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jueves, 19 de mayo de 2016

LA MAYORÍA NO SIEMPRE TIENE LA RAZÓN

Siempre que una comunidad nos impida ser un individuo delante de Cristo, hay que detestarla. Dietrich Bonhoeffer

Por naturaleza, todos tendemos a identificamos con algún grupo o comunidad. Bien se trate de nuestra confesión religiosa o tendencia política, de la simpatía con un equipo deportivo o un artista, nos gusta allegamos a gente que tiene nuestras mismas inclinaciones, tendencias o gustos; nos sentimos acompañados y protegidos: “Mi familia”, “mis amigos”, “mis hermanos de iglesia”, “mis compatriotas”. El peligro de esta propensión nuestra radica en que nos escudemos en el grupo para actuar de formas que no estén avaladas por los principios bíblicos.
Cuando éramos niñas, nos servía de excusa la consabida frase “es que todos lo hacen”, pero ya como adultas, no. Hemos de depender de Dios para tener la valentía de pensar diferente y mostrarlo, por grande que sea la multitud en contra. El llamado de Jesús es individual; él quiere aislarte ante su presencia, para que no veas a nadie más que a aquel que te ha llamado.
No tiene nada de malo que busques la unidad con otras personas, especialmente la unidad con tus hermanos en la fe, pero la verdadera unidad ha de ser primero en Cristo. Sobre esa única base, hemos de construir toda unidad; si no lo hacemos así, ninguna “unidad” será real. Así nos lo enseñó Jesús:
“Te pido que todos ellos estén unidos; que como tú, Padre, estás en mi y yo en ti, también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Les he dado la misma gloria que tú me diste, para que sean una sola cosa, así como tú y yo somos una sola cosa: yo en ellos y tú en mi, para que lleguen a ser perfectamente uno, y que así el mundo pueda darse cuenta de que tú me enviaste, y que los amas como me amas a mí” (Juan 17:21-23). “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el que la cultiva. […] Sigan unidos a mí, como yo sigo unido a ustedes; […] pues sin mí no pueden ustedes hacer nada” (Juan 15:1-5). .
La Biblia nos alerta de que tengamos cuidado con escudarnos en la masa. “No sigas a la mayoría en su maldad”, leemos en Éxodo 23:2, porque llegado el momento, cada una daremos cuenta de nosotras mismas. A Jesús hemos de seguirlo individualmente.

“No sigas a la mayoría en su maldad” (Éxo. 23:2).

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
#AnteTodoCristiana #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

viernes, 6 de mayo de 2016

DE HADASÁ A ESTER – 1A PARTE

La ausencia de imperfecciones en la belleza es ya una imperfección. Henry Havelock

Hadasá “era muy bella y de hermoso porte” (Est. 2:7), dice la Biblia… pero la belleza no dura. Cuando aparecen las arrugas y se pierde la figura, una puede verse tentada a pensar que ya no vale mucho. En este mundo condicionado por la perfección estética es fácil caer en el engaño de creer que no somos nada si no somos lindas. Pero Hadasá no solo era linda, sino también encantadora; una combinación explosiva desde el punto de vista masculino, por eso “se ganaba el favor de todos los que la veían” (2:15, RVC). Era una modelo, una actriz, una mujer glamorosa… que apenas tenía más para ofrecer que su belleza y sometimiento a la voluntad del hombre. Hadasá parecía perfecta, pero no era perfecta; la Biblia, al mostramos a personas imperfectas, de carne y hueso como ella, nos da esperanzas.
Dios había hecho a aquella muchacha hermosa, pero la hermosura había de usarse para honrar al Señor. Puesto que atraía a la gente, Hadasá debía haber aprovechado aquella ventaja para promover el reino de Dios, pero al principio no lo hizo, “no dijo nada sobre su raza ni su familia” (Est. 2:10).
“Comparada con otros israelitas jóvenes, como José en Egipto o Daniel en Babilonia, fue transigente. No desplegó la misma lealtad apasionada hacia Dios o hacia su pueblo que motivó las acciones o inundó las oraciones de aquellos jóvenes resueltos. En lugar de eso, se desprendió de su nombre judío, ocultó su verdadera identidad y se amoldó a la cultura circundante”.* Cuando Asuero, el hombre más poderoso del mundo por aquel entonces, la hizo reina, ella pareció entrar en un cuento de hadas, pero en realidad perdió su misión y su nombre. A partir de entonces se convirtió en Ester.
¿Eres tú también como Hadasá? ¿Has dejado a un lado tu identidad como cristiana y te has ocultado para evitar problemas, para encajar mejor, o simplemente por miedo a las consecuencias? ¿Has caído en la trampa de valorar la belleza por encima del carácter y de hacer de tu hermosura el punto fuerte de tu relación con los demás? Conviene que te respondas a ti misma estas preguntas, para que tengas un concepto claro de cuáles son tus prioridades.

“Sea que coman o beban o cualquier otra cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios” (1 Cor. 10:31, NTV).

* Carolyn Custis James, Mujeres marginadas de la Biblia (Miami: Editorial Vida, 2007), pp. 158,159.

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
#AnteTodoCristiana #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

domingo, 13 de mayo de 2012

LA PIEDRA DE TOQUE


«¡Para qué mencionar el coral y el jaspe! ¡La sabiduría vale más que los rubíes!» (Job 28:18,NVI).

Aquí estamos de nuevo explorando Job 28: 18. Es porque este versículo está lleno de cosas hermosas que Dios creó. Hoy nuevamente recogeremos piedras, y trataremos de encontrar el jaspe. Hay un tipo de jaspe muy especial que se llama jaspe negro. Esta piedra puede hacernos saber si hemos encontrado oro. Te diré cómo.
Si has encontrado una roca que crees que puede contener oro, seguramente quieres confirmar tu hallazgo, ¿no es así? ¿Cómo puedes hacerlo? Ahí es donde el jaspe negro entra en acción. Lo único que tienes que hacer es frotar tu roca contra un trozo de jaspe negro. Si observas que después de frotarla quedan líneas amarillas en el jaspe, es porque hay oro en la roca. ¡Así de sencillo!
Cuando se usa el jaspe negro de esta manera, se lo conoce como «piedra de toque». La piedra de toque confirma si en realidad has conseguido oro. La Biblia también es una piedra de toque. Puedes saber si alguien está hablando la verdad o no poniéndolo a prueba con la Biblia.
¡Qué maravilloso es Dios por habernos dado la Biblia! Le estoy muy agradecido por ello. Pasa hoy tu vida y tus palabras por la «piedra de toque», y comprueba que Dios te esté convirtiendo en oro puro.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

viernes, 23 de marzo de 2012

¡APAGA ESE FUEGO!

«Los que estaban escondidos para atacar la ciudad se habían puesto de acuerdo con los otros israelitas para avisarles con una gran columna de humo cuando hubieran tomado la ciudad» (Jueces 20:38).

Hemos llegado al lugar donde ocurrirá una batalla entre los israelitas y los descendientes de Benjamín. ¡Mira! Los hijos de Israel están enviando señales de humo para que el resto del ejército sepa que es el momento de pelear
¿De dónde sacan tanto humo? Alguien dijo que «donde hay humo, es porque hay fuego». Eso significa que aunque no veamos fuego, si hay humo es porque hay un fuego latente esperando para arder
Seguramente hemos visto alguna vez un afiche en un parque natural que hable sobre prevención de incendios. Cuando vamos a acampan debemos asegurarnos de no dejar nada encendido al marcharnos. Aunque no veamos arder ningún fuego, si hay humo, el fuego puede reavivarse.
La rabia es como una brasa que arde bajo la superficie. Si la mantienes guardada durante mucho tiempo, puede convertirse en un fuego abrasador No guardes eso en tu interior Habla de ello con Dios y cuéntale cómo te sientes. Si se lo permites, él puede sacar esa rabia de ti y evitar que se convierta en un fuego abrasador que puede consumirte a ti y a los que te aman.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

martes, 20 de marzo de 2012

UN PASEO QUE TERMINÓ MAL

No se dejen engañar: «Las malas compañías corrompen las buenas costumbres». 1 Corintios 15:33, NVI.

¡Quién puede prever las consecuencias de un solo paso en falso! Esta es la historia de una jovencita que decidió matar el aburrimiento dando un paseo por las calles de la ciudad. Al parecer, no era la primera vez que lo hacía. Pero ese día las cosas no salieron como ella esperaba. Mientras inocentemente recorría la ciudad, el hijo del gobernante local la vio y se sintió tan atraído por ella, que la sedujo y finalmente la violó.
Este solo hecho, en sí mismo, ya era una tragedia. Que una jovencita sea violada ya es muy lamentable. Pero el asunto no terminó ahí. Cuando sus hermanos se enteraron de lo sucedido, la sangre comenzó a correr. El violador murió y con él, mucha gente de la ciudad también fue asesinada.
¿Ya sabes de quién estamos hablando? De Dina, la hija de Jacob y Lea. Puedes hallar la historia completa en Génesis 34.
¿Y se puede saber qué hacía Dina, sola, en una ciudad donde la gente no temía a Dios? Es cierto que ella no salió a buscar problemas, pero también es cierto que cuando nos relacionamos con quienes no temen a Dios, puede pasar cualquier cosa porque, sin darnos cuenta, invertimos nuestra escala de valores. Dios dice que huyamos de la tentación, pero nosotros, en lugar de rehuirle, invitamos a la tentación. Bien lo expresa Elena G. de White: «El que busca su placer entre los que no temen a Dios, se coloca en el terreno de Satanás, y provoca sus tentaciones» (Patriarcas y profetas, p. 182).
Por supuesto, tampoco caigamos en el error de aislarnos de todo contacto con el mundo. De hecho, es algo imposible. Dios tampoco quiere que lo hagamos. Pero no nos expongamos innecesariamente al peligro. No le compliquemos el trabajo a nuestro ángel guardián.
¿Qué lugares visitas en tus ratos libres? Los amigos con quienes te asocias, ¿son respetuosos de Dios? No quiero ser aguafiestas, pero es mi deber alertarte del peligro que corres cuando te aventuras en territorio enemigo.
Por cierto, ¿qué fue de Dina después de esa amarga experiencia? ¿Se casó? ¿Quedó traumatizada? Solo Dios lo sabe, porque la Biblia no se refiere más a ella.
Dame sabiduría Señor, para no exponerme a situaciones que luego puedo lamentar.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

viernes, 9 de marzo de 2012

UN CARÁCTER SÓLIDO

El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad (Romanos 8:26).

Como cristianos nos toca desarrollar, enriquecer y mejorar nuestro carácter. Lamentablemente vivimos en una sociedad en la que el tiempo es un factor limitante para algunos. La mayor parte del mismo se emplea en las tareas del hogar, en la escuela, en el trabajo, con los amigos o en mejorar la apariencia personal. Y no digo que nada de eso sea malo, el problema es que dichas actividades llegan a ocupar el lugar más importante de nuestras vidas.
Elena G. de White afirma que «el carácter es el único tesoro que llevaremos al mundo venidero» (Reflejemos a Jesús p. 290). La formación del carácter se logra mediante un esfuerzo perseverante e incansable. Recordemos que lo que pensamos influye en nuestros sentimientos, y que estos luego nos llevarán a actuar en determinada forma. Por su parte, las acciones que se repiten tienden a convertirse en hábitos y un conjunto de ellos es lo que determina el carácter.
La tristeza, los problemas, el desánimo, la crítica, la ira, el orgullo, el egoísmo, la codicia, ingerir alimentos chatarra, acudir a lugares inapropiados, leer y escuchar cosas obscenas, todo ello tiene un efecto negativo sobre nosotros. No podemos engañarnos: lo que pensamos, vemos, comemos y hacemos es lo que somos y lo que definitivamente vamos a exteriorizar.
A todos nos incumbe cultivar el buen ánimo en vez de rumiar nuestros defectos, dificultades, tristezas y fracasos. «Nadie diga "no puedo remediar mis defectos de carácter". Si llegas a esta conclusión, dejaréis ciertamente de obtener la vida eterna». «Pueden existir defectos notables en el carácter de una persona, pero cuando llega a ser verdaderamente discípulo de Cristo, el poder de la gracia divina lo transforma y santifica» (Reflejemos a Jesús, pp. 291, 86).
Amiga, afortunadamente la ayuda está a nuestro alcance. Dios promete que nos ayudará en nuestra debilidad. Pidamos el socorro divino y plantemos buenas semillas en nuestra mente mediante el hábito de la lectura de la Palabra de Dios y la oración. Únicamente así podremos obrar con poder y sabiduría.
Amado Padre, permite que pueda tener un carácter sólido, lomudo a la semejanza divina.

Toma de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Lorena Reyes

CADA GOTA DEJA SU «HUELLA»

Instrúyeme, Señor en tu camino para conducirme con fidelidad. Salmo 86:11, IMVI.

¿Sabes lo que es una estalactita? ¿Y un carámbano? La estalactita es un pedazo de roca con forma de cono y con la punta hacia abajo que se forma en los techos de las cavernas. Su nombre viene de una palabra griega que significa «gota», porque su formación es el resultado de miles de gotas de agua mineralizada que, cuando caen, dejan detrás una sustancia de carbonato de calcio llamada «calcita». Cada gota que cae deja una «huella», hasta que forman una especie de tubo que con el paso de los años se convierte en una estalactita.
El carámbano, por su parte, es un pedazo de hielo que queda colgando al congelarse el agua que gotea de los techos. Su proceso de formación es similar al de la estalactita, solo que el agua que cae no tiene carbonato de calcio.
¿Qué tienen en común el carámbano y la estalactita? Su formación comienza con una simple gotita de agua que a su paso deja una marca, seguida de otra gota, y de otra, y otra durante días, meses y a veces años. Una sola gota de agua no es suficiente para formarlos, pero cada gotita aporta su pequeña cuota a la «obra de construcción».
¿No es así como se forma el carácter? Cada pensamiento, cada acción, cada decisión, es como una gota que deja su huella. Los libros que leemos, la música escuchamos, las películas que vemos: cada actividad deja su huella en nuestro carácter. Nos hace mejores o peores personas. Lo mismo sucede con los amigos que escogemos y los lugares que visitamos. Si cada gota de agua es limpia, el resultado será un carácter noble. Si lo que ingresa a la mente es sucio, ya puedes imaginar lo que sucede.
¿Es fácil desarrollar un carácter puro, trasparente? No lo es, porque hoy día hay muchas «gotas sucias» que salpican con facilidad. Y están en todas partes. Por esta razón hay que apartar la vista de algunas cosas, negarse a ir a lugares y alejarse de ciertos amigos.
Y aquí viene la gran noticia: si algunas de esas gotas ya han dejado una marca en tu mente, pídele a Dios que te limpie con su preciosa sangre. No importa cuánto te hayas manchado, en Cristo hay poder para limpiarte.
Señor, dame la integridad de corazón para que honre siempre tu nombre.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

viernes, 17 de febrero de 2012

¿CÓMO ES JESÚS?

«Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es» (1 Juan 3: 2).

Mi padre era un pastor joven cuando fue nombrado director del Departamento de Ministerios de la Iglesia en la Asociación de Kentucky-Tennessee, en los Estados Unidos. Una mañana, de camino a la oficina, vio a un borracho que se tambaleaba por la acera. Cuando el auto de papá se le acercó, vio cómo el hombre perdía el equilibrio y caía pesadamente al suelo a causa de la borrachera. Inmediatamente, mi padre arrimó el vehículo a un lado y se detuvo. Era un hombre compasivo. Por eso tuvo la sensación de que si dejaba a aquel hombre en aquel estado podía herir a alguien o la policía podía encerrarlo en la cárcel. Decidió que lo sentaría en el asiento de atrás y se lo llevaría con él a la oficina. Bajó la ventanilla trasera con el fin de que el hombre pudiera respirar aire fresco mientras dormía la borrachera. Entre tanto, papá se ocuparía de su trabajo.
Al cabo de un par de horas de trabajo, mi padre fue a ver cómo seguía aquel hombre. Al acercarse al automóvil, vio que acababa de despertarse y miraba por la ventanilla. Tenía el cabello revuelto y parecía que no se había afeitado en una semana. Con los ojos todavía inyectados en sangre, el hombre vio que mi padre se le acercaba.
—¿Quién eres? —preguntó con brusquedad. Papá le dijo quién era.
—¿Qué estoy haciendo aquí?
Papá le dijo que lo había visto caer en la acera y añadió:
—No quería que le sucediera nada malo.
—¿Por qué lo hiciste?
—Porque amo a Jesús.
—¿Y cómo es Jesús? —inquirió el extraño.
Entonces papá dijo algo que nunca olvidaré:
—Como yo.
Ahora bien, amigo lector, ¿no es así como se supone que tendría que ser? Jesús dijo: «Yo soy la luz del mundo» (Juan 8:12). Pero eso no es todo. Añadió que nosotros también somos la luz de este mundo (Mat. 5:14).
La Luna no brilla con luz propia. Su luz es un reflejo de la del Sol. Por nuestra parte, solo podremos ser luces en el mundo si mantenemos puesta la mirada en el Sol de justicia, Jesús, nuestro Salvador. (Basado en Mateo 5: 14-16)

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

lunes, 6 de febrero de 2012

HÁBITOS DEL CORAZÓN

La luz se esparce sobre los justos, y la alegría sobre los rectos de corazón. Salmo 97:11, NVI.

«Los años críticos». Así califica la escritora Sharon Parks los años entre la adolescencia y la edad adulta. Esta es la etapa del desarrollo en la que, sin lugar dejar de ser joven, comienzas a vivir en el mundo de los adultos. Es la fase de tu vida en la que, en condiciones ideales, tus conceptos de lo bueno y lo malo echan raíces profundas que te guían en la toma de decisiones.
Durante la infancia y los primeros años de la adolescencia, tus padres y maestros te enseñaron los principios y valores que orientan tu conducta. Esas enseñanzas conforman lo que tú sabes de lo bueno y de lo malo. En una palabra, modelan tus creencias. Cuando llegan los años críticos, la labor formadora de tus padres y maestros idealmente ya ha sido hecha y ahora eres tú quien debe convertir esas creencias en una forma de vida.
¿Qué factores contribuyen para que integres tu conocimiento moral (lo que crees) a tu conducta moral (la forma en que vives) ? Según Steven Garber, existen tres factores, que él denomina «los hábitos del corazón».
- Hábito n° 1 (las convicciones): «¿En qué creo?»
- Hábito n° 2 (los modelos): «¿A quién admiro?»
- Hábito n° 3 (los amigos): «¿Con quién me asocio?»
Después de años de observación y de investigación como profesor universitario, Garber afirma que los jóvenes que han logrado integrar lo que creen con la manera en que viven poseen estas tres características:
1. Tienen sólidas creencias, principios y valores.
2. Han escogido como modelos a personas (en especial a sus padres, maestros y profesores) que han sido un ejemplo viviente de esas creencias.
3. Se han asociado con amigos que los han animado a vivir de acuerdo a lo que creen, y que los han inspirado para hacer lo correcto (The Fabric of Faithfulness [La trama de la fidelidad], pp. 37, 18, 176, 177).
En otras palabras, para vivir a la altura de tus principios no es suficiente que sepas qué es lo correcto. También necesitas ponerlo en práctica. Para lograr este ideal, es muy importante que escojas bien a tus modelos y a tus amigos. Y que lo hagas ahora, durante los años críticos de tu vida.
Señor, dame sabiduría para escoger bien a mis modelos y amigos. Y dame poder para vivir de acuerdo a lo que creo.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

viernes, 18 de noviembre de 2011

LOS EFECTOS DEL VICIO DE REGAÑAR

Gotera continua en tiempo de lluvia y mujer pendenciera, son semejantes: pretender contenerla es como querer refrenar el viento o retener el aceite en la mano derecha. (Proverbios 27:15,16).

Dale Carnegie, en su libro Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, habla de los electos que el vicio de regañar tiene sobre las personas. Especialmente en el hogar los resultados de esta actitud tan negativa son absolutamente devastadores. Tres famosas figuras de la historia: Napoleón III de Francia, León Tolstoi y Abraham Lincoln, fueron infelices en sus matrimonios por culpa del hábito de sus esposas de perseguirlos con sus críticas y quejas constantes. Nunca encontraban nada bueno en ellos que alabar, por eso ellos procuraban pasar la mayor parte del tiempo lejos de sus esposas. ¡Huían de sus propios hogares! Qué cosa tan triste. Napoleón lll se casó con la mujer más hermosa de su época, Eugenia de Montijo, pero toda aquella aparente hermosura y atractivo que conquistaron a su esposo a primera vista no sirvieron para retenerlo mucho tiempo. Su lengua y su actitud lo ahuyentaban.
Nuestras familias no están libres de sufrir un vendaval de quejas y regaños. Como esposas nos agobiamos mucho por causa de las presiones sociales, religiosas y familiares que sentimos sobre nosotras. Queremos responder a muchas expectativas ajenas y propias, queremos que todo esté en orden y bajo control, y que nuestros esposos dediquen tiempo al hogar, que sean cariñosos y tiernos. Aunque en realidad estas son nobles aspiraciones, debemos velar por la forma en que luchamos para obtenerlas. Lo más fácil es pelear, regañar, quejarse, pero así no se obtienen los mejores resultados. Quizás tengamos lo que queremos, pero el precio que tendremos que pagar será demasiado alto y las consecuencias devastadoras. Nuestros esposos evitarán llegar a casa para no sufrir nuestras quejas y regaños, y los estaremos empujando a las garras del enemigo, quien no perderá la oportunidad para satisfacer de otra manera sus carencias afectivas.
Seamos lluvia refrescante, no gotera continua. La lluvia suaviza el terreno más áspero, pero la gotera solo destruye. La crítica y el regaño son actitudes negativas que no logran sino destruir.
Cobija bajo tu lluvia refrescante el corazón sediento de aquel que amas.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

domingo, 30 de octubre de 2011

UN CARÁCTER PARA CIELO

Hasta que entro ante ni Daniel, cuyo nombre es Beltsasar, como el nombre de mi dios, y en quien mora el espíritu de los dioses santos. Conté delante de él el sueño. (Daniel 4:8)

Nabucodonosor estaba convencido de la supremacía del Dios de Daniel, pero puso al siervo del Dios Altísimo el nombre de su incompetente dios, mostrando con ello que no acababa de abrir su corazón a la influencia regeneradora del Espíritu Santo.
A veces nos aqueja ese mismo mal. Dios trata de enseñarnos algo, pero nuestro corazón está cerrado. Sin embargo, este rey no fue abandonado. Dios lo amaba, así como nos ama a ti y a mí. No importa cuánto le cueste limpiarnos, él está dispuesto a hacerlo. Nuevamente el Dios del cielo le daba otra oportunidad, otro sueño y otra búsqueda del verdadero Dios. Sin embargo, Nabucodonosor volvió a llamar a sus sabios, magos, astrólogos y adivinos. Sabia, por experiencias anteriores, que en todo su reino no había más que un hombre capaz de interpretar certeramente los sueños, pero quizás no quería escuchar la verdad de Dios y prefirió que le halagaran el oído.
¿Cuántas veces nos alejamos de la voz divina que nos presenta la verdad absoluta para buscar otra relativa que se acomode mejor a nuestros intereses? Convencido de que solo Dios tenía palabras para él, Nabucodonosor hizo llamar a Daniel y una vez más, el mensaje fue claro, valiente y fiel. Podría haberle costado la cabeza a Daniel semejante interpretación, pero el siervo fiel que había aprendido a confiar en el Dios del cielo no temía lo que otro mortal pudiera hacerle. ¡Qué hermosa fidelidad! No existe nada que pueda hacer tambalear nuestra fe ni apartarnos de Dios si, como Daniel, aprendemos a caminar cada día de la mano de Jesús.
Nabucodonosor no pasó los exámenes anteriores, por lo que Dios tuvo que enviarle uno mucho más duro. Comió hierbas como un animal y allí, en completa humillación, el endurecido corazón del monarca quedó limpio y dócil para poder bombear en las mansiones eternas. Esta es la lección que Dios tiene para ti hoy: Sé humilde y acepta las pruebas que prepararán tu carácter para el cielo.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

martes, 4 de octubre de 2011

CONSTRUYENDO EL CARÁCTER – 1ª PARTE

De esta manera la harás: de trescientos codos será la longitud del arca, de amento codos su anchura de treinta codos su altura (Génesis 6:15).

Se necesitaba precisión en las medidas del arca, pues tenía que ser una construcción capaz de resistir la furia de la naturaleza, por lo que no había lugar para equivocaciones. Dios mismo tomó precauciones al respecto y dio en forma personal las instrucciones para hacerla. Si Noé las seguía, el arca sería todo un coloso de la ingeniería náutica. Pero una embarcación no era lo único necesario para salvar a la gente. Dios había dado las instrucciones, los materiales estaban disponibles y los trabajadores acometieron la obra sin dilación, pero faltaba la entrada en escena de la voluntad humana.
Me gusta comparar la construcción del arca con la edificación del carácter. Nosotros nos enfrentamos constantemente a la furia del pecado que, como un vendaval, lanza nuestra débil embarcación de un lado a otro. Las olas descargan toda su furia tratando de quebrar la madera con que estamos hechos. Dios mismo lo sabe, y nos alerta de que nuestra pelea no es contra carne ni sangre, sino contra todas las huestes del mal. Un mal que, desesperado, busca a quien devorar. Entonces recibimos instrucciones precisas: «Ama a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo». «Ocúpate en la lectura y persevera en la oración». «Cultiva los frutos del espíritu». «No dejes de congregarte». «Testifica a otros del amor de Dios».
Muchas son las indicaciones que nos da Dios para que nuestra embarcación resista el mal. Si se han dado las instrucciones, si tenemos a disposición los materiales de la Biblia y la oración, si los trabajadores están trabajando, ¿qué falta por entrar en juego? La voluntad humana.
¿Deseas la salvación eterna? Todo está preparado, solo falta que le pidas a Dios que obre en ti. Acepta sus instrucciones, atérrate a sus planes, no a los tuyos, y como buen navegante estudia la trayectoria de navegación, asiéndote del timón de la oración y mirando siempre la estrella polar que te llevará al puerto seguro.
Hay un solo obstáculo para que no te salves: tú misma.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera