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miércoles, 5 de febrero de 2020

MOISÉS


Por fe, Moisés, cuando ya fue hombre, no quiso llamarse hijo de la hija del faraón. Hebreos 11:24.

—Este día imaginaremos la historia de Moisés contada por él mismo —dijo el papá.
Hola, soy Moisés. Cuando era bebé, la hija del faraón me adoptó. Sin embargo, los primeros años viví en la sencilla casa de mis verdaderos padres. Allí, mi madre Jocabed me enseñó a adorar al verdadero Dios.
Un día llegó a la casa un carruaje. Venían para llevarme a vivir al palacio. ¡Qué cambio tan grande! ¡Cuánta riqueza había en el palacio! ¡Cuántos dioses extraños por todas partes! No crean que fue fácil verme rodeado de ese esplendor. Había muchas personas que estaban a mi servicio. Además, el faraón me había elegido como su sucesor, por lo que tuve la más alta educación militar. También, como príncipe heredero, debían enseñarme la religión de los egipcios, pero yo nunca acepté nada que no fuera adorar al Dios del cielo.
Mi madre me había contado acerca de la promesa de Dios de llevar a su pueblo a la tierra prometida y los ángeles me dijeron que yo sería el libertador. Me equivoqué porque creía que con mi experiencia en la milicia lo lograría. Un día maté a un egipcio que estaba golpeando a un israelita. Se corrió la voz, me buscaron para matarme, pero yo ya había huido. Caminé por el desierto hasta llegar a un pozo en la región de Madián. Allí llegaron unas jóvenes pastoras a las que yo defendí de unos jóvenes que las estaban molestando, y ayudé a dar de beber a sus animales.
Ellas le dijeron a su padre que habían regresado temprano porque un forastero las había ayudado. Así conocí a mi futuro suegro, Jetro, pues me casé con su hija, Séfora. Había cambiado mucho mi vida, pero preferí ser fiel a Dios que gozar de las cosas terrenales que me habían ofrecido. Te animo a hacer lo mismo.
Tu oración: Querido Dios, que los asuntos de este mundo no me aparten de ti.
 ¿Sabias que… Jetro, el suegro de Moisés, era sacerdote del verdadero Dios?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2020.
“DESCUBRE EL MEJOR LIBRO DEL MUNDO”
Por: Noemí Gil Gálvez
Lecturas Devocionales para Menores 2020.


sábado, 6 de febrero de 2016

LA ELECCIÓN

“Ya no los llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; yo los he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, se las he dado a conocer a ustedes. Ustedes no me eligieron a mí. Más bien, yo los elegí a ustedes”. Juan 15:15, 16, RVC

Volvamos un momento a aquel patio de escuela a la hora del recreo. Nunca fui uno de los deportistas de la escuela. No era el que mejor pateaba el balón, ni el que más rápido corría en la pista. Tanto es así que si el maestro me hubiese pedido alguna vez ser el capitán de un equipo en la hora del recreo, ¡sin duda no me habría elegido a mí mismo!
Pero no era un caso del todo perdido. Porque tenía un amigo que tenía muchas más habilidades atléticas que yo. Y siempre que el maestro lo elegía para que fuera capitán, yo sabía que, tarde o temprano, me elegiría para su equipo. Debo confesar que nunca me senté realmente a analizar todos los ángulos psicológicos para determinar si me escogía por pena o amistad. No importaba, porque ¡me elegía!
En la víspera de su ejecución, Jesús estudió el rostro de los que habían permanecido con él tanto tiempo. Al día siguiente moriría por ellos. Aquella noche debía decirles cuánto significaban para él. Por otra parte, ¿te fijaste en la palabra que usó para describirlos en nuestro texto? “Os he llamado amigos”. Y la maravillosa realidad de tener un amigo como Capitán es la certeza de que te va a elegir. Y, como era de esperar, apenas Jesús nos llama amigos suyos, declara: “Yo os elegí a vosotros”.
Y es bueno que lo tengamos claro: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros”. Lo cual, por supuesto, es la verdad sobre los elegidos: Se elige a Aquel que te elige a ti. Como en el recreo. Cuando por fin pronuncian tu nombre y vas corriendo a unirte a tu amigo que acaba de librarte de esa fila solitaria, eliges alegremente estar en el equipo del capitán. ¡Aleluya! ¿Por qué? Porque él te eligió primero, tú lo eliges a él en reciprocidad. “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros”.
Y esa es la verdad sobre los dos movimientos de “entrada” que Dios ha suscitado. Ninguno lo eligió a él primero: él los eligió a ellos. Y, por humilde gratitud, ambos lo eligieron a él en reciprocidad.
“Y Jehová ha declarado hoy que tú eres pueblo suyo, de su exclusiva posesión, como te lo ha prometido” (Deut. 26:18). Por eso, cuando has sido elegido, por gratitud, en reciprocidad, ¡lo eliges a él rápidamente!

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson
#ElSueñoDeDiosParaTi #MeditacionesMatutinas #DevocionMatutinaParaAdultos #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

martes, 2 de febrero de 2016

EL PROCESO DE SELECCIÓN

“Porque tú eres un pueblo consagrado al Señor tu Dios, y a ti te ha elegido el Señor de entre todos los pueblos de la tierra para que seas el pueblo de su propiedad”. Deuteronomio 14:2, LPH

Seamos sinceros. Hay un proceso obvio de selección en todas las Escrituras. Adán y Eva tienen dos hijos: uno es elegido por Dios y el otro rechazado. El mundo antediluviano incluye a un hombre llamado Noé y a su familia: estos ocho son elegidos y el resto del mundo rechazado.
Una familia gentil de Ur de los caldeos tiene un muchacho llamado Abram: él es elegido por Dios y el resto de la familia queda fuera. Abraham tiene dos hijos: ambos son elegidos por Dios, pero solo uno recibe el destino más elevado. Ese, Isaac, tiene dos hijos: uno es elegido por Dios y el otro queda marginado en un destino menor. El hijo elegido, Jacob, tiene doce hijos: el segundo más joven es elegido por Dios para ser el liberador y los otros acaban inclinándose ante él. La tierra de Egipto se llena de los hijos de Israel, y tras un par de siglos Dios elige a los esclavos y rechaza a los amos.
Israel entra en la tierra prometida y clama por un rey: Dios elige a Saúl, pero luego lo “des-elige”, favoreciendo en su lugar a un pastorcillo llamado David. El reino de Israel prospera y crece y luego apostata y cae: los reyes se suceden, algunos elegidos por Dios y otros rechazadas, hasta que por fin todo lo que queda es un “remanente”.
Tras el largo y penoso exilio, el remanente disperso vuelve a casa, y siglos después Dios aparece en la persona de Emanuel, Jesús de Nazaret, amado por las masas pero rechazado por los dirigentes y ejecutado. Y cuando resucita, surge un nuevo “elegido” sin trabas de ADN, de fronteras geográficas y sin estar limitado tan siquiera por el templo de Jerusalén. Y así prosigue indefinidamente la historia del “elegido”.
¿Y? En toda la historia sagrada Dios ha tenido una comunidad de fe que ha identificado como “los elegidos”. Allí, en los límites de la tierra prometida, Moisés hace entender el quid incontrovertible de la cuestión: Tú “eres pueblo santo a Jehová, tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único entre todos los pueblos que están sobre la tierra”.
Porque, verás, cuando estás en la frontera misma de la tierra prometida, ya va siendo hora de que comprendas la misión divina a la que se te llama.

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson
#ElSueñoDeDiosParaTi #MeditacionesMatutinas #DevocionMatutinaParaAdultos #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

lunes, 1 de febrero de 2016

RECUERDOS DE LA HORA DEL RECREO

“Porque para el Señor tu Dios tú eres un pueblo santo; él te eligió para que jueras su posesión exclusiva entre todos los pueblos de la tierra”. Deuteronomio 7:6, NVI

Cuando piensas en el hecho de haber sido elegido, ¿se retrotrae tu mente a los lejanos días en la hora de recreo en aquel patio de escuela cuando el maestro pedía a los dos chicos más grandes de la clase que formasen equipos para algún deporte? ¿Te acuerdas de cómo el resto se ponían en fila, aguardando educadamente a que se pronunciara el nombre de cada cual? ¿Y te acuerdas de cómo estabas allí de pie, aguantando nerviosamente la respiración, cambiando tu peso de un pie al otro, esperando en vano que esa vez fueras elegido? Sin embargo, cuando los capitanes iban eligiendo quisquillosamente en aquella fila que se hacía más corta cada vez con cada nombre pronunciado, una fila en la que aún seguías tú, ¿te vino a la cabeza el pensamiento terrible: “Puede que no me elijan en absoluto. Supongo que tendré que quedarme otra vez en las bancas y ver a los niños que fueron elegidos’ jugar su partido”?
Algunos sabemos, por triste experiencia, que no ser elegido no es nada gracioso. Ya se trate de la elección de presidente o de una invitación a una fiesta, a nadie le gusta que lo hagan de menos.
Entonces, ¿qué hacemos con estas palabras de Dios, debidamente transmitidas a los hijos de Israel por medio de su anciano dirigente Moisés? Los cuarenta años de peregrinaje por el desierto casi han terminado. Salvo Josué y Caleb, toda una generación de más de sesenta años está ahora muerta. Estas palabras forman parte de la despedida más larga de la literatura sagrada, cuando por última vez Moisés repasa con los hijos adultos la dirección divina de las últimas cuatro décadas. Sus madres, sus padres y sus abuelos son todos polvorientos montículos mortuorios en el desierto que hay a su espalda. La incredulidad ha privado de la tierra prometida a toda una generación. Y hasta su amado dirigente, entrado en años, ascenderá en unos días una montaña solitaria para morir en soledad a este lado de Canaán, precio elevadísimo por la responsabilidad moral de los dirigentes espirituales.
“El Señor tu Dios […] te eligió para que fueras su posesión exclusiva”. En realidad, no hay ninguna manera diplomática de expresar esto. Moisés simplemente pronuncia la verdad. Sobre todos los pueblos de la raza humana, ustedes -esta pandilla liberada de esclavos procedente de Egipto- han sido elegidos por Dios para ser “su posesión exclusiva”. Punto. Pero en nuestra época de imparcialidad igualitaria esto difícilmente parece cortés ni adecuado, ¿verdad? A no ser, por supuesto, que ser elegido tenga más que ver con Dios que con nosotros.

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson
#ElSueñoDeDiosParaTi #MeditacionesMatutinas #DevocionMatutinaParaAdultos #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

domingo, 31 de enero de 2016

FUE ELEGIDA POR EL ÁNGEL

Jehová, en cuya presencia he andado, enviará su ángel contigo, y prosperará tu camino. Génesis 24:40.

Puede parecemos extraño que Isaac no fuera a la Mesopotamia a elegir su propia esposa. Pero, en aquellos días era costumbre que los padres hicieran la selección. Esto no significaba que el hijo o la hija tuvieran que amar o casarse con el elegido, pero tenían confianza en la experiencia y la sabiduría paternas.
Así que, esta era la forma en que sucedió que Eliezer, el siervo de Abraham de hacía mucho tiempo, fue enviado hacia el norte en aquel viaje al rico país de la ribera del este, cuando se detuvo en el pozo, que estaba fuera de la ciudad de Nacor, cerca de Harán, Lliezer oró muy seriamente para que Dios lo ayudara. ¿Cómo podría elegir sin su dirección? Le pidió a Dios que un acto de cortesía fuera la señal.
Y allí estaba ella, lista para ayudar. Rebeca no solo era hermosa de contemplar, sino tnmbién su amabilidad y sus modales competentes no se podían ocultar. Le ofreció a Eiezer un trago de su cántaro y también les dio a sus camellos. Eliezer estaba estupefacto. Simplemente, se paró allí mientras la muchacha les daba de beber a los diez camellos sedientos. Llevó muchos cántaros, pero cuando la tarea estaba hecha, ella lo miró y sonrió; entonces, él supo que era la correcta.
Cuando le dijo que su nombre era Rebeca, hija de Betuel, sobrino de Abraham, Eliezer bajó su cabeza y agradeció a Dios. Ahora estaba doblemente seguro.
Rebeca corrió con entusiasmo a contarle a su familia acerca del encuentro con el extraño en el pozo. Luego, las cosas comenzaron a ocurrir muy rápidamente. Su hermano Labán salió corriendo para encontrarse con Eliezer y, en breve, todos los camellos estaban acostados con mucho heno para pasar la noche, mientras Eliezer y los hombres que estaban con él estaban sentados con la familia de Rebeca para cenar. Pero, antes de siquiera tomar un bocado, Eliezer tenía que contar toda la historia de por qué había venido y cómo había encontrado a Rebeca. Entonces, repitió el versículo de hoy. El ángel de Dios había ido delante de él.
La familia de Rebeca quería celebrar con una fiesta de diez días, pero Eliezer sacudió su cabeza. No, debía volver enseguida, a la mañana siguiente. La gran pregunta ahora era: Con tan poco tiempo para decidir, ¿iría Rebeca, con un total desconocido a una tierra extraña para casarse con un hombre del que nunca antes había sabido? Se volvieron a ella y le preguntaron:
“¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Si. iré” (Génesis 24:58).

Tomado de devoción matutina para menores 2016
¡GENIAL! Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward
#GenialDiosTieneUnPlanParaTi #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMenores #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

viernes, 15 de enero de 2016

UNA HISTORIA DE TRES MONTES -1

“¡Cómo caíste del cielo, Lucero, hijo de la mañana! […] Tú que decías en tu corazón: ‘Subiré al cielo. En lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono y en el monte del testimonio me sentaré […]; sobre las alturas de las nubes subiré y seré semejante al Altísimo’ Isaías 14:12-14

Una tarde realicé una visita pastoral a una pareja de ancianos de mi congregación, varias veces bisabuelos por entonces. En una repisa se amontonaban fotos de la familia, llegando a retratos del colegio, contando todas ellas animadas historias de sus siete hijos y su descendencia. Al evocar los recuerdos, los ancianos progenitores llegaron al último retrato, su hijo pequeño. Se deslizó una nota de tristeza en la voz de la madre al hablar de su muchacho, que se había criado en el mismo hogar, con los mismos valores familiares que el resto, pero que, por razones que nadie conocía, había dado la espalda a todo ello. Los rechazó. Se rebeló.
Imagínate a esta familia congregada en una reunión para la cena de Navidad. Seis de los hijos y su prole han venido a casa para estar con mamá y papá. Hay carcajadas, sonrisas y gozo, apiñados todos alrededor de la mesa familiar. Pero, ¡un momento! Cuando papá se pone de pie para orar, ¿qué es eso que corre por la mejilla de mamá? ¿Una lágrima? Pero, querida mamá, seis de tus siete hijos han venido a casa; ¿no es razón suficiente para estar feliz? Sin embargo, todos conocemos la verdad universal. ¿Cómo puede estar feliz el corazón de una madre cuando falta uno de sus hijos?
Hubo una vez, hace mucho tiempo, un Padre perfecto y un hogar perfecto. Pero uno de los hijos se rebeló contra todo lo que representaba y valoraba la familia, dejando un corazón quebrantado y un hogar roto en un cielo ahora también roto.
No se puede contar la historia del Padre sin rememorar la historia de Lucifer. El mismo hogar, el mismo Padre, pero resultados tan trágicamente opuestos con el favorito de la familia, que secretamente codiciaba sentarse “en el monte del testimonio” (léase “el trono de Dios”). “¡Ah! ¡Si tan solo yo fuera Dios!”, susurró insidiosamente. Y el resto es historia: la desgarradora historia de un universo dividido y un planeta en rebelión.
Era el más elevado de los elegidos, pero escogió convertirse en antagonista. Y partió el corazón de nuestro Padre celestial, un corazón que aún llora por un muchacho que no vuelve a casa.

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016 
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson

miércoles, 13 de enero de 2016

UN ABRAZO EN BLANCO Y NEGRO

“Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y fue movido a misericordia, y corrió y se echó sobre su cuello y lo besó” Lucas 15:20

¿Te has preguntado  alguna vez por qué Jesús murió con los brazos extendidos? Quizá la fotografía premiada de la revista Life lo explique de manera óptima.
Fue una fotografía de actualidad del día de 1973 en que los prisioneros de guerra estadounidenses volvieron a casa desde Vietnam. El gigantesco avión de transporte Lockheed C-130 Hércules de color gris había aterrizado y rodado por la pista de una base aérea de la costa oeste de los Estados Unidos. Los primeros prisioneros de guerra descendieron por la escalerilla, para recibir la bulliciosa bienvenida de sus seres queridos, que aguardaban tras un cordón de seguridad. Pero nuestros ojos se sienten atraídos hacia un soldado en particular, vestido de caqui militar almidonado, con su gorra plisada puesta encima de un rostro demacrado pero orgulloso.
Algo ha captado su atención. Alguien ha conseguido zafarse de la multitud acordonada y va corriendo hacia él, con un aspecto de éxtasis gozoso en su rostro, con su larga cabellera ondeando al viento del aeropuerto. Él debe de haberla oído llamarlo, porque, al reconocerla, ha dejado caer instintivamente su petate y tiene las rodillas dobladas, con los brazos abiertos de par en par para abrazar a su niñita. Y cuando se dispara el obturador de la cámara, los pies de la niña ya no están en el suelo y tiene los brazos suspendidos en el aire, extendidos hacia su padre, que había vuelto. Imagen congelada. Un momento de intemporalidad en blanco y negro: el retrato de una reunión de un padre y su hija.
Y por eso Jesús murió con los brazos extendidos. Para que nunca olvidáramos que son los brazos de nuestro Padre que está en los cielos. Brazos abiertos de par en par con la verdad alegre y gloriosa de que lo que a Dios siempre le ha interesado en grado sumo es que sus hijos entren en su abrazo abierto de par en par.
Entonces, ¿no congelaremos esa imagen también en nuestra mente? Porque si las relaciones son lo más importante para el Dios del universo, ¿no deberían ser lo más importante para su iglesia, sus amigos, a ti y a mí? ¿No es ese momento en blanco y negro la razón misma por la que existen los elegidos? ¿Elegidos por Dios no solo para entrar nosotros mismos en ese abrazo abierto de par en par, sino elegidos para llevar esta gloriosa imagen de él hasta los rincones más alejados de nuestra vida y de nuestro mundo?
Con una foto así, por más que lo intente, no se me ocurre ninguna razón para no entrar en esos brazos extendidos? ¿Y a ti?

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016 
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson

lunes, 11 de enero de 2016

JUGAR CON DIOS A LAS CANICAS 2

“Pero él le contestó: ¡Fíjate cuántos años te he servido sin desobedecer jamás tus órdenes, y ni un cabrito me has dado para celebrar una fiesta con mis amigos! ¡Pero ahora llega ese hijo tuyo, que ha despilfarrado tu fortuna con prostitutas, y tú mandas matar en su honor el ternero más gordo!’ ” Lucas 15:29, 30, NVI
CONTINUANDO con la historia de ayer, ¿te has fijado en lo que dice el hermano mayor? “Cuántos años te he servido”. O sea: “He guardado, sin excepción, cada una de tus reglas, nunca he pecado, me he negado placeres, todo porque creía que eso demandabas de mí. Y, ¿qué recibo por llevar una vida tan monótona y triste? ¡Nada!”
¿Te suena? ¿Podría haber también en un rincón de nuestro corazón un hermano o una hermana mayor? ¿Venimos sirviendo a Dios todos estos años por una sensación de pesada obligación, una obediencia temerosa que piensa sin parar Si no lo obedezco, me va a privar de la herencia?
Por favor, no me malinterpretes. No me opongo a las reglas ni a los mandamientos de Dios. Nuestro amante Padre, como cualquier buen progenitor, proporciona reglas protectoras para sus hijos. Pero el sometimiento plúmbeo a esas reglas por ganarse su herencia…, ¿dónde está el gozo, la paz y la libertad en eso? ¿Podría ser esta la razón de las caras severas que hay en la iglesia en estos días? Hermanos y hermanas mayores (que puede que no sean más viejos) que nunca se han marchado, pero que han huido espiritualmente de la gracia, el amor, el gozo y la paz de la casa del Padre. Oímos “la música del baile” (Luc. 15:25) que provienen a raudales de la casa del Padre, pero nos negamos a entrar, sudando en sus campos, pero lejísimos de su corazón.
Casi se puede oír la voz entrecortada del padre cuando deja la fiesta y se adentra en la creciente oscuridad para amar a su muchacho mayor. “Hijo mío […], todo lo que tengo es tuyo”; o sea, ¿no sabías que mi herencia ya era tuya? Jamás esperé que sirvieras ni por ella ni por mí. Tú eres mi hijo. Tienes tanto mi corazón como mi tierra. ¡Si tan solo quisieras mi amistad!
Porque esa es la verdad de la fase tres sobre Dios, ¿no? Es un Ser en busca de amigos. “Todo lo que tengo es tuyo”, lo que, en realidad, significa: “Tú eres todo lo que quiero”.
Y con todo lo que el Padre tiene para ofrecerte y con todo lo que tú tienes para darle, ¿no es el momento oportuno de dejar de sentirse esclavizado por él y empezar a celebrar con él? Después de todo, ¿no se han elegido mutuamente?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2016
ELEGIDOS
El sueño de Dios para ti
Por: Dwight K. Nelson

domingo, 10 de enero de 2016

JUGAR CON DIOS A LAS CANICAS -1

“Hijo mío -le dijo su padre-, tú siempre estás conmigo, y todo lo que tengo es tuyo. Pero teníamos que hacer fiesta y alegramos, porque este hermano tuyo estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se habla perdido, pero ya lo hemos encontrado”. Lucas 15:31, 32, NVI

Jean Piaget, psicólogo evolutivo suizo, estudió en una ocasión a niños que jugaban a las canicas para comprender cómo aborda un niño el bien y el mal. Al realizar ese estudio, descubrió tres fases por las que pasan los niños en el juego de canicas.
La primera fase es la fase de las reglas, cuando los niños pequeños aceptan las reglas del juego tal como les han sido transmitidas por una autoridad mayor incuestionable: su padre. Las reglas están para ser obedecidas, no para desafiarlas. Si quieres ganar el juego, respeta las reglas.
No es de extrañar que la segunda fase sea la fase de rebeldía, cuando los niños de más edad empiezan a desafiar las reglas tradicionales y a experimentar la invención de nuevas reglas propias.
La tercera fase puede denominarse fase de la relación, cuando finalmente los niños crecidos se dan cuenta de lo tontas que eran realmente sus propias reglas inventadas, y ahora, por respeto mutuo, vuelven a las reglas, no por autoridad, sino por el bien de la relación.
En una ocasión Jesús contó una historia sobre las tres fases. Porque cuando el hijo menor del dueño de una hacienda, dando un portazo, casi sacó la puerta trasera de su quicio, el padre supo que podía considerar que su muchacho ya se había ido de casa. Así que, repartiendo la hacienda, dio a ambos hijos su porción de la herencia, con lo cual el muchacho más joven (fase dos) se alejó hacia el horizonte. Se precipitó en la vida urbana, disipó su fortuna con ganas y pasión, acabando arruinado en una pocilga. Sin embargo, recuperando la cordura, vestido de harapos, se puso camino a casa, donde el padre (fase tres) había aguardado noche y día. Reconociendo el familiar paso del muchacho en la distancia, salió corriendo con los brazos abiertos. ¡La fiesta que celebraron aquella noche no tenía precedentes! Y resultó intolerable para el hermano mayor (fase uno), que, con enfado celoso se negó a compartir el gozo de su padre. Fin.
Entonces, ¿en qué fase estás tú? ¿En la fase uno (el muchacho de las reglas que se queda en casa y se pierde), en la dos (el muchacho rebelde que se va de casa y se pierde) o en la tres (el padre relacional que amaba a ambos)? La buena nueva de Jesús para hoy es que el Padre, sobre todo, valora las relaciones -aún más que las reglas que quebrantamos y que las reglas que respetamos-, y por eso sale de casa apresuradamente por sus dos muchachos. ¿A quién podría no gustarle eso?

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016 
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson

viernes, 8 de enero de 2016

EL MÉTODO DE RESCATE DEL INCENDIO DIVINO

“En tiempos antiguos Dios habló a nuestros antepasados muchas veces y de muchas maneras por medio de los profetas. Ahora, en estos tiempos últimos, nos ha hablado por su Hijo, mediante el cual creó los mundos y al cual ha hecho heredero de todas las cosas”. Hebreos 1:1,2, DHH

¿Qué pasaría si te despertases una noche y descubrieras la casa de tu vecino de al lado envuelta en llamas? Y, saliendo a toda prisa, reconoces a su niñita gritando por la ventana de su habitación en el segundo piso. Con sus padres brillando por su ausencia, entras corriendo por la puerta principal y subes las escaleras hasta su habitación. Paralizada por el pánico y aún chillando, la niña rehúsa abandonar la ilusoria seguridad de su alcoba. Intentas darle mimos, convencerla, pero todo es inútil. Tiene demasiado miedo.
Mientras tanto las llamas crepitan en la sala. Es ahora o nunca. ¿Qué harías? Lo que cualquier bombero haría en la misma circunstancia. Agarras a la niña, con tu brazo sobre sus extremidades agitadas, con tu mano sobre su boca, y echas a correr como si de ello dependiera tu vida, y en verdad es así. ¿Por qué? Porque cuando la casa está incendiada no hay tiempo para sutilezas corteses. La regla del bombero es simple: rescata primero, explica después.
¿Podría esta regla ser la explicación de los actos de Dios en el Antiguo Testamento? ¿Cuántas veces dio la impresión de que su casa de fe estaba envuelta en llamas? Sus hijos profundamente dormidos o distraídos o incluso presa del pánico, y todas las súplicas y todos los mimos divinos a través de los profetas y los patriarcas por igual parecían no despertarlos ni cambiarlos. ¿Qué ha de hacer un rescatista? Si su objetivo es salvar a los atrapados, tendrá que rescatar primero y explicar después. No porque no tenga una disposición al diálogo y a la conversación razonada, sino porque ¡el peligro es demasiado inminente como para explicar en el instante!
Precisamente eso fue lo que Dios hizo, casi sacando a sus hijos a rastras de una crisis tras otra. Las explicaciones plenas, sencillamente, tendrían que esperar, porque su supervivencia dependía de un rescate divino inmediato.
Nuestro texto declara: “En tiempos antiguos Dios habló a nuestros antepasados muchas veces y de muchas maneras por medio de los profetas. Ahora, en estos tiempos últimos, nos ha hablado por su Hijo”. Porque “en estos últimos tiempos” Jesús sigue siendo la explicación más clara de Dios y su amor. Cuando, en el Calvario, su propia casa se encontraba envuelta en llamas y no había nadie allí para rescatarlo, vimos al fin las profundidades del amor divino que se sacrificó a sí mismo para que pudiéramos ser salvos de las llamas por los siglos de los siglos. Amén.

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016 
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson

domingo, 3 de enero de 2016

ELEGIDO EN EL COMIENZO

“Alabemos a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por medio de Cristo nos ha bendecido con toda suerte de bienes espirituales y celestiales. Él nos ha elegido en la persona de Cristo antes de crear el mundo”. Efesios 1:3, 4, LPH

Gracias a internet, el mundo entero conoce el significado del símbolo @ o “arroba”. Sin él, nunca encontraríamos el camino en el ciberespacio ya que indica en qué servidor está alojada una dirección de correo electrónico. Por eso, en inglés se pronuncia at, o sea, “en”. Una joven pareja china, deseando ser a la vez original y reflexiva, pidió al gobierno que inscribiera el nombre de su recién nacido como “@”. Aunque ya te comenté que en inglés este signo se pronuncia at, en chino los equivalentes de las letras “a” y “I” pueden pronunciarse de forma que suenen como el equivalente de “amarlo”. Y esta pareja amaba a su bebé.
Nuestro texto proclama que, como señal de su amor por sus hijos de la tierra, Dios nos eligió -a ti y a mí- mucho antes de que naciéramos, mucho antes de que el mundo fuera creado. ¿Por qué? “Nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad” (Efe. 1:5, LBA).
¿Puedes creerlo? Elegir a persones como tú y yo ha contado con el beneplácito de Dios, lo ha complacido, le ha dado muchísimo placer. Por otra parte, ese es el meollo de cualquier adopción, ¿no? El gozoso placer de elegir a tu hijo -no hay “resbalones” ni accidentes en una adopción-: uno elige a su hijo muy minuciosamente y de forma intencional. Igual que hizo Dios cuando nos eligió para que fuéramos sus hijos. Pero, tristemente, ¡qué fácil es que olvidemos nuestra condición de elección! El Rey del universo nos ha adoptado en su familia; y, no obstante, ¡nos arrastramos por la vida subsistiendo a duras penas, abatidos como indigentes, cuando hemos sido adoptados como príncipes y princesas! Cuán apenado se debe sentir Dios frente a mis preocupaciones, mi lloriqueo, mi olvido de la gloriosa verdad de ese antiguo cántico evangélico “Del Padre los bienes no tienen igual; de piedras preciosas enorme caudal”. ¿No es una vergüenza estar quejándome cuando “soy hijo del Rey”?
Nuestros documentos de adopción fueron inscritos y firmados en carmesí en el Calvario, ¡qué gran noticia! “Nos hizo aceptos en el Amado” (vers. 6). Elegidos, adoptados, ¡aceptados! ¿Qué más podríamos pedir?
“Tal amor es incomparable. ¡Que podamos ser hijos del Rey celestial! ¡Preciosa promesa! ¡Tema digno de la más profunda meditación! ¡Incomparable amor de Dios para un mundo que no lo amaba!” (El camino a Cristo, cap. 1, p. 22).

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016 
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson

sábado, 2 de enero de 2016

EL DIOS DE LOS ELEGIDOS

“Dios, que me había elegido ya desde antes de mi nacimiento, me llamó por pura benevolencia”. Gálatas 1:15, LPH

¿Logras captar lo que Pablo quiere decir? Dios llamó y eligió a Pablo, y a ti y a mí antes incluso de que naciéramos. Esta es una buena noticia que hacemos bien en recordar en esos episodios oscuros y luctuosos en los que tú y yo, con lágrimas de autocompasión, ¡gimoteamos a Dios por lo carente de significado e inútil que “es mi vida realmente”!

“Pero -protestas-, tú no me conoces. Mis padres no me planearon, no me querían: Soy un tremendo ‘resbalón ”. Y puede que tengas razón. Pero nuestro texto es clarísimo: hay Alguien en el universo que sí te quiso y te planeó. Igual que Fares y Zara, gemelos no planeados ni queridos que acabaron en el árbol genealógico del Mesías (ver Gén. 38 y Mat. 1). Porque, independientemente de tus padres, sigues siendo el elegido de Dios.
“Pero nací con una terrible minusvalía -señalas-, lo que hace de mí un error de la naturaleza”. Entonces, permite que te presente a mi amigo ciego, Ray McAllister, estudiante de doctorado en la Universidad Andrews, donde vivo y trabajo. Él me envió por correo electrónico esta bella oración: “Oh Dios, permíteme ser una persona ciega en su cuerpo, pero que pueda verte en espíritu con suma claridad y que pueda mostrarte a los demás y llevar otras personas a ti, a tu amor, a tu providencia y que, al hacerlo, pueda ayudar a que otros que son invidentes en el espíritu, pero videntes en el cuerpo reciban vista”. Porque, con independencia de la madre naturaleza, sigues siendo el elegido de tu Padre celestial.
“Pero -respondes-, la realidad es que soy demasiado viejo para que me elijan para algo”. ¿Lo dices en serio? ¡Dile eso a Ana, la anciana viuda, cuya vida entera fue una cuenta regresiva hasta esos cinco minutos en que vio al Mesías niño en brazos de su madre, y lo proclamó a todas las personas que había en el templo! Cuéntaselo a Moisés, cuyos primeros ochenta años de vida no fueron más que un preludio a cuarenta años adicionales de liderazgo inesperado. Porque, independientemente de tu edad, sigues siendo el elegido de Dios.
 Y si eres el elegido de Dios, entonces eso solo puede significar que él tiene un plan para ti, una misión excepcional para una criatura excepcional. Por eso, el objeto de este nuevo año no es descubrir nuestros sueños, sino, más bien, seguir el destino trazado por Dios. Y eso hace de la oración de David la adecuada para Aquel que nos ha elegido: “Dirígeme por amor a tu nombre” (Sal. 31:3, NVI). ¿Quién mejor para guiarnos este nuevo año que Aquel que nos eligió?

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson