Mostrando entradas con la etiqueta Prueba. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Prueba. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de enero de 2020

EL QUE SALE DELANTE DE TI

“Débora dijo a Barac: ´Levántate, porque este es el día en que Jehová ha entregado a Sisara en tus manos: ¿Acaso no ha salido Jehová delante de ti?’ “ (Juec. 4:74, RVR 95).

Repetidamente, el pueblo de Dios practicaba lo malo y se apartaba de él. Por esa razón, el Señor permitía que otros pueblos esclavizaran a Israel (ver Juec. 4:1,2). Después, Israel se arrepentía, clamaba a Dios y este lo libertaba del yugo que lo oprimía por causa de su pecado.
En Jueces 3:10 encontramos a un libertador llamado Otoniel: “El espíritu del Señor vino sobre Otoniel, el cual acaudilló a los israelitas; salió a la batalla, y el Señor le dio la victoria”. Cuarenta años después, Israel vive la misma situación: “Tuvieron que servir a Eglón, hasta que le suplicaron al Señor y él hizo que surgiera alguien para salvarlos. Ese salvador fue un zurdo llamado Ehud” (Juec. 3:14,15). Ochenta años después, fue Samgar quien “también salvó a Israel” (Juec. 3:31). Tras la muerte de Ehud, Israel persiste en sus malos caminos y cae en manos de Sisara, capitán del ejército del rey Jabín (ver Juec. 4:2,3). Llegamos así al tiempo en que se sitúa nuestro versículo de hoy.
Débora es jueza sobre Israel y exhorta a Barac para que salga a la batalla en nombre de Dios. Dos veces, le hace la misma pregunta:
—¿No ha salido el Señor delante de ti? (ver Juec. 4:14).
Diez mil soldados de infantería le parecían pocos hombres a Barac frente al ejército de Sisara que contaba, además, con novecientos carros herrados. Pero “el Señor sembró el pánico entre los carros y Los soldados de Sisara en el momento de enfrentarse con la espada de Barac” (Juec. 4:15). Asíle dio la victoria.
“¿No ha salido el Señor delante de ti?” Estas palabras se aplican también a quienes estamos siendo probadas, tal vez como consecuencia de nuestros pecados por habernos alejado de Dios, o como resultado natural de vivir en un mundo de pecado. La pregunta sigue siendo la misma:
—¿No ha salido el Señor delante de ti?
Sí, claro que ha salido y continúa saliendo. Así como vemos en el registro bíblico las múltiples ocasiones en que el Señor salió delante de Israel para liberarlo, así también sale delante de ti. Echa un vistazo a tu pasado y te darás cuenta de ello. Por eso no temas, porque “¡nunca se dormirá el que te cuida!” (Sal. 121:3)

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2020
UN DÍA A LA VEZ
Patricia Muñoz Bertozzi
Lecturas Devocionales para Mujeres 2020

martes, 5 de abril de 2016

EN LUGARES OSCUROS Y PROFUNDOS

Cuando las cosas se pongan negras, recuerda que el universo comenzó con la oscuridad. Norman Vincent Peale

Si estás sufriendo, me solidarizo contigo; yo también he sufrido. La muerte de mi padre cuando tenía once años, el despido de un empleo en el que llevaba nueve años muy felices, la pérdida de más de una amiga, apuros económicos para llegar a fin de mes, tener que emigrar de mi país, un novio que no era lo que parecía… Mejor no sigo. No me atrevo a decirte que te animes, que veas el lado positivo, que pronto pasará… Sé que algunos dolores son insoportables, y que se siente una como si la hubieran “echado en lo más hondo del hoyo, en lugares oscuros y profundos” (Sal. 88:6). Esa oscuridad es terrible.
Pero fíjate en este texto: “En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra. La tierra no tenía entonces ninguna forma; todo era un mar profundo cubierto de oscuridad” (Gén. 1:1, 2). Como ves, Dios creó la luz partiendo de la oscuridad. Antes de la creación, la tierra era un mar profundo cubierto de oscuridad (exactamente como te sientes tú ahora) y de ahí, creó la luz.
Siglos después, en el Sinaí, “Moisés se acercó a la densa oscuridad en la que estaba Dios” (Exo. 20:21, NVI) activamente presente con su pueblo durante su peregrinar por el desierto. En otras palabras: Dios no solo está presente en la oscuridad, sino que actúa en ella, crea a partir de ella, no se ve limitado en ningún sentido por ella.
Así que este es mi mensaje para ti: en tu oscuridad, por muy profunda que sea, Dios no solo está presente, sino que está actuando para hacer de ti la mayor luz que puedas llegar a ser. Sin minimizar por un segundo la dura realidad de tu dolor, te pido que confíes en que Dios encontrará la forma de crear luz a partir de tu oscuridad; él te ayudará a construir si no te dejas seguir arrastrándote por esa fuerza totalmente destructiva. Lo que te digo es: mantén la fe.
En medio del dolor, lo único que funciona es mirar al Señor, porque “los que miran al Señor quedan radiantes de alegría y jamás se verán defraudados” (Sal. 34:5).

“El mismo Dios que mandó que la luz brotara de la oscuridad, es el que ha hecho brotar su luz en nuestro corazón, para que podamos iluminar a otros, dándoles a conocer la gloria de Dios” (2 Cor. 4:6).

“Todo lo que no se hace con la convicción que da la fe, es pecado” (Rom. 14:23).
Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
#AnteTodoCristiana #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

miércoles, 17 de febrero de 2016

NO TE AVERGÜENCES DE TUS LÁGRIMAS

¡Llora!, que el llanto tiene enseñanzas y guarda esperanzas que son perfumes del corazón. Víctor Hugo

El primer hombre que encontramos llorando en la Biblia, lloraba por una mujer. Tal vez a Abraham no le habían enseñado ese dicho tan repetido (aunque no por ello es cierto) de que los hombres no lloran. La verdad es que el anciano patriarca “lloró por la muerte de Sara y le guardó luto” (Gén. 23:2). Como ser humano que era, sufrió emociones negativas y les dio salida a través del llanto.
Lejos de ser un caso aislado, muchos otros personajes de la Biblia mostraron su dolor mediante las lágrimas. Jacob “por mucho tiempo lloró la muerte de su hijo” José (Gén. 37:34); cuando “Ezequías cayó gravemente enfermo [...] lloró amargamente” (2 Rey. 20:1-3); el rey David se expresó con estas palabras: “Estoy cansado de llorar. Noche tras noche lloro tanto que inundo de lágrimas mi almohada” (Sal. 6:6, 7). Cuando “Pedro se acordó de que Jesús le había dicho: ‘Antes que cante el gallo, me negarás tres veces’ lloró amargamente” (Mat. 26:75). Y nuestro mayor ejemplo, nuestro Señor, al ver la ciudad de Jerusalén “lloró por ella” (Luc. 19:41), porque anhelaba que se volvieran a Dios; y junto al sepulcro de su amigo Lázaro “Jesús lloró" nuevamente (Juan 11:35).
Tal vez tú también tienes motivos para llorar. Quizá por la muerte de un hijo, la frustración de un
divorcio que ha puesto fin a tus planes de vida, la presión económica que te ha llevado a perder tu casa, la enfermedad o la ruptura con una amiga en quien confiabas... No hay nada atractivo en el hecho de llorar, pero tampoco hemos de avergonzamos de nuestras lágrimas, sino utilizar las lecciones aprendidas para convertirlas en algo positivo. “Nuestra tarea como supervivientes (de la enfermedad, del divorcio, del dolor, de la desesperanza) es testificar, cargar la antorcha de la esperanza para todos los que viajan a través del valle de la muerte. Depende de nosotros, los que llegamos a ver más allá de ese valle, compartirlo”.* A ti que estás cansada de llorar, Dios te dice: “Yo he escuchado tu oración y he visto tus lágrimas” (2 Rey. 20:5), y te recuerda que “el llanto podrá durar toda la noche, pero con la mañana llega la alegría” (Sal. 30:5, NTV). Conserva la fe en tus momentos más bajos.

Regina Brett, Dios nunca parpadea (México D. F.: Diana, 2011), p. 180.

“El llanto podrá durar toda la noche, pero con la mañana llega la alegría" (Sal. 30:5, NTV).

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
#AnteTodoCristiana #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

viernes, 5 de febrero de 2016

LA PRUEBA MÁS FIABLE

Hay suficiente luz para los que no desean sino ver. Pascal

El arqueólogo William Ramsay intentó demostrar que las aseveraciones históricas de la Biblia son falsas. Recurrió a dos libros, Lucas y Hechos, ya que mencionan lugares, nombres y fechas que pueden ser corroborados o desmentidos por fuentes históricas seculares. Recorrió las tierras bíblicas durante 25 años y comprobó, por medio de sus excavaciones, que los treinta y dos países, cincuenta y cuatro ciudades y nueve islas mencionados por Lucas en su segundo libro eran lugares reales. Encontró pruebas fehacientes que confirmaron la veracidad histórica de la Biblia, y llegó a decir que existen muchas razones “para colocar al autor de Hechos de los Apóstoles entre los historiadores de primera categoría”. El mundo quedó asombrado cuando Ramsay se convirtió en defensor de la verdad Bíblica.*
Para la mente racional, pocas cosas tienen más impacto que las demostraciones históricas o científicas. Así era yo en mi juventud, y comencé a tener fe cuando me mostraron el cumplimiento histórico de las profecías de Daniel. Tal vez tú también esperas hallar una explicación racional que te convenza para decidirte a creer, o has puesto a Dios a prueba y solo te entregarás a él si te concede lo que le has pedido.
Esto mismo le sucedió a un noble judío que tenía reparos para creer en Jesús, y fue a verlo. “Su fe vaciló cuando vio tan solo a un hombre vestido sencillamente, cubierto de polvo y cansado del viaje. Dudó de que esa persona pudiese hacer lo que había ido a pedirle. […] A menos que se le concediese lo que iba a pedirle, no le recibiría como el Mesías” (El Deseado de todas las gentes, cap. 20, p. 174). “Y le rogó que fuera a su casa y sanara a su hijo, que estaba a punto de morir. Jesús le contestó: ‘Ustedes no creen, si no ven señales y milagros’ ” (Juan 4:47,48).
¿Esperamos algún milagro para tener fe? ¿O a “sentir” algo que nos haga ver a Dios más real en nuestra vida? ¿Tal vez deseamos alguna explicación científica o dato histórico que disipe las dudas de nuestra mente racional, influenciada por nuestro entorno, nuestras lecturas o nuestras propias vivencias? No hagamos que nuestra confianza en Dios dependa de nada, ni esperemos sentir algo antes de entregamos a él; simplemente confiemos en sus promesas. No hay prueba más fiable que la propia conversión.
* En esto creemos (Doral, Florida: APIA / México: GEMA, 2011), p. 20.

“Ustedes no creen, s¡ no ven señales y milagros” (Juan 4:48).

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
#AnteTodoCristiana #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

domingo, 3 de enero de 2016

LA PEQUEÑA PRUEBA DE LEALTAD

Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. Génesis 2:16, 17.

Adán y Eva siempre estaban felices. No vivían en una casa o un departamento como nosotros hoy, sino en un hermoso jardín lleno de árboles altísimos, ríos caudalosos y estruendosas cascadas. Donde sea que ellos miraran, veían una belleza impresionante. Dios les había dado todo lo que podrían necesitar para su gozo y placer. Se tenían el uno al otro, y toda la eternidad por delante.
Tampoco se preocupaban por la ropa. Dios los había provisto con algo mucho mejor que jeans y camisetas. “Una cubierta de luz, la luz de Dios, los rodeaba. Esta luz clara y perfecta iluminaba todo aquello a lo cual ellos se acercaban” (Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 266). ¡Imagina la luz de Dios brillando en ti todo el tiempo! Adán y Eva tenían esta luz por dondequiera que iban.
La mejor parte del día llegaba justo después de la puesta del sol, cuando Dios mismo venía para charlar con ellos de manera personal. Adán y Eva iban corriendo, luciendo enormes sonrisas, cuando oían que llegaba su Creador. Era mucho más divertido hablar con él cara a cara. Tenían tantas preguntas que hacer, y Aquel que había creado todo siempre tenía las respuestas.
Un día, Dios les dijo que podían comer cualquier fruto de cualquier lugar de su Jardín del Paraíso, pero que permanecieran alejados de un árbol en particular. Necesitaba probar su lealtad por un momento, y les enviaría a otros visitantes para darles instrucciones adicionales.
Los ángeles buenos volaron del cielo a la Tierra no solo para enseñarles a Adán y a Eva cómo cuidar de su hogar, sino también para contarles la historia de la rebelión y la caída de Satanás. “Manténganse alejados del árbol prohibido”, los ángeles advirtieron, “y por supuesto, permanezcan juntos. Estarán más seguros de esa manera”.
Adán y Eva podían mostrar su lealtad a Dios pasando esta simple prueba de confianza, la más suave que Dios les podía dar. Y, si la aprobaban, finalmente serían situados más allá del poder de Satanás. Habría sido fácil para Dios retenerlos para que no tocaran el árbol pero, entonces, Satanás habría reclamado: “¿Ven? ¡Dios fuerza a las personas a serle obedientes!”
El Señor no quería simples máquinas, sino personas que lo obedecieran porque lo amaban.

Tomado de devoción matutina para menores 2016
¡GENIAL! Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward

martes, 2 de julio de 2013

LA PRUEBA DE CAÍN Y ABEL

Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Génesis 4:3-5.

Caín y Abel, los hijos de Adán, eran muy distintos en carácter… Estos hermanos fueron probados, como lo había sido Adán antes que ellos, para comprobar si habrían de creer y obedecer la Palabra de Dios. Conocían el medio provisto para salvar al hombre y entendían el sistema de ofrendas que
Dios había ordenado. Sabían que, mediante esas ofrendas, podían expresar su fe en el Salvador a quien estas representaban, y al mismo tiempo reconocer su completa dependencia de él para obtener perdón. Y sabían que sometiéndose así al plan divino para su redención, demostraban su obediencia a la voluntad de Dios y demostraban fe y dependencia del Salvador tipificado por estas ofrendas.
Los dos hermanos levantaron altares semejantes, y cada uno de ellos trajo una ofrenda. Pero Caín, desobedeciendo el directo y expreso mandato del Señor, presentó solo una ofrenda de frutos. No hubo señal del cielo de que este sacrificio fuera aceptado. Abel rogó a su hermano que se acercase a Dios en la forma que él había ordenado, pero sus súplicas crearon en Caín mayor obstinación para seguir su propia voluntad. Como era el mayor, no le parecía propio ser amonestado por su hermano, y desdeñó su consejo.
Abel trajo lo mejor de las primicias de su rebaño, conforme a las instrucciones del Señor. En el cordero inmolado, vio por la fe al Hijo de Dios, señalado para morir por causa de la transgresión de la Ley de su Padre. Dios respetó la ofrenda de Abel: descendió fuego del cielo y consumió la víctima. Caín ahora tenía una oportunidad de ver y reconocer su error… Y aquel que no hace acepción de personas respetará la ofrenda de fe y de obediencia…
La ofrenda de Abel había sido aceptada, pero esto fue así porque Abel había hecho cada detalle conforme Dios se lo requirió —Signs of the Times, 16 de diciembre de 1886; parcialmente en Patriarcas y Profetas, pp. 58-60.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

domingo, 2 de junio de 2013

ASALTO EN LA CARRETERA

Lugar: Inglaterra
Palabra de Dios: 2 Corintios 11:24-27, 1 Tesalonicenses 5:1

Mientras el señor Henry estaba de viaje, un grupo de ladrones lo detuvo.
-Denos su dinero -exigieron.
El señor Henry no tenía alternativa, así que les entrego su billetera y todo lo que contenía. ¿Alguna vez te robaron? ¿Cómo piensas que reaccionarias? Créelo o no, el señor Henry no se molestó ni se enojó. En lugar de ello, estaba agradecido. ¿Por qué podría estar agradecido? Estaba agradecido porque nunca antes lo habían asaltado. Estaba agradecido porque la banda le perdonó la vida. Estaba agradecido porque no llevaba demasiado dinero con él. Y estaba agradecido porque no era el quien estaba robando. ¿No es asombroso?
El apóstol Pablo también paso por momentos difíciles. Menciona algunos de ellos en 2 Corintios 11: “Cinco veces recibí de los judíos los treinta y nueve azotes. Tres veces me golpearon con varas, una vez me apedrearon, tres veces naufragué, y pasé un día y una noche como náufrago en alta mar.
Mi vida ha sido un continuo ir y venir de un sitio a otro; en peligros de ríos, peligros de bandidos, peligros de parte de mis compatriotas, peligros a manos de los gentiles, peligros en la dudad, peligros en el campo, peligros en el mar y peligros de parte de falsos hermanos. He pasado muchos trabajos y fatigas, y muchas veces me he quedado sin dormir; he sufrido hambre y sed, y muchas veces me he quedado en ayunas; he sufrido frío y desnudez”.
Con todas las cosas terribles que le habían ocurrido, Pablo podría haber sido un anciano malhumorado. Pero, en lugar de ello, escribió: “Den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús”. Siempre podemos encontrar algo por lo cual agradecer.

Tomado de Devocionales para menores
En algún lugar del mundo
Por Helen Lee Robinson

miércoles, 27 de marzo de 2013

LA PRUEBA DE MARIE



Lugar: Islas del Caribe 
Palabra de Dios: Ezequiel 20:20

Los exámenes escritos habían sido difíciles. Marie miró los nombres en la cartelera y exhaló un suspiro de alivio: había aprobado. Después de doce años de escuela, casi había terminado. Todo lo que le quedaba eran los exámenes orales, y luego estaría lista para graduarse.
Pero, cuando Marie vio las fechas de los exámenes orales, se decepcionó. "Debe haber algún error", pensó. "No puedo hacer el examen mañana, es sábado". Pero, no era un error. El único día en que podía presentar su examen oral era al día siguiente, porque ese era el día en que estaría el profesor visitante que había venido desde Francia.
"¿Qué voy a hacer?", se preguntó Marie. Había podido asistir al colegio todos estos años sin ir a clases los sábados. Ahora, que casi había terminado, un examen se interpondría en su camino. ¿Cómo podía dejar que se desperdiciaran todos sus años de estudios? Seguramente estaría bien hacer este examen; Dios lo entendería.
Pero, Marie decidió que debía ser fiel al Señor, en cuanto al sábado.  El sábado era más importante que los exámenes orales. Entregaría su futuro en las manos de Dios. Esa tarde, ella y su pastor fueron a hablar con el director.
-Lo siento. No hay nada que yo pueda hacer -les explicó el administrador-. El profesor de Francia tiene muy poco tiempo. Si quieren hablar con él, llegará dentro de una hora.
La situación parecía desesperada, pero Dios cuidó de Marie. El profesor francés fue muy complaciente.
-He oído hablar de tu fidelidad a tus convicciones religiosas -dijo-. Vamos a dejar que rindas el examen esta tarde.
Marie aprobó el examen. Ella había sido fiel al Mandamiento:
"Observen mis sábados como días consagrados a mí, como señal entre ustedes y yo, para que reconozcan que yo soy el Señor su Dios".

Tomado de Devocionales para menores
En algún lugar del mundo
Por Helen Lee Robinson

martes, 27 de noviembre de 2012

UNA DURA PRUEBA


Perdónanos el mal que hemos hecho, así como nosotros hemos perdonado a los que nos han hecho mal. Mateo 6:12

Sin lugar a dudas, una de las cosas más difíciles de ser cristiano es perdonar. ¿Cómo perdonar al amigo que te traiciona, a la novia o novio que te engaña, o al profesor que te humilla ante tus compañeros?
La experiencia de Corrie Ten Boom nos puede ayudar. Corrie creció en un hogar donde las puertas siempre estaban abiertas para atender a la gente necesitada. Por eso, cuando en el año 1940 los nazis invadieron Holanda, su país natal, no pasó mucho tiempo antes de que su casa se convirtiera en un refugio para perseguidos políticos.
A pesar de que arriesgaban sus vidas, los Ten Boom realizaron esta labor humanitaria durante varios años, hasta que un espía los denunció a la Gestapo (la policía secreta nazi). Fue así como el 28 de febrero de 1944, la Gestapo tomó por asalto la casa de los Ten Boom y llevó prisioneros a todos los que se encontraban allí. El padre de Corrie murió a los diez días de haber sido apresado. Betsie, su hermana, murió en el campo de concentración donde ambas fueron recluidas.
El 30 de diciembre de 1944 Corrie fue liberada, y entonces tuvo que enfrentar la prueba más dura: ¿Podría perdonar a los culpables de la muerte de su padre y de su hermana? La respuesta no tardó mucho en llegar.
Poco después de la rendición de Alemania, Holanda fue liberada. Entre los arrestados por crímenes de guerra se encontraba el espía que los había denunciado. Ese hombre era un traidor. Con el fin de engañarla, le había dicho a Corrie que necesitaba ayuda para liberar a su esposa. Ella creyó su historia y le dio dinero. Luego él, al igual que Judas, salió de allí directo a traicionarla. Pero ahora estaba condenado a muerte. ¿Qué hizo ella? Le envió a la prisión una carta que decía: «Recuerde que Jesús murió por usted en la cruz. Si cree en él y desea ser su hijo, será salvo por la eternidad [...]. Yo lo he perdonado. Y Dios también lo perdonará, si usted se lo pide» (Pam Rosewell Moore, Life Lessons from the Hiding Place [Lecciones de vida desde el refugio secreto], p. 116).
¿Hay alguien a quien no has podido perdonar? Hoy es un buen día para sacar esa espina de tu corazón.
Dios mío, ayúdame a perdonar a quienes me han hecho mal, de la manera que tú me has perdonado.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

viernes, 26 de octubre de 2012

NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA


Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. (Romanos 8:28).

Si hay algo que recuerdo de mi infancia son las enseñanzas que mis padres nos trasmitieron. Se dice que hace algunos años, cuando no había modernos equipos de navegación, una flotilla de pescadores partió de un pequeño puerto canadiense en la madrugada. Los barcos debían regresar al atardecer, pero aquel día se desató una fuerte tempestad. Al caer la noche, ninguna de las naves había logrado regresar al puerto. Los hijos, las esposas, las madres y las novias de los pescadores pasaron la noche despiertos, observando nerviosamente la bahía, llenos de zozobra y rogando al cielo que salvara a sus seres queridos.  Para colmo, la casa de una familia piadosa se incendió debido a que el viento derribó una lámpara. Sus moradores quedaron a la intemperie.
Al llegar la mañana, para alegría de todos, la flotilla entera atracó en el puerto; todos a salvo. Sin embargo, la dueña de la casa siniestrada daba muestras de gran congoja. Apenas el marido puso pie en tierra, ella se le acercó y le dijo sollozando: «Amor mío, estamos arruinados, nuestra casa y todo lo que había en ella ha quedado convertido en cenizas». Sin embargo, el hombre exclamó: «Gracias a Dios por ese fuego, ya que nos ayudó a encontrar la entrada del puerto. De lo contrario, quizá todos habríamos perecido».

Mi padre decía una frase que recuerdo a diario: «No hay mal que por bien no venga». Reconozco que uno de los estímulos más grandes de mi vida han sido los consejos y oraciones de mis padres. Ellos siempre estuvieron presentes en los momentos difíciles de mi vida y recuerdo sus consejos cuando me decían: «Dios todo lo conoce. Espera en él». Esa es una receta que nunca falla. El gran Dios del universo es grande en misericordia y bondad. Él tiene propósitos definidos para tu vida. El que ve el fin desde el principio, sabe el porqué de las cosas.
Padre, permíteme entender el plan que tienes para mi vida. Ayúdame a aceptar tu voluntad. Perdona si algunas veces no te he comprendido. Sobre todo, dame las fuerzas para aceptar tu voluntad.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Griselda Chagoya

martes, 2 de octubre de 2012

CUANDO «NO» QUIERE DECIR «SÍ»


«De cierto, de cierto os digo que todo cuanto pidáis al Padre en mi nombre, os lo dará» (Juan 16:23).

Un día Joni Eareckson decidió ir a nadar. Saltó de cabeza desde un embarcadero y se dio un fuerte golpe contra el fondo de la bahía. De pronto, dejó de sentir los pies. De hecho, no podía sentir nada. A partir de ese momento, su vida cambió.  Pero no solo cambió la vida de Joni, sino también la de muchos otros, porque Dios respondió a sus oraciones de una manera que ella jamás imaginó.
Joni, su familia y sus amigos oraron pidiendo un milagro. Pidieron que, de algún modo, se recuperara y pudiera dar un testimonio por el Señor que alcanzase a otros.  En aquel momento, la respuesta pareció ser negativa; pero ahora, volviendo la vista atrás, se dan cuenta de que en realidad la respuesta fue: «Sí». Joni atestigua que gracias a su tetraplejia ha influido en más vidas que si hubiera recuperado la movilidad.
La manera en que llevamos nuestras peticiones más urgentes a Dios no deja de ser algo curioso. A menudo nos acercamos a él de una forma que jamás consideraríamos si se tratara del médico de cabecera o del mecánico. Pero cuando se trata de los problemas de la vida, los pobres mortales tendemos a autodiagnosticarnos y automedicarnos.  Tratamos de manejar los asuntos por nosotros mismos y, si eso no funciona, se los llevamos a Dios en oración.  Luego tenemos el descaro de pretender convencerlo de que nuestra solución es la adecuada y de que él tiene que hacer lo que le proponemos.
Pero, ¿no podría ser que nuestro autodiagnóstico previo está equivocado? Y si no es así, quizá sea que el remedio que nos hemos prescrito no era el más conveniente. No nos sorprendamos; Romanos 8:26 nos dice que no sabemos pedir como conviene. A menudo, si bien puede parecer que Dios ha rechazado nuestras oraciones, puede ser que solo haya rechazado la forma en que insistimos en que nos respondiera...
¿Cuál es la mejor manera? Antes de sospechar que Dios no ha respondido a nuestras oraciones, es preciso que comprobemos si, de hecho, movido por su bondad, no nos ha dado más de lo que le pedíamos.  Basado en Lucas 18:1-8.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

lunes, 3 de septiembre de 2012

LA VIDA ES DIFÍCIL, PERO…


En todo esto salimos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Romanos 8:37

No sé qué edad tienes, pero cualquiera sea, ya te habrás dado cuenta de que la vida está llena de desafíos. Apenas acabas de superar un obstáculo, cuando aparece otro mayor.
Esta realidad de la vida la ilustra muy bien una fábula que narra James Stuart Bell de dos cazadores que se toparon con un oso enorme. Un cazador trepó al primer árbol que encontró y el otro se escondió en una caverna cercana. Mientras tanto, el muy pícaro oso se sentó entre el árbol y la caverna.
Al cabo de un rato, el cazador que estaba escondido en la cueva salió disparado. Apenas vio al oso, regresó a la caverna con la misma velocidad con que salió. En cuestión de segundos, salió corriendo nuevamente. Asombrado por la extraña conducta de su amigo, desde el árbol el otro cazador le gritó:
—¿Estás loco? ¡Quédate en la cueva hasta que el oso se vaya!
-—¡No puedo! —respondió el hombre casi sin aliento—. ¡Hay otro oso dentro de la cueva y es más grande que este! (The One Year Men of the Bible [Devocional unual sobre los hombres de la Biblia], lectura para el 21 de abril).
Más allá de lo gracioso que pueda resultamos este relato, ¿no es verdad que a veces la vida se nos presenta igual de complicada? Los problemas aparecen de lado y lado sin que los hayamos invitado. Apenas has logrado huir de un «oso» cuando tropiezas con otro más grande.
Si estás atravesando por una situación tal, lee con atención esta cita del libro La educación, página 265:
«ESTE MUNDO NO ES UN DESFILE, SINO UN CAMPO DE BATALLA».
Me gustan esas palabras. Si alguien piensa que este mundo es una pasarela de esas que usan las modelos o las reinas de belleza para exhibir sus curvas, está muy equivocado. Esta vida es un campo de batalla, de desafíos a cada paso. Las victorias solo se logran con esfuerzo, a brazo partido.
Y ahora viene la buena noticia, la que completa el título de nuestra lectura para hoy: «La vida es difícil, pero ¡Dios está con nosotros!».
Al enfrentar los desafíos de este día, recuerda que el Rey del universo está de tu lado. Y si Dios está de tu parte, ¿quién podrá prevalecer contra ti?
«Gracias, Padre mío, por estar de mi lado»

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

sábado, 1 de septiembre de 2012

¡AYYY, ESO DUELE!


«Los que viven en Marot se retuercen de dolor ansiando sentirse bien, porque el Señor ha hecho que el mal llegue» (Miqueas 1:12).

¿En qué momento la gente dice «¡ayyy!»? Obviamente cuando algo les duele. Pero, ¿sabes por qué se siente el dolor? ¿Te gustaría que la próxima vez que te pincharas un dedo no te doliera? Bueno, suena como una buena idea, pero en realidad no lo es. 
Dentro de tu cuerpo hay unos pequeños hilos llamados nervios. Cuando te pinchas un dedo, te quemas la mano o te golpeas en la nariz, tocas los nervios. Estos envían inmediatamente una señal a tu cerebro alertándolo de que has recibido una herida y entonces sientes dolor El cerebro le ordena al dedo, la mano o a cualquier otra parte del cuerpo, que se aleje rápidamente de lo que le está causando el dolor.  Por eso es tan importante y bueno poder sentir dolor, ¿no te parece? Si no lo sintieras dejarías la mano puesta sobre la estufa caliente.
A veces debemos aprender lecciones difíciles en la vida, tal vez porque hemos hecho cosas equivocadas o como consecuencia de errores que otros han cometido. A veces no es una parte de nuestro cuerpo la que está herida, sino nuestros sentimientos. El dolor nos ayuda a aprender a no volver a hacer esas cosas. Dios quiere que aprendamos de los errores. Es duro sentir dolor pero, ¿cómo podríamos aprender sin él?

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

sábado, 18 de agosto de 2012

AYUDA PARA BIEN


Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es a los que conforme, a su propósito son llamados (Romanos 8:28).

La reacción normal ante algunas situaciones difíciles es desesperarse y preguntar: «¿Por qué me está pasando esto? ¿Qué voy a hacer?». Nuestro corazón se llena de dudas y quizá lleguemos incluso a pensar que Dios nos ha abandonado. En muchas ocasiones me he encontrado en un callejón sin salida y no he podido ver la mano de Dios. A pesar de todo, tras cada prueba he podido reconocer la forma extraordinaria en que Dios me ha guiado.
A los pocos días de llevar a casa a nuestra recién nacida bebé notamos que tenía una protuberancia en el párpado izquierdo. La llevamos al médico y nos dijeron que tenía un quiste, pero que no era para preocuparse, ya que podrían operarla cuando cumpliera dos años. No le di mucha importancia pensando que seguramente el quiste desaparecería. Un día la llevamos a la pediatra, quien nos dijo que el quiste estaba creciendo y que tendrían que operarla antes de que cumpliera un año. Entonces sí me preocupé, pues no imaginaba la forma en que Dios podría sanarla.
Un día dejé a la niña en casa con su abuelita, quien acostumbraba a cuidarla. Cerca del mediodía llamé para saber de ellas. Cuando contestaron el teléfono escuché un llanto muy fuerte. Me asusté aún más cuando su abuela me dijo: «La niña se acaba de caer y se golpeó el ojo donde tiene el quiste». Cuando fui a buscarla noté que tenía el párpado inflamado, así que la llevé a la pediatra, quien me dijo que no había motivos para alarmarse. A los pocos días el párpado comenzó a desinflamarse, pero ya no se le notaba el quiste, por lo que la llevamos nuevamente a su pediatra. Ella, sorprendida, nos dijo que probablemente el quiste tenía líquido en su interior y que al romperse con el golpe, el cuerpo lo había absorbido.
Cada caída que sufrimos elimina un quiste de nuestro carácter y nos prepara para ir al encuentro del Señor. Te invito a que dejes tus problemas a los pies del Salvador y podras comprobar que cada situación ayuda para nuestro bien.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Gregaria González 

viernes, 9 de marzo de 2012

NUESTRO MAYOR GOZO

«Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud» (Salmo 143:10).

El aeropuerto de Atlanta, Georgia, es el más transitado del mundo. Es también la base de operaciones de al menos una de las mayores compañías aéreas del planeta. Por ese aeropuerto pasan cada día más de 240,000 personas de camino a casi todos los destinos de la tierra.
Es imposible no fijarse en cuánta gente trabaja allí. Los hay que limpian el piso, otros vacían las papeleras y aún otros que se pasan el día limpiando los baños.
Hay empleados que se llevan la basura que depositamos en los contenedores que ponemos delante de nuestras casas. Llueva, nieve o haga sol, ellos cumplen fielmente su tarea. Todas esas personas que trabajan limpiando los baños del aeropuerto o llevándose la basura trabajan para poder mantener a sus familias. Su trabajo es humilde, pero importante.
Hace años leí una ilustración sobre la importancia de hacer la voluntad de Dios, sea la que sea. Se trataba de dos ángeles que habían sido llamados ante el Todopoderoso, a uno de los cuales se le había pedido que viniera a la tierra y gobernara la más poderosa nación y al otro se le pidió que bajara y fuera a la aldea más pobre y trabajara en el basurero. Ambos ángeles eran felices porque su mayor gozo era hacer la voluntad de su Padre.
Cada vez que pienso en este ejemplo, me emociono. Hace que recuerde las palabras de Jesús: «El que es el mayor de vosotros sea vuestro siervo, porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla enaltecido» (Mat. 23:11-12).
Hacemos todo lo posible para que nuestros hijos reciban la mejor educación posible y no tengan que limpiar suelos o recoger basura. Además, queremos que se formen para dar lo mejor de sí mismos. Con todo, no debemos olvidar que hay algo aún más importante que nuestro trabajo — de basurero u oficinista, da lo mismo —: se trata de hacer la voluntad de Dios. Nuestro mayor gozo radica, no en hacer propia voluntad, sino la suya. (Basado en Mateo 6:10)

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

lunes, 23 de enero de 2012

BAJO LA GRACIA DE DIOS.

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios (Efesios 2:8).

¿Has experimentado la obra restauradora de Dios en tu vida? El proceso puede ser doloroso, pero a través de él se pueden recibir importantes enseñanzas.
«La llave que lo abre todo» era el título de uno de los lemas que yo debía presentar ante numerosas personas durante varias noches. Como introducción, les mostré un candado y un juego de llaves. Luego comenté que únicamente una llave podía abrir aquel candado y procedí a hacerlo.
Tras la reflexión, les pedí que escribieran en una hoja la frase: «Te perdono», unida a las circunstancias que había motivado el enojo o rencilla que les costaba superar. Al recibir de vuelta los papeles los rompimos y los echamos en un recipiente con agua, explicando que Dios borra nuestros pecados así como el agua borró la escritura en aquellos pedazos de papel.
La noche que hablé acerca del perdón y lo comparé con una llave, no imaginaba que Dios me estaba preparando para el futuro. Algo que más tarde ocurrió en mi vida habría de poner a prueba lo que había afirmado. Pero qué difícil era perdonarme a mí misma y perdonar a quienes me habían humillado y lastimado. Entonces comprendí que un siempre podemos hablar con autoridad de lo que no hemos experimentado. Le pedí a Dios que me ayudara a perdonarme, para después perdonar a los demás. No fue fácil tomar la llave para abrir la puerta de mi corazón y dejar que Jesús entrara para sanar mis heridas ayudándome a perdonar.
Es difícil decirle a alguien que te sientes ofendida y que le perdonas cuando la intención de la otra persona no ha sido ofenderte. Aún más difícil es perdonar al que de veras te ha ofendido intencionalmente.
He empleado esa llave que lo abre todo en muchas ocasiones. Algunas veces me he demorado en utilizarla, en otras la uso de inmediato. Por momentos me cuesta trabajo incluso pensar en ella, pero finalmente lo hago porque Dios me impulsa. Decide hoy que vas a utilizar la llave del perdón y, si se te extravía, no olvides que Jesús puede ayudarte a encontrarla.

Toma de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Perla Edith Sánchez

domingo, 22 de enero de 2012

¡AMARGO, PERO MEJOR!

«Esa noche comerán la carne asada al fuego, con hierbas amargas y pan sin levadura» (Éxodo 12:8).

Estamos acercándonos al campamento israelita la noche anterior a su salida hacia el desierto. Esta noche el pueblo va a preparar una comida especial. El menú está en nuestro versículo de hoy. Una de las cosas que van a comer son hierbas amargas.
A veces se usan ciertas hierbas para cocinar. Es posible que tu mamá tenga perejil u orégano en su despensa, pues esas hierbas se usan para hacer que algunos alimentos sepan mejor
Las hierbas que los israelitas comieron esa noche eran amargas. ¿Por qué alguien querría comer algo que sepa amargo? ¿No podía Dios pedirles que comieran algo dulce? No, porque él quería que no olvidaran los terribles momentos que habían pasado en Egipto.
A veces es necesario hacer cosas que no nos gustan. Lavar los platos puede no ser muy agradable, pero cuando necesitamos un plato para comen lo hacemos. A veces es difícil decir lo siento cuando hemos cometido un error; pero lo cierto es que eso hace que los demás se sientan mejor Recuerda: sí decides hacer las cosas «amargas» con una buena actitud, todo será mejor para ti.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

domingo, 11 de diciembre de 2011

TIEMPO DE PRUEBAS, TIEMPO DE ANGUSTIA

En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno. Job 1:22.

Una de las grandes pruebas que le tocará vivir al pueblo de Dios en los últimos días, es el llamado "tiempo de angustia". Esa prueba será tan terrible y angustiante que "si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados" (Mat. 24:22).
En las Escrituras encontramos ejemplos de hombres que tuvieron que vivir pruebas terribles, como Job, quien sufrió sin tener culpa, solo porque Satanás lo atacaba. Job era "perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal" (Job 1:1) y no merecía que sus hijos murieran ni perder todos sus bienes, pero Dios lo permitió para mostrar a los seres celestiales la fidelidad de su siervo.
Job era el mejor del mundo en santidad (vers. 8), pero tuvo que sufrir como un delincuente y asesino, pagando con sus bienes, la vida de sus diez hijos y su salud, por algo que no había hecho. El patriarca nació en un mundo donde combaten el bien y el mal. Este conflicto se repite constantemente. Se muestra aun en la bella rosa cercada de espinas y en las guerras que cobran las vidas de miles de inocentes.
Job era leal a Dios, quien lo había cercado junto con su hogar y sus bienes para aislarlo del enemigo. Pero en el cielo se planteó un desafío: ¿Servía Job a Dios por amor o por conveniencia?
La única manera de que los seres angelicales supieran las intenciones de su corazón era dejar a Job en las manos de Satanás, y eso ocurrió. En un solo día, el enemigo le quitó todas sus riquezas y mató a sus hijos, y más adelante le produjo una sarna maligna. ¿Merecía Job sufrir todo este dolor? No. ¿Quién fue el causante de todo ese mal? Satanás, aunque Dios también se hizo responsable por quitar su cerco protector al decir, "tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa" (Job 2:3).
La historia tiene un final feliz, aunque nunca podremos entender por completo la angustia y el sufrimiento de Job a menos que vivamos su experiencia. Job hizo frente a esa tremenda prueba, y tú y yo podremos hacer frente al tiempo de angustia que nos tocará vivir, si aprendemos ahora a depender de Dios y su poder. Job salió victorioso de su tiempo de angustia. ¿Cómo saldremos tú y yo de nuestras pruebas?

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

martes, 6 de diciembre de 2011

¿POR QUÉ?

Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? Éxodo 14:11.

A Marina le gustaba salir a caminar todos los días temprano, por la mañana. No lo hacía solo por su salud: esa rutina de andar una hora por el parque de la ciudad, además de reportarle un beneficio físico tremendo, también le traía paz, alegría, y le daba una oportunidad para meditar.
Le fascinaba ver los frondosos árboles, a ambos lados del camino; el riachuelo, que se deslizaba como una serpiente, a su lado derecho; los primorosos jardines, bien cuidados... en fin. No se cansaba de mirarlos. Pero, aquella mañana, nada de eso parecía tener importancia, porque en sus oídos resonaban, con fuerza, las palabras llenas de ingratitud de su mejor amiga.
¿Alguna vez te has sentido incomprendido por personas a quienes extendiste la mano en un momento de necesidad? Peor todavía, ¿fueron ingratos contigo? Si ya pasaste por una experiencia parecida, tal vez logres entender cómo se sentía Moisés ante la actitud rebelde y contumaz de aquel pueblo ingrato.
Moisés solo había querido ayudarlos: Dios le había ordenado libertar a aquel pueblo de la esclavitud de Egipto, y él había aceptado el reto, a pesar de conocer las dificultades que encontraría en el camino. Pero ahora, frente al menor obstáculo, aquel pueblo ingrato acusa al líder de haberlo traído al desierto para morir.
¿Cómo te sentirías tú, en el lugar de Moisés? Necesitas saberlo porque, mientras peregrines en el desierto de esta vida y tengas una misión que cumplir, enfrentarás muchas veces a personas ingratas, que te herirán sin piedad. No te desanimes; continúa cumpliendo tu misión. La ingratitud es parte de la vida en este mundo; es la amnesia del corazón que ha perdido el camino de los sueños.
Dicen los psicólogos que la necesidad de reconocimiento es una de las necesidades básicas del ser humano; es posible. Pero, si deseas llegar a la tierra prometida de tus sueños, tienes que llenar ese vacío con la presencia de Jesús en tu vida; de otro modo, serás parte de los cadáveres que yacen en el desierto.
Levanta la cabeza, y sal hoy, para enfrentar tus responsabilidades, sin esperar gratitud de los seres humanos, motivado únicamente por el deseo de servir. Y recuerda: "Dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto?"

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

sábado, 17 de septiembre de 2011

PURIFICADA EN EL CRISOL - 2ª PARTE

Amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro (1 Pedro 1:22),

Mariza entró como por inercia a un lugar del que provenía una música preciosa. Algo la había empujado a hacerlo, y ella no opuso resistencia. Después de todo, no tenía adonde ir. Aquella noche escuchó cómo alguien relataba su propia biografía, para finalmente hablar del amor y del perdón. Aquellos eran términos que ella no había manejado nunca. Siempre se repetía a sí misma que si la vida le había enseñado su cara diabólica, ella no podía presentarle la de una santa. Pero entonces comprendió que todos sus fracasos no eran más que el resultado de su falta de amor. ¿Cómo amar, si no conocía el amor sin fingimiento y de corazón puro? Noche tras noche, sus pasos la guiaban hasta aquel lugar donde encontraba algo distinto. El Espíritu fue trabajando en su corazón hasta que sintió que tenía fuerzas para obedecer a la verdad. Eran muchos los ajustes que tendría que hacer en su vida, pero no estaba sola.
¿Te has preguntado por qué sufres tanto? ¿Es que acaso tienes que aprender a amar «de corazón puro»? Así como cuentas con un gran amigo que te da tuerzas para salir victoriosa, también recibes las embestidas de un enemigo cruel que lucha por hacer penosa cada jornada tuya en esta tierra. Constantemente adiestra a sus secuaces para que hostiguen tu vida. Aunque esto es una realidad que no puedes obviar, tampoco debes pasar por alto que tienes un Padre amante que va dejando sus pisadas en tu laberinto para que encuentres la salida a cada tentación.
Ahora no solo la vida de Mariza tiene sentido, tú también puedes ser una mujer transformada por el amor puro y redentor de Jesús. Humildemente acepta la corrección divina y cuando las dificultades se presenten sin ser invitadas, levanta tu vista y el cielo te mostrará que hay esperanza y paz para tu vida en los brazos del Altísimo. No esperes que los demás cambien para que tu vida mejore. Esa no es una condición para alcanzar la felicidad. La vida de Jesús no tuvo las condiciones propicias para la felicidad, pero él no solo fue feliz, sino que aseguró tu felicidad.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera