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domingo, 16 de febrero de 2020

LAS PISADAS DEL MAESTRO

Para esto fuisteis llamados, porque también Cristo padeció por nosotros dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas. 1 Pedro 2:21.

JoEllen Johnson, madre de familia numerosa, se dio cuenta de que su hijito de tres años la seguía constantemente. Pero el niño resultaba un estorbo, pues impedía que su madre llevara el ritmo necesario para terminar las tareas domésticas. Intentó persuadirlo para que jugara a un lado. Pero cada paso que daba la madre, el niño también Cuando su mamá le pedía que no la siguiera, él replicaba sonriendo:
—Yo quiero estar contigo.
Finalmente, la mamá se dio por vencida y dijo:
—Está bien, pero dime, ¿por qué estás todo el tiempo a mis pies ?
A lo que el pequeño respondió:
—La maestra de preescolar nos dijo que siempre siguiéramos las pisadas de Jesús y, como no veo a Jesús, te sigo a ti.
Con lágrimas de gozo, JoEllen abrazó a su hijito y se sentó a conversar un buen rato con él. Tan sencillo ejemplo resultó ser inspirador.
El texto de hoy nos invita a seguir las pisadas de Jesús. Pero el mensaje se nos presenta en el contexto del padecimiento. Es decir, Cristo sufrió por nosotros y se nos pide que sigamos su ejemplo. El sufrimiento es parte de conocer a Jesús, pues su vida fue sufrimiento: herido, molido, castigado y afligido (Isaías 53). El sufrimiento también conduce al perfeccionamiento (1 Pedro 5:10). Y la prueba lleva a la paciencia que acaba haciéndonos cabales y cubriendo todas nuestras necesidades (Santiago 1:3-4).
Ser padre o madre se traduce a veces en sufrimiento. En efecto, aparte de las muchas satisfacciones que proporcionan los hijos, también son fuentes de preocupación, ansiedad y dolor por cuestiones de salud, relaciones, temperamento, estudios, planes de futuro e incluso abierta rebeldía. Con frecuencia es un reto criar y educar a nuestros hijos y, para ellos, no es fácil mantener una relación óptima con sus padres.
La solución viene necesariamente de ambas artes: Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. (Efesios 6:1) y también padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos… (vers. 4). En todo caso, la tarea no es fácil y requiere mucha sabiduría. Pídele hoy a Dios ese don de la sabiduría en lo tocante a las relaciones familiares. Su promesa certera dice: Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y e será dada. Santiago 1: 5.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2020.
UN CORAZÓN ALEGRE
Julián Melgosa y Laura Fidanza
Lecturas devocionales para Adultos 2020.


lunes, 11 de abril de 2016

¿QUÉ HARÍA JESÚS?

“Jesús fue a Nazaret, el pueblo donde se había criado. El sábado entró en la sinagoga, como era su costumbre, y se puso de pie para leer las Escrituras”. Lucas 4:16, DHH

El libro In His Steps [Siguiendo sus pisadas], de Charles Sheldon, es una obra modélica de muy amplia difusión que tiene más de un siglo de antigüedad. Es la historia de un pastor llamado Henry Maxwell y de su congregación, la Primera Iglesia de Raymond. Una soleada mañana, cuando el pastor terminaba su sermón, un vagabundo avanzó dando tumbos por el pasillo de la Iglesia, elevó la mirada hacia el pastor en su pulpito y preguntó si podía dirigirse a la congregación. El sorprendido pastor mostró deferencia al desconocido haciendo un gesto afirmativo con la cabeza. El hombre se giró, mirando a los fíeles y, con voz vacilante, contó que había perdido su empleo en otra ciudad diez meses antes. Llevaba tres días errando por las aceras de Raymond en busca de empleo. Pero no había recibido ni siquiera una palabra de compasión de algunos de los rostros que había en la iglesia esa mañana. “He estado sentado en la gradería de ustedes mientras su pastor hablaba de seguir a Jesús. Pero, ¿qué quieren decir ustedes con “qué haría Jesús”? ¿Es eso lo que significa seguir sus pisadas?”
El mendigo se tambaleó y después se desplomó junto al estrado de la iglesia. Unos días más tarde, murió. Charles Sheldon urde entonces la inspiradora historia de una congregación que se esforzó por hallar y conocer la respuesta a la pregunta del mendigo: “¿Qué haría Jesús?”
En nuestros días hay gente que lleva puestas pulseras QHJ con ese interrogante. No obstante, qué haría o qué hacía Jesús sigue siendo una pregunta válida en lo que respecta al sábado, ¿no? ¿Cuál es el ejemplo de Jesús?
En el texto de hoy Lucas observa que Jesús adoraba en sábado “conforme a su costumbre”. Todo el mundo tiene costumbres o hábitos personales. Generalmente empezamos con el mismo pie cuando nos ponemos los calcetines, nos sentamos en el mismo banco cuando adoramos en la iglesia, nos damos la mano cuando nos presentan a un desconocido: simples costumbres que adoptamos que se convierten en un modo de vida habitual. El Creador encarnado no era diferente. Y, ¿se sorprende alguien de que fuera tan natural para él esta costumbre de guardar el sábado y adorar en él semana tras semana? ¿No guardaría él el don mismo que dio? Lo guardó en vida y lo guardó en su muerte. “Por tanto, el Hijo del hombre es Señor aun del sábado” (Mar. 2:28).
Conociendo lo que Jesús hacía con el sábado, la pregunta más pertinente es ¿Qué deberíamos hacer nosotros? “Venid a mí […] y yo os haré descansar” (Mat. 11:28). ¡Qué mejor costumbre pueden abrazar los elegidos que acudir a Jesús para disfrutar de su reposo cada sábado!

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson
#ElSueñoDeDiosParaTi #MeditacionesMatutinas #DevocionMatutinaParaAdultos #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian #MiBibliaDice #DiosEscucha #SeñorTransfórmame

viernes, 29 de enero de 2016

EL PODER DEL EJEMPLO

Yo sería cristiano si no fuera por los cristianos. Gandhi.

Cada vez que leo o escucho esta frase no puedo evitar sentir cierta tristeza, aunque no es tristeza lo que quiero transmitirte. Al hilo de esta crítica tan aguda de Gandhi hacia nosotros los cristianos, he seleccionado para ti un hecho real que espero te motive a vivir una religión auténtica, positiva y esperanzadora que se manifieste a través de actos más que palabras.
Esta es la historia de Desmond Tutu, el premio Nobel de la Paz. Tutu nació y se crió en la Sudáfrica del apartheid, caracterizada por la rígida segregación racial que negaba a los ciudadanos negros el derecho al voto y los obligaba a vivir en determinadas zonas. Tutu recuerda una ocasión, cuando era niño, en la que iba caminando con su madre por la calle y se cruzaron con un sacerdote anglicano llamado Trevor Huddleston. Según las leyes del país de aquella época, toda persona de color que se cruzara con un ciudadano blanco debía hacerle una reverencia pero, en aquella oportunidad, fue el sacerdote, de raza blanca, quien se quitó el sombrero y saludó reverentemente a Tutu y a su madre.
El incidente causó tal impresión en el pequeño Tutu que decidió ser sacerdote y comprendió que la religión podía ser un arma poderosa en defensa de la igualdad. Desmond Tutu se convertiría en el primer sudafricano negro en ser ordenado arzobispo anglicano.
Este tipo de milagros no son guiones de películas; suceden cuando uno respira la esencia de la religión por cada poro de su piel. Con un gesto basta, con una oportunidad mínima que se presente para mostrar un principio más elevado, basta. Cuando uno ama a Dios y vive a la altura de las verdades de su Palabra, sobran las palabras. Así es la influencia para el bien que puede ejercer una persona convertida; la influencia que, lamentablemente, Gandhi y muchas otras personas no han podido recibir. Así de eficaz es el poder del ejemplo.
¿Nos detenemos a pensar de vez en cuando en la importancia de dar ejemplo para el bien? El mismo Jesús nos dice: “Yo les he dado un ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo que yo les he hecho” (Juan 13:15). Si seguimos su ejemplo, otras personas caerán a los pies de Jesús y encontrarán en él la salvación. Vivamos una religión transparente y auténtica que despierte en los demás interés por conocer al Dios que nosotras conocemos.

“Yo les he dado un ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo que yo les he hecho” (Juan 13: 15).

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
#AnteTodoCristiana #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

lunes, 5 de agosto de 2013

NO ABUSES DE TUS AMISTADES

En mi primera defensa, nadie me respaldó, sino que todos me abandonaron (2 Timoteo 4:16).

Quizá te ha fallado algún amigo o alguna amiga. Pero no te desalientes, también le pasó al apóstol Pablo y a Jesucristo. Recuerda: “Todos los discípulos lo abandonaron y huyeron” (Mat. 26:56). Los seres humanos no somos confiables. No creas que siempre se deba a ingratitud o a traición; a veces es por causas difíciles de precisar. No pienses mal de tus amistades.
De todos modos, es un hecho que no se puede ponderar. Un amigo verdadero está presente cuando todos se han marchado. Hasta las personas más famosas han experimentado momentos de depresión, cuando necesitan un verdadero amigo que los anime.
“Babe” Ruth fue una de las grandes estrellas del béisbol. Su explosivo bate produjo un total de 714 jonrones. A Babe lo admiraban muchas personas, pero con el paso del tiempo su popularidad comenzó a disminuir. Finalmente los Yankees lo traspasaron a los Braves. Durante uno de sus últimos partidos en Cincinnati, Ruth pasaba por una mala racha. Salió desinflado y realizó malas jugadas, lo que provocó que los Reds anotaran cinco carreras en una entrada.
Mientras Babe se dirigía a los vestuarios, cabizbajo y desanimado, se escuchó un coro de abucheos entre la “fanaticada”. Sin embargo, sucedió algo extraordinario. Un muchacho saltó la valla y con lágrimas en los ojos corrió hada el gran atleta. Sin pensarlo, se arrojó a las piernas de Ruth y se aferró a ellas. El jugador lo alzó y lo colocó de nuevo en el césped.
Acarició suavemente su cabeza, lo tomó de la mano y los dos salieron juntos del terreno de juego.
Creo que podemos proclamar dos verdades. Primera, que la falta de apoyo de un amigo no siempre es ingratitud ni traición. Por lo tanto, no trates con mucha severidad a tus amistades.
Segunda, que Jesús perdonó a sus amigos que lo abandonaron y volvió a confiar plenamente en ellos. El apóstol Pablo también. Sigue su ejemplo.
Sin embargo, esta es la verdad más importante: aunque toda amistad terrenal falle, siempre podrás encontrar un amigo en Jesús. Él es un amigo más fiel que un hermano (lee Prov. 18:24). Es un amigo con quien siempre podemos contar. Pero Jesús no pierde la confianza en sus amigos. Recuerda lo que dijo a los once desertores: “Ustedes son los que han estado siempre a mi lado en mis pruebas” (Luc. 22:28). Procuremos ser amigos fieles de Jesús, porque él es nuestro Amigo más fiel.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

domingo, 16 de junio de 2013

DA UN BUEN EJEMPLO, !Y DESPREOCÚPATE!

Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes. Juan 13:13-15.

A las mujeres maduras se nos exige, de un modo u otro, actuar como memorias de las más jóvenes que vienen detrás de nosotras en el camino de la vida. Las que aceptemos ese desafío debemos estar dispuestas a dar orientación y asumir el papel de guías para las que están recién comenzando su carrera cristiana y carecen de experiencia.
Las damas jóvenes se benefician enormemente del ejemplo de otras mujeres que, con responsabilidad, estén dispuestas a compartir sus conocimientos y prudencia, adquiridos a lo largo de los años. Si asumen el papel de amigas y consejeras, y se acercan con calidez a quienes necesitan afecto y dirección, enriquecerán sus vidas y alcanzaran un satisfactorio desarrollo personal.
Hacemos bien cuando, para realizar dicha tarea, intentamos prepararnos. El conocimiento que se obtiene a través de los libros es necesario, y nos resultara útil si deseamos dar instrucción precisa sobre algo o alguien. Sin embargo, el ejemplo posee un mayor poder educativo, que no es sustituible con nada. Un buen ejemplo puede más que mil palabras. Es observando como la mayoría de las jóvenes aprenden. Cuando las virtudes son modeladas frente a sus ojos, ejercen un poder educador y transformador difícil de igualar. Toda mujer que se propone ser mentora de las más jóvenes debe adquirir conocimientos no solo para instruir de palabra, sino también para dar un buen ejemplo; de ese modo, cambiará vidas. Ambas cosas son determinantes para dar un buen testimonio de lo que somos por la gracia de Dios, y para desarrollar nuestra voluntad de modo que podamos ser cada día mejores.
¡Mujer, detente un momento! Reflexiona y analiza tus acciones, y pregúntate: “¿Qué ejemplo estoy dando? ¿Mi conducta publica honra a Dios y edifica a las demás? ¿Pueden otras mujeres inspirarse gracias a lo que ven en mí? Y si mi vida privada quedara al descubierto, ¿Estaría libre de vergüenza y de culpa?” Recuerda que la única manera de alcanzar credibilidad y generar confianza, es mostrar a todos que existe armonía entre lo que dices y lo que haces. Aprende a vivir honorablemente para que los demás desarrollen confianza en ti y fe en Dios.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

viernes, 12 de abril de 2013

DEVOLVER BIEN POR MAL

La salvación de los justos viene del Señor; él es su fortaleza en tiempos de angustia. El Señor los ayuda y los libra; los libra de los malvados y los salva, porque en él ponen su confianza. Salmo 37:39-40.

Mucha gente vive bajo la consigna de «el que me la hace, me la paga», o bajo esta otra tan popular: «Ojo por ojo, diente por diente». Devolver mal por mal a alguien que te ha hecho daño es una tendencia natural en los seres humanos. Pensamos que el orgullo herido exige venganza, un rechazo merece desprecio, un daño necesita ser compensado. Pero aunque sea una tendencia natural humana, ¿es posible pensar y vivir de manera diferente? ¡Por supuesto que sí! No solo es posible, sino que la Biblia nos llama a hacerlo y nos da también las claves para que aprendamos a confiar en el Señor y a dejar en sus manos la tarea de hacer justicia.
Es natural que cuando alguien nos daña vengan a nosotros pensamientos malos y emociones negativas, y que nuestro orgullo herido pida una restitución inmediata. Por otro lado, generar pensamientos y emociones positivas es un derecho y un privilegio que adquirimos cuando Dios nos dio el libre albedrío. Nadie ni nada puede hacernos pensar mal si no se lo permitimos.
La mejor salvaguarda para nuestra mente es sujetar nuestra voluntad a la voluntad de Dios y ejercer dominio propio sobre nuestras tendencias al mal. El salmista dice: «Mientras esté ante gente malvada vigilaré mi conducta, me abstendré de pecar con la lengua, me pondré mordaza en la boca» (Sal. 39:1).
El simple hecho de desear la venganza, aun sin llevarla a cabo, causa un daño tremendo a nuestra sensibilidad. Cuando pensamos que nos han tratado injustamente se endurece nuestro corazón y nos envuelve en una mortaja de amargura y resentimiento que enferma el cuerpo y el espíritu.
Jesús, que estuvo expuesto a la vileza de la traición, nunca abrió su boca para proferir una amenaza. Enfrentó los peores maltratos con una palabra de bendición. Su último suspiro antes de morir estuvo acompañado de perdón: «Padre —dijo Jesús—, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Luc. 23:34).
Este día pon frente a Dios la lista de las personas que te han hecho daño, y pide que los bendiga. Ten por seguro que, al hacerlo, tú serás la principal beneficiada.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

viernes, 15 de marzo de 2013

EN LAS HUELLAS DE CRISTO


Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, ...que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Filipenses 2:5-7.

El Hijo... había dejado sus riquezas, y honor, y gloria, y había revestido su divinidad con humanidad para que la humanidad se aferrase de la divinidad y llegara a ser partícipe de la naturaleza divina. No vino a vivir en los palacios de los reyes, sin preocupaciones ni trabajo, ni para disponer de todas las comodidades que naturalmente ansia la naturaleza humana. El mundo nunca vio a su Señor enriquecido. En los concilios del cielo había elegido permanecer en las filas de los pobres y oprimidos... y aprender del oficio de su padre terrenal. Vino al mundo para ser un reconstructor del carácter, e introducía en toda su obra de construcción la perfección que deseaba lograr en los caracteres que estaba transformando por su poder divino.
Tampoco rechazó la vida social de sus compatriotas. Para que todos se familiarizaran con Dios manifestado en la carne, se mezclaba con toda clase social, y fue llamado amigo de pecadores. En sí mismo, Cristo poseía un derecho absoluto a todas las cosas, pero se entregó a una vida de pobreza para que pudiésemos ser ricos en tesoros celestiales. Aunque era comandante en la corte celestial, tomó el lugar más bajo sobre la tierra. Era rico, pero por nosotros se hizo pobre...
Por un tiempo reducido, el Señor le permite a su pueblo que sean sus mayordomos, para probar su carácter. En ese tiempo ellos deciden su destino eterno. Si obran en oposición a la voluntad de Dios, no pueden pertenecer a la familia real...
La evidencia de la obra de la gracia en el corazón se produce cuando hacemos el bien a todos según la oportunidad. La prueba de nuestro amor está en un espíritu semejante al de Cristo, buena voluntad para impartir las cosas buenas que Dios nos dio, la disposición para practicar la abnegación y el sacrificio propio a fin de ayudar en el avance de la causa de Dios y a la humanidad sufriente. Nunca deberíamos pasar de largo junto al objeto que apela a nuestra generosidad...
El Señor empleará a todos los que se entreguen para ser usados. Pero él requiere un servicio de corazón... Cuando se da el corazón a Dios, nuestros talentos, nuestra energía, nuestras posesiones, todo lo que tenemos y somos, serán dedicados a su servicio.— Review and Herald, 15 de mayo de 1900.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

lunes, 11 de marzo de 2013

EL QUE CONOCE EL CAMINO VA DELANTE


Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas. Proverbios 3:6

Cuando era niña, con frecuencia nuestra directora del Club de Conquistadores nos llevaba de excursión. Recuerdo que muchas veces teníamos que sortear circunstancias imprevistas, como en aquella ocasión en que vimos una culebra a la orilla de nuestro sendero. En realidad no fue este hecho el que hizo que tal recuerdo se mantuviera intacto en mi mente hasta hoy. Lo que realmente dejó huella en mí fue la actitud de nuestra directora. Al ver el temor de los niños, se detuvo y, levantando sus brazos, nos dijo: «No tengan miedo, yo voy delante porque conozco el camino». Todos la seguimos confiadamente.
¡Qué agradable es encontrar a alguien que te muestre el camino cuando estás perdida o a alguien que te dé seguridad cuando tienes miedo! ¡Cuánta paz nos infunde! A nosotras las madres, las mujeres adultas y con experiencia, Dios nos ha llamado para ser guías de las que vienen detrás. No seamos piedras de tropiezo para las jovencitas sin experiencia que a veces se equivocan por falta de dirección. Démosles la mano y vayamos delante pisando fuerte sobre la senda segura, para generar en ellas seguridad y certidumbre.
¿Recuerdas lo que Rut, la moabita, dijo a su suegra? «¡No insistas en que te abandone o en que me separe de ti! Porque iré adonde tú vayas, y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Moriré donde tú mueras, y allí seré sepultada. ¡Que me castigue el Señor con toda severidad si me separa de ti algo que no sea la muerte!» (Rut 1:16-17). ¡Qué tremenda declaración de alguien que tenía la convicción de que siempre sería guiada por la senda del bien y nunca a caminos de maldad! Además, qué grande debía de haber sido el testimonio de Noemí para que su joven nuera decidiera seguir a su lado, olvidándose del amor natural que seguramente sentía por su familia de origen.
Nosotras hoy tenemos la misma responsabilidad y el mismo privilegio: conducir con abnegación y paciencia a las generaciones de mujeres que vienen detrás. Dios desea que tomemos la decisión de mostrar el camino seguro. No digamos a las más jóvenes que en el camino de la vida es necesario caerse y lastimarse, si nosotras, mujeres de Dios, se lo podemos evitar.
Amiga, el Señor dice en esta mañana: «¡Si conoces el camino, ve adelante!». Reconozcamos que la única manera de hacerlo es seguir los pasos de Jesús.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

domingo, 24 de febrero de 2013

LA OTRA MEJILLA


Lugar: Japón
Palabra de Dios: Lucas 6:27-29.

Ueda y sus dos amigos, Ando y Nakajima, oyeron acerca de unas clases gratuitas ofrecidas por el señor Adams, un sensei (maestro) estadounidense.
-Podemos aprender inglés con un estadounidense -resaltó Ueda-. Vayamos a verlo.
Los tres chicos comenzaron a asistir a las clases semana tras semana. El señor Adams era un buen profesor de inglés. También, les enseñaba acerca de Dios y de la Biblia.
-Qué historia asombrosa, ¿no? -dijo Ueda una noche, mientras se dirigían a sus casas-. ¡Imaginen ser arrojado a un foso de leones!
Pero Ando y Nakajima no estaban interesados en la Biblia. Cada vez que Ueda comenzaba a hablarles de la religión cristiana, ellos se reían de él diciendo: "¡Amén, amén!"
Unas semanas más tarde, el señor Adams les habló de compartir el amor de Dios con otros.
-Como seguidores de Cristo, debemos amar a todos, incluso a los que nos tratan mal -les enseñaba.
Luego, leyó unos versículos de la Biblia: "Amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los maltratan. Si alguien te pega en una mejilla, vuélvele también la otra".
Nakajima tuvo una idea. Cuando terminó la reunión, le dijo a Ando:
-Observa esto...
Entonces, le pegó una bofetada a Ueda. Ueda se sorprendió, pero cuando Nakajima y Ando rompieron a reír él se rió con ellos.
La siguiente semana, el señor Adams les contó la historia de Jesús y de cómo la gente lo escupió en la cara. Nakajima y Ando decidieron hacerle lo mismo a Ueda. Para su sorpresa, él no los contraatacó. ¡Su conducta los impresionó!
-Quizá deberíamos intentar esta cosa de la religión -decidieron.
La próxima vez que el señor Adams habló de Dios, Nakajima y Ando escucharon con atención. Pronto llegaron a amar a Jesús, y todo porque Ueda decidió "poner la otra mejilla".

Tomado de Devocionales para menores
En algún lugar del mundo
Por Helen Lee Robinson