí?
Papá le dijo que lo había visto caer en la acera y añadió:
—No quería que le sucediera nada malo.
—¿Por qué lo hiciste?
—Porque amo a Jesús.
—¿Y cómo es Jesús? —inquirió el extraño.
Entonces papá dijo algo que nunca olvidaré:
—Como yo.
Ahora bien, amigo lector, ¿no es así como se supone que tendría que ser? Jesús dijo: «Yo soy la luz del mundo» (Juan 8:12). Pero eso no es todo. Añadió que nosotros también somos la luz de este mundo (Mat. 5:14).
La Luna no brilla con luz propia. Su luz es un reflejo de la del Sol. Por nuestra parte, solo podremos ser luces en el mundo si mantenemos puesta la mirada en el Sol de justicia, Jesús, nuestro Salvador. (Basado en Mateo 5: 14-16)

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

domingo, 12 de febrero de 2012

¿QUÉ CLASE DE LÁMPARA SOMOS?


«Vosotros sois la luz del mundo» (Mateo 5:14).

Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros sois la luz del mundo». Aunque les hablaba como grupo, sus palabras se dirigían a cada uno de manera personal. Si, como iglesia, deseamos llenar el mundo con la gloria de Dios (Núm. 14:21), primero es preciso que permitamos que la luz del Espíritu Santo nos llene a cada uno individualmente. La luz debe iluminar, primero, allí donde nos encontremos. Una buena pregunta que podemos hacernos es: ¿Cómo puede mi hogar estar lleno de la gloria de Dios si yo mismo no soy una luz?
Cada uno que afirma ser cristiano es ya una luz. Pero, ¿qué clase de luz es?
1. Una clase es «el cristiano luz de vela». Estos cristianos, aunque dan luz, lo hacen de manera muy tenue. El viento más leve hace que la llama parpadee y la apague con facilidad. Los cristianos luz de vela se desaniman fácilmente. La más mínima prueba hace que titubeen y, en ocasiones, puedan llegar a perder la fe. A esta clase de cristianos pertenecen aquellos que han decidido que ya no acuden más a la iglesia porque alguien los ha ofendido.
2. Otra clase es «el cristiano lámpara de queroseno». Tienen una chimenea de cristal que humea con facilidad. Esta clase de cristianos son más brillantes que los cristianos Luz de vela; pero, apenas se complican las cosas, su capacidad de emitir luz se empaña. El mundo que los rodea embota su vida espiritual.
3. Sigue «el cristiano linterna de gasolina». Durante un tiempo esparcen una luz brillante y clara, pero si no se les bombea combustible con regularidad, acaban por apagarse. Parece que su fe nunca acaba de madurar. Sin alguien que los felicite y los aliente, se desaniman y, finalmente, dejan de acudir a la iglesia. El cristiano linterna de gasolina suele pensar primero en sí mismo.
4. La última categoría es «el cristiano lámpara eléctrica». Su luz es constante, inmediata y fiable. Son una influencia radiante y contundente para quienes los rodean.
Estos cuatro tipos de lámpara son solo un ejemplo de cómo se puede vivir la lo; pero de ellos se puede ver que la lámpara eléctrica es el mejor tipo. Sin embargo, sabemos que una lámpara eléctrica es peor que una vela si la bombilla está fundida o no hay corriente eléctrica. (Basado en Mateo 5: 14-16).
Un cristiano no emite luz propia. Refleja la luz de Jesús. Al igual que la Luna, que refleja la luz del Sol, nosotros reflejamos la luz de Jesús, la Luz del mundo (Juan 12:36).

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

miércoles, 20 de julio de 2011

EL NOMBRE DE JESÚS

Sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Hechos 4:10.

Creo en los milagros. A lo largo de mi vida, los he presenciado muchas veces. Desde vidas transformadas hasta enfermos curados por Dios, cuando la ciencia dictaminaba que no había más posibilidad de recuperación.
El otro día, un joven me preguntó por qué hoy Dios no sigue operando milagros, como en los tiempos apostólicos. La verdad es que sí, los sigue operando hoy como ayer. Solo que, en los tiempos apostólicos, la iglesia necesitaba más de ellos porque representaban una especie de credencial de poder, para establecer la obra del evangelio.
El texto de hoy menciona el nombre de Jesucristo. En los tiempos apostólicos, los grandes milagros ocurrían "en el nombre de Jesús". Mirando hacia aquellos tiempos, el pueblo cristiano corre el peligro de banalizar el nombre de Jesús, creyendo que es una especie de fórmula mágica para resolver todo tipo de problemas.
En la Biblia, el nombre de una persona simbolizaba su carácter. Hacer las cosas en el nombre del Señor es vivir la vida que él vivió, reflejar su carácter y andar en sus caminos.
Cuando Jesús estuvo en esta tierra, advirtió que, en el día final, muchos que estarán condenados a la muerte eterna se presentarán a él, alegando que habían hecho milagros en "su nombre". Y la respuesta del Maestro será: "Yo no os conozco, apartaos de mí, obradores de maldad".
¿Puede un obrador de maldad hacer milagros en el nombre de Jesús? ¡Evidentemente que sí! Esas personas se limitaron a mencionar el nombre, pero se resistieron a reflejar el carácter del Salvador. Hoy es un día para meditar. ¿Hasta qué punto el carácter de Jesucristo se refleja en mi vida?
Ve a Jesús esta mañana, y permite que él conduzca tus caminos. Y prepárate para los grandes milagros que el Señor está dispuesto a obrar en la vida de los que lo buscan de todo corazón y con toda humildad. "Sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón