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miércoles, 1 de febrero de 2017

POR QUÉ LOS POLLOS NO PUEDEN CRUZAR LA CARRETERA

“No sigan las prácticas de la gente que voy a arrojar de delante de ustedes. (…] Yo les prometo que ustedes serán los dueños del país de ellos” (Levítico 20:23, 24).

Si conduces con los ojos vendados o lanzas un moco por la ventanilla en Alabama, estás quebrantando la ley. Así son algunas antiguas y disparatadas leyes de los Estados Unidos. ¿Sabías que no se permite a los alces mantener relaciones sexuales en las calles de Alaska, y que los residentes de Michigan no pueden poner una mofeta en la mesa de sus jefes? A nadie en Omaha, Nebraska, se le permite eructar en la iglesia; y los pobres hombres de Hartford, Connectlcut, no pueden besar a sus mujeres en público los domingos. Los hombres de Delaware no pueden ir de pesca durante su luna de miel. Los residentes de Florida no pueden correr con los ojos cerrados; y en Quitman, Georgia, es ilegal que un pollo cruce la carretera dentro de los límites de la ciudad. Absurdas leyes ahora pero, en su momento, fueron aprobadas por alguna razón. ¡Tenían sentido!
A primera vista, Levítico podría parecer otra lista de normas absurdas, pero las leyes que aparecen en este libro fueron dadas para que los israelitas vivieran mejor que las naciones que los rodeaban. Puede que algunas te parezcan extrañas, como la prohibición de vestir ropa con moho, pero otras tienen mucho sentido, incluso hoy. Por ejemplo, no maldecir a las personas sordas o no poner obstáculos en el camino de un ciego. También son buenas ideas no hacerse tatuajes, no cortarse a uno mismo, no difundir calumnias, no odiar a tu hermano en tu corazón, no ir en busca de venganza ni guardar rencor, y amar a tu prójimo como a ti mismo. (¿Dónde hemos oído esto antes?)
El objetivo de cada una de las leyes de Levítico es apartar al pueblo de Israel de las naciones impías que los rodean. Hoy en día, ocurre lo mismo con las leyes de Dios. No están ahí para arruinar nuestra vida o nuestra diversión, sino para alejarnos y diferenciarnos del estilo de vida que predomina en el mundo. ¡Tienen mucho sentido! Durante el día de hoy, trata de pensar en las diferencias que hay entre el estilo de vida que nos enseña Dios y el que sigue el mundo, y pregúntate cuál proporciona una vida mejor.

Tomado de lecturas devocionales para Adolescentes 2017
FUSIÓN
Por: Melissa y Greg Howell
#Fusión # UnPuntoDeEncuentroEntreTúyDios #MeditacionesMatutina #DevociónMatutinaParaAdolescentes #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

sábado, 14 de enero de 2017

SANCIONADA POR ANDAR DESCALZA

“Moisés le respondió: ‘El problema es que si yo voy y les digo a los Israelitas: “El Dios de sus antepasados me ha enviado a ustedes”, ellos me van a preguntar: “¿Cómo se llama?” V entonces, ¿qué les voy a decir?’ Y Dios le contestó: ‘YO SOY EL QUE SOY. Y dirás a los israelitas: “YO SOY me ha enviado a ustedes'” ” (Éxodo 3:13,14).

Yo solía pensar que podía controlar a mis maestros. Esta fue una de las muchas ideas erróneas que tuve durante mis años de secundaria. Esta creencia errónea pasó a un primer plano durante mi tercer año. Vivíamos en Phoenix, una ciudad calentísima todo el año. En un campus rodeado de pasto por todas partes, no vi razón alguna para usar calientes, pegajosos y sudorosos zapatos, de modo que decidí descalzarme. Por doquier -salones de clase, comedor, capilla y dormitorio- mis pies iban descalzos. Casi nadie prestaba atención a mis pies descalzos, pero la Sra. Ault, sí. Por alguna razón, se propuso calzarme. Técnicamente y por razones de seguridad, estaba escrito en el reglamento escolar que los estudiantes debían llevar siempre zapatos. Ella me lo recordaba cada vez que me veía, pero yo la ignoraba y la desafiaba: “Usted no es mi jefa”. Y.me iba pisando fuerte. Un día, me atreví a apoyar mis pies sucios sobre mi pupitre durante su clase. Ella me pidió que me pusiera los zapatos y yo le contesté: “Los dejé en casa”. Menudo espectáculo… Hasta que un buen día, ella llevó mi caso al Comité de Disciplina. A partir de entonces, me quedó claro que yo no era la jefa.
Los antiguos egipcios creían que, si lograbas descubrir el nombre de un dios, entonces lo podías controlar o invocar para que actuara como quisieras. Ese fue, probablemente, el motivo por el cual Moisés, un hombre altamente entrenado por los egipcios, le rogó a Dios que le dijera su nombre. Sin embargo, Dios no lo hizo. Él solo le respondió: “Yo soy el que soy” (en una traducción más exacta: “Yo soy el que existe realmente y por sí mismo”). Aquí Dios está haciendo una declaración muy directa: “Ustedes, los humanos, no son mis jefes, no pueden forzarme a hacer nada. Yo tengo el control. Yo estoy a cargo”. Eso me consuela. No quiero un Dios al que pueda controlar, porque entonces no sería realmente Dios.
Dios está en el control de este mundo, de tu vida y de tu futuro. MH

Tomado de lecturas devocionales para Adolescentes 2017
FUSIÓN
Por: Melissa y Greg Howell
#Fusión # UnPuntoDeEncuentroEntreTúyDios #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaAdolescentes #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

domingo, 10 de enero de 2016

JUGAR CON DIOS A LAS CANICAS -1

“Hijo mío -le dijo su padre-, tú siempre estás conmigo, y todo lo que tengo es tuyo. Pero teníamos que hacer fiesta y alegramos, porque este hermano tuyo estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se habla perdido, pero ya lo hemos encontrado”. Lucas 15:31, 32, NVI

Jean Piaget, psicólogo evolutivo suizo, estudió en una ocasión a niños que jugaban a las canicas para comprender cómo aborda un niño el bien y el mal. Al realizar ese estudio, descubrió tres fases por las que pasan los niños en el juego de canicas.
La primera fase es la fase de las reglas, cuando los niños pequeños aceptan las reglas del juego tal como les han sido transmitidas por una autoridad mayor incuestionable: su padre. Las reglas están para ser obedecidas, no para desafiarlas. Si quieres ganar el juego, respeta las reglas.
No es de extrañar que la segunda fase sea la fase de rebeldía, cuando los niños de más edad empiezan a desafiar las reglas tradicionales y a experimentar la invención de nuevas reglas propias.
La tercera fase puede denominarse fase de la relación, cuando finalmente los niños crecidos se dan cuenta de lo tontas que eran realmente sus propias reglas inventadas, y ahora, por respeto mutuo, vuelven a las reglas, no por autoridad, sino por el bien de la relación.
En una ocasión Jesús contó una historia sobre las tres fases. Porque cuando el hijo menor del dueño de una hacienda, dando un portazo, casi sacó la puerta trasera de su quicio, el padre supo que podía considerar que su muchacho ya se había ido de casa. Así que, repartiendo la hacienda, dio a ambos hijos su porción de la herencia, con lo cual el muchacho más joven (fase dos) se alejó hacia el horizonte. Se precipitó en la vida urbana, disipó su fortuna con ganas y pasión, acabando arruinado en una pocilga. Sin embargo, recuperando la cordura, vestido de harapos, se puso camino a casa, donde el padre (fase tres) había aguardado noche y día. Reconociendo el familiar paso del muchacho en la distancia, salió corriendo con los brazos abiertos. ¡La fiesta que celebraron aquella noche no tenía precedentes! Y resultó intolerable para el hermano mayor (fase uno), que, con enfado celoso se negó a compartir el gozo de su padre. Fin.
Entonces, ¿en qué fase estás tú? ¿En la fase uno (el muchacho de las reglas que se queda en casa y se pierde), en la dos (el muchacho rebelde que se va de casa y se pierde) o en la tres (el padre relacional que amaba a ambos)? La buena nueva de Jesús para hoy es que el Padre, sobre todo, valora las relaciones -aún más que las reglas que quebrantamos y que las reglas que respetamos-, y por eso sale de casa apresuradamente por sus dos muchachos. ¿A quién podría no gustarle eso?

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016 
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson

lunes, 3 de junio de 2013

LA VERDAD ABSOLUTA SÍ EXISTE

¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo! Isaías 5:20.

El relativismo es una corriente de pensamiento que afirma que no existen verdades universales validas, ya que toda afirmación depende del contexto, o de quien haga la afirmación. El relativismo defiende que nada es verdad ni mentira, bueno ni malo, falso ni verdadero; es una posición muy próxima al escepticismo. Sus partidarios aseguran que todo es relativo y que depende de las circunstancias. En otras palabras, defiende que “todo depende del cristal con que se mire”.

Actualmente impera el relativismo en todas las latitudes; como consecuencia de su influencia mucha gente afirma que todas las religiones tienen aspectos buenos y malos, y que lo mejor es aceptar la existencia de Dios sin comprometerse formalmente con la observancia de una religión en concreto. Otros se sienten tranquilos medrando bajo la premisa de que cada cual debe vivir de acuerdo con sus propios principios, valores, parámetros y códigos de conducta, sin sentir la presión de normas que se le quieren imponer desde afuera. Cada uno es su propia norma, su propio parámetro; impera el criterio personal.

Si el mundo en su totalidad se rigiera por los anteriores parámetros, se produciría un caos total en todos los ámbitos del comportamiento humano. Lo mismo sucedería si desapareciera la fuerza de gravedad, y todos y todo quedara flotando a la deriva en el vasto universo.

Demos gracias porque sabemos que la verdad absoluta está en Cristo. Una verdad maravillosa que nos da paz para vivir y nos sostiene como un ancla; de ese modo no naufragaremos cuando las tormentas de la vida nos azoten. La Palabra de Dios encierra las verdades más absolutas y desenmascara la mentira. Deja al descubierto la falsedad para que podamos ver lo verdadero.

Vivamos el día de hoy disfrutando de esta seguridad. Es posible que no conozcamos todas las verdades respecto a lo que nos ocurre, pero alegrémonos porque conocemos a aquel que es “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). En el no solamente encontramos tranquilidad, calma y sosiego, sino al mismo tiempo sabiduría para responder a los desafíos cotidianos a la vez que tomamos decisiones correctas.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

lunes, 28 de mayo de 2012

TODO LO QUE NECESITAS SABER…


Ya todo ha sido dicho. Honra a Dios y cumple sus mandamientos, porque eso es el todo del hombre. Eclesiastés 12:13.

Imagina un libro titulado: Manual para saber cómo vivir. ¿Cuántas páginas crees que podría tener? La verdad es que no tendría que ser muy extenso porque, para saber vivir, no importa tanto la cantidad de información que poseemos, sino su calidad.
A esta conclusión llegó el escritor Robert Fulghum. Durante años intentó escribir un resumen de las reglas más importantes en la vida. Pero la lista tenía un problema: era muy larga. Y por más que la recortaba, seguía siendo larga. Hasta un día que se le ocurrió echarle a su viejo automóvil gasolina de la más costosa. El experimento no pudo ser peor. Acostumbrado como estaba a la gasolina barata, el viejo cacharro parecía sufrir un ataque de epilepsia cada vez que Robert intentaba echarlo a andar. Por sobre todo, le solía dar el ataque en las intersecciones y cuando iba en bajada. «Si durante tantos años había funcionado bien con la gasolina conocida —se preguntaba Robert— ¿por qué tuve que echarle una gasolina desconocida?»
Cuando Robert reflexionó sobre lo que le había sucedido a su cacharro, se acordó de su famosa lista. Entonces concluyó que para saber cómo vivir basta aplicar lo que ya sabemos que funciona. «Comprendí entonces —escribió— que ya sabía la mayor parte de lo que es necesario para vivir una vida significativa [...]. Y lo sabía desde hace mucho, mucho tiempo» (All I Really Need To Know I Leamed In Kindergarten [Todo lo que necesitaba aprender lo aprendí en el jardín de infantes], pp. 3, 4). Entonces redujo su lista a unas pocas reglas:

  • Comparte lo que tienes
  • Juega limpio
  • No golpees a la gente
  • Devuelve las cosas al lugar donde las encontraste
  • Limpia lo que ensucies
  • No te adueñes de lo que no es tuyo
  • Pide disculpas cuando le hagas daño a otra persona

La lista continúa, pero ocupa menos de una página. ¿Cuándo aprendió Robert esas reglas? ¡Cuando estaba en preescolar!
¿Quieres vivir bien, en paz con Dios y con tu semejante? No tienes que reinventar la rueda ni el agua tibia. Sencillamente, haz lo que ya sabes: lo que tus padres y maestros te enseñaron desde que estabas en el preescolar. Dios nos creó para vivir de acuerdo a los principios de su Palabra. No intentemos funcionar con «combustible» equivocado.
Señor, gracias por tos principios de tu Santa Palabra. Ayúdame hoy a ponerlos en práctica.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala