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martes, 19 de enero de 2016

EL BALBUCEO DE DIOS

Como las niñeras hacen con los niños, Dios acostumbra a balbucear cuando habla con nosotros. Calvino

En su programa televisivo, el presentador estadounidense Jay Leno puso a prueba el conocimiento de la Biblia de su público pidiéndoles que citaran uno de los Diez Mandamientos. Alguien levantó la mano y dijo: “Ayúdate que yo te ayudaré”. Por increíble que parezca, nadie supo hacerlo mejor.* Así anda nuestra cultura.
A menudo dejamos de leer el Antiguo Testamento porque nos parece que no se entiende: genealogías, leyes, sacrificios, guerras… y sin damos cuenta, el conocimiento de tres cuartas partes de la Biblia se va perdiendo en la iglesia y en la sociedad. Eso conlleva consecuencias negativas para nuestra espiritualidad y nuestra cultura (que por cierto se encuentra bastante arraigada en él). No nos damos cuenta de que es especialmente en el Antiguo Testamento donde Dios “balbuceó” para hacer que su pueblo se volviera hacia un camino mejor. Una vez que Jesús vino al mundo, Dios ya no necesitó balbucear, pues Jesús era el Verbo y habló claramente.
¿Podemos prescindir de la lectura de esos treinta y nueve libros y seguir siendo fuertes espiritualmente? Lo cierto es que, aunque a nosotras nos cueste identificarnos con los personajes del Antiguo Testamento, ese era el libro de lectura de Jesús, su Biblia. ¿Y acaso no era Jesús un gigante de la fe?
Entonces habrá que darle crédito al “alimento que comió”. Poesía, historia, relatos, discursos, proverbios… todos se entrelazan de tal manera que apuntan en una sola dirección: Jesús. Él mismo dijo: “Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39, RV95), y no olvides que sus “Escrituras”, eran el Antiguo Testamento.
¿Cómo entender el Nuevo Testamento sin leer el Antiguo? No se puede. Jesús lo citó constantemente: “No solo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que salga de los labios de Dios” (Mat. 4:4/Deut. 8:3); “Hablaré por medio de parábolas; revelaré cosas que han estado en secreto desde que Dios hizo el mundo” (Mat. 13:35/Sal. 78:2); “No pongas a prueba al Señor tu Dios” (Mat. 4:7/ Deut. 6:16); “Vayan y aprendan el significado de estas palabras: ‘Lo que quiero es que sean compasivos, y no que ofrezcan sacrificios’ ” (Mat. 9:13/ Ose. 6:6). ¿Te atreverías a borrar esas palabras de los discursos de Jesús y esperar que queden intactos?
* Phillip Yancey, La Biblia que leyó Jesús (Miami: Editorial Vida, 1999), p. 18.

“Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39, RV95).

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
#AnteTodoCristiana #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual

domingo, 16 de junio de 2013

AL CONTEMPLAR A CRISTO

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 2 Corintios 5:17.

Mediante el poder de Cristo podemos ser "más que vencedores" (Rom. 8:37). Pero nosotros no podemos crear este poder. Podemos recibirlo solamente mediante el Espíritu de Dios. Necesitamos discernir profundamente la naturaleza de Cristo y los misterios de su amor "que excede a todo conocimiento". Debemos vivir en los cálidos y cordiales rayos del Sol de Justicia. Solo la amante compasión de Cristo, su divina gracia, su poder omnipotente pueden capacitarnos para desbaratar al implacable enemigo y someter nuestros propios corazones rebeldes. ¿Cuál es nuestra fuerza? El gozo del Señor. Que el amor de Cristo llene nuestros corazones y estaremos preparados para recibir el poder que él tiene para nosotros.
Agradezcamos a Dios cada día por las bendiciones que nos da. Si el agente humano se humillara delante de Dios... reconociendo su extremada incompetencia en hacer el trabajo que es necesario hacer para que su alma sea purificada; si echara lejos su propia justicia, Cristo moraría en su corazón. Pondría su mano en la obra de crearlo de nuevo, y seguiría la obra hasta que el hombre sea completo en él.
Cristo nunca descuidará la tarea que se le ha encomendado. Infundirá en el esforzado discípulo un sentido de la perversidad, de la pecaminosidad, de la depravación del corazón sobre el cual está obrando. El verdadero penitente se da cuenta de la nulidad de la importancia propia. Mirando a Jesús, comparando su propio carácter defectuoso con el carácter perfecto del Salvador, dice: "No poseo nada de valor; solamente me aferró a tu cruz".
Con Isaías declaran: "Jehová, tú nos darás paz, porque también hiciste en nosotros todas nuestras obras. Jehová Dios nuestro, otros señores fuera de ti se han enseñoreado de nosotros; pero en ti solamente nos acordaremos de tu nombre" (Isa. 26:12, 13).— Review and Hemld, 31 de marzo de 1904; parcialmente en En lugares celestiales, p, 64.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

sábado, 15 de junio de 2013

PROCURA QUE SEA LO MEJOR

La justicia y el derecho son el fundamento de tu trono, y tus heraldos, el amor y la verdad. Dichosos los que saben aclamarte. Señor, y caminan a la luz de tu presencia; los que todo el día se alegran en tu nombre y se regocijan en tu justicia. Salmo 89:14-16.

Las tareas femeninas, ya sea en el hogar o fuera de él, pueden llegar a resultar realmente agotadoras. Son tantos los detalles que un ama de casa debe atender: el cuidado de la casa, la educación de los hijos, la atención del cónyuge… Además, muchas mujeres también deben cumplir con una jornada de trabajo fuera del hogar. Por supuesto, nadie puede negar que Dios reconoce y aprecia los esfuerzos de la mujer que cumple con dichas ocupaciones en forma responsable. Sin embargo, el peligro reside en que nos enfrasquemos en tantas cosas buenas y necesarias, que dejemos de hacer lo mejor. Es posible que quien viva así llegue a padecer una elevada dosis de ansiedad que conduce al agotamiento. Con las facultades agotadas se pierde la capacidad de discernimiento, la alegría por el servicio y, posiblemente, el ego herido nos lleve a sentirnos víctimas, abusadas y atropelladas en nuestros derechos fundamentales.
Si las ocupaciones consumen todo nuestro tiempo y olvidamos apartar momentos para atender y nutrir la parte espiritual de la vida, podemos llegar a ser presas del hastió y de la frustración. Quien desee realizar sus deberes con eficacia ha de beber cotidianamente de la fuente proveedora de fortaleza y sabiduría. En las Sagradas Escrituras leemos: “Con Dios están la sabiduría y el poder; suyos son el consejo y el entendimiento” (Job 12:13).
Dios es la única fuente de poder y sabiduría. Toda madre y esposa que sabe esto, buscara que nada ni nadie se interponga entre su Señor y ella. Su prioridad en la vida será desarrollar una relación cercana e íntima con Jesús. Al hacerlo, será habilitada para tener relaciones íntimas y amorosas con los que están a su cargo, experimentara el gozo de servir, y hará de su hogar una reproducción del hogar eterno. En los momentos de aflicción y angustia, sabrá a qué lugar acudir con el fin de encontrar paz.
Amiga, que tu oración en este día sea: “Impárteme conocimiento y buen juicio, pues yo creo en tus mandamientos” (Sal. 119:66). Estoy segura de que, bajo la dirección de Dios, harás lo bueno hoy sin dejar de hacer lo mejor.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

martes, 23 de abril de 2013

CÓMO JESÚS ENSEÑÓ LA VERDAD

Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Juan 17:3.

Si Cristo hubiera creído que era necesario, habría abierto ante sus discípulos misterios que habrían eclipsado y marginado todos los descubrimientos de la mente humana. Podría haber presentado detalles respecto de cada tema que habrían ido más allá del razonamiento humano, y sin embargo no habrían tergiversado la verdad de ninguna forma. Podría haber revelado lo desconocido, aquello que habría desafiado la imaginación y atraído los pensamientos de generaciones sucesivas hasta el cierre de la historia de la tierra. Podría haber abierto puertas a los misterios que la mente humana había tratado en vano de dilucidar. Podría haber presentado a hombres y mujeres un árbol de conocimiento del que podrían haber cosechado por las edades; pero esta obra no era esencial para la salvación de sus almas, y el conocimiento del carácter de Dios era necesario para sus intereses eternos...
Jesús, el Señor de la vida y la gloria, vino a plantar el árbol de la vida para la familia humana e invitar a los miembros de una raza caída a comer y estar satisfechos. Vino a revelarles lo que era su única esperanza, su única felicidad, tanto en este mundo como en el venidero... Él no permitiría que nada apartara su atención de la obra que vino a hacer...
Jesús vio que el pueblo necesitaba que su mente fuese atraída hacia Dios para que se familiarizaran con su carácter y obtuvieran la justicia de Cristo representada en su santa ley. Él sabía que era necesario que todos tuvieran una representación fidedigna del carácter divino, para que no fuesen engañados por las tergiversaciones de Satanás, quien había proyectado sus sombras infernales sobre el camino de ellos, y en sus mentes había revestido a Dios con sus propias características satánicas...
Por grandes y sabios que hayan sido considerados los maestros del mundo en sus días o en los nuestros, en comparación con él [Cristo] no pueden ser admirados; porque toda la verdad que enunciaron en realidad se originó en él, y todo lo que provino de cualquier otra fuente era una necedad. Incluso la verdad que pronunciaban ellos, en su boca [de Cristo] adquiría belleza y gloria, porque él la presentaba en su sencillez y dignidad.— Signs of the Times, 1 de mayo 'de 1893.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

domingo, 3 de febrero de 2013

PARA CRECER EN LA GRACIA


Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. 2 Timoteo 2:1.

Buscar el reino de Dios y su justicia debe ser el objetivo y la dirección de nuestra vida. No es juego de niños cumplir este deber, pero sea cual fuere la negación propia requerida, todavía nos conviene en esta vida y la venidera obedecer esta orden. Hemos de tener la vista puesta en la gloria de Dios y así crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A medida que busquemos con fervor y diligencia la sabiduría divina, más firmemente establecidos estaremos en la verdad... 
No siempre hemos de permanecer como niños en nuestro conocimiento y experiencia en las cosas espirituales. No siempre hemos de expresarnos en el lenguaje de uno que apenas recibió a Cristo, sino que nuestras oraciones y exhortaciones deben crecer en inteligencia según avanzamos en la experiencia de la verdad. El lenguaje de un niño de seis años de edad, en un niño de diez, no nos agradaría, y cuan doloroso sería escuchar expresiones de inteligencia infantil en una persona que ha llegado a los años de la madurez...
El joven que ha tenido varios años de experiencia en la vida cristiana no debiera tener la expresión entrecortada de un bebé en Cristo. Hay una falta de crecimiento en los cristianos profesos. Los que no están creciendo a la estatura completa de hombres y mujeres en Cristo Jesús manifiestan esto en la manera en que hablan de las cosas del reino de Dios...
Los testimonios que dan muchos de los profesos seguidores de Cristo son los de personas que son enanos en la vida cristiana. Falta el lenguaje de una experiencia genuina, profunda e inteligente...
No hemos de cultivar el lenguaje de la tierra, y estar tan familiarizados con la conversación humana que el lenguaje de Canaán se nos haga nuevo y extraño...
Los cristianos han de ser estudiantes fieles en la escuela de Cristo, siempre aprendiendo más del cielo, más de las palabras y la voluntad de Dios, más de la verdad, y de cómo emplear fielmente el conocimiento que han obtenido para instruir a otros y conducirlos a buscar primeramente el reino de Dios y su justicia. Hemos de tener un conocimiento inteligente de las Escrituras, porque ¿cómo habremos de saber la voluntad y el camino de Dios sin buscar los tesoros de la justicia de Dios en su Santa Palabra? Debemos conocer la verdad por nosotros mismos y entender tanto las profecías como las enseñanzas prácticas de nuestro Señor.— Youth's Instructor, 28 de junio de 1894.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

lunes, 20 de agosto de 2012

UN NOMBRE Y UNA PROFECÍA


Y se estableció en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliera lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno. (Mateo 2:23).

Cuántas situaciones difíciles enfrentaron José y María! Sin embargo, Dios los protegió de todo daño. En varias ocasiones el Señor se comunicó con José para guiarlo. Cuando nos ponemos en las manos de Dios y permitimos que él dirija nuestras vidas, su protección nos acompaña de la misma forma como lo hizo con Jesús, con sus padres, con los pastores y con los filósofos de Oriente.
Si obedeces como José; si te dejas usar como María; si le das un lugar a Jesús, como el mesonero; si compartes con los demás las noticias de su nacimiento como lo hicieron los pastores; si le das lo mejor de ti como los filósofos; ten la seguridad de que él guiará tu vida y de que morarás con él eternamente. Por otro lado, no seas como los sacerdotes y rabinos, que conocían las profecías del nacimiento de Jesús, pero no acudieron a conocer al niño ni lo aceptaron como su salvador.
Cuando Herodes murió un ángel le habló en sueños a José y lo invitó a regresar a Judá. De inmediato José obedeció; sin embargo, al enterarse de que gobernaba un hijo de Herodes, partió a la región de Galilea. Se fueron a vivir a Nazaret, por eso a Jesús le llamaban nazareno, así se cumplió la profecía señalada en el versículo de esta mañana.
El extraordinario nacimiento de Jesús nos ha dejado un gran número de enseñanzas que nos permitirán acercamos a él. Aprenderemos que es necesario cambiar nuestras vidas para darle la bienvenida al nazareno, a amar a nuestros prójimos y a tener el deseo de compartir el mensaje. Cuando una persona acepta a Cristo, su vida cambia. Hablará en forma diferente, actuará, se vestirá y pensará de manera diferente.
Si a Jesús lo llamaban nazareno era porque vivía en Nazaret. Ojalá que a ti te llamen cristiana porque vives en Cristo. Si es así, que la honra y la gloria sean para él. Abundantes bendiciones se derramarán sobre ti y sobre tu familia, y gozarás de la dirección y protección divinas.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Elizabeth Suárez de Aragón

lunes, 12 de marzo de 2012

EL SECRETO DEL GOZO

Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien (Romanos 8:28).

La mayor parte de los inventores que ha habido a lo largo de la historia no tenían el objetivo de ganar dinero ni de mejorar su situación económica cuando trabajaban en sus inventos. Más bien deseaban resolver un problema, suplir una necesidad, o combatir un mal; trabajaban y se desvelaban para beneficio de la sociedad.
Nosotras también hemos sido escogidas para que seamos una bendición para aquellas personas con las que nos relacionamos; para que seamos una luz especial en nuestro hogar o en el medio social donde nos toque desempeñarnos.
Cuando estemos convencidas del llamamiento divino nos daremos cuenta de que hay algo más importante y más grande que nosotras mismas; la satisfacción del yo dejará de ser el principal objetivo de nuestras vidas. Experimentaremos una imperiosa necesidad de acudir a diario a la fuente de todo gozo para allí nutrir nuestro corazón. Entonces estaremos en posición de compartir con los demás ese extraordinario gozo que únicamente imparte el Señor. Pregúntate: «¿Dónde estoy? » «¿En qué dirección estoy avanzando?». Escucha nuevamente la voz de Dios a través de su Palabra. Confía en él y él enderezará tus pasos y te mostrará el camino correcto.
«Se necesitan mujeres de principios firmes y carácter decidido, mujeres que crean que realmente estamos viviendo en los últimos días y que tenemos un mensaje de amonestación para ser dado al mundo [...]. Cuando el amor de Dios y de su verdad sea un principio permanente, no permitirán que nada las aparte de su deber ni las desanime en su obra. Se necesitan mujeres que no se crean importantes, sino que sean de modales amables y humildes de corazón, que trabajen con la humildad de Cristo siempre que puedan encontrar algo que hacer para la salvación de las almas» (El ministerio de la bondad, pp. 156-157). Cada acto de amor y fe que podamos realizar es una nueva oportunidad para crecer, para renovar nuestra vocación de servicio.
Recuerda que este instante no volverá a repetirse jamás.
Por lo tanto, todo el bien que puedas hacer, toda la bondad que puedas demostrar a un ser humano deberías realizarlo ahora mismo. No has de diferirlo, no has de descuidarlo; porque no volverá a presentarse jamás. La felicidad no es mañana, la felicidad es tener ahora a Jesús, la fuente de todo gozo.

Toma de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Elizabeth Pachecho

sábado, 25 de febrero de 2012

NUESTRA ESPERANZA ES JESÚS

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza (1 Tesalonicenses 4:13).

Alguna vez hayamos llegado a un funeral sin saber que decir a los dolientes. Algo parecido me sucedió en cierta ocasión. En un lamentable accidente murieron una madre y sus dos hijas; una de ocho años y otra de cinco. La madre me había comprado un libro sobre el control del estrés, y con aquella compra había recibido como obsequio un folleto de «La fe de Jesús». Para mi sorpresa, cuando asistí al sepelio la abuela de las niñas, a quien yo no conocía, me abrazó y me agradeció por el obsequio que le había hecho a su hija. Ella me dijo que estaba convencida de que su hija y sus nietas dormían el sueño de la muerte y que Jesús las resucitaría en el momento de su segunda venida.
Una de las razones por las que trabajo como colportora es que he visto cómo, gracias a la influencia de los libros, las personas son tocadas por el Espíritu Santo y cómo, en momentos de dificultad, recuerdan lo que han leído en ellos.
Después de algunos días aquella misma señora apareció en mi consultorio, pidiéndome que por favor la ayudara a estudiar el pequeño folleto que hablaba de la fe de Jesús que yo le había obsequiado a su hija seis meses antes del fatal accidente. Acepté de inmediato, y esa misma tarde comencé a estudiar con aquella familia.
«Todos los que han recibido la luz sobre estos asuntos deben dar testimonio de las grandes verdades que Dios les ha confiado. [...] Y es de la mayor importancia que todos investiguen a fondo estos asuntos, y que estén siempre prontos a dar respuesta a todo aquel que les pidiere razón de la esperanza que hay en ellos» (El Conflicto de los Siglos, cap. 27, p. 479).
Mi hermana, ¿qué estás haciendo por aquellos que no tienen esperanza? Te invito a que le hables a tu vecino, a tu amigo, al de la tienda. Regálale o véndele una revista, un libro y, a ser posible, una Biblia.
Padre, te ruego de todo corazón que ayudes a cada una de mis hermanas a asumir la misión de compartir tu verdad con los demás. Danos más amor por las almas.

Toma de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Mayté Álvarez Jiménez es médico de familia. Está casada y tiene dos hijos. Escribe desde Guadalajara, México.

miércoles, 22 de febrero de 2012

UNA MUJER COMPLETA

Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenare con él y él conmigo (Apocalipsis 3: 20).

Siempre he mirado el privilegio que tuvieron los discípulos de caminar y compartir sus vidas con Jesús. A veces me he preguntado: «¿Por qué será que no podemos en la actualidad ver y experimentar la presencia de Jesús como ellos lo hicieron?». ¡Qué gran gozo debe haber sentido asimismo los que fueron sanados o tocados por las manos del Maestro!
¿Te imaginas que Jesús acudiera a tu casa como un invitado especial y que pudieras prepararle una rica comida? Lo más probable es que buscarías la mejor receta y sacarías tus mejores platos y cubiertos porque él iba a estar sentado a tu lado. También creo que le pedirías que se quedara a dormir en tu casa. De ser así probablemente le arreglarías muy bien una habitación y lo atenderías como a un huésped de honor. Asimismo, al saber que él está en tu casa, te sentirías confiada y segura por su protección.
Pensar en el Maestro me hace anhelar su segunda venida. ¡Cuánto deseo estar con mi Jesús! Será algo maravilloso vivir por siempre en la compañía del Señor. Jamás tendremos necesidad de nada. Los temores, la tristeza y la soledad desaparecerán. También será muy agradable poder abrazarlo y sentir que sus manos nos rodean con ternura. Su presencia nos dará la seguridad de su constante protección.
Nuestro hogar será un oasis en el desierto si cada día invitamos a Jesús a morar con nosotros. La vida en la tierra es el comienzo de la vida en el cielo. Invitar a Jesús cada día a nuestras vidas y hogares nos ayudará a sentir su presencia.
Entona hoy este himno:
«Hoy te invitamos, Oh cristo,
Hoy te invitamos a entrar.
Quédate con nosotras y enséñanos a orar.
El día ya comienza. Ya ha salido el sol.
Quédate con nosotras y enséñanos a orar».
Recuerda que al orar y cantar estarás invitando a Jesús pura que forme parte de tu vida. Tú también puedes recibir hoy al mejor invitado de honor: ¡a Cristo Jesús!

Toma de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Margarita Calixto Pertuz

viernes, 17 de febrero de 2012

EL VERDADERO NORTE

«Al norte acamparán los ejércitos que marchan bajo la bandera de Dan. El ejército de la tribu de Dan tiene como jefe a Ahiézer, hijo de Amisadai» (Números 2:25).

Hoy vamos a acercarnos nuevamente al campamento israelita. Es inmenso. Hay casi dos millones de personas en él. ¿Cómo podemos saber adónde ir? Afortunadamente, la Biblia nos dice que el campamento de Dan está al Norte. ¿Sabes cómo ubicar el Norte?
Si tienes una brújula notarás que su aguja siempre está apuntando hacia el Norte. Esto ocurre porque la tierra es como un imán gigante que atrae la aguja constantemente hacia el Norte. Lo curioso es que en realidad hay dos nortes. Sí, sí, como lo oyes. El área hacia donde apunta la aguja se llama norte magnético, y está a unos 1,600 kilómetros del Polo Norte el llamado el verdadero Norte, que es en realidad el Norte geográfico del mundo. Eso quiere decir que la brújula no está apuntando al verdadero Norte.
Parece mentira que no podamos confiar completamente en la brújula, ¿verdad? Lo mismo ocurre con nuestros sentimientos. A veces no queremos orar o leer la Palabra de Dios, pero ese es precisamente el momento en que más necesitamos hacerlo.
Concéntrate en Jesús, tu verdadero Norte. Él siempre te llevará a casa de manera segura.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

¿CÓMO ES JESÚS?

«Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es» (1 Juan 3: 2).

Mi padre era un pastor joven cuando fue nombrado director del Departamento de Ministerios de la Iglesia en la Asociación de Kentucky-Tennessee, en los Estados Unidos. Una mañana, de camino a la oficina, vio a un borracho que se tambaleaba por la acera. Cuando el auto de papá se le acercó, vio cómo el hombre perdía el equilibrio y caía pesadamente al suelo a causa de la borrachera. Inmediatamente, mi padre arrimó el vehículo a un lado y se detuvo. Era un hombre compasivo. Por eso tuvo la sensación de que si dejaba a aquel hombre en aquel estado podía herir a alguien o la policía podía encerrarlo en la cárcel. Decidió que lo sentaría en el asiento de atrás y se lo llevaría con él a la oficina. Bajó la ventanilla trasera con el fin de que el hombre pudiera respirar aire fresco mientras dormía la borrachera. Entre tanto, papá se ocuparía de su trabajo.
Al cabo de un par de horas de trabajo, mi padre fue a ver cómo seguía aquel hombre. Al acercarse al automóvil, vio que acababa de despertarse y miraba por la ventanilla. Tenía el cabello revuelto y parecía que no se había afeitado en una semana. Con los ojos todavía inyectados en sangre, el hombre vio que mi padre se le acercaba.
—¿Quién eres? —preguntó con brusquedad. Papá le dijo quién era.
—¿Qué estoy haciendo aquí?
Papá le dijo que lo había visto caer en la acera y añadió:
—No quería que le sucediera nada malo.
—¿Por qué lo hiciste?
—Porque amo a Jesús.
—¿Y cómo es Jesús? —inquirió el extraño.
Entonces papá dijo algo que nunca olvidaré:
—Como yo.
Ahora bien, amigo lector, ¿no es así como se supone que tendría que ser? Jesús dijo: «Yo soy la luz del mundo» (Juan 8:12). Pero eso no es todo. Añadió que nosotros también somos la luz de este mundo (Mat. 5:14).
La Luna no brilla con luz propia. Su luz es un reflejo de la del Sol. Por nuestra parte, solo podremos ser luces en el mundo si mantenemos puesta la mirada en el Sol de justicia, Jesús, nuestro Salvador. (Basado en Mateo 5: 14-16)

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

sábado, 14 de enero de 2012

MUY EN EL FONDO

«Aquel mismo día, los siervos de Isaac vinieron a darle la noticia de que habían encontrado agua en el pozo que estaban abriendo» (Génesis 26:32).

No se te olvide ponerte las botas de excursionista. Cuando los excavadores de pozos lleguen al agua, lo más probable es que esta fluya por el hoyo que se abrió y te moje. El versículo de hoy nos muestra que la lleva excavando pozos miles de años. El agua es necesaria para saciar nuestra sed, para bañarnos, y para mantener la vida de nuestros animales y mascotas. A veces la gente que hace pozos tiene que cavar decenas de metros bajo tierra para encontrar agua. El 6 de enero hablamos de ríos subterráneos. Eso es precisamente lo que buscan los excavadores de pozos. Ellos usan unos taladros gigantes para penetrar en la superficie de la tierra y así encontrar el precioso líquido que tanto necesitamos. A veces juzgamos a las personas por las cosas que hemos exteriormente. Quizá caminan de manera graciosa, se visten diferente a nosotros o llevan el cabello de una forma particular Nos olvidamos de todo el bien que Dios ha puesto dentro de ellos. Seguramente estas personas se sienten mal porque los demás no las entienden y se fijan solo en lo exterior Quizá esto también te ha ocurrido a ti. No olvides que Dios ha puesto cosas buenas en el interior de cada persona. Busquemos esas cosas buenas, y descubramos por qué todos somos especiales ante los ojos de Dios.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

BASTA YA DE CULPAR A LOS DEMÁS

«El que oculta sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta de ellos alcanzará misericordia» (Proverbios 28:13).

Suponga que usted y yo pudiéramos hablar con David sobre su adulterio con Betsabé. Según la forma de pensar actual quizá nos dijera: «Sencillamente, no pude evitarlo, era tan bella... ¿Por qué tuvo que bañarse al aire libre? Tenía que haber supuesto que alguien la podía ver. Sé que no debí matar a Urías, su esposo, pero no podía permitir que se enterara de la relación que yo mantenía con ella. Supongo que me dejé dominar por el pánico».
Jesús no dijo: «Bienaventurados los que se excusan por sus pecados», sino: «Bienaventurados los que lloran por sus pecados». David no se excusó por lo que hizo. En el Salmo 51 se lamentó por su pecado: «Ten piedad de mí, Dios [...] borra mis rebeliones. ¡Lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado!, porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí» (vers. 1-3).
¿Se imagina al hijo pródigo largándole todo este discurso a su padre? «Papá, escucha. Ya sé que no tenía que haberme ido de casa, pero no me quedaba otra elección. Mi hermano siempre se burlaba de mí diciendo que yo jamás haría nada tan bien como él. Cuando me acuerdo de todo, pienso que no fuiste justo conmigo. No te diste cuenta de mis necesidades emocionales tan especiales y no las supliste. Es verdad, no colaboraba en las labores del campo, pero es que lo mío es el arte. Me imaginé que en la ciudad podría encontrarme a mí mismo.
Allí conocí a una joven muy agradable que me fue infiel. Una noche bebí demasiado y perdí todo el dinero en el casino. Siento el daño causado».
En lugar de culpar a otros, mientras estaba sentado con los cerdos, el joven decidió que iría a casa y diría a su padre: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros» (Luc. 15: 18, 19).
Tendemos a culpar a otros por nuestros errores. Pero la Biblia dice: «El que oculta sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta de ellos alcanzará misericordia».( Basado en Mateo 5: 4)

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

domingo, 25 de diciembre de 2011

EL PRESENTE

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros [y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre], lleno de gracia y de verdad. Juan 1:14.

¡Noche de Navidad! Un niño da vueltas en la cama, de un lado para el otro. Quiere dormir o, mejor dicho, intenta dormir, aparenta que duerme. Pero, el sueño no viene. ¿Quién podría dormir, dominado por la ansiedad y la expectativa?
El niño espera. Sabe que alguien entrará en su cuarto en cualquier momento, y colocará un juguete en su cabecera. Al día siguiente, sus padres le dirán que fue el Viejito navideño, Papá Noel, quien dejó el presente. Es medianoche. Los hermanos menores duermen. El silencio y la penumbra dominan la casa. Suspenso... Entre las sombras, provocadas por la luz mortecina de una simple vela, el niño ve entrar a una persona. Su corazón parece que se le va a salir por la boca: late escandalosamente; hace mucho ruido, demasiado ruido para un momento tan solemne como aquel. El niño reconoce a la persona: es su padre. El hombre de figura fina, bajo de estatura, duro como el roble, camina en puntillas de pie, para no despertar a sus hijos. Y lentamente, con cariño, casi con ternura -un cariño y una ternura que no condicen con su rostro severo-, va colocando un juguete en la cabecera de cada hijo. Después, se retira del cuarto, como una sombra misteriosa que desaparece cuando sale el sol.
El niño era yo. En aquellos tiempos, la Navidad tenía un sabor diferente, para mí. Hoy, creo que la Navidad fue establecida para los niños; tal vez, porque se la relaciona con regalos y presentes, juguetes y dulces. Pero cada Navidad, por algún motivo, no acuden a mi memoria los juguetes ni las luces; ni siquiera los panes dulces o el chocolate con leche, que hervían en la cocina a leña. Me acuerdo de mis viejos padres; del cariño que tenían por sus hijos; de su esfuerzo por brindarles una Navidad feliz. Y entonces pienso en el amor de Dios, el Padre de los seres humanos; y pienso, también, en el presente maravilloso que nos dio, en la persona de su Hijo. No lo envolvió en papel colorido. Lo hizo ser humano; lo envolvió en carne, y lo hizo nacer como un sencillo niño, en un pesebre humilde.
¿Para qué? Para morir: era la única manera de salvar al ser humano. ¿Qué harás con ese Presente? Piensa: "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

viernes, 2 de diciembre de 2011

CONOCER A JESÚS

El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. 1 Juan 2:4,5.

Alicia parecía un festival de colores y de vida; un arco iris deslumbrante. ¡Siempre era así! Para ella, todo era colorido. La seda rosada dibujaba la exuberancia de su amor; el blanco lino la hacía melancólica cuando lloraba; y el terciopelo rojo combinaba con la insensatez de su alocado corazón.
Decía que amaba a Jesús; que el Cristo del evangelio era el gran amor de su vida; que, por él, sería capaz de hacer cualquier cosa. Pero, jugaba con la vida y manipulaba los principios.
Argumentaba que un Dios de amor no era coherente con las reglas; que los mandamientos eran cosa del pasado: los limitaba a una montaña llena de humo, fuego y sonido de trompetas. Ella prefería el Calvario, el monte del amor, donde Jesús pagó por sus pecados.
¿Para qué preocuparse en obedecer? La "gracia de Cristo" era, para ella, un manantial de agua fresca, que le permitía vivir como se le antojase. Y así vivió.
Hasta el día en que descubrió sus sueños despedazados. Entonces, la seda rosa ya no tenía atractivo, ni el lino blanco; tampoco el terciopelo rojo. No había más alegría en su vida.
El apóstol Juan ya lo había advertido, siglos atrás: "El que dice yo le conozco y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso". La mentira condice con la oscuridad. Por eso, aquella tarde, que podría haber sido alegre, se volvía triste, a pesar del sol inmenso que ardía, como bola de fuego, hundiéndose en el mar.
Nunca es tarde para revisar lo que llamas "cristianismo". Quien dice conocer a Jesús, no toma al Maestro de la mano y lo lleva por donde quiere. El cristianismo auténtico es sumisión a un Dios que te conduce hacia la tierra de la libertad: liberación del libertinaje y de la tiranía de los deseos humanos.
Mira a lo lejos hoy, y pide a Jesús que te ayude a andar con él. Porque "el que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

viernes, 14 de octubre de 2011

UN INTRUSO VENCIDO

Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras. (1 Tesalonicenses 4:18)

El apóstol Pablo nos habla de la necesidad de alentarnos los unos a los otros. «Alentar» significa animar, estimular, exhortar, pero ¿con respecto a qué se nos indica que debemos alentar y ser alentados? Ayer hablábamos sobre la muerte y la esperanza de vida eterna que hay en Cristo. Hoy retomamos este tema tan importante, pues a lo largo de la historia se han impuesto creencias con respecto a la muerte que han llevado zozobra y tristeza al corazón humano desconocedor de la Biblia.
Desde el mismo Edén, Satanás ha engañado al ser humano diciéndole: «No morirás». ¿Cómo puede un ser creado, desprovisto de vida propia, asegurar la inmortalidad de otra criatura? Valiéndose de la desconfianza, esa arma poderosa que ha logrado apartar nuestros ojos del verdadero dador de la vida. Eva desconfió de Dios y sucumbió ante el engaño de la serpiente. Aunque no sabía qué era la muerte, sí conocía la vida, y si lo que aquel ser decía era cierto, si ingería la fruta prohibida ya no necesitaría de Dios para vivir su propia vida.
Esta misma teoría ha llegado hasta nuestros días. La inmortalidad del alma ha sido popular en todas las épocas. La cultura azteca, por ejemplo, habla de que Tláloc, dios de la lluvia, y Chalchiuhtlicue, diosa del agua, tuvieron muchos hijos, conocidos como tlalocas o nubes. Esta lamilla vivía en un paraíso donde algunos seres gozaban de inmortalidad. Allí disfrutaban de felicidad eterna.
La creencia en la celebración de la misa para mejorar la condición de los muertos es muy común en el mundo cristiano. Existen también los médiums, que ganan cuantiosas sumas de dinero celebrando «encuentros» entre vivos y muertos. Nuestro mundo sigue sucumbiendo bajo la primera mentira del enemigo de Dios.
Debemos alentarnos unos a otros. Debemos convertirnos en portadores de la verdad de la vida. Debemos clamar a voz en cuello que sí hay vida, pero solo en Jesús. Al andar por este mundo donde constantemente estás expuesta a la muerte, asegúrate de que Jesús, el autor de la vida, esté a tu lado. Entonces no temerás, porque tu vida estará en sus manos.
Cuando la muerte sea vencida por la presencia permanente de Cristo, seremos inmortales.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

jueves, 29 de septiembre de 2011

ES VERDAD, ES REAL, ES BUENO

Oye, pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona. 1 Reyes 8:30.

Ella abre la puerta de su departamento, cuando el reloj marca las 4:45 de la madrugada. En otros tiempos, estaría durmiendo a esa hora, pero ahora todo ha cambiado. Se mira al espejo y contiene las lágrimas, mientras quita el maquillaje del cansado y bello rostro. La fuerza que ella pone, en el pedazo de algodón contra el rostro, es sintomática. Le gustaría que limpiase más que el maquillaje: quisiera verse libre del gusto amargo del fracaso, del olor del pecado, de la ilusión perdida. El agua que sale de la ducha limpia su cuerpo; pero sus lágrimas intentan limpiar el alma.
¿Dónde está la chica que cantaba en el coro de la iglesia? ¿Dónde, aquella muchacha de ojos inocentes y sueños lindos, que un día salió del interior y fue a la capital, buscando realizar sus sueños?
Acostada en la cama, recuerda que, cuando era niña, oraba todas las noches la oración que su madre le enseñara: "Muchas gracias, Señor, por el día, por mi padre, por mi madre y por mi hermano. Si pequé, por favor, perdóname. En nombre de Jesús, amén". ¿Si pequé? Ella vive 24 horas por día con la luz de neón de la conciencia encendida en la misma palabra: ¡Pecadora! Es su sentencia. Es su destino. ¿Habría salida para ella?
El texto de hoy trae un pedido del rey Salomón, en el día de la inauguración del Templo que él había construido para honra de Dios. En esa ocasión, se acuerda de pedir por las necesidades del pueblo; el perdón parece ser la mayor de ellas. El ser humano es atacado, a diario, por su conciencia; carga el lastre de la culpa.
Para recibir el perdón de Dios, solo necesitas pedir, buscar, querer. Si hoy, al iniciar un nuevo día, levantas la voz y clamas a Dios por perdón, el perdón será derramado sobre ti. ¡Es verdad, es real, es bueno!
Por eso, si hoy sientes el peso de la culpa sobre ti, haz como Salomón, y levanta tu voz a Dios, en ruego: "Oye, pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

lunes, 19 de septiembre de 2011

EN EL NOMBRE DE JESÚS

De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Juan 16:23.

Orar en el nombre de Jesús es otra de las condiciones que nos presenta la Escritura para que nuestras oraciones tengan respuesta.
Muchos dicen: "Todo esto te pedimos en el nombre de Jesús", sin pensar realmente lo que están diciendo. Aprendieron a orar así, lo hacen por costumbre, pero no se dan cuenta que en el nombre de Jesús hay poder; y para que este poder se manifieste, cada cristiano debe ser consciente de lo que dice al orar.
Además, orar en el nombre de Jesús no es una fórmula mágica o matemática, que garantiza que obtendremos lo que pedimos. Tampoco es un señuelo para que el Padre conteste una oración que no deseaba contestar. Orar en su nombre es hacer una proclamación audible de la fe que se tiene en Jesús como Salvador, Mediador y Redentor. Es reconocerse pecador y admitir que el Padre solo puede contestar los ruegos de quienes están en armonía con su santa ley. Como esto es imposible, humanamente hablando, entonces se presenta la alternativa de confiar en los méritos de Cristo, y de esta manera, por fe, el creyente se encuentra con la santidad de Jesús.
Orar en el nombre de Jesús es aceptar su vida como modelo y procurar imitarla. Es hablar como él habló, creer lo que él creyó y amar como él amó. Es manifestar humildad en cada aspecto de la vida y manifestar mansedumbre en el trato con otros, sabiendo que en este mundo estamos peregrinando, hasta que él regrese y termine con el pecado. Es hacer su voluntad, incluso cuando nuestros gustos o preferencias indicarían un camino contrario, porque en su nombre hay poder en el cielo y en la tierra, incluso sobre los gustos de los mortales.
En este día, cuando te entregues a Dios en oración y pongas todas tus actividades en sus manos, piensa en Jesús, tu Salvador. Al orar en su nombre, recuerda sus promesas y pídele fuerzas al Padre eterno para vivir como vivió su Hijo. Agradece a Dios por haberlo enviado, agradece por su sacrificio expiatorio, agradece porque en el nombre de Jesús hay poder. Comienza cada día de tu vida y cada actividad que hagas en el nombre de Jesús, y verás miles de bendiciones derramadas sobre ti.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

martes, 13 de septiembre de 2011

JESÚS POR EL MUNDO

Más no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno. Juan 17:20, 21.

Entre los muchos ejemplos de intercesión en oración, el más grandioso y el más sublime es la oración de Jesús en Juan 17. Su vida no tuvo momentos de intercesión, sino que su vida fue una constante mediación en favor de los demás. Si los cristianos imitamos a alguien cuando oramos por otros, es precisamente a Jesús.
En la oración sacerdotal realizada en el aposento alto en presencia de todos los discípulos, el Hijo de Dios expresó: "Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno". En esa plegaria, Jesús oró por ti y por mí, pues todos los creyentes conocimos el evangelio por la palabra de los apóstoles registrada en la Biblia.
¿Qué es lo que hace un mediador o un intercesor? Un mediador es el que interviene entre dos partes para que haya un acuerdo y una reconciliación. Todavía recuerdo cuando tuve que hacer de mediador entre una parejita de novios quinceañeros. En algún momento de su noviazgo, él la engañó en una fiesta de cumpleaños; y en ella, la angustia y el desconsuelo no conocieron límites. Luego de la pelea, ella sentía que todavía lo amaba y estaba dispuesta a darle una segunda oportunidad. Pero ¿cómo se enteraría él si ya no se hablaban? Fue allí cuando ella entró a mi oficina y me pidió un gran favor: "Hable con mi ex novio y dígale que estoy dispuesta a olvidar todo y comenzar de nuevo... ¿Haría esto por mí?" Hablé con el muchacho a solas, en principio para que comprendiera lo terrible del engaño en una relación sentimental, y luego para que supiera que ella le daba una segunda oportunidad. Días más tarde, al verlos pasear juntos por el patio escolar, comprendí que se habían reconciliado.
El pecado de la humanidad separó terriblemente al hombre de Dios. Jesús, el Hijo de Dios, nuestro Mediador ante el Padre, vivió, murió, se resucitó y oró para que la raza humana se reconciliara con Dios. No importa cuán bajo hayamos caído, no importa cuán terrible haya sido nuestro pecado, no importa las consecuencias que debamos afrontar, si nos arrepentimos verdaderamente podemos reconciliarnos con Dios.
Jesús oró en el aposento alto para que el mundo se tornara a Dios, y dentro de esa oración estamos involucrados tú y yo.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

jueves, 25 de agosto de 2011

CUANDO JESÚS LLEGÓ AL CORAZÓN

Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Lucas 19:10.

Dios demuestra su poder en la vida de las personas cuando las transforma en auténticos cristianos. Que un ladrón, delincuente, alcohólico, estafador, homicida o cualquiera que haya vivido en pecado abandone su camino y viva como Dios lo pide en su Palabra, realmente es un gran milagro.
Pero, no solo los que cometen actos criminales necesitan el poder transformador del Espíritu Santo, sino que toda persona que pretende llegar al reino de los cielos deberá pasar por esta metamorfosis. "El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios" (Juan 3:5), le dijo Jesús a Nicodemo, y la misma afirmación perdura hasta nuestro días.
Zaqueo nació en el pueblo elegido y se crió bajo la enseñanza de los sacerdotes. Como judío, conocía perfectamente la Biblia y sabía lo que Dios demandaba para cada hombre. Sin embargo, decidió seguir su propio camino e ignoró sus conocimientos religiosos. Su única ambición fue acumular tesoros terrenales y en mucha cantidad.
Este tipo de vida le dio lujos, extravagancias y placeres, pero no quitó el vacío que había en su corazón. Con el paso del tiempo se convenció de que no había alcanzado lo que buscaba y se sintió desdichado e infeliz. Estaba dispuesto a dar todo el dinero que poseía con tal de sentirse pleno y disfrutar de la vida. Pero lo que buscaba se encontraba cerca.
Cuando Jesús llegó a su vida, Zaqueo experimentó el nacimiento del Espíritu, y el dinero dejó de ser su dios, para darle el lugar a Cristo. Con profundo arrepentimiento y confesión expresó: "He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadriplicado" (Lúe. 19:8). Jesús, conmovido por las palabras de Zaqueo, expresó su misión: "Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido".
La tentación de Zaqueo de convertir el dinero en un dios sigue siendo una gran tentación para muchos en la actualidad. Miles de hombres y mujeres se agolpan en la loca carrera de la vida en busca de tesoros mundanales para llenar el vacío de su existencia, olvidando que la historia de este cobrador de impuestos está para que nosotros no cometamos el mismo error. El dinero solo te ayuda a vivir en esta tierra, pero Jesús da vida y salvación en el presente y por la eternidad.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel